|
En las zonas tropicales, las enfermedades cardiovasculares, de modo
similar a lo que sucede en los países desarrollados,
constituyen un problema de salud pública, debido a su
frecuencia y gravedad. Más del 25% de las cardiopatías
son de origen hipertensivo, y la cardiopatía isquémica,
si bien no es tan frecuente como en nuestro medio, está
aumentando en los últimos años, sobre todo entre los
individuos occidentalizados. Además, algunos de los procesos
son originales desde el punto de vista patogénico, ya que
intervienen mecanismos exóticos p, biológicos y
carenciales, como sucede en: i) la miocarditis por tripanosomátidos
(Trypanosoma cruzi y Trypanosma brucei complex)
o del acceso pernicioso (Plasmodium falciparum); ii) la
hipertensión arterial en individuos jóvenes, debida a la
nefritis por Schistosoma haematobium, o la hipertensión
pulmonar por Schistosoma mansonii; iii) la miocarditis anémica
de la anquilostomosis; iv) la miocarditis beri-bérica o
carencial de tiamina, que se observa en las poblaciones rizífagas
del sudeste asiático; v) las miocardiopatías
constrictivas tropicales.
Las miocardiopatías constrictivas tropicales se observan
fundamentalmente en los nativos del África ecuatorial.
Anatomofuncionalmente, se caracterizan por una fibrosis intensa,
evolutiva, del endocardio ventricular, con signos de adiastolia, y clínicamente
se diferencian dos procesos, la fibrosis endomiocárdica
constrictiva de Davies (FEMC) y la endocarditis fibroplástica
eosinófila de Loeffler (EFE). La primera es un proceso que
aparece en adultos jóvenes del África ecuatorial, sobre
todo de Uganda y Nigeria y, excepcionalmente, en áreas
intertropicales de América y Asia, mientras que la segunda se
describe exclusivamente en nativos del África central y
ecuatoccidental, y en individuos que han permanecido durante largos
periodos en dicha zona. Desde el punto de vista clínico, ambos
procesos son similares, pero llama la atención la mayor
agresividad y la rapidez evolutiva de la FEMC frente a la EFE, y la
existencia en ésta de hipereosinofilia periférica, en
ausencia de otras causas. La etiología de ambos procesos es
oscura: la malnutrición, la intoxicación por la
serotonina de la banana y la infección por diferentes
organismos se han relacionado como posibles agentes. La existencia de
anticuerpos anti-miocardio en la FEMC, sugiere que este proceso se
produce como consecuencia de fenómenos de hipersensibilidad a
antígenos microbianos, mientras que la EFE reconoce también
mecanismos inmunoalérgicos, pero en este caso frente a antígenos
de helmintos, especialmente del nematodo tisular Loa loa. No
obstante, la EFE ha sido descrita también en países del África
ecuatorial en los que no existen casos autóctonos de loasis y,
por otro lado, en aquellos en los que la endemicidad por L. loa
es mayor, como Camerún y Gabón, los casos de EFE son
excepcionales. Sin embargo, a pesar de ello, es considerada como una
complicación tardía de la loasis.
Como hemos señalado, las miocardipatías constrictivas
tropicales son procesos de etiología incierta, uno de los
cuales biológicamente cursa con hipereosinofilia periférica
(EFE), en ausencia de otras causas, y se relaciona con la parasitación
por L. loa. Así pues, el microbiólogo clínico
participa en el diagnóstico diferencial de las eosinofilias
parasitarias, mediante la realización de estudios parasitológicos
encaminados a demostrar la presencia de helmintosis que justifiquen la
hipereosinofilia periférica, así como la existencia de
microfilarias sanguícolas, ya que las hembras de L. loa
emiten microfilarias que pasan al torrente circulatorio.
GENERALIDADES SOBRE LAS FILARIAS
Las filarias son un grupo heterogéneo, no
taxonómico, de nematodos filiformes, ovovivíparos, parásitos
del hombre o de los animales. Desde el punto de vista patogénico,
las filarias propias del hombre las podemos clasificar en dos grupos,
filarias patógenas, y filarias apatógenas o poco patógenas.
En las primeras, los adultos se localizan en la piel (Dracunculus
medinensis, Loa loa y Onchocerca volvulus) o en
los vasos linfáticos (Brugia malayi, Brugia timori
y Wuchereria bancrofti), mientras que en las segundas, lo
hacen en la piel (Mansonella streptocerca) o en las
serosas (Mansonella ozzardi y Mansonella perstans). En
las parasitaciones bisexuales, las hembras grávidas emiten
embriones (microfilarias), que salen al exterior de nuestro organismo
(D. medinensis), para cerrar el ciclo biológico, o bien
permanecen en él, a la espera de ser ingeridos por los artrópodos
vectores, localizados, según la especie parásita, en el
torrente circulatorio (Género Brugia, L. loa,
M. ozzardi, M. perstans y W. bancrofti) o en
la dermis (M. streptocerca y O. volvulus) (Tabla 1).
Tabla 1. Filarias patógenas del hombre: formas clínicas
y localización de los adultos y de las microfilarias.
|
Organismo |
Forma clínica |
Localización |
|
Adultos |
Microfilarias |
|
Brugia malayi
Brugia timori
Wuchereria bancrofti |
Filariosis linfática |
Vasos linfáticos |
Sangre periférica |
|
Loa loa
Onchocerca volvulus |
Filariosis cutaneodérmica |
Dermis |
Sangre periférica
Dermis |
|
Dracunculus medinensis |
Dracunculosis |
Dermis |
Exterior |
|
Mansonella ozzardi
Mansonella perstans
Mansonella streptocerca |
Apatógenas
Poco patógenas |
Serosas
Dermis |
Sangre periférica
Dermis |
El hombre, además, puede actuar como hospedador paraténico
de filarias zoonóticas. En este caso, a diferencia de lo que
sucede en los síndromes larva migrans, las microfilarias se
transforman en adultos, que se localizan dependiendo de las especies,
en pulmón, piel, ojos, vasos linfáticos o en espacio
subaracnoideo, y en algunos casos no se conoce cuál es su
localización anatómica. Cuando la infestación es
monosexual, la filiación etiológica del proceso se
establece mediante estudios histopatológicos. Sin embargo, en
el caso contrario, es posible la detección de microfilarias dérmicas
o sanguícolas, hecho, que ha permitido reconocer la parasitación
humana por Microfilaria bolivariensis y Microfilaria
semiclarum, filariosis consideradas como zoonóticas, a
pesar de que no se conoce cuál es el hospedador natural, en las
que la localización de los adultos en el hombre es desconocida
(Tabla 2).
Tabla 2.- Filariosis zoonóticas descritas en el hombre.
|
Parásito |
Hospedador natural |
Distribución en el hospedador natural |
Localización de los adultos en el
hombre |
|
Género Brugia |
Roedores y carnívoros |
América del Norte, África
Sudeste asiático |
Linfática |
|
Dirofilaria immitis |
Cánidos |
Cosmopolita |
Pulmonar
Cutaneodérmica
Ocular |
|
Dirofilaria repens |
Cánidos |
Europa, Rusia,África, Asia |
Cutaneodérmica |
|
Dirofilaria striata |
Felinos |
América del Norte, América del Sur |
Cutaneodérmica |
|
Dirofilaria tenuis |
Mapaches |
América del Norte |
Cutaneodérmica
Ocular |
|
Dirofilaria ursi |
Osos |
América del Norte, Japón |
Cutaneodérmica |
|
Loaina spp. |
Conejo y canguros |
América del Norte, Australia |
Ocular |
|
Mansonella rhodhanii |
Chimpancé |
Gabón |
Cutaneodérmica |
|
Meningonema peruzzii |
Monos |
África oriental |
Espacio subaracnoideo |
|
Microfilaria bolivariensis |
? |
Venezuela |
? microfilarias en sangre |
|
Microfilaria semiclarum |
? |
Congo |
? microfilarias en sangre |
|
Onchocerca spp. |
Ungulados |
Cosmopolita |
Cutaneodérmica |
La expresión clínica de la parasitación depende
del organismo productor, de su cuantía y localización,
así como de fenómenos inmunoalérgicos, que son
los responsables de algunas manifestaciones agudas y de las
complicaciones que se describen, tanto en las formas linfáticas
(pulmón eosinófilo tropical) como en las cutaneodérmicas
(endocarditis fibroplástica eosinófila de Loeffler y la
nefritis de la loasis o las complicaciones oculares de la
oncocercosis) .
DIAGNÓSTICO DE LAS MICROFILAREMIAS
En el hombre la existencia de microfilarias en sangre ha sido
descrita en las parasitaciones por Brugia spp., L. loa,
M. ozzardi, M. perstans, W.
bancrofti y Microfilaria spp. El diagnóstico debe
plantearse, ante cualquier paciente sintomático o no, con
eosinofilia periférica, que refiera estancia en zona endémica,
aunque haya sido de unas horas, teniendo en cuenta la distribución
geográfica de los parásitos y las peculiaridades de su
ciclo vital, especialmente las que hacen referencia a la periodicidad
de las microfilarias en sangre (Tabla 3).
Tabla 3. Distribución geográfica de las filarias
que cursan con microfilaremia, y periodicidad de las microfilarias
|
Organismo |
Distribución geográfica |
Periodicidad de las
microfilarias |
|
Brugia malayi |
Sudeste asiático, desde la India a la línea
de Wallace |
Nocturna |
|
Brugia timori |
Timor, Islas de Sonda |
Nocturna |
|
Wuchereria bancrofti |
Sudeste asiático, Oceanía
África subsahariana
Delta y riberas del río Nilo
Antillas, América central y del sur |
Nocturna
Al este de la línea de Buxton (Oceanía)
aperiódica o subperiódica diurna |
|
Loa loa |
África ecuatorial central y occidental |
Diurna |
|
Mansonella ozzardi |
América central y del sur |
Aperiódica |
|
Mansonella perstans |
África, Antillas,
Nordeste de Sudamérica |
Aperiódica |
|
Microfilaria bolivariensis |
Venezuela |
Aperiódica |
|
Microfilaria semiclarum |
Congo |
Aperiódica |
Existen diferentes procedimientos para el diagnóstico,
directo o indirecto, de estos procesos. Por lo general, el diagnóstico
de las filariosis que cursan con microfilaremia se realiza mediante su
demostración, en fresco y tras tinción de Giemsa, en
preparaciones directas de sangre periférica. No obstante, en
algunas ocasiones, cuando la microfilaremia es baja, es necesario
recurrir a la realización de técnicas de concentración.
Existen diferentes procedimientos de concentración, unos
basados en la filtración a través de membrana, otros en
la centrifugación previa hemólisis de la muestra. Entre
los procedimientos de hemólisis-concentración, unos
mantienen la viabilidad de las microfilarias, hecho que facilita su
identificación en preparaciones húmedas, como sucede con
la leucoconcentración con saponina al 2% (p/v) (técnica
de Ho Thi Sang y Petithory), mientras que otros, como la concentración
con formol al 2% (v/v) (técnica de Knott), facilitan los
estudios morfométricos, tras tinción, ya que las
microfilarias aparecen completamente extendidas.
En resumen, el protocolo diagnóstico debe contemplar la
realización de exámenes microscópicos directos,
en fresco y tras tinción por el método de Giemsa, de
muestras sanguíneas, preferentemente con anticoagulante,
obtenidas en relación con la periodicidad del organismo
supuestamente implicado y, en caso de negatividad, debe realizarse la
concentración correspondiente. El protocolo utilizado en
nuestro laboratorio está recogido en la Figura 1. La
diferenciación de especies se realizará atendiendo a las
características morfométricas de las microfilarias.
(Tabla 4 y Figura 2, al final).
ANÁLISIS Y COMENTARIOS AL CONTROL (P-2/99)
Caso clínico
Se trataba de una mujer de 29 años de edad, procedente Guinea
Ecuatorial, remitida al hospital para el estudio etiológico de
un cuadro de ascitis de tres años de evolución. Los
resultados más relevantes de los estudios biológicos
iniciales fueron: i) hipereosinofilia periférica y ligera
anemia; ii) celularidad del líquido ascítico compatible
con hiperplasia mesotelial reactiva; iii) serología de
hepatitis B y C, negativas; iv) estudios bacteriológicos del líquido
ascítico y coproparasitológicos, negativos.
La ecografía abdominal demostró la existencia de
hepatomegalia de carácter congestivo, con dilatación de
las venas suprahepáticas y cava inferior infrahepática,
y esplenomegalia asociada. La ecocardiografía transesofágica
permitió constatar una gran dilatación de la aurícula
derecha, con implantación normal de los velos tricuspídeos.
La resonancia nuclear permitió descartar la enfermedad de
Ebstein, así como la existencia de malformaciones cardíacas.
La paciente fue diagnosticada de fibrosis endomiocárdica, con
insuficiencia cardíaca congestiva y ascitis secundaria.
Hipótesis etiológica
Las manifestaciones clínico-biológicas, referidas
anteriormente, la procedencia de la paciente, la negatividad de los
estudios coproparasitológicos, y la ausencia de otros signos o
síntomas que permitan sospechar otra parasitosis, nos deben
hacer pensar en que la eosinofilia, en el supuesto que tuviese una
etiología parasitaria, podría ser debida a una
filariosis de serosas (M. perstans) o a una filariosis asintomática
por W. bancrofti o L. loa, lo que unido a las
modalidades de las miocardiopatías constrictivas tropicales
comentadas anteriormente, nos permite formular la hipótesis
etiológica más probable: parasitación por L.
loa y endocarditis parietal fibroplástica eosinófila
de Loeffler.
Resolución y discusión
El examen microscópico de preparaciones húmedas,
realizadas a partir del sedimento de la concentración con
saponina al 2%, permitió constatar la existencia de elementos
vermiformes, móviles, unos con movimientos serpentantes, otros
con movimientos convulsivos, que fueron identificados como
microfilarias. La visualización de frotis finos teñidos
por el método de Giemsa, preparados a partir del sedimento
anteriormente mencionado, permitió la observación de
microfilarias, y el análisis morfométrico de las mismas
demostró la existencia de dos poblaciones diferentes. Unas
microfilarias medían, por termino medio, 235 µm de largo x
6 µm de ancho, presentaban espacio cefálico tan largo como
ancho y el extremo caudal era afilado con núcleos terminales,
mientras que las otras, medían unos 195 µm de largo x 4,5 µm
de ancho, el espacio cefálico era más ancho que largo y
el extremo caudal era romo, en forma de dedo de guante. Las primeras
fueron identificadas como microfilaria L. loa, y las segundas
como microfilaria M. perstans.
REVISIÓN SOBRE Loa loa
L. loa es un nematodo propio de la especie humana, productor
de una modalidad de filariosis cutaneodérmica de distribución
regional, la loasis, que está restringida a las pluvisilvas del
África ecuato-occidental y central.
Características biológicas
Los adultos son nematodos blanquecinos, filiformes, de cutícula
gruesa, no estriada, con prominencias pequeñas de distribución
irregular en la región central y en el extremo cefálico,
cerca de la boca, presentar un anillo conformado por seis papilas
pequeñas. Las hembras miden de 5 a 7 cm de longitud por 0,5 mm
de diámetro, y presentan en la zona caudal un par de papilas
terminales, mientras que los machos miden de 3 a 4 cm de largo por 0,3
a 0,4 mm de ancho y exhiben en la zona caudal, que está
incurvada ventralmente, cinco pares de papilas pedunculadas grandes,
tres pares de papilas sésiles pequeñas y dos espículas
desiguales. Los adultos alcanzan la madurez a los tres meses de haber
penetrado en nuestro organismo, y viven libres en el tejido conjuntivo
subcutáneo de 4 a 17 años. Las hembras grávidas,
a los 6-12 meses de la infestación, emiten microfilarias que
circulan por la sangre periférica con periodicidad diurna. Las
microfilarias tienen una movilidad característica,
serpenteante, miden de 230 a 300 µm de largo por 5 a 7 µm de
ancho y presentan vaina, espacio cefálico grande, tan largo
como ancho, y núcleos caudales terminales no deformantes.
Epidemiología
La loasis es una nematodosis de ciclo indirecto largo, de transmisión
interhumana mediada por dípteros del género Chrysops,
especialmente Chrysops dimidiata y Chrysops silacea,
muy abundantes en las pluvisilvas del África ecuato-occidental
y central, hecho que determina la peculiar distribución de esta
parasitosis: desde Guinea, en el norte, hasta Angola, en el sur; desde
las costas del Golfo de Guinea, en el oeste, hasta Uganda; es rara, en
la región comprendida entre Ghana y Guinea, en Malí, Sudán
y Uganda, y se han descrito casos esporádicos en Etiopía
y Zambia. Se estima que el número de individuos afectados
oscila entre 3 y 13 millones y que, aproximadamente, el 30% de los
visitantes de larga estancia quedan parasitados por este organismo. En
las zonas de hiperendemia (Camerún, Nigeria, Gabón, República
Centroafricana, República del Congo y República Democrática
del Congo), la loasis es la tercera causa de consulta médica y
la tasa de infestación oscila entre el 35 y el 45%, alcanzando
en algunos poblados el 100%.
Ciclo biológico
El ciclo vital requiere el concurso de un artrópodo vector,
las hembras hematófagas del género Chrysops.
Estos dípteros tabánidos son de ritmo vigil diurno,
viven en las copas de los árboles y son atraídos por los
movimientos, la piel y las ropas oscuras, y el humo de la madera. Las
hembras pican durante el día, con agresividad máxima al
mediodía. Cuando absorben la sangre de un hombre con loasis,
las microfilarias pierden la vaina, atraviesan la pared del tubo
digestivo y se instalan en el cuerpo graso, donde tras tres ecdisis
consecutivas dan lugar, al cabo de 10 a 12 días, a larvas L3,
que migran a la probóscide. La larva metacíclica o
infestante (L3) es transmitida al hombre mediante la picadura de las
hembras del género Chrysops. En el momento de la
picadura, las larvas L3 salen de la probóscide, caen sobre la
piel, penetran en nuestro organismo a través de la lesión
de la picadura, y migran al tejido conjuntivo subcutáneo,
donde, al cabo de tres meses, tras dos ecdisis consecutivas se
transforman en individuos adultos. El apareamiento se realiza en la
piel y las hembras grávidas emiten embriones (microfilarias),
que aparecen en la sangre periférica, con periodicidad diurna,
a los 6-12 meses del inicio de la parasitación.
Manifestaciones clínicas
La loasis es una filariosis cutaneodérmica, comúnmente
bien soportada y paucisintomática, aunque en algunos casos
pueden aparecer complicaciones que ensombrecen el pronóstico
del proceso. Clínicamente, tras un periodo de incubación
mudo, de unos tres meses de duración, aparecen signos y síntomas,
que podemos agrupar en manifestaciones clásicas y
complicaciones de la loasis. Las manifestaciones clásicas,
se producen como consecuencia de la migración subcutánea
de los vermes adultos y de fenómenos inmunoalérgicos:
- Prurito:se localiza preferentemente en las extremidades
superiores, tórax, espalda y cara, y es un elemento
de orientación diagnóstica en aquellas zonas exentas
de oncocercosis.
- Edema de Calabar: es el signo más común de
la loasis, aunque no es patognomónico de ella, ya que puede
aparecer en otras filariosis, como en la parasitación por
M. perstans. Clínicamente, se caracteriza por la
aparición, preferentemente en extremidades superiores o en la
cara, de dolor, prurito o urticaria locales, y el desarrollo, unas
horas más tarde, en la misma zona anatómica, de un
angiodema migratorio y transitorio, no eritematoso, de unos 10 cm de
diámetro que persiste de 2 a 4 días, aunque este período
puede prolongarse. Las recurrencias son frecuentes en la misma zona
corporal, pero pueden producirse en cualquier otra.
- Reptación subcutánea de los adultos: se
caracteriza por la aparición de hormigueo desagradable o
prurito localizados y de un cordón subcutáneo,
serpenteante, palpable, móvil, que se desplaza a razón
de un centímetro por minuto.
- Migración subconjuntival de los adultos: se
produce como consecuencia de la reptación subcutánea
de los adultos, es relativamente frecuente y, a priori,
diagnóstica. Se caracteriza por sensación de cuerpo
extraño, inyección conjuntival, fotofobia, lacrimeo y
edema parpebral.
- Hipereosinofilia periférica y aumento de IgE: son
signos característicos, aunque no patognomónicos. La
proporción de eosinófilos en sangre periférica
puede ser del 70%.
Las complicaciones aparecen tardíamente y se
asocian a fenómenos de hipersensibilidad y, en algunos casos,
al tratamiento de los pacientes con microfilaremia elevada:
- Complicaciones renales: aproximadamente el 30% de los
pacientes con infestación crónica desarrollan nefritis
intersticiales, con depósitos extramembranosos de
inmunocomplejos. Biológicamente, en estos casos, se detecta
proteinuria o hematuria; la hiperazotemia y la evolución
hacia al fallo renal son infrecuentes. Los signos de afectación
renal pueden aparecer transitoriamente o acentuarse durante el
tratamiento específico.
- Complicaciones cardíacas: existe una serie de
evidencias epidemiológicas (similar distribución geográfica
de ambos procesos) y biológicas (existencia de anticuerpos
específicos en pacientes con EFE), que sugieren que la
endocarditis fibroplástica eosinófila de Loeffler es
una complicación de la fase crónica de la loasis. Clínicamente,
se caracteriza por la aparición de una insuficiencia cardíaca
general, de predominio derecho, de apariencia primitiva, con
hipereosinofilia periférica en ausencia de otras causas. En
la mayoría de los casos la microfilaremia es muy baja y, en
ocasiones, nula.
- Complicaciones neurológicas: eran raras antes de
la introducción del tratamiento con dietilcarbamicina. Se
producen en individuos con microfilaremia elevada (>5.000
microfilarias/ml) sometidos a tratamiento específico, sin
monitorización parasitológica. Clínicamente, se
traduce por la aparición de menigoencefalitis, relacionada
con la presencia de microfilarias en líquido cefalorraquídeo,
y la gravedad varía entre la cefalalgia, irritabilidad e
insomio, y el coma y la muerte.
- Otras complicaciones: este organismo ha sido descrito
como productor, entre otros procesos, de linfadenitis, hidrocele,
derrame pleural, oclusión de la arteria ocular, uveítis
posterior y ceguera.
Diagnóstico
Debe plantearse ante cualquier paciente, procedente del área
de endemia, que presente signos y síntomas compatibles con una
loasis. En algunos casos, como en la migración subconjuntival
de los adultos, el diagnóstico de certeza se puede realizar
mediante la identificación del verme, tras su extracción
quirúrgica, para lo cuál, debe tenerse en cuenta las
características morfométricas y las características
de la cutícula (gruesa, sin estrías, con prominencias de
distribución irregular en la zona media). No obstante, en la
mayoría de los casos, el diagnóstico se establece
mediante observación microscópica de las microfilarias,
en fresco y tras tinción, de preparaciones hemáticas
directas o tras concentración, dependiendo del grado de
microfilaremia. La extracción de sangre debe realizarse
teniendo en cuenta la periodicidad de las microfilarias, es decir, a
mediodía. La identificación se realizará
atendiendo a la movilidad característica, en preparaciones en
fresco, y a las características morfométricas (Tabla 4 y
Figura 2, al final).
Tratamiento y profilaxis:
El fármaco de elección para el tratamiento es la
dietilcarbamicina (8 a 10 mg/kg/d, durante 21 d), pero la proporción
de fallos terapéuticos es superior al 50% y se requiere la
administración de varios ciclos. Además, el tratamiento
no está exento de efectos indeseables ya que puede producir una
reagudización de los síntomas (edema de Calabar, reptación
subcutánea o subconjuntival de los adultos, prurito,
artralgias, fiebre, etc.), así como la aparición de
complicaciones renales y encefálicas, sobre todo en pacientes
con microfilaremia elevada. En estos casos, es aconsejable utilizar el
siguiente esquema terapéutico, asociado a corticoides y
antihistamínicos: día 1, 50 mg; día 2, 50 mg/8h;
día 3, 100 mg/8h; días 4 a 21, 9 mg/kg/d en tres dosis.
Algunos autores, aconsejan la reducción de la microfilaremia
con una dosis única de ivermectina (0,2 µg/kg).
REVISIÓN SOBRE Mansonella perstans
M. perstans es un nematodo propio de la especie humana, de
baja patogenicidad, productor de una modalidad de filariosis de las
serosas de distribución regional, restringida al continente
africano, a las Antillas y a las costas del nordeste de Sudamérica.
Características biológicas
Los adultos son nematodos filiformes, blanquecinos, de cutícula
gruesa, no estriada. Las hembras miden de 6 a 8 cm de longitud por 0,1
a 0,2 mm de diámetro, mientras que los machos miden de 3 a 4 cm
de largo por 0,05 a 0,07 mm de ancho. Los adultos alcanzan la madurez
a los tres meses de haber penetrado en nuestro organismo y viven
libres en los espacios pericárdico, pleural o peritoneal, así
como en los tejidos retroperitoneal y perirrenal. Las hembras grávidas,
a los 6-12 meses de la infestación, emiten microfilarias, que
circulan constantemente por sangre periférica (microfilarias
aperiódicas), las cuales se caracterizan por: i) presentar
movimientos convulsivos, con extensión brusca de una parte del
cuerpo; ii) carecer de vaina; iii) medir de 155 a 215 µm de largo
por 4 a 5 µm de ancho; iv) presentar espacio cefálico
pequeño, más ancho que largo, y núcleos caudales
terminales, el último de los cuales es semicircular, con la
convexidad en contacto con la cutícula, hecho que determina la
forma en dedo de guante, característica del extremo caudal.
Epidemiología
La parasitación por M. perstans es una nematodosis de
ciclo indirecto largo, de transmisión interhumana mediada por
mosquitos del género Culicoides, especialmente Culicoides
milnei y Culicoides grahamii, que determinan la peculiar
distribución de esta parasitosis: en las costas del nordeste de
América del Sur, y en el Africa subsahariana desde Senegal, en
el oeste, hasta Uganda, en el este, y hasta Zimbabwe, en el sur, con
focos aislados en Argelia y Túnez. Se estima que el número
de individuos afectados es de unos 30 millones.
Ciclo biológico
Es similar al ciclo vital de L. loa, pero se diferencia de éste
en el tipo de vector (Culicoides spp. en lugar de Chrysops
spp.) y porque la metaformosis se realiza en la musculatura de la caja
torácica del vector.
Manifestaciones clínicas
La parasitación por M. perstans es por lo general
asintomática, pero en algunos casos se ha asociado a cuadros de
angioedema y prurito, semejantes al edema de Calabar de la loasis y,
con menor frecuencia, a fiebre, cefalagías, artralgias, dolor
en el hipocondrio derecho, pericarditis, hepatitis, meningoencefalitis
y desordenes neuropsiquiátricos. En todos los casos, sintomáticos
o no, suele detectarse una hipereosinofilia periférica y un
aumento de las IgE.
Diagnóstico
Debe plantearse ante cualquier paciente procedente del área
de endemia, sintomático o no, con hipereosinofilia periférica.
La extracción de sangre, dado que se trata de una especie con
microfilarias aperiódicas, se puede realizar en cualquier
momento. El protocolo diagnóstico debe contemplar la realización
de exámenes microscópicos directos y tras concentración,
en caso de negatividad de los primeros, y de tinciones por el método
de Giemsa de frotis finos directos o del concentrado. La identificación
se realizará atendiendo a la movilidad característica,
en preparaciones húmedas, y a las características morfométricas.
El diagnóstico diferencial debe de realizarse, fundamentalmente
con las microfilarias de L. loa y con Microfilaria semiclarum
(tabla 4).
Tratamiento
El fármaco de elección, aunque existen pocas
evidencias sobre su eficacia terapéutica, es la
dietilcarbamicina (8 a 10 mg/kg/d, durante 21 d), pero normalmente se
requieren varios ciclos para reducir los síntomas o la eosinofília.
La ivermectina y el albendazol no son eficaces, y como tratamiento
alternativo puede utilizarse el mebendazol (100 mg dos veces al día,
durante 30 d), solo o asociado al levamisol.
BIBLIOGRAFÍA
Eberhard LM. Zoonotic filariasis. En: Guerrant RL, Walker DH, Weller
PF (eds). Tropical diseases infections: principles, pathogens and
practice. Churchill Livingstone. Philadelphia 1999, volume 2, pp
887-902.
García LS, Brucker DA. Diagnostics medical parasitology (2ª
ed). American Society for Microbiology,.Washington DC 1993, pp
237-265.
Gentilini M, Duflo B. Médicine tropicale (3ª ed).
Flammarion Médicine Sciences. Chevilly-Larue 1982, pp 173-196.
Klion A, Nutman TB. Loiasis and Mansonella infections. En:
Guerrant RL, Walker DH, Weller PF (eds). Tropical diseases infections:
principles, pathogens and practice. Churchill Livingstone.
Philadelphia 1999, volume 2, pp 861-872.
Mensa J, Gatell JM, Jiménez de Anta MT, Prats G. Guía
de terapéutica antimicrobiana 2000. 10ª ed. Masson.
Barcelona.
Orihel TC, Eberhard ML. Zoonotic fialriasis. Clin Microbiol Rev
1998; 11:366-381.
Anónimo. Organización Mundial de la Salud. Métodos
básicos de laboratorio en Parasitología Médica.
Organización Mundial de la Salud, Ginebra, 1992.
Petithory J, Ho Thi Sang. Recherche et identication des
microfilaraires sanguicoles. En: Golvan YJ, Ambrosie-Thomas P (eds).
Les nouvelles tèchiniques en Parasitologie. Flammarion Médicine-Sciences.
Chevilly-Larue 1984, pp 114-129.
Figura 1.- Protocolo diagnóstico de las microfilaremias
Tabla 4.- Características morfométricas de las
microfilarias sanguícolas
|
Microfilarias |
Tamañoa |
Vaina |
Extremo cefálico |
Núcleos |
Extremo caudal |
|
B. malayi |
L: 177-230 µm
A: 56 µm
F: 240 - 298 µm
|
Sí |
Dos veces más largo que ancho |
Hacinados
Rellenan todo el cuerpo
No contactan con la pared
Núcleos subterminal y terminal |
Engrosado con dos núcleos bien
diferenciados |
|
B. timori |
L: 265-325 µm
A: 4,46,8 µm
F: 332-383 µm
|
Sí |
Tres veces más largo que ancho |
Hacinados
Rellenan todo el cuerpo
No contactan con la pared Núcleos
subterminal y terminal |
Engrosado con dos núcleos bien
diferenciados |
|
W. bancrofti |
L: 240300 µm
A: 7,510 µm
F: 275-317 µm |
Sí |
Tan largo como ancho |
Discretos
No contactan con la pared
No llegan al extremo caudal |
Puede estar doblado hacia atrás por debajo
del cuerpo |
|
L. loa |
L: 230-250 µm
A: 57 µm
F: 270-300 µm |
Sí |
Tan largo como ancho |
Hacinados
Llegan al extremo caudal |
Puntiagudo |
|
M. ozzardi |
L: 160-200 µm
A: 3-5 µm
F: 203-254 µm |
No |
Más ancho que largo |
Hacinados
No llegan al extremo caudal |
Puntiagudo
|
|
M. perstans |
L: 155-215 µm
A: 4- µm
F: 183-225 µm |
No |
Más ancho que largo |
Hacinados
Llegan al extremo caudal |
Achatado
Forma en dedo de guante |
|
M. bolivariensis |
L: 250 µm
A: 78 µm |
No |
Más ancho que largo |
Hacinados
Llegan al extremo caudal
Cuerpo con una curvatura medial característica
|
Con una curvatura característica |
|
M. semiclarum |
L: 220 µm
A: 5 µm |
No |
Más ancho que largo |
Hacinados
Llegan al extremo caudal
Espacio claro en la parte media posterior del
cuerpo |
|
aL: largo; A: ancho; F: longitud
en preparaciones realizadas a partir de muestras hemolizadas con
formol al2%
Figura 2. Diagnóstico diferencial de las microfilarias
sanguícolas
SI DESEA VER LA IMAGEN AMPLIADA,
HAGA CLICK SOBRE LA MISMA, ESTA SE OFRECERA EN UNA NUEVA VENTANA
AMPLIADA EN SU TAMAÑO
|