| 10. SEGURIDAD EN EL LABORATORIO DE MICROBIOLOGÍA CLÍNICA 2000 | ||||||||||||||
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El estudio de las bacterias, virus, parásitos, hongos y otros agentes infecciosos que pueden ser patógenos para el hombre, los animales u otras formas de vida comporta riesgos que varían según el agente infeccioso y los procedimientos utilizados. Las normas de Seguridad Biológica pretenden reducir a un nivel aceptable el riesgo inherente a la manipulación de material peligroso y son muy rigurosas para los agentes más peligrosos y menos exigentes para los que causan problemas de menor entidad. Deben ser consideradas como compromisos destinados a conseguir que las personas que trabajan con agentes infecciosos en el Laboratorio de Microbiología estén expuestas al mínimo riesgo posible.
Por otra parte, el personal del Laboratorio de Microbiología está expuesto a riesgos no biológicos (químicos, físicos, eléctricos, etc.) comunes a otros laboratorios.
La actitud y el modo de proceder de aquellos que trabajan en el Laboratorio de Microbiología determinan su propia seguridad, así como la de sus compañeros y la de la colectividad. El equipamiento y el diseño del Laboratorio de Microbiología contribuyen a ésta sólo si las personas que trabajan en él están motivadas, conocen las normas de seguridad y las aplican.
En nuestro país, la protección de los trabajadores frente a los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos está regulada por el Real Decreto (RD) 664/97 y la adaptación contenida en la Orden de 25 de marzo de 1998.
El riesgo puede ser alto o muy limitado y depende de la motivación del personal, de la infraestructura y de la metodología. De nada sirven la mejor ingeniería sanitaria, un óptimo diseño arquitectónico o la tecnología más avanzada si el personal desconoce o incumple las medidas establecidas para su seguridad.
La formación es, pues, la clave de la eficacia de los programas de seguridad y ésta debe ser facilitada a todas las personas que están expuestas a los riesgos del laboratorio: personal del laboratorio, de mantenimiento, de limpieza, etc.
Los trabajadores deben responsabilizarse de su propia seguridad y de la de sus compañeros una vez las normas de seguridad han sido establecidas, aprobadas, escritas y asumidas.
Un programa de seguridad gestionado por profesionales bien entrenados, con un alto grado de participación por parte de los trabajadores, puede llevar no sólo a una disminución del número de lesiones y enfermedades, sino también a un incremento de la satisfacción del trabajador y de la productividad. Es necesario por tanto estimular, desarrollar e implantar programas de seguridad y salud efectivos.
1.1. MANUAL DE SEGURIDAD DEL LABORATORIO DE MICROBIOLOGÍA CLÍNICA
En todo Laboratorio de Microbiología debe existir un Manual de Seguridad porque todo el personal tiene el derecho y el deber de conocer en profundidad los riesgos de su profesión. Es imposible protegerse de lo que se desconoce, de ahí la importancia de este Manual, su revisión anual, su entrega con acuse de recibo a todo el personal del laboratorio, así como su cumplimiento.
1.2. ASPECTOS ADMINISTRATIVOS. NORMAS Y PROCEDIMIENTOS
1. Deben existir normas escritas sobre salud y seguridad en el lugar de
trabajo, incluyendo programas de inspección y monitorización
y normas de adiestramiento para trabajar de forma segura.
2. Los trabajadores que estén expuestos a compuestos
peligrosos deben formar parte de programas apropiados de reconocimiento médico.
Reconocimiento médico
Los reconocimientos médicos son particularmente importantes para
el personal, puesto que los trabajadores pueden estar expuestos a
numerosos agentes biológicos y químicos.
Incluirán:
En definitiva habrán de aplicarse los Protocolos de Vigilancia Sanitaria Específica de los Trabajadores Expuestos a Riesgos Biológicos, elaborados por el Ministerio de Sanidad, como de obligado cumplimiento para todas aquellas empresas o laboratorios que manejen agentes biológicos.
Responsabilidades
De acuerdo con el RD 39/97 sobre "Reglamento de los Servicios de Prevención": la prevención de los riesgos laborales como actuación a desarrollar dentro de cualquier empresa deberá integrarse en el conjunto de sus actividades y decisiones, tanto en los procesos técnicos, en la organización del trabajo y en las condiciones en las que éste se preste, como en la línea jerárquica de la empresa, incluidos todos los niveles de la misma.
Según el RD 664/97, el responsable inmediato de la Seguridad y Condiciones de Trabajo en el Laboratorio de Microbiología Clínica es el Jefe de Servicio o del Laboratorio. Debe supervisar y mantener actualizado el Manual de Seguridad entregado a todos los trabajadores del laboratorio, con constancia por escrito de este hecho.
El Coordinador y/o Supervisor de Seguridad es el responsable del cumplimiento diario de dicho Manual, así como del Registro de todos los incidentes.
Tanto el Jefe del Laboratorio como el Supervisor de Seguridad, deberán tener una estrecha relación con el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales a fin de garantizar la adecuada protección de la seguridad y salud de los trabajadores.
Agentes biológicos(según RD 664/97). Microorganismos, con inclusión de los genéticamente modificados, cultivos celulares y endoparásitos humanos susceptibles de originar cualquier tipo de infección, alergia o toxicidad.
Microorganismo (según RD 664/97). Toda entidad microbiológica, celular o no, capaz de reproducirse o de transferir material genético.
Cultivo celular (según RD 664/97). El resultado del crecimiento in vitro de células obtenidas de organismos multicelulares.
Peligro. Todo aquello que puede producir un daño o un deterioro de la calidad de vida individual o colectiva de las personas.
Daño. Es la consecuencia producida por un peligro sobre la calidad de vida individual o colectiva de las personas.
Riesgo. Probabilidad de que ante un determinado peligro se produzca un cierto daño, pudiendo por ello cuantificarse.
Desinfección (según la OMS). Eliminación de agentes infecciosos que están fuera del organismo por medio de la exposición directa a agentes químicos o físicos.
Contaminación(según la OMS). Presencia de un agente infeccioso en la superficie del organismo; también en vestimenta, ropa de cama, juguetes, instrumentos quirúrgicos, apósitos u otros objetos inanimados o substancias, incluyendo el agua y los alimentos.
Esterilización (según la OMS). Destrucción de todas las formas de vida por calor, radiación, gas o tratamiento químico.
Limpieza (según la OMS). Eliminación, mediante fregado y lavado con agua caliente, jabón o un detergente adecuado, o por el empleo de una aspiradora, de agentes infecciosos y substancias orgánicas de superficies en las cuales éstos pueden encontrar condiciones adecuadas para sobrevivir o multiplicarse.
2.2. CLASIFICACIÓN DE LOS AGENTES BIOLÓGICOS POR GRUPOS DE RIESGO
El RD 664/97 clasifica los agentes biológicos en cuatro grupos en función del riesgo de infección:
Agente biológico del grupo 1. Aquél que resulta poco probable que cause una enfermedad en el hombre.
Agente biológico del grupo 2. Aquél que puede causar una enfermedad en el hombre y puede suponer un peligro para los trabajadores, siendo poco probable que se propague a la colectividad y existiendo generalmente profilaxis o tratamiento eficaz.
Agente biológico del grupo 3. Aquél que puede causar una enfermedad grave en el hombre y presenta un serio peligro para los trabajadores, con riesgo de que se propague a la colectividad y existiendo frente a él generalmente profilaxis o tratamiento eficaz.
Agenete biológico del grupo 4. Aquél que causando una enfermedad grave en el hombre supone un serio peligro para los trabajadores, con muchas probabilidades de que se propague a la colectividad y sin que exista generalmente frente a él profilaxis o tratamiento eficaz.
La Seguridad Biológica se fundamenta en tres elementos: 1) Las técnicas de laboratorio, 2) El equipo de seguridad (o barreras primarias) y 3) El diseño de la instalación (o barreras secundarias).
El término "contención" se emplea para describir los métodos que hacen seguro el manejo de materiales infecciosos en el laboratorio. El propósito de la contención es reducir al mínimo la exposición del personal de los laboratorios, otras personas y el entorno a agentes potencialmente peligrosos.
Se suelen describir cuatro niveles de contención o de seguridad biológica, que consisten en la combinación, en menor o mayor grado, de los tres elementos de seguridad biológica descritos: técnica microbiológica, equipo de seguridad y diseño de la instalación. Cada combinación está específicamente dirigida al tipo de operaciones que se realizan, las vías de transmisión de los agentes infecciosos y la función o actividad del laboratorio.
Nivel de contención 1. Es el nivel de seguridad requerido para los agentes biológicos del grupo 1, es decir, los que no producen enfermedad en el ser humano sano y de susceptibilidad conocida y estable a los antimicrobianos. Es el utilizado habitualmente en los laboratorios de prácticas de universidades o centros docentes donde se emplean cepas no patógenas (E. coli K12, Saccharomyces cerevisiae, etc.). Ejemplos típicos son todos los microorganismos que se utilizan en la industria de la alimentación para la elaboración de quesos, cerveza, embutidos, etc.
Nivel de contención 2. EEs el obligado para agentes del grupo 2 como algunos que, perteneciendo a la propia flora habitual del hombre, son capaces de originar patología infecciosa humana de gravedad moderada o limitada. Deben ser manipulados por personal especializado (técnicos de laboratorio, especialistas en Microbiología) y son los que con más frecuencia se estudian en el Laboratorio de Microbiología Clínica: estafilococos, Salmonella, etc.
Nivel de contención 3. Debe utilizarse cuando se manipulan agentes biológicos del grupo 3, microorganismos que cursan con patología grave, de difícil y largo tratamiento, que pueden curar con secuelas y ocasionalmente producir la muerte. El mayor y más frecuente peligro que entrañan éstos es la infección adquirida a través de aerosoles y por fluidos biológicos. Por ello, las principales medidas a tomar en este caso son la correcta manipulación y la utilización de cabinas de seguridad. En los Laboratorios de Microbiología Clínica los ejemplos más típicos de este tipo de microorganismos son M. tuberculosis, Brucella, Coxiella burneti, etc. Sólo pueden ser procesados por personal cualificado y en una zona con la infraestructura apropiada para el Nivel de Contención 3, es decir, con aire acondicionado independiente, sin recirculación de aire, con gradiente de presión, cabinas de bioseguridad, etc.
Nivel de contención 4. Nivel requerido cuando se procesa con certeza o se sospecha un agente especialmente patógeno e infectocontagioso, exótico o no, que produce alta mortalidad y para el que no existe tratamiento y/o es poco fiable. Normalmente son microorganismos de dosis infectiva baja y alta contagiosidad. Este nivel también puede utilizarse para trabajar con animales de experimentación infectados por microorganismos del grupo 4. Ejemplos de este nivel son los arenavirus como el que produce la fiebre de Lassa y el virus Machupo, virus Ebola, etc. Además, deben incluirse en este nivel de contención los microorganismos propios del grupo 3 que adquieran propiedades patógenas que los eleven al grupo 4. Un ejemplo sería Mycobacterium bovis multirresistente que puede causar fallecimiento por fracaso terapéutico.
En general, la naturaleza infecciosa del material clínico es desconocida y al Laboratorio de Microbiología suelen remitirse muestras muy diversas. Es responsabilidad del Jefe del Laboratorio el establecimiento de prácticas normalizadas que de forma realista permitan su manipulación. Excepto en casos excepcionales (por ejemplo: sospecha de fiebres hemorrágicas), el procesamiento inicial de los especímenes clínicos y las pruebas serológicas pueden realizarse de forma segura en un nivel 2, que es el nivel recomendado para trabajar con patógenos que se transmiten por vía sanguínea como el virus de la hepatitis B y el VIH, a lo que habría que añadir las precauciones universales que deben ser tomadas con todas las muestras de sangre y otros materiales potencialmente infecciosos.
Los laboratorios que realicen trabajos que impliquen la manipulación de agentes biológicos de los grupos 2, 3 ó 4 con fines de investigación, desarrollo, enseñanza o diagnóstico deberán establecer medidas de contención que se aplicaran según la naturaleza de las actividades, la evaluación del riesgo para los trabajadores y las características del agente biológico de que se trate.
Medidas de contención para los distintos niveles de contención
Observación preliminar. Las medidas que figuran a continuación se aplicarán según la naturaleza de las actividades, la evaluación del riesgo para los trabajadores y las características del agente biológico de que se trate.
Las actividades que supongan la manipulación de un agente biológico se ejecutarán:
Los laboratorios que manipulen materiales con respecto a los cuales exista incertidumbre acerca de la presencia de agentes biológicos que puedan causar enfermedad en el hombre, pero que no tengan como objetivo trabajar con ellos como tales, cultivándolos o concentrándolos, deberán adoptar al menos el nivel de contención 2. Deberán utilizarse los niveles 3 ó 4 cuando proceda, siempre que se sepa o sospeche que son necesarios, salvo cuando las líneas directrices establecidas por las autoridades sanitarias indiquen que, en algunos casos, conviene un nivel de contención menor.
| Medidas de contención | |||
| Medidas de contención | 2 | 3 | 4 |
| 1. El lugar de trabajo se encontrará separado de toda actividad que se desarrolle en el mismo edificio | No | Aconsejable | Sí |
| 2. El aire introducido y extraído del lugar de trabajo se filtrará mediante la utilización de filtros de alta eficacia para partículas en el aire (HEPA) o de forma similar | No | Sí, para la salida de aire | Sí, para la entrada y salida de aire |
| 3. Solamente se permitirá el acceso al personal designado | Aconsejable | Sí | Sí, con esclusa de aire |
| 4. El lugar de trabajo deberá poder precintarse para permitir su desinfección | No | Aconsejable | Sí |
| 5. Procedimientos de desinfección específicos | Sí | Sí | Sí |
| 6. El lugar de trabajo se mantendrá con una presión negativa respecto a la presión atmosférica | No | Aconsejable | Sí |
| 7. Control eficiente de vectores, por ejemplo, roedores e insectos | Aconsejable | Sí | Sí |
| 8. Superficies impermeables al agua y de fácil limpieza | Sí, para banco de pruebas y mesa de trabajo | Sí, para banco de pruebas, mesa de trabajo y suelo | Sí, para banco de pruebas, mesa de trabajo, suelo, paredes y techos |
| 9. Superficies resistentes a ácidos, álcalis, disolventes y desinfectantes | Aconsejable | Sí | Sí |
| 10. Almacenamiento de seguridad para agentes biológicos | Sí | Sí | Sí, almacenamiento seguro |
| 11. Se instalará una ventanilla de observación o un dispositivo alternativo en las zonas de manera que se pueda ver a sus ocupantes | Aconsejable | Aconsejable | Sí |
| 12. Laboratorio con equipo propio | No | Aconsejable | Sí |
| 13. El material infectado, animales incluidos, deberá manejarse en una cabina de seguridad biológica o en un aislador u otra contención apropiada | Cuando proceda | Si, cuando la infección se propague por el aire | Sí |
| 14. Incinerador para destrucción de animales muertos | Aconsejable | Sí, disponible | Sí, en el mismo lugar |
La peligrosidad de un agente está directamente relacionada con el tipo de manipulación a la que es sometido. Por ello es básico:
Para que se produzca un accidente por agente biológico deben concurrir básicamente cuatro elementos: un huésped susceptible, un agente infeccioso, una concentración suficiente de éste y una ruta de transmisión apropiada. De todos ellos, el que mejor se puede controlar en el laboratorio es la ruta de transmisión.
Las rutas de transmisión más comunes en el laboratorio son la aérea y la inoculación directa, muy por encima de todas las demás, aunque la oral, la percutánea y el contacto directo con la piel o las mucosas también son posibles.
Siendo imposible determinar a ciencia cierta si cualquier material biológico está contaminado con microorganismos del grupo 2 ó 3, ciertas muestras (respiratorias, etc.) en las que sea posible que exista un microorganismo del grupo 3 deben manipularse rutinariamente en las cabinas de Seguridad Biológica (CSB).
Son de obligado cumplimiento en cualquier área del laboratorio.
3.3. OBJETOS PUNZANTES Y CORTANTES
Tal y como su nombre indica, las llamadas barreras primarias son la primera línea de defensa cuando se manipulan materiales biológicos que puedan contener agentes patógenos. El concepto de barrera primaria podría asimilarse a la imagen de una "burbuja" protectora que resulta del encerramiento del material considerado como foco de contaminación. El ejemplo más claro de contención primaria lo constituyen las cabinas de seguridad biológica.
Cuando no es posible el aislamiento del foco de contaminación, la actuación va encaminada a la protección del trabajador mediante el empleo de prendas de protección personal. En la mayoría de las ocasiones se practica la combinación de ambos tipos de medidas, tal como puede ser el empleo de la cabina junto con guantes y mascarilla. Todo ello sin olvidar que la máxima contención del riesgo biológico sólo se da cuando, además, se emplean las técnicas de trabajo correctas unidas a un diseño del laboratorio acorde con el nivel de riesgo.
4.1. EQUIPOS O PRENDAS DE PROTECCIÓN PERSONAL
Constituyen otro de los componentes de las llamadas barreras primarias. En el RD 773/97 sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual se define el equipo de protección individual o EPI como cualquier equipo destinado a ser llevado o sujetado por el trabajador para que le proteja de uno o varios riesgos que puedan amenazar su seguridad o su salud, así como cualquier complemento o accesorio destinado a tal fin.
También establece una serie de obligaciones generales del empresario, entre las que se pueden destacar la de determinar los puestos de trabajo en los que deba recurrirse a la protección individual, proporcionar gratuitamente a los trabajadores los equipos de protección individual que deban utilizar, velar por su correcta utilización, así como reponerlos cuando resulte necesario y asegurar su mantenimiento. Por su parte, los trabajadores están obligados a utilizar y cuidar correctamente los equipos de protección individual, a colocarlos despues de su utilización en el lugar indicado para ello y a informar de inmediato a su superior jerárquico de cualquier defecto, anomalía o daño apreciado en el equipo.
También establece una serie de obligaciones generales del empresario, entre las que se pueden destacar la de determinar los puestos de trabajo en los que deba recurrirse a la protección individual, proporcionar gratuitamente a los trabajadores los equipos de protección individual que deban utilizar, velar por su correcta utilización, así como reponerlos cuando resulte necesario y asegurar su mantenimiento. Por su parte, los trabajadores están obligados a utilizar y cuidar correctamente los equipos de protección individual, a colocarlos después de su utilización en el lugar indicado para ello y a informar de inmediato a su superior jerárquico de cualquier defecto, anomalía o daño apreciado en el equipo.
Siguiendo la nomenclatura empleada en este mismo RD, nos centraremos en los equipos de protección individual que pueden ser necesarios, en algún momento, en un Laboratorio de Microbiología Clínica: los protectores de los ojos y de la cara (gafas de seguridad, pantallas faciales), los protectores de las vías respiratorias (mascarillas, máscaras), los protectores de manos y brazos (guantes, manguitos), los protectores de la totalidad del cuerpo (batas) y los protectores del oído (tapones, cascos).
Es infrecuente que en este ámbito laboral se precise algún tipo de calzado de seguridad, pero sí es necesario conocer que deben evitarse los modelos que no cubran por completo al pie y, además, que esta prenda es una fuente importante de arrastre de contaminación.
Consideraciones generales en torno a los EPI
a) Actualmente existen equipos que ofrecen un altísimo grado de protección, pero eso no significa que el EPI sea un substituto de una buena práctica de trabajo; b) la utilización de un equipo equivocado creará un riesgo adicional al operario al inspirar en éste un falso sentido de seguridad; c) el EPI se seleccionará en función del máximo nivel de riesgo que se espera encontrar al desarrollar la actividad; d) la prenda ha de ser de una talla/tamaño adecuada a la del usuario; e) cualquier EPI exige una limpieza y un mantenimiento adecuados: f) sólo pueden emplearse equipos que lleven la marca de conformidad "CE".
Protección de los ojos y de la cara. Las lentillas no proporcionan protección alguna a los ojos, por lo que no se recomienda su utilización durante el trabajo en el Laboratorio de Microbiología. En el caso de que una persona necesitara llevarlas por prescripción facultativa, y no simplemente como corrección de la visión, estaría obligada a llevar también, siempre que estuviera expuesta a un riesgo biológico y/o químico, unas gafas de seguridad.
Existen también las denominadas pantallas faciales, que ofrecen protección frente a impactos y salpicaduras. Son elementos indispensables para protegerse frente a radiaciones, como es el caso de la luz ultravioleta.
Protección de las manos y los brazos. Los guantes son quizás las prendas más empleadas, aunque no siempre se siguen correctamente las normas elementales de uso: a) las manos han de lavarse obligatoriamente al quitarse los guantes; b) el uso de los guantes debe quedar restringido para las operaciones frente a las que es necesario protegerse, de manera que es inadmisible, por ejemplo, abrir puertas con los guantes puestos, manejar volantes, coger el teléfono; c) cualquier tipo de guante no protege frente a cualquier producto químico, lo que significa que es preciso escoger el modelo según el riesgo al que se está expuesto.
Los guantes tienen un amplio uso en el laboratorio pues, además de contra riesgos biológicos y químicos, también se emplean como protección frente a riesgos físicos, como el calor o el frío en determinadas manipulaciones.
Para la protección de brazos existen los manguitos, que resultan interesantes, sobre todo, cuando la ropa que lleva el operario no es de manga larga.
Protección respiratoria. Las mascarillas en general tienen utilidad en el Laboratorio de Microbiología especialmente para protección frente a polvo (partículas), aerosoles y gases y vapores químicos. Las conocidas mascarillas tipo "cirujano" no ofrecen protección alguna.
La máscara, ya sea media máscara o máscara facial, puede resultar útil en caso de protección frente vertidos accidentales de consideración. Los diferentes filtros que se pueden acoplar hay que desecharlos como material contaminado.
El vestuario como equipo de protección. En principio es imprescindible hacer una clara distinción entre la ropa que es parte de un uniforme y las prendas del vestuario que actúan como elementos de protección individual. Además, existen una serie de recomendaciones generales, como son: a) no es aconsejable que el personal del Laboratorio de Microbiología que está en contacto con materiales contaminados emplee su ropa de calle; b) la ropa del laboratorio no debe ser nunca lavada fuera del Hospital; c) el usuario debe llevar la prenda de manera que se beneficie de su utilización pero que no resulte un elemento peligroso que arrastre contaminación fuera del laboratorio; d) el vestuario que sirve como protección personal no debe salir nunca del lugar de uso (a la biblioteca, a la cafetería, a la calle); e) en el ambiente de trabajo no se debe llevar ropa de calle que aumente la superficie corporal expuesta (pantalones cortos, sandalias).
Como parte del vestuario de protección se incluyen las batas (que se prefieren abrochadas a la espalda y con los puños elásticos) y los delantales. A veces, también resultan útiles los cubrezapatos.
Protección auditiva. Es la menos considerada en el ambiente de un Laboratorio de Microbiología, siendo habitual que el personal acepte como "normal" un nivel de ruido, procedente de aparatos y/o determinadas operaciones, por encima de los límites tolerables. Una reducción importante de estos niveles se consigue con un buen mantenimiento de los equipos.
4.2. CABINAS DE SEGURIDAD BIOLÓGICA (CSB)
Son cámaras de circulación forzada que, según sus especificaciones y diseño, proporcionan diferentes niveles de protección. Son fundamentales en un Laboratorio de Microbiología Clínica y se clasifican según el nivel y tipo de protección.
En principio es necesario distinguir entre las campanas de extracción de gases, las cabinas de flujo laminar y las cabinas de Seguridad Biológica.
La campana de gases (o vitrina extractora de gases) es un recinto ventilado que captura los humos y vapores procedentes de la manipulación de los productos químicos en el laboratorio. Si bien constituye un equipo muy útil en la contención del riesgo químico, no ofrece protección alguna frente a riesgos biológicos.
Las cabinas de flujo laminar son recintos que emplean un ventilador para forzar el paso del aire a través de un filtro HEPA (acrónimo del término anglosajón High Efficiency Particulate Air) barriendo la superficie de trabajo. El flujo de aire puede ser vertical u horizontal. Estas cabinas ofrecen protección únicamente al material que se maneja en su interior, pero nunca al operador, por lo que no son recomendables para el trabajo en un Laboratorio de Microbiología Clínica. Son, sin embargo, un instrumento de trabajo imprescindible en las denominadas "zonas limpias".
Las cabinas de Seguridad Biológica son recintos ventilados diseñados para limitar al máximo el riesgo del personal de laboratorio expuesto a agentes infecciosos. Ello es especialmente importante si se tiene en cuenta que muchas de las operaciones realizadas en un laboratorio implican la formación de aerosoles. Estos equipos tienen como objetivo principal proporcionar una zona de trabajo que minimice la probabilidad que una partícula transportada por el aire tiene de escapar hacia el exterior de la cabina y contaminar así al operario y a la zona que le rodea. Además, algunas de ellas, ofrecen protección al material que se manipula.
Cuando una CSB es utilizada por personal debidamente formado y consciente de las limitaciones de ésta, se convierte en un equipo de contención muy efectivo para reducir el posible escape de contaminación biológica. Sin embargo, es conveniente tener muy en cuenta que una cabina no es nunca un substituto de una técnica microbiológica adecuada.
Las CSB disponen de dos sistemas que impiden la salida de contaminación: las barreras de aire y los filtros. Las barreras de aire se crean permitiendo que éste fluya en una sola dirección y a una velocidad constante dando lugar a una verdadera "cortina" de aire que se conoce como flujo de aire laminar. Es, por definición, un flujo con ausencia de turbulencias. Los filtros tienen como finalidad atrapar las partículas contenidas en este flujo de aire y los empleados habitualmente son los HEPA, que retienen con una eficacia del 99,97% partículas de hasta 0,3 micras de diámetro.
Las CSB se dividen en tres categorías: clase I, clase II y clase III.
Cabinas de clase I. Son cámaras cerradas con una abertura al frente para permitir el acceso de los brazos del operador. El aire penetra por este frontal, atraviesa la zona de trabajo y todo él sale al exterior a través de un filtro HEPA. La velocidad del flujo de aire es de unos 0,40 m/s (75 pies/m). Son apropiadas para manipular agentes biológicos de los grupos 1, 2 ó 3. La mayor desventaja que presentan es que no proporcionan protección al material con el que se trabaja, no evitando por lo tanto que éste se pueda contaminar.
Cabinas de clase II. Se diferencian principalmente de las de clase I en que, además de al operario y su entorno, ofrecen protección al producto frente a la contaminación. La superficie de trabajo está bañada por aire limpio que ha atravesado un filtro HEPA. La salida del aire se produce a través de otro filtro HEPA. Son equipos válidos para el manejo de agentes biológicos de los grupos 1, 2 ó 3. Existen varios tipos de cabinas de clase II, A, B1, B2 y B3, según sus características de construcción, flujo de aire y sistema de extracción.
Una primera diferencia entre tipo A y tipo B es que las de clase II tipo A están diseñadas para que el aire extraído desemboque en el mismo laboratorio o fuera de éste vía una conexión de tipo canopy y las de tipo B deben disponer de un conducto hermético de salida, exclusivo para ellas, con un extractor y un sistema de alarma apropiado. Las IIA y las IIB3 mantienen ambas una velocidad de 0,40-0,50 m/s (75-100 p/m) y en ambas también se recircula un 70% del aire. Cuando la IIB3 se conecta al exterior mediante conducto hermético, entonces se puede emplear para manipulaciones que impliquen muy pequeñas cantidades de productos tóxicos y radionucleidos.
Las restantes cabinas del tipo B, es decir IIB1 y IIB2, se diferencian principalmente en la velocidad del flujo y la proporción de aire que se recircula. En estos dos tipos, la velocidad mínima es de 0,50 m/s (100 p/m), siendo la cantidad recirculada del 30-50% en las de clase II tipo B1 y del 0% en las de tipo B2. Tanto unas como otras son adecuadas para el trabajo con pequeñas cantidades de tóxicos y radionucleidos.
Cabinas de clase III. Constituyen el máximo nivel de seguridad. Son recintos herméticos en presión negativa y, por ello, su interior está completamente aislado del entorno. Se opera en ellas por medio de unos guantes, con trampa para introducir el producto, el aire entra a través de un filtro HEPA y se expulsa al exterior a través de dos filtros HEPA. Se recomiendan para el manejo de agentes de los grupos 1, 2, 3 ó 4.
Hasta el momento, no existe en España ninguna legislación relativa a los requisitos que deben cumplir las cabinas de seguridad biológica, aunque en breve aparecerá una directiva comunitaria en este sentido. La práctica más habitual consiste en exigir de los proveedores correspondientes la declaración de conformidad, bien con la norma británica BS 3928 o con la estadounidense NSF 49. La redacción que está efectuando el comité de expertos seleccionado por la UE se basa principalmente en tres normas europeas que no difieren mucho entre sí, la citada norma británica más otras similares alemana y francesa.
CSB. Recomendaciones generales
Instalación de la cabina:
Al inicial el trabajo:
Durante la manipulación:
Al finalizar el trabajo:
Limpieza y desinfección de la CSB
Mantenimiento de la CSB
Usos de la CSB en el Laboratorio de Microbiología
El diseño y construcción de un laboratorio (lo que en Seguridad Biológica se conoce como "barreras secundarias") contribuye a la protección del propio personal del laboratorio, proporciona una barrera para proteger a las personas que se localizan fuera del laboratorio (es decir, aquéllas que no están en contacto con los materiales biológicos como, por ejemplo, personal administrativo del laboratorio, enfermos y visitantes del Hospital) y protege a las personas de la comunidad frente a posibles escapes accidentales de agentes infecciosos.
Las exigencias de cada nivel de contención se han enumerado ya, siguiendo al RD 664/97, pasando ahora a comentar con más detalle algunas de ellas, junto con otras consideraciones que, si bien no son obligatorias por ley, sí deberían ser tenidas en cuenta a la hora de la evaluación del riesgo.
6.2. NEVERAS Y HABITACIONES FRIGORÍFICAS
Un adecuado mantenimiento, limpieza y desinfección sistemáticos de los aparatos reduce considerablemente los riesgos asociados a su utilización. Sin embargo, aun en estas condiciones, hay que tener en cuenta lo siguiente:
La congelación es un proceso que mantiene la viabilidad de muchos agentes infecciosos, de ahí un potencial riesgo y las siguientes recomendaciones:
La limpieza y la desinfección, periódicas y sistemáticas, son el método recomendable para reducir los riesgos derivados de la contaminación accidental del personal del laboratorio.
Los microondas cada vez son más populares en el Laboratorio de Microbiología y constituyen una nueva fuente de accidentes, entre los más frecuentes las explosiones cuando se usan para calentar medios con agar, ya que la diferencia de velocidad de calentamiento produce burbujas que pueden estallar.
Los autoclaves deben poseer manómetro y termostato, así como válvula de seguridad, sistema de desconexión rápido y la purga del vapor ha de realizarse a un recipiente estanco y con agua, jamás directamente al exterior.
Los mayores riesgos derivan, sobre todo, de la contaminación por los aerosoles generados durante la centrifugación de materiales biológicos y, en menor medida, de los traumatismos accidentales. Se recomienda:
Los trabajadores del Laboratorio de Microbiología Clínica están expuestos a una serie de riesgos como consecuencia de la presencia de agentes químicos en su labor diaria.
Estos riesgos pueden afectar a su seguridad al producirse accidentes durante la manipulación, trasvase o almacenamiento de ciertos productos químicos.
Una forma de identificar el riesgo de una sustancia o preparado químico en origen es la etiqueta, donde el fabricante o proveedor, de acuerdo con la legislación existente, debe identificar las sustancias peligrosas que lo componen e informar de los riesgos (frases R) y los consejos de prudencia (frases S). Además, junto con el producto, debe adjuntarse la ficha de datos de seguridad en la que se amplía la información y se detallan los riesgos en cuanto a su utilización y las medidas de seguridad a adoptar.
La exposición a los compuestos químicos puede producir efectos agudos o crónicos y la aparición de enfermedades. Estos efectos son función directa de la toxicidad del agente químico, la dosis absorbida y la vía de entrada al organismo: por inhalación (vía principal), dérmica (a través de las mucosas o piel intacta), digestiva o percutánea.
7.1. EVALUACIÓN DE RIESGOS E IDENTIFICACIÓN DE PRODUCTOS QUÍMICOS PELIGROSOS
Para controlar la exposición a agentes químicos, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (I.N.S.H.T.) ha establecido valores límite ambientales de exposición diaria (VLA), referidos a jornadas de 8 horas (VLA-ED), o de corta duración, referidos a exposiciones de 15 minutos (VLA-EC) por, como límites de exposición profesional a la que la mayoría de los trabajadores pueden estar expuestos día tras día, durante toda su vida laboral, sin sufrir efectos adversos para su salud.
Estas mediciones ambientales deben ser realizadas por personal cualificado.
Un pequeño porcentaje de trabajadores con problemas médicos o físicos preexistentes (EPOC, enfermedad hepática crónica, sensibilizaciones, embarazo, etc.) pueden no estar protegidos adecuadamente de los efectos adversos para su salud con estos valores límite, siendo el médico de Medicina Preventiva el que debe evaluar la protección adicional que requieren estos trabajadores.
Hipoclorito sódico
Los desinfectantes que contienen hipoclorito sódico (lejía de uso doméstico) son potentes agentes oxidantes que liberan Cl2 (gas cloro). La exposición al cloro produce irritación de mucosas y del tracto respiratorio superior. El VLA-EC para el cloro es 1 p.p.m. Las salpicaduras en los ojos pueden provocar daños permanentes (irreversibles) y el contacto de la lejía con la piel produce irritaciones.
En las áreas en las que se manipulen estos productos deberá existir una adecuada ventilación y deben usarse guantes resistentes, protectores oculares y ropa adecuada (batas).
Yodo
La excesiva exposición a soluciones que contienen yodo (VLA-EC 0,1 p.p.m) puede provocar irritación de mucosas y ojos o dificultades respiratorias. De nuevo, el uso de protectores personales tales como gafas protectoras, máscaras y guantes resistentes es muy recomendable.
Compuestos de amonio cuaternario
Incorporados a múltiples soluciones desinfectantes, son generalmente menos cáusticos (lesivos) que muchos otros desinfectantes. Aún así se debe tener cuidado con su manipulación ya que es conocida su capacidad para irritar la piel y producir alergias.
Formaldehído y glutaraldehído
Son compuestos altamente tóxicos (VLA - EC 0,3 p.p.m. para el formaldehído y VLA-EC 0,05 p.p.m. para el glutaraldehído). El formaldehído puede estar presente en laboratorio en forma gaseosa, líquida (solución de formalina) o sólida (paraformaldehído).
Se sospecha que son agentes carcinogénicos en humanos y es conocido su poder para generar irritaciones oculares y del tracto respiratorio por exposición aguda y dermatitis y alergias en la piel y tracto respiratorio tras exposiciones crónicas. Ambos compuestos deben ser manipulados sólo en campana de gases y con protectores de ojos impermeables.
Una amplia variedad de disolventes se usa en el Laboratorio de Microbiología y aunque generalmente sólo se hace en pequeñas cantidades, es prudente manipular estos compuestos con precaución por sus efectos adversos para la salud.
Los disolventes son fácilmente absorbibles a través de la piel y los pulmones y pueden causar irritación de estos órganos. La exposición crónica puede causar daños en el sistema nervioso central y en el hígado. Deben usarse guantes y gafas resistentes cuando se manipulen estos compuestos.
Son utilizados habitualmente en el Laboratorio de Microbiología, aunque en cantidades muy pequeñas. No obstante, se deben tomar precauciones para evitar la exposición a éstos. Algunos colorantes como los derivados del benceno, acridina, y generalmente aquellos que se unen al ADN, son carcinogénicos. Los más conocidos son la auramina, la rodamina y el naranja de acridina. El bromuro de etidio es un poderoso mutágeno de efecto acumulativo utilizado en técnicas de biología molecular. Debe evitarse estrictamente el contacto con estas substancias utilizando guantes, etc.
Los cilindros deben estar situados en un lugar adecuado y ser transportados en carros. Hay que asegurarse de que permanezcan lejos de llamas y superficies calientes.
Para evitar potenciales explosiones deben utilizarse los reguladores adecuados. Antes de ser usados, el contenido debe ser comprobado interpretando cuidadosamente la etiqueta.
El nitrógeno es, químicamente, un gas muy estable e inerte y no está considerado peligroso. Sin embargo, en su forma líquida, el N2 tiene varios peligros: a) quemaduras por congelación, b) riesgo de asfixia por desplazamiento del oxígeno y c) posibilidad de rotura de los contenedores por exceso de temperatura. De todos ellos, el peligro más real en el Laboratorio de Microbiología lo representan las quemaduras por frío.
El N2 licuado tiene un punto de ebullición de -196ºC y la fase de vapor de los contenedores suele estar a una temperatura inferior a -180ºC. La exposición de la piel y mucosas puede provocar lesiones graves, similares a las quemaduras, por lo que debemos manipular este producto adecuadamente. Las normas básicas de protección son:
La falta de oxígeno, desplazado por los gases criogénicos, como el N2 líquido, es un peligro recalcado por todas las normativas de seguridad y que generalmente se menosprecia. Un litro de este líquido puede generar casi 700 de gas. Una atmósfera con un contenido de oxígeno inferior al 15% puede producir asfixia. En consecuencia, los recipientes y contenedores de N2 líquido deben estar siempre colocados en una zona bien ventilada.
Por último, aunque el N2 no es inflamable ni explosivo, la exposición de los contenedores y recipientes al calor directo puede originar una sobrepresión que rompa bruscamente las paredes, con el consiguiente riesgo de vertido accidental y salpicaduras. En consecuencia, los recipientes deben estar lejos de cualquier fuente de calor y nunca debe colocarse objetos pesados encima de las tapas de estos recipientes.
7.2. ALMACENAMIENTO DE COMPUESTOS QUÍMICOS PELIGROSOS
La primera actuación para el correcto almacenamiento de los compuestos químicos será la separación entre familias de productos incompatibles. Se separarán ácidos de bases, oxidantes de inflamables, venenos activos, substancias cancerígenas, peroxidables, etc.
Los envases más pesados se colocarán en las baldas o estantes inferiores, así como los ácidos y bases fuertes, de manera que las substancias más agresivas ocupen los lugares a más bajo nivel. Los productos peroxidables (éter etílico, éter isopropílico, etc.) pueden provocar detonaciones al contacto con el aire o incluso por choque o fricción. Por ello, una vez abiertos no deben almacenarse más de 6 meses, a no ser que contengan un inhibidor eficaz. En el etiquetado deberá figurar la fecha de recepción y la de apertura del envase.
Ciertos productos como los venenos activos, productos cancerígenos y productos inflamables requieren un almacenamiento especial en armarios específicos convenientemente rotulados y bajo llave. El control del stock debe ser riguroso y es conveniente guardarlos en un doble recipiente para evitar dispersiones o derrames.
Las sustancias inflamables que requieran refrigeración deben almacenarse en armarios frigoríficos especiales, no siendo recomendables los de uso doméstico. En todos los casos, los armarios frigoríficos se colocarán en lugares con buena ventilación.
Los envases de todos los compuestos químicos deberán estar claramente etiquetados con el nombre químico y los riesgos que produce su manipulación. Es obligación de todo el personal leer y seguir estrictamente las instrucciones del fabricante
Resbalones, caídas, lesiones de espalda, cortes etc. La mayoría de las veces ocurren cuando hay "masificación", escasa limpieza, almacenamiento inadecuado y/o pobre iluminación.
Las áreas masificadas deben ser rediseñadas y hay que prestar especial atención a una limpieza adecuada.
Los dolores de espalda, pueden ser prevenidos (evitados) enseñando a los trabajadores métodos correctos de elevación de cargas.
El uso de zapatos (calzado) cerrado y de tacón bajo se recomienda para prevenir lesiones de espalda y caídas. Todos los accidentes deben ser investigados (aclarados) para evitar reincidencias y mejorar las condiciones de trabajo.
Todo el equipo eléctrico en el Laboratorio de Microbiología debe mantenerse en buenas condiciones de trabajo, con instrumentos anclados y adecuadas salidas y circuitos eléctricos. Los cables no deben pasar por debajo de pilas u otras piezas de equipamiento (mejor no visibles) y el uso de cables alargadores no es recomendable. La caja de circuitos debe estar correctamente etiquetada (señalada), con un fácil acceso y un correcto y continuo mantenimiento.
De acuerdo con el RD 1316/89 sobre "Protección de los Trabajadores frente a los Riesgos derivados de la Exposición al Ruido durante el Trabajo", en los puestos de trabajo en los que el nivel diario equivalente supere los 60 decibelios, deberán adoptarse las medidas establecidas.
La exposición a niveles de ruido por encima de los 85 decibelios podría conducir a la pérdida de audición, efectos adversos para la salud (presión arterial alta), accidentes y disminución de la capacidad para desarrollar el trabajo co- rrectamente. Es necesario, por tanto, que sean realizados todos los esfuerzos para minimizar los niveles de ruido en el laboratorio. Las ondas de alta frecuencia pueden ser también dañinas y deben usarse protectores auditivos cuando se utilizan aparatos como el sonicador.
Si el ambiente laboral parece ruidoso, y particularmente si existe una gran dificultad para oir a alguien hablar en un tono normal a una distancia de un metro, los niveles de ruido deben ser comprobados por un experto con el adecuado medidor homologado.
8.4. LESIONES ERGONÓMICAS Y POR MOVIMIENTOS REPETITIVOS (MALAS POSTURAS)
Se pueden producir lesiones en el Laboratorio por un diseño
inadecuado del lugar de trabajo, de los complementos o de los asientos,
que dan lugar a malas posturas. Una altura y posición adecuadas de
las banquetas y las sillas es esencial a la hora de reducir las lesiones
de espalda.
Algunos movimientos repetitivos requieren la flexión de muñeca,
por ejemplo el pipeteado, que pueden producir lesiones (Síndrome
del túnel carpiano).
Los Laboratorios de Microbiología utilizan ordenadores con
monitores y, aunque sus potenciales efectos adversos para la salud no son
bien conocidos, parece que su uso excesivo puede conducir al estrés
físico y psiquico. Las pausas periódicas del uso de los
terminales pueden ser beneficiosas y es importante que haya una buena
luminosidad. En definitiva, deben seguirse las recomendaciones fijadas en
el RD 488/97 sobre "Disposiciones mínimas de Seguridad y Salud
relativas al Trabajo con Equipos que incluyen Pantallas de Visualización".
Se pueden conseguir grandes mejoras en el aspecto de las malas
posturas con simples cambios en el lugar o en las prácticas de
trabajo.
Las grandes cargas de trabajo pesado y rutinario pueden generar estrés
en los trabajadores. Los síntomas asociados al estrés
psicosocial son depresión, ansiedad, insatisfacción laboral,
así como manifestaciones somáticas tales como acidez de estómago,
presión arterial alta, dolor de cabeza, etc.
El estrés psicosocial puede llevar en último término
a la adicción al alcohol y/o a las drogas.
La presencia de supervisores bien adiestrados, un óptimo
ambiente y entorno de trabajo y la participación activa del
trabajador pueden ayudar a prevenir su desmotivación.
Los riesgos en el Laboratorio de Microbiología se dividen en
riesgos no biológicos, comunes a otros laboratorios, y riesgos biológicos
o específicos. Los no biológicos pueden ser químicos,
físicos, eléctricos o fuego.
Entre los riesgos biológicos no se hace referencia a las
infecciones adquiridas en el laboratorio, ya que la mayoría son un
proceso que pasa inadvertido. La exposición se centrará en
la actuación cuando se produce un accidente.
Lo más importante ante un accidente en el laboratorio es
tenerlo previsto, simular uno como mínimo una vez al año,
discutir las medidas a tomar y sacar las conclusiones pertinentes; en
definitiva no dejar nada a la improvisación y disponer del material
necesario para actuar. Es recomendable contar con Estaciones de Seguridad,
del mismo modo que existen los extintores.
El Supervisor de Seguridad llevará un registro de accidentes,
donde se anotarán todos lo detalles del percance, así como
las medidas practicadas, las personas involucradas en el accidente y los
procedimientos de actuación.
Estaciones de Seguridad
Son unidades estratégicamente situadas en las que debe encontrarse, a la vista y fácilmente accesible (previa ruptura de su correspondiente precinto), el material necesario para actuar inmediatamente ante un accidente de laboratorio. Es conveniente que se coloquen junto a la ducha de emergencia y los extintores. Deberán contener:
9.1. RIESGOS NO BIOLOGICOS
9. 1. 1. ACCIDENTES QUÍMICOS
Por inhalación
Se producen por no usar (o usar inadecuadamente) las vitrinas de
gases o por accidentes.
Si es grave, como la fuga de gases tóxicos:
1º. Dar la voz de alarma.
2º. No intentar socorrer a los afectados sin usar máscara
de gases (para sacar al paciente de la zona).
3º. Cerrar la zona, y, si es posible, ventilarla.
4º. Conducir al afectado al Servicio de Urgencias y, si es
necesario, iniciar procedimientos de reanimación.
Por deglución
Se producen si se cometen errores básicos de pipeteo o cuando
se utilizan incorrectamente envases de refrescos o bebidas para guardar
productos químicos (lo que está formalmente prohibido). Se
acudirá al Servicio de Urgencias inmediatamente y como emergencia
se usará una solución de carbón activado o el antídoto
conocido.
Por contacto
Los más frecuentes son las salpicaduras por ácidos, álcalis,
sustancias tóxicas o cancerígenas, etc. Debe existir una
ducha de seguridad y se respetará lo prescrito en el manual de
seguridad referente al transporte, almacenamiento y manejo de todo tipo de
productos utilizados en el laboratorio. Consultando las fichas de datos de
seguridad de los productos es posible conocer los riesgos inherentes a
cada uno de ellos, así como las normas de seguridad a seguir (uso
en campana de extracción, empleo de guantes, gafas o pantalla
facial, máscaras, etc.).
Los más frecuentes son las heridas causadas por objetos punzantes
o cortantes (pinchazo y herida sangrante). En este caso se deberán
aplicar las medidas bien detalladas en los Protocolos de actuación
después de una exposición accidental a productos biológicos
probablemente contaminados perfectamente descritos en los protocolos
específicos de hepatitis y SIDA de la SEIMC.
Las centrífugas actuales tienen mecanismos básicos de
seguridad, pero no es infrecuente encontrar todavía algunas que,
debido a lo antiguo de su diseño, permiten ser abiertas antes de su
parada completa, hecho inaceptable con las normativas actuales. Así
pues se pueden producir accidentes al frenarlas manualmente, con el
consiguiente riesgo de lesión por la enorme fuerza centrífuga
de las mismas.
El manejo y transporte de las bombonas de gases debe ser realizado
por personal especializado. Estarán bien ancladas para evitar que
se caigan.
En general, no debe utilizarse la luz UV porque no es esterilizante,
sino sólo descontaminante y produce una falsa sensación de
seguridad. En la CSB no se puede trabajar con ella encendida ya que puede
dar lugar a una quemadura corneal tremendamente dolorosa. Si ello ocurre,
se consultará con el Servicio de Oftalmología.
Las quemaduras por vapor procedente de los autoclaves, así
como las producidas por salpicaduras de los microondas, se tratarán
tópicamente.
Se evaluará su gravedad y se decidirá si se traslada al
accidentado al servicio de urgencias o si hay que practicar maniobras de
reanimación.
Jamás se intentará apartar al afectado de la fuente eléctrica
con las manos, sino a través de un objeto no conductor y, si es
posible, siempre se cortará primero el suministro (todos los
cuadros han de estar debidamente señalizados).
Merece consideración específica, ya que todavía, desgraciadamente, no es infrecuente el uso de mecheros Bunsen en muchos Laboratorios de Microbiología. Todo el utillaje eléctrico, en conjunción con el gran uso que se hace de productos inflamables, hace que la posibilidad del fuego haya de ser tenida muy en cuenta. En el supuesto de un fuego, una actuación correcta inicialmente puede decidir el resultado final.
Consideraciones generales ante el fuego:
Para que exista un fuego como tal, hace falta que se mantenga el
tetraedro del fuego, a saber: material combustible, oxígeno,
temperatura y reacción en cadena (producción de radicales
libres). Si se dan los cuatro requisitos se produce un fuego con llama, si
falla la reacción en cadena se produce un fuego sin llama. Según
el material que arde, el fuego se clasifica en:
A. ALFA. Cuando arde material sólido.
B. BRAVO. Cuando arde material líquido.
C. CHARLIE. Cuando arde material gaseoso.
D. DELTA. Cuando arden metales.
E. ECHO. Cuando arde material eléctrico.
En el Laboratorio de Microbiología se pueden producir los cinco
tipos de fuego. Los mecanismos básicos para actuar contra el fuego
son los que inciden sobre alguno de sus pilares básicos tales como:
- Temperatura. Mediante enfriamiento con agua, C02.
- Oxígeno. Mediante sofocación, espuma, manta, polvo,
C02.
- Material. Si es posible, se tira o confina lo que está
ardiendo (por ejemplo una gasa, un papel, etc.). Cualquier tipo de
extintor es válido para estos fuegos.
- Reacción en cadena. Impedir la formación de radicales
libres enfriando y sofocando.
La extinción se lleva a cabo mediante extintores, que básicamente
son de:
- Agua: Chorro o niebla (actúa por enfriamiento).
- Espuma: Especialmente indicados para líquidos (sofocación).
- Polvo seco: Actúa por sofocación.
- Gas inerte (C02): Actúa
por sofocación y enfriamiento.
Los extintores siempre actúan sobre uno o más de los componentes del tetraedro del fuego, pero hay que elegir el adecuado según el tipo de fuego. Generalmente, el de CO2 es el de elección para un Laboratorio de Microbiología.
Para apagar la ropa ardiendo del personal, lo mejor es utilizar la ducha
de emergencia o la manta apagafuegos.
En el caso de los líquidos que arden en su superficie, se
procurará usar la sofocación para evitar que se produzcan
salpicaduras del líquido inflamable que arde. Muchos extintores
salen a tanta presión que si inciden sobre la superficie del líquido
ardiendo, pueden dar lugar a un efecto contraproducente.
Actualmente son frecuentes las quemaduras por líquidos o
medios de cultivo calentados en el microondas. Jamás debe usarse éste
sin tabla de tiempos o sin vigilancia. No debe utilizarse para fundir
medios que contengan agar porque se producen salpicaduras fácilmente.
Los accidentes biológicos se producen generalmente por:
1. Inoculación accidental.
2. Heridas causadas por animales de laboratorio.
3. Ingesta accidental.
4. Derrames y salpicaduras:
Derrames en la recepción de muestras.
Salpicaduras en cara y ojos.
Salpicaduras y contacto directo.
Salpicaduras en la superficie de trabajo.
Salpicaduras fuera de la zona de trabajo.
5. Aerosoles.
6. Por el aire.
7. Deliberados y de origen desconocido.
Como ya se ha comentado, están perfectamente protocolizadas y se han establecido normas de actuación en protocolos específicos de la SEIMC. Igualmente ocurre con las heridas sangrantes.
9.2.2. HERIDAS CAUSADAS POR ANIMALES DE LABORATORIO
Se tratarán como cualquier otra herida. Además, según la especie e historial del animal, se actuará en consecuencia.
Se produce cuando se cometen errores básicos de pipeteo, por comer, beber o fumar en el área de trabajo y al ingerir erróneamente caldos dispensados en envases de refrescos o bebidas. Según el agente biológico de que se trate se acudirá al Servicio de Enfermedades Infecciosas. Se cultivará el líquido o sólido en cuestión para aislar el microorganismo. Como emergencia, se puede utilizar una solución de carbón activado y se decidirá el inicio de tratamiento específico o profiláctico.
9.2.4. DERRAMES Y SALPICADURAS
Es uno de los apartados más importantes por su frecuencia y porque las medidas a tomar son responsabilidad exclusiva del Laboratorio de Microbiología y bajo ningún concepto del personal de limpieza. El procedimiento empleado, bien protocolizado, debe estar contemplado en el Manual de Seguridad. Los derrames y salpicaduras pueden ser de muchos tipos: por pérdida de los diferentes envases, generalmente porque estén mal cerrados (ya que se supone que son los adecuados), por rotura de los mismos, vuelco, etc. y son muy frecuentes en la zona de recepción de muestras. Para actuar correctamente son muy recomendables las Estaciones de Seguridad.
Lavado. Primero se eliminan los restos groseros de cristal, plástico, agar, etc., después se lava con abundante agua y un detergente acuoso y a continuación se inicia la desinfección. Hay que tener en cuenta que cualquier sustancia orgánica (agar sangre, restos de peptona, etc.) es extraordinariamente bloqueante de la capacidad oxidativa del hipoclorito sódico y de la capacidad de actuación de los iodóforos; por ello, la norma es primero limpiar y después desinfectar.
Desinfección. Se empleará un desinfectante
preferentemente líquido. Los más útiles en el
laboratorio son:
1. Hipoclorito sódico. De elección para suelos, cerámica,
etc. No debe usarse en superficies metálicas. Se utiliza a la
dilución pertinente para conseguir 50000 p.p.m. de cloro libre. Se
vierte haciendo un círculo alrededor del derrame, o mejor sobre
papel absorbente, y se deja actuar 20 minutos.
2. Iodóforo. Se utiliza a la dilución indicada por el
fabricante. Adecuado en superficies metálicas.
3. Alcohol etílico al 70%.
4. Productos detergentes desinfectantes. Agentes como Virkon®
(peróxido tamponado con surfactante), de fácil manejo, no
corrosivo, no irritante, especialmente activo en presencia de materia orgánica
y que cambia de color cuando deja de ser activo.
9.2.4. 1. DERRAMES EN LA RECEPCIÓN DE MUESTRAS
Son muy frecuentes, casi siempre por estar mal cerrados los diferentes envases. Es preceptivo trabajar con guantes y cerca de una estación de seguridad. En cada caso concreto habrá que decidir si se traslada parte o todo el material a una CSB para que en la misma se pueda intentar recuperar parte del material (por ejemplo, un lote de muestras que se ha contaminado por la rotura o pérdida de una de ellas). Se desinfecta por el mismo procedimiento descrito para las superficies.
9.2.4.2. SALPICADURAS EN CARA Y OJOS
Si el accidentado no lleva lentillas, lavar con abundante agua durante mucho tiempo y sólo después evacuar al Servicio de Oftalmología con la referencia del agente y con el Supervisor de Seguridad. Si lleva lentillas (lo que está formalmente prohibido), lavar con agua abundante e intentar quitárselas. Si no es posible, recurrir de inmediato al Servicio de Oftalmología.
9.2.4.3. SALPICADURAS Y CONTACTO DIRECTO
Generalmente suele ser el propio accidentado el encargado de su neutralización. Si tiene dudas debe avisar al Supervisor de Seguridad. La actuación jamás se dejará en manos de personal no cualificado (personal de limpieza).
Sobre piel descubierta. Lavado con abundante agua el tiempo que sea necesario. Jamás se intentará neutralizar cáusticos con bases, ya que se genera mucho calor y las consecuencias son peores. Se deberá consultar con el Supervisor de Seguridad para medidas específicas.
Sobre la ropa. Valorar si se debe y puede cambiar o si se requiere ducha de emergencia. Proceder según el producto y la decisión del Supervisor de Seguridad.
9.2.4.4. SALPICADURAS EN LA SUPERFICEE TRABAJO
a) En la Cabina de Seguridad Biológica (CSB)
1º. Riesgo alto (derrames de gran volumen y que pasan a la
bandeja inferior).
b) En la poyata de trabajo
Si hay presión negativa respecto a las áreas adyacentes:
Dar la voz de alarma para que nadie más entre en la zona,
mantener la puerta cerrada y comenzar el proceso quitándose la ropa
usada (desechándola en una bolsa de autoclave) y vistiéndose
de acuerdo con la gravedad del accidente. A continuación:
1º. Neutralizar el derrame (toalla absorbente, polvos, papel
secante, etc.), limpiar con agua y detergente la zona con el equipo de
seguridad, desecharlo a bolsa de autoclave.
2º. Desinfectar la zona de trabajo (superficies metálicas
con Virkon® y suelos con hipoclorito sódico) y dejar actuar
durante 20 m.
3º. Limpiar la zona de trabajo.
La presión negativa da un margen de unos 30 m. para que la misma ventilación anule el peligro del aerosol formado.
Si no hay presión negativa respecto a las áreas
adyacentes:
Dar la voz de alarma, empezar el proceso de vestirse con lo mínimo
imprescindible e inmediatamente:
1º. Neutralizar el derrame (toalla absorbente, polvos, papel
secante, etc.). Acabar de vestirse adecuadamente.
2º. Desinfectar la zona de trabajo (superficies metálicas
con Virkon® y suelos con hipoclorito sódico) y dejar actuar
durante 20 m.
3º. Limpiar la zona de trabajo.
9.2.4.5. SALPICADURAS FUERA DE LA ZONA DE TRABAJO
Pasillos, suelos
En los pasillos se aplican las mismas medidas que en las zonas que no
tienen presión negativa. En el suelo como en la poyata de trabajo y
como en las zonas sin presión negativa. Se usan mochos nuevos y técnica
de doble cubo, que se desecha al acabar como residuo tipo III.
Tubos rotos dentro de la centrífuga
Se exigirá siempre la presencia del Supervisor de Seguridad.
En ocasiones se puede detectar el accidente antes de abrir la centrífuga,
si se ha estado presente durante el proceso de centrifugación, por
el cambio de ruido en el funcionamiento de la máquina. Como esto no
siempre sucede, deberá existir un entrenamiento para cuando se
observe el accidente al abrir la centrífuga: cerrar la centrífuga
y hacer salir inmediatamente a todo el personal prescindible del área.
Vestirse como en el caso de las salpicaduras (el aerosol puede ser
importante), cerrar la habitación y:
Los aerosoles son la causa más frecuente e importante de accidente biológico y su origen es muy variado. Muchas veces pasan inadvertidos, por lo que siempre hay que dar por hecho que existen cuando se producen derrames o salpicaduras.
La mala práctica es la fuente más común de los aerosoles: enfriar asas calientes hundiéndolas en el agar, utilizar centrífugas no herméticas, centrifugar con tubos abiertos o mal cerrados, agitar cultivos con el asa dentro del tubo, pipetear con demasiada fuerza, oler las placas, etc.
Las medidas a tomar para evitar los aerosoles son cambiar los hábitos. Deben anotarse todos los incidentes y decidir con el Supervisor de Seguridad si se toman medidas de profilaxis sobre la supuesta contaminación. En accidentes en los que se presume la formación de aerosol, proceder siempre con protección del aparato respiratorio.
Se producen por fallos en el sistema de aire acondicionado y se detectan por criterios epidemiológicos tales como el número de afectados, la coincidencia en el área de trabajo, etc. Las medidas son difíciles de implementar porque deben incluir necesariamente la revisión del sistema de aire acondicionado.
9.2.7. DELIBERADOS Y DE ORIGED DESCONOCIDO
En los deliberados, sólo si el inculpado lo comunica se podrá actuar al respecto.
En ocasiones puede ser necesaria la descontaminación de laboratorios, cámaras frías o cabinas de seguridad biológica cuando, por ejemplo, ha ocurrido un gran derrame de material infeccioso o tras determinadas manipulaciones de mantenimiento (cambio de filtros HEPA de las cabinas). La fumigación debe ser siempre un proceso planificado y llevado a cabo únicamente por personal con la formación necesaria. El formaldehído es el producto más empleado, existiendo varias maneras de generar sus vapores, pero teniendo todas ellas como exigencia el mantenimiento de una humedad relativa en torno al 70%.
También existen en el mercado aparatos de nebulización y vaporización de diversos desinfectantes que pueden ser una alternativa a la descontaminación con formaldehído. Estos productos presentan un espectro de actuación mucho más restringido que el formaldehído, por lo que resultan útiles más para el mantenimiento de un ambiente "limpio" en un determinado local (laboratorio, quirófano) que para una eficaz desinfección.
La gestión de residuos debe ser considerada como una parte muy importante de la seguridad en el Laboratorio de Microbiología. Muchos de los desechos que se generan pueden estar contaminados por microorganismos o contener sustancias químicas tóxicas y peligrosas. En menor medida, el personal del laboratorio puede estar expuesto a los efectos de las radiaciones ionizantes.
Los casos de infecciones o intoxicaciones en el laboratorio son conocidos desde antiguo, lo que hace obligada la adopción de medidas de protección para la persona que trabaja en este ámbito. La protección debe ampliarse con prácticas tendentes a preservar la salud de los compañeros de trabajo. Además, aunque la visión que aquí se pretende dar está sobre todo encaminada a la protección del personal de los laboratorios, no debemos olvidar que las actividades que en ellos se realizan pueden afectar a la salud comunitaria.
La mejor manera de racionalizar los residuos es mediante una gestión integrada cuyos pilares básicos son la minimización, la segregación y la eliminación controlada (disposición). El personal del laboratorio debe ser consciente de que la puesta en marcha de normas de buena práctica en la gestión de los residuos repercute poderosamente sobre su salud y la de los que lo rodean, a la vez que contribuye a la reducción de costes.
10.2. CLASIFICACIÓN DE LOS RESIDUOS SEGÚN SU PELIGROSIDAD
No existe una clasificación universalmente aceptada. En nuestro ámbito, las Comunidades Autónomas disponen de reglamentaciones más o menos elaboradas, por lo general inspiradas en Directivas de la Comunidad Europea. A modo de orientación, en el cuadro que figura al final del epígrafe se ofrece un resumen de las normas legales actuales. Dicho resumen no es necesariamente exhaustivo y algunas de las disposiciones pueden estar modificadas por normas posteriores. Se remite al lector para que contacte con sus autoridades para recabar información más precisa. Desde un punto de vista general, los residuos sanitarios, incluyendo los que se generan en un Laboratorio de Microbiología pueden agruparse en residuos inespecíficos y en residuos de riesgo o específicos. En la mayoría de las ocasiones suelen dejarse al margen los residuos radiactivos, objeto de normas muy particulares. Una clasificación aceptable podría ser:
10.3. GESTIÓN DE LOS RESIDUOS INFECCIOSOS
10.3.1. DEFINICIÓN DE RESIDUO INFECCIOSO
De una forma conceptual, podemos considerar que un residuo infeccioso es todo aquel material capaz de producir una enfermedad infecciosa. Sin embargo, a diferencia de los residuos químicos y radiactivos, los desechos infecciosos y sus riesgos asociados no pueden ser identificados de una forma objetiva. La posibilidad de contraer infecciones en el laboratorio a través de los cultivos microbiológicos desechados o tras una punción o herida accidental es algo bien conocido. No ocurre lo mismo a la hora de evaluar el riesgo que las actividades del laboratorio puedan tener sobre la salud de la comunidad. Por ejemplo, no existen evidencias epidemiológicas que asocien las infecciones en la comunidad con los residuos hospitalarios, de la misma manera que no se ha demostrado que los desechos de los hospitales tengan más capacidad infecciosa que los residuos urbanos generales. Es necesario tener en cuenta aspectos epidemiológicos como la vía de transmisión, la puerta de entrada, la virulencia del patógeno y la susceptibilidad del huésped, entre otros. A pesar de todo, la mayor extensión y gravedad de hipotéticos brotes, la alarma social que crearía y razones de tipo estético obligan a un tratamiento particularizado de los residuos infecciosos antes de ser eliminados como residuos urbanos.
10.3.2. MANUAL DE GESTIÓN DE LOS RESIDUOS INFECCIOSOS
Todo Laboratorio de Microbiología debería elaborar un manual o protocolo para la gestión de estos residuos, siguiendo las directrices generales contenidas en el Plan de Residuos de cada institución. Esta recomendación puede ser norma obligada en el caso de que el laboratorio pretenda certificarse o acreditarse. Entre los diferentes aspectos que debe contener dicho manual se pueden citar los siguientes:
10.3.3. MANIPULACIÓN DE LOS RESIDUOS INFECCIOSOS
Residuos líquidos
La sangre, líquidos orgánicos, secreciones, etc. pueden eliminarse directamente por el desagüe con agua abundante, según aceptan diversas reglamentaciones específicas y los manuales generales. Por lo que se refiere a los líquidos infecciosos que genera el propio laboratorio, como los sobrenadantes de los cultivos, etc., es aconsejable recogerlos en un recipiente que contenga una solución de hipoclorito sódico recién preparada. Debe calcularse el volumen máximo aceptable para asegurar la eficacia del desinfectante. Luego podrían ser eliminados por los desagües. No obstante, muchos laboratorios someten a los residuos líquidos, sangre incluida, a un tratamiento en el autoclave, lo que es de mayor importancia si se trata de residuos procedentes de las áreas de micobacteriología o virología.
Residuos sólidos
Las formas más frecuentes de tratamiento de los residuos sólidos son la incineración y la esterilización por autoclave. Por lo que respecta a la incineración realizada en los propios hospitales, es una actividad cada vez más restringida, debido a la contaminación que origina en las zonas urbanas donde están implantados. Más frecuente es transferir los residuos a empresas autorizadas, lo que debe hacerse en recipientes rígidos que deberán ser transportados de forma regulada.
La esterilización en autoclave es la manera más común de tratar este tipo de residuos en el propio laboratorio que los genera. Hay que asegurarse que el ciclo del autoclave permite la esterilización en toda la masa de los residuos. Los programas para materiales limpios no sirven para los desechos, siendo aconsejable prolongar el tiempo y aumentar la presión del proceso de autoclavado. La utilización de indicadores químicos no es suficiente para el control de la eficacia, que dependerá del tipo de material, volumen, etc. Las suspensiones de esporas de Bacillus tampoco pueden asegurar en todas las circunstancias que el tratamiento térmico es suficiente en las zonas más internas de la masa de material a esterilizar, pues muchas veces no pueden ser colocadas en el lugar que sería apropiado. Algunos expertos recomiendan no utilizarlas, para evitar una falsa seguridad; alternativamente, consideran más apropiado el control riguroso sistemático en cada proceso (por ejemplo, registros de presión y temperatura) y el mantenimiento apropiado del autoclave.
Objetos punzantes y cortantes
Constituyen un claro riesgo de inoculación accidental de microorganismos. Todos estos materiales deben depositarse en recipientes específicos que sean resistentes a la punción y con un cierre seguro. Una vez llenos, se depositan en los recipientes rígidos destinados a los residuos sólidos.
Aunque los agentes químicos parecen menos importantes que los residuos infecciosos desde el punto de vista de la exposición de las personas que trabajan en el Laboratorio de Microbiología, esta apreciación no es del todo acertada. Constituyen la segunda fuente de riesgo y, cuantitativamente, sus efectos negativos deben ser tenidos muy en cuenta para adoptar medidas de prevención, no sólo para el operador sino también para los compañeros de su entorno. Además, y a diferencia de los residuos infecciosos, sí se ha demostrado que los residuos químicos tienen un efecto negativo sobre la salud comunitaria. En España sigue vigente el RD 833/88 sobre residuos tóxicos y peligrosos.
La buena gestión de estos residuos se fundamenta en los mismos principios generales ya enunciados. Esta gestión es, probablemente, una asignatura pendiente en muchos centros sanitarios y, como cabe esperar, también en los Laboratorios de Microbiología. Aunque algunas de las recomendaciones puedan parecer exageradas o difíciles de poner en práctica, muchas veces más por una falta de conciencia sobre el problema que por su dificultad intrínseca, no es menos cierto que la tendencia va en la dirección de tener que cumplir con normativas cada vez más restrictivas.
10.4.1. PROTOCOLO DE GESTIÓN LOS RESIDUOS QUÍMICOS
Al igual que con los residuos infecciosos, se recomienda abiertamente la elaboración de manuales, procedimientos o protocolos destinados a la gestión de los residuos químicos. Deberán ser acordes y formar parte del Plan de Gestión de Residuos de cada institución. Antes de su elaboración, debe hacerse una auditoría interna del laboratorio para identificar todos aquellos residuos peligrosos que sean susceptibles de atención. A modo de ejemplo, algunos de los aspectos a considerar en el manual podrían ser:
10.4.2. RESIDUOS QUÍMICOS MÁS PELIGROSOS O HABITUALES Y SU TRATAMIENTO
El Laboratorio de Microbiología no es un generador de grandes
cantidades de residuos químicos, salvo casos concretos, aunque
algunos de ellos pueden ser nocivos y peligrosos. En otras ocasiones el
peligro viene por situaciones accidentales. Se recomienda disponer en la
Estación de Seguridad de material absorbente inerte específico
para productos químicos.
En general, el tratamiento de estos residuos por parte del propio
laboratorio no suele ser aplicable por razones prácticas, siendo
materia de especialistas (gestores). En ocasiones forman parte de
reactivos comerciales, por lo que deben leerse con atención los
prospectos y las fichas de seguridad respectivas. Las más de las
veces pueden eliminarse después de un sencillo tratamiento en el
propio laboratorio. Cuando no es posible, debe consultarse a las
autoridades locales para su vertido controlado. Seguidamente, exponemos
algunos ejemplos que pueden plantearse en el Laboratorio de Microbiología.
Acidos inorgánicos
Salvo roturas accidentales, no suele ser frecuente tener que eliminar
ácidos concentrados (HC1, HNO3,
H2SO4,
etc.), aunque sí soluciones diluidas. Como norma aproximada, no
deben eliminarse directamente aquellas soluciones cuya concentración
sea mayor de 1N. Los ácidos más concentrados se diluyen con
agua al 1:5 (atención con el ácido sulfúrico), se
neutralizan a pH 6,8 con soluciones de hidróxido sódico, se
vuelven a diluir al 1:10 en agua y ya pueden eliminarse por los desagües.
Las soluciones más diluidas se neutralizan con sosa, se diluyen con
agua y se eliminan.
Bases inorgánicas, sales básicas y disoluciones básicas
Rige un procedimiento paralelo al de los ácidos. Las bases y
sales básicas se neutralizan con ácido sulfúrico
diluido. Si son muy concentradas, se diluyen previamente con agua al 1:5.
Una vez neutralizadas se vuelven a diluir con agua (1:10) y se eliminan
directamente.
Fenoles
El fenol y sus derivados son irritantes y tóxicos. No deben
eliminarse a través de los desagües, ni siquiera diluidos. Los
procedimientos de destrucción química están fuera de
las posibilidades de los laboratorios. Lo más aconsejable es
separarlos en recipientes específicos y transferirlos a un gestor
autorizado de residuos.
Azida sódica
Está presente en muchos reactivos comerciales como
conservante. Nunca debe eliminarse directamente por desagües de plomo
pues se forman derivados altamente explosivos. Además, la azida sódica
es altamente tóxica y un poderoso agente mutágeno. Es
conveniente contactar con las autoridades locales o gestores autorizados
para recabar normas específicas, pues la destrucción química
con nitrito sódico no resulta práctica en los laboratorios
diagnósticos.
Aldehídos, cetonas y disolventes orgánicos
El residuo más importante dentro de este grupo que puede ser
generado en el laboratorio de microbiología es el formaldehído.
No debe ser eliminado directamente por los desagües. Conviene
almacenarlo en recipientes seguros para luego ser eliminado de forma
controlada. La destrucción con permanganato potásico es
compleja. La eliminación controlada también es aconsejable
para los diversos disolventes orgánicos (acetona, cloroformo,
xileno y otros derivados bencénicos, etc.) utilizados en el
Laboratorio de Microbiología.
Bromuro de etidio
Es un poderoso mutágeno de efecto acumulativo utilizado en técnicas
de biología molecular. Deben seguirse de forma estricta los
procedimientos de manipulación que eviten el contacto del usuario
con esta sustancia (guantes, etc.), así como la exposición
del resto de trabajadores del laboratorio. Los geles teñidos con
bromuro de etidio no deben eliminarse como una basura convencional, sino a
través de los sistemas de eliminación de mutágenos y
citostáticos propios de cada hospital. Los tampones de
electroforesis que lo contienen no deben eliminarse por los desagües,
sino que deben tratarse con carbón activo (100 mg por cada 100 ml
de solución), filtrar la suspensión formada a través
de un filtro de papel y depositar el conjunto en el cubo de eliminación
de citostáticos. Las superficies pueden descontaminarse aplicando
una papilla de carbón activo: dejarla actuar, retirarla y depositar
los restos en el cubo de eliminación de citostáticos.
Colorantes utilizados en las tinciones Gram, Giemsa, Papanicolau y
similares
No deben ser eliminados directamente por los desagües. Se
recomienda efectuar las tinciones en cubetas que drenen sobre botellas o
bidones y entregarlos a un gestor de residuos autorizado.
Tinción de auramina
Cabe aplicar las mismas recomendaciones que con las otras tinciones,
si bien aquí la recomendación es más rigurosa.
Naranja de acridina
También es un mutágeno. Es recomendable almacenar los
restos en recipientes adecuados y eliminarlos a través de un gestor
autorizado.
Metales pesados, mercurio y compuestos organomercuriales
Se incluyen dentro de este grupo las pilas y elementos afines, para
los que ya existen planes locales de recogida controlada. Por otra parte,
es difícil que se generen en el laboratorio otros residuos que
contengan estos metales, pero hay que recalcar que nunca deben eliminarse
a través de los sistemas de desagüe.
La rotura de termómetros y manómetros puede ser una causa de exposición al mercurio. Se recomienda recoger los restos más visibles y depositarlos en un recipiente cerrado. Los menos visibles pueden recogerse con ayuda de polvo absorbente o azufre y guardar el conjunto en otro envase. Entre los derivados organomercuriales que podemos encontrar en el Laboratorio de Microbiología destaca el mertiolato. Los residuos deben ser almacenados y eliminados de forma controlada.
No es necesario insistir en sus peligros. En los Laboratorios de Microbiología se generan residuos radiactivos de moderada o baja intensidad, y cada vez hay mayor tendencia a sustituir las técnicas radiométricas por métodos alternativos. La eliminación debe hacerse de acuerdo con el plan específico de cada institución. La recogida y gestión de los residuos radiactivos es competencia exclusiva de la empresa ENRESA.
10.6. RECOMENDACIONES PARA LA MANIPULACIÓN DE RESIDUOS
10.7. NORMAS DE ACTUACIÓN EN CASO DE ACCIDENTE DURANTE LA MANIPULACIÓN DE RESIDUOS
Los residuos deben considerarse, a todos los efectos, como un producto más del laboratorio, por lo que se aplica aquí todo indicado en los capítulos 7 (Normas de protección frente a productos químicos) y 9 (Plan de Emergencias) de esta monografía. Por lo que respecta a los accidentes con riesgo de exposición a los productos químicos contenidos en los residuos, los mayores peligros se producen por inhalación o por contacto. Los riesgos biológicos derivan de la manipulación inadecuada y se producen por inoculación accidental, rotura, derrames y salpicaduras de agentes infecciosos.
Como normas prácticas de tipo general, hay que tener presente lo siguiente:
Algunas disposiciones legales relacionadas con la gestión de residuos.
| Comunidad | Normativa | Publicado en: |
| Andalucía | Decreto 283/1995 de 21 de noviembre | BOJA 9/12/1995 |
| Aragón | Decreto 29/1995 de 21 de febrero | BOA 6/3/1995 |
| Cantabria | Decreto 22/1990 de 7 de mayo | BOC 25/5/1990 |
| Castilla León | Decreto 204/1994 de 15 de septiembre | BOC y L 21/9/1994 |
| Cataluña | Decreto 300/1992 de 24 de noviembre | DOGC 30/12/1994 |
| Cataluña | Decreto 71/1994 de 22 de febrero | DOGC 13/4/1994 |
| Extremadura | Decreto 135/1996 de 3 de septiembre | DOE 14/9/1996 |
| Galicia | Decreto 460/1997 de 21 de noviembre | DOGA 19112/1997 |
| La Rioja | Decreto 51/1993 de 11 de noviembre | BOR 16/1111993 |
| Madrid | Decreto 83/1999 de 3 de junio | BOCM 14/6/1999 |
| Navarra | Decreto 181/1994 de 3 de octubre | BON 19/10/1994 |
| Valencia | Decreto 240/1994 de 22 de noviembre | DOGV 5/12/1994 |
| País Vasco | Decreto 313/1996 de 24 de diciembre | BOPV 21/1/l997 |
El material infeccioso debería almacenarse en zonas de acceso
restringido para minimizar la posibilidad de contaminación del
personal o el ambiente.
El almacenamiento de material en congeladores, especialmente en los
de nitrógeno líquido, presenta una problemática
especial. Debido a las bajas temperaturas, si los viales que se utilizan
para el envasado no son de la calidad adecuada, pueden romperse,
originando el derrame del material en el nitrógeno líquido,
con la consiguiente contaminación del recipiente. En el caso de que
esto ocurra debe vaciarse el recipiente, dejar que el nitrógeno líquido
se evapore y proceder a su limpieza y desinfección. Asimismo,
cuando se maneja el material almacenado en este tipo de contenedores de
congelación, siempre se deberán utilizar gafas o mascarillas
de protección para evitar salpicaduras del nitrógeno líquido.
No existen regulaciones o recomendaciones específicas para el transporte seguro de microorganismos patógenos, genéticamente modificados o no. Sin embargo, si ampliamos la definición de estos organismos y los consideramos como "mercancías peligrosas" o "sustancias infecciosas", hay varios documentos internacionales relacionados con el tema, como los de la Unión Postal Universal (UPU), la Organización Internacional de Aviación (OIAC) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).
A nivel europeo se han publicado, o van a ser publicadas próximamente, varias Directivas sobre la normativa para el transporte de mercancías peligrosas en/entre los Estados Miembros. Estas Directivas, y en general todos los documentos internacionales relacionados, están basadas en un texto único común, las Recomendaciones del Comité de Expertos de las Naciones Unidas para el Transporte de Artículos Peligrosos (UN).
Estas recomendaciones clasifican las mercancías peligrosas en varias clases, dos de las cuales están relacionadas con los microorganismos patógenos, genéticamente modificados o no: clase 6.2 (substancias infecciosas) y clase 9 (substancias peligrosas misceláneas y artículos). En la clase 6.2 están incluidas las substancias que contienen, o razonablemente se espera que contengan, microorganismos viables, incluyendo bacterias, virus, rickettsias, parásitos, hongos, recombinantes híbridos o mutantes, de los que se conoce o razonablemente se cree que pueden producir enfermedad en humanos o animales expuestos a ellos.
En la clase 9 se incluyen microorganismos modificados, no peligrosos para humanos o animales, pero que podrían dar lugar a cambios en animales, plantas, substancias microbiológicas, así como en el ecosistema. También se incluyen microorganismos peligrosos para el ambiente, los cuales deben de ser transportados en condiciones especificadas por las autoridades competentes del país de origen.
Sistema básico de embalaje. De una manera general, para el embalaje y transporte de material biológico y teniendo en cuenta las peculiaridades en función de los microorganismos, un sistema básico de embalaje se compone de:
Recipiente primario estanco, a prueba de filtraciones, etiquetado, que contiene la muestra. El recipiente debe envolverse en material absorbente.
Recipiente secundario estanco, a prueba de filtraciones, que encierra y protege el recipiente primario. Se pueden colocar varios recipientes primarios envueltos en un recipiente secundario. Se debe usar suficiente material absorbente para proteger a todos los recipientes primarios y evitar choques entre ellos.
Recipiente externo de envío. El recipiente secundario se
coloca en un paquete de envío que protege al recipiente secundario
y su contenido de los elementos externos, tales como daño físico
y agua.
Los formularios con datos, cartas y otras informaciones de
identificación de la muestra deben colocarse pegados con cinta
adhesiva en el exterior del recipiente secundario.
La Guía para el transporte de substancias infecciosas y especímenes diagnósticos, publicada por la OMS en 1997, permite un conocimiento detallado de los requerimientos específicos para las diferentes situaciones que se pueden plantear ante el envío de cualquier tipo de material biológico, algunos de los cuales se exponen a continuación:
En los vuelos internacionales está estrictamente prohibido que los pasajeros transporten substancias infecciosas con ellos o en su equipaje de mano. Igualmente está prohibida la utilización del correo diplomático para el transporte de este tipo de material.
Otras posibilidades de transporte de material biológico incluyen el traslado de muestras dentro de un hospital o centro, de un laboratorio a otro, de un hospital a otro de la misma ciudad o a otra ciudad. Los principios en los que se basa un transporte seguro son los mismos en todos los casos y su finalidad es que la muestra no tenga ninguna posibilidad de salirse del embalaje en las circunstancias normales de transporte.
El transporte de material biológico requiere una buena colaboración entre el remitente, la compañía de transporte y el destinatario, y cada uno debe asumir sus responsabilidades para garantizar que el producto llega a su destino oportunamente y en buenas condiciones.
AGENTES BIOLÓGICOS DEL GRUPO 1
Incluye microorganismos que es improbable que causen enfermedad en trabajadores sanos.
AGENTES BIOLÓGICOS DEL GRUPO 2
Bacterias, Chlarnydias, Mycoplasmas y Rickettsias
Actinobacillus spp.
Actinomadura pelletieri
Actinomyces spp.
Bacillus cereus
Bacteroides spp.
Bartonella spp.
Bordetella pertussis (V), B. parapertussis, B. bronchiseptica
Borrelia spp.
Campylobacter spp.
Cardiobacterium hominis Chlamydia pneumoniae, C. psittaci (cepas no
aviares), C. trachomatis Clostridium botulinum (T), C. chauvoei,
C. difficile, C. haemolyticum, C. histolyticum, C. novyi, C. perfringens,
C. septicum , C. sordellii, C. tetani (T,V) Corynebacterium
diphtheriae (T,V), C. minutissimum, C. pseudotuberculosis
Edwardsiella tarda
Ehrlichia spp.
Eikenella corrodens
Enterobacter spp.
Enterococcus spp.
Erysipelothrix rusiopathiae
Escherichia coli (excepto las cepas no patógenas)
Flavobacterium spp.
Francisella tularensis (tipo B), F. novocida
Fusobacterium spp.
Gardnerella vaginalis
Haemophilus spp.
Helicobacter pylori
Klebsiella spp.
Legionella spp.
Leptospira interrogans
Listeria monocytogenes
Mycobacterium spp. (excepto M. tuberculosis, M. bovis (no BCG), M.
africanum, M. leprae, M. microti y M. ulcerans)
Mycoplasma spp.
Neisseria gonorrhoeae, N. meningitidis (V)
Nocardia asteroides, N. brasiliensis, N. farcinica
Pasteurella spp.
Peptostreptococcus spp.
Plesiomonas shigelloides
Porphyromonas spp.
Prevotella spp.
Proteus spp.
Providencia spp.
Pseudomonas aeruginosa, Pseudomonas spp.
Rhodococcus equi
Rickettsia spp.
Salmonella paratyphi A, B, C (V), Salmonella spp. (excepto S.
typhi)
Serpulina spp.
Shigella boydii, S. dysenteriae (excepto tipo 1), S. flexneri, S.
sonnei
Staphylococcus aureus
Streptobacillus moniliformis
Streptococcus spp.
Treponema carateum, T. pallidum, T. vincentii
Ureaplasma urealyticum
Vibrio cholerae, V. parahaemolyticus, V. vulnificus, Vibrio spp.
Yersinia enterocolitica, Y. pseudotuberculosis
Hongos
Aspergillus fumigatus (A)
Candida albicans (A), Candida spp.
Cryptococcus neoformans (A)
Emmonsia parva Epidermophyton floccosum (A)
Fonsecaea spp.
Madurella spp.
Microsporum spp. (A)
Neotestudina rosatii
Penicillium marneffei (A)
Scedosporium apiospermum, S. prolificans
Sporothrix schenckii
Trichophyton spp.
Virus
Adenoviridae:
It Adenovirus
Arenaviridae:
Complejos virales LCM-Lassa: virus de
la coriomeningitis linfocítica (cepas no neurotrópicas),
virus Mopcia, otros complejos virales LCM-Lassa.
Complejos virales Tacaribe: otros
complejos virales Tacaribe.
Astroviridae
Bunyaviridae:
Virus Bunyamwera
Virus de la encefalitis de California
Virus Germiston
Virus Bhanja
Hantavirus
Virus Puumala
Virus Prospect Hill
Otros hantavirus
Nairovirus
Virus Hazara
Flebovirus
Virus de los flebotomos
Virus Toscana
Otros bunyavirus de patogenicidad conocida
Caliciviridae:
Virus Norwalk
Otros Caliciviridae
Coronaviridae
Herpesviridae:
Citomegalovirus
Virus Epstein-Barr
Herpes simplex virus tipos 1 y 2
Herpes varicella-zoster
Virus linfotrópico humano B
(HBLV- HHV6)
Herpes virus humano 7
Herpes virus humano 8 (D)
Orthomyxoviridae:
Virus de la influenza tipos A, B y C [V
(c)]
Ortomixovirus transmitidos por
garrapatas: virus Dhori y Thogoto
Papovaviridae:
Virus BK y JC [D (d)]
Virus del papiloma humano [D (d)]
Paramyxoviridae:
Virus del sarampión (V)
Virus de las paperas (V)
Virus de la enfermedad de Newcastle
Virus de la parainfluenza tipos 1 a 4
Virus respiratorio sincitial
Parvoviridae:
Parvovirus humano (B 19)
Picornaviridae:
Virus de la conjuntivitis hemorrágica
(AHC)
Virus Coxsackie Virus Echo
Virus de la hepatitis A (enterovirus
humano tipo 72) (V)
Poliovirus (V)
Rinovirus
Poxviridae:
Buffalopox virus (e)
Cowpox virus
Elepliantpox virus (f)
Virus del nódulo de los ordeñadores
Molluscum contagiosum virus
Orf virus
Rabbitpox virus (g)
Vaccinia virus
Yatapox virus (Tana & Yaba)
Reoviridae:
Coltivirus
Rotavirus humanos
Orbivirus
Reovirus
Rhabdoviridae:
Virus de la estomatitis vesicular
Togaviridae:
Alfavirus
Virus Bebaru
Virus Onyong-nyong
Virus del río Ross
Virus del bosque Semliki
Virus Sindbis
Otros alfavirus conocidos
Rubivirus (rubeóla) (V)
Toroviridae
Parásitos
Protozoos:
Acanthamoeba castellani
Babesia microti
Babesia divergens
Balantidium coli
Cryptosporidium spp.
Entamoeba histolytica
Giardia lamblia
Leishmania spp. (excepto L. brasiliensis y L. donovani)
Naegleria fowleri
Plasmodium spp. humano y símico (excepto P. falciparum)
Pneumocystis carinii
Sarcocystis suihominis
Toxoplasma gondii, T. spiralis
Trypanosoma brucei brucei, T. brucei gambiense
Helmintos:
Nematodos
Ancylostoma duodenale
Angiostrongylus spp.
Ascaris lumbricoides (A), A. suum (A)
Brugia spp.
Capillaria philippinensis
Dracunculus medinensis
Loa loa
Mansonella ozzardi
Necator americanus
Onchocerca volvulus
Strongyloides spp.
Toxocara canis
Trichinella spp.
Trichuris trichiura
Wuchereria bancrofti
Cestodos
Hymenolepis diminuta, H. nana
Taenia saginata
Trematodos
Clonorchis sinensis, C. viverrini
Fasciola hepatica, F. gigantica
Fasciolopsis buski
Opisthorchis spp.
Paragonimus westermani
Schistosoma haematobium, S. intercalatum, S. japonicum, S. mansoni,
S. mekongi
AGENTES BIOLÓGICOS DEL GRUPO 3
Bacterias, Chlamydias y Rickettsias
Bacillus anthracis
Brucella spp.
Burkholderia mallei, B. pseudomallei
Chlamydia psittaci (cepas aviares)
Coxiella burnetii
Escherichia coli (cepas verocitotóxicas como O157:H7 u O103) (T)
Francisella tularensis tipo A Mycobacterium tuberculosis (V),
M. africanum (V), M. bovis (excepto la cepa BCG) (V), M.
leprae, M. microti (*), M. ulcerans (*)
Rickettsia akari (*), R. canada (*), R. montana (*), R. conorii, R.
mooseri, R. prowazekii, R. rickettsii, R. tsutsugamushi
Salmonella typhi [V (*)]
Shigella dysenteriae (tipo 1) [T (*)]
Yersinia pestis (V)
Hongos
Blastomyces dermatitidis
Cladophialophora bantiana
Coccidioides immitis (A)
Histoplasma capsulatum
Paracoccidioides brasiliensis
Virus
Arenaviridae:
Complejos virales LCM-Lassa: virus de
la coriomeningitis linfocítica (cepas neurotrópicas)
Complejos virales Tacaribe: virus
Flexal
Bunyaviridae:
Virus Oropouche
Virus de la encefalitis de California
Virus Belgrade
Virus sin nombre (antes Muerto Canyon)
Hantavirus
Virus Hantaan (fiebre hemorrágica
de Corea)
Virus Seoul
Flebovirus
Virus de la fiebre del valle Rift (V)
Caliciviridae:
Virus de la hepatitis E (*)
Flaviviridae:
Virus de la encefalitis del valle
Murray
Virus de la encefalitis de las
garrapatas de Europa Central [V (*)]
Virus Absettarov
Virus Hanzalova
Virus Hypr
Virus Kumlinge
Virus del Dengue tipos 1-4
Virus de la hepatitis C [D (*)]
Virus de la hepatitis G [D (*)]
Virus de la encefalitis B japonesa (V)
Virus del bosque de Kyasamur (V)
Virus del mal de Louping (*)
Virus Omsk [V (a)]
Virus Powassan
Virus Rocio
Virus de la encefalitis de
primavera-verano rusa [V (a)]
Virus de la encefalitis de St. Louis
Virus Wesselsbron (*)
Virus del Nilo occidental
Virus de la fiebre amarilla (V)
Hepadnaviridae:
Virus de la hepatitis B [V,
D (*)]
Virus de la hepatitis D [V,
D (b) (*)]
Herpesviridae:
Herpesvirus simiae (virus B)
Poxviridae:
Monkeypox virus (V)
Retroviridae:
Virus de la inmunodeficiencia humana
(VIH) [D (*)]
Virus de las leucemias humanas de células
T (HTLV) tipos 1 y 2 [D (*)]
Virus S1V [(h) (*)]
Rhabdoviridae:
Virus de la rabia [V (*)]
Togaviridae:
Alfavirus
Virus de la encefalomielitis equina
americana oriental (V)
Virus de la encefalomielitis equina
americana occidental (V)
Virus Chikungunya (*)
Virus Everglades (*)
Virus Mayaro
Virus Mucambo (*)
Virus Ndumu
Virus Tonate (*)
Virus de la encefalomielitis equina
venezolana (V)
Virus no clasificados
Virus de la hepatitis todavía no
identificados [D (*)]
Agentes no clasificados asociados a encefalopatías
espongiformes transmisibles (TSE):
Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob [D (d) (*)]
Variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD) [D (d)
(*)]
Encefalopatía espongiforme bovina (BSE) y otras TSE de origen
animal afines [D (d,i) (*)]
Síndrome de Gerstmann-Sträussler-Scheinker [D (d)
(*)]
Kuru [D (d) (*)]
Parásitos
Echinococcus granulosus (*), E. multilocularis (*), E. vogeli (*)
Leishmania brasiliensis (*), L. donovani (*)
Plasmodium falciparum (*)
Taenia solium (*)
Trypanosoma brucei rhodesiense (*), T. cruzi
AGENTES BIOLÓGICOS DEL GRUPO 4
Bacterias, Chlamydias, Mycoplasmas y Rickettsias
Ninguno
Hongos
Ninguno
Virus
Arenaviridae:
Complejos virales LCM-Lassa: virus de
Lassa
Complejos virales Tacaribe: virus
Junin, virus Machupo, virus Sabia, virus Guanarito
Bunyaviridae:
Nairovirus
Virus de la fiebre hemorrágica
de Crimea/Congo
Filoviridae:
Virus Marburg
Virus Ebola
Flaviviridae:
Virus Kyasanur
Poxviridae:
Variola (major & minor) virus
"Whitepox" virus (variola
virus)
Virus no clasificados
Morbillivirus equino
Parásitos
Ninguno
A. Posibles efectos alérgicos.
D. La lista de los trabajadores expuestos al agente debe conservarse durante más de diez años después de la última exposición.
T. Producción de toxinas.
V. Vacuna eficaz disponible.
(*). Normalmente no infeccioso a través del aire.
"spp". Otras especies del género, además de las explícitamente indicadas, pueden constituir un riesgo para la salud.
(a) Encefalitis vehiculada por la garrapata.
(b) El virus de la hepatitis D precisa de otra infección simultánea o secundaria a la provocada por el virus de la hepatitis B para ejercer su poder patógeno en los trabajadores. La vacuna contra el virus de la hepatitis B protegerá, por lo tanto, a los trabajadores no afectados por el virus de la hepatitis B contra el virus de la hepatitis D (Delta).
(c) Sólo por lo que se refiere a los tipos A y B.
(d) Recomendado para los trabajos que impliquen un contacto directo con estos agentes.
(e) Se pueden identificar dos virus bajo este epígrafe: un género "buffalopox" virus y una variante de "vaccinia" virus.
(f) Variante de "cowpox".
(g) Variante de "vaccinia".
(h) No existe actualmente ninguna prueba de enfermedad humana provocada por otro retrovirus de origen símico. Como medida de precaución, se recomienda un nivel 3 de contención para los trabajos que supongan una exposición a estos retrovirus.
(i) No hay pruebas concluyentes de infecciones humanas causadas por los agentes responsables de las TSE en los animales. No obstante, para el trabajo en laboratorio se recomiendan medidas de contención para los agentes clasificados en el grupo de riesgo 3 (*) como medida de precaución, excepto para el trabajo en laboratorio relacionado con el agente identificado de la tembladera (scrapie) de los ovinos, para el que es suficiente un nivel 2 de contención.
1. Protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo. Real Decreto 664/1997, de 12 de mayo. B.O.E. nº 124, de 24 de mayo.
2. Adaptación en función del progreso técnico del Real Decreto 664/1997. Orden de 25 de marzo de 1998. B.O.E. nº 76, de 30 de marzo.
3. Prevención de riesgos laborales. Ley 31/1995 de 8 de noviembre. B.O.E. nº 269, de 10 de noviembre.
4. Disposiciones mínimas de seguridad y de salud relativas a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual. Real Decreto 773/1997, de 30 de mayo. B.O.E. nº 140, de 12 de junio.
5. Biosafety in Microbiological and Biomedical Laboratories. CDC/NIH. U.S. Department of Health and Human Services, Public Health Service (4ª ed.). Washington, 1999.
6. Prevención de riesgos biológicos en el laboratorio. M.C. Martí y cols. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Madrid, 1997.
7. Laboratory Biosafety Guidelines. M.E. Kennedy (ed.). Laboratory Centre for Disease Control, Health (2ª ed.). Ottawa, 1996.
8. Laboratory-Acquired Infections. History, incidence, causes and prevention. C.H. Collins. Butterworth-Heinemann (3ª ed.). Oxford, 1993.
9. Primary Containment For Biohazards. Selection, Installation and Use of Biological Safety Cabinets. CDC/NIH. U.S. Department of Health and Human Services, Public Health Service. Washington, 1995.
10. The Foundations of Laboratory Safety. A Guide for the Biomedical Laboratory: S.R. Rayburn. Springer-Verlag. Nueva York, 1990.
11. Seguridad y condiciones de trabajo en el laboratorio. M. Bultó y cols. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Madrid, 1992.
12. Categorisation of biological agents according to hazard and categories of containment: Advisory Committee on Dangerous Pathogens (4ª ed.). HSE Books. Suffolk, 1995.
13. Guía para el transporte seguro de substancias infecciosas y especímenes diagnósticos. Organización Mundial de la Salud. 1997.
14. NCCLS General Laboratory Safety (2ª ed.). 1991.
15. Accidentes biológicos en profesionales sanitarios. INSALUD (2ª ed.). Madrid, 1994.
16. Biosafety Guidelines for Diagnostic and Research Laboratories working with HIV. WHO AIDS series (9). 1991.
17. Biosafety in the Laboratory. Prudent practices for the handling and disposal of infectious materials. Commitee on Hazardous Biological Substances in the Laboratory. 1989.
18. Strain BA, Gröschel DHM. Laboratory safety and infectious waste management. En: Murray PR, Baron EJ, Pfaller MA, Tenover FC, Yolken RH (eds.): Manual of clinical microbiology (6ª ed.). American Society for Microbiology. Washington DC, pp 75-85, 1995.
19. Manual de gestión interna para residuos de centros sanitarios. INSALUD (2ª ed.) Madrid, 1992.
20. Guía de gestión intracentro de residuos sanitarios. Departamento de Sanidad y Seguridad Social, Generalitat de Cataluña. Barcelona, 1994.
21. Residuos sanitarios. Departamento de Urbanismo, Vivienda y Medio Ambiente. Gobierno Vasco. Vitoria, 1994. 22. Guía de gestión de residuos químicos en centros sanitarios. Departamento de Sanidad y Seguridad Social, Generalitat de Cataluña. Barcelona, 1998.
23. The United Nations Committee of Experts on the Transport of Dangerous Goods (UN ECOSOC). Recommendations on the Transport of Dangerous Goods (10ª ed.). 1997.
24. UN European Agreement concerning the international carriage of dangerous goods by road (ADR Agreement, Geneva, 1957). Última versión: 1999. Convention concerning the International Carriage by Rail (COTIF). Última versión: 1997.
25. The International Air Transport Association (IATA). "Dangerous Goods Regulations" (40ª ed.). 1999.
26. The International Civil Aviation Organization (ICAO). "ICAO Technical Instructions", made legally binding by Annex 18 to the Convention on International Civil Aviation (the "Chicago Convention") of which Annex 18 is Safe Transport of Dangerous Goods by Air, amplified by Technical Instructions on the Safe Transport of Dangerous Goods, 1984. Última ed.: 1999.
27. The International Maritime Organization (IMO, London). "International Maritime Dangerous Goods Code", made legally binding through Regulation VII/1.4 of SOLAS Convention (International Convention for the Safety of Life at Sea), 1974. Última ed.: 1995.
28. The Universal Postal Union (UPU): "Manual of the Universal Postal Convention". Lays down detailed regulations for the transport of biological substances by post/mail. 1995.
29. COMMISSION DIRECTIVE 97/34/EC of 6 June 1997 amending Council Directive 93/75/EEC concerning minimum requirements for vessels bound for or leaving Community ports and carrying dangerous or polluting goods. (OJ L 158, 17.6.1997, p.40).
30. COMMISSION DIRECTIVE 96/87/EC of 13 December 1996, adapting to technical progress Council Directive 96/49/EC on the approximation of the laws of the Member States with regard to the transport of dangerous goods by rail. (OJ L 335, 24.12.1996, p.45; Annexes to be published).
31. European Culture Collections Organization (ECCO). "Shipping of Non-infectious, Infectious and Genetically Modified Microorganisms; International Regulations". 1995.
32. The World Health Organization (WHO). "Guidelines for the Safe Transport of Infectious Substances and Diagnostic Specimens". 1997.
33. The World Health Organization (WHO). "Laboratory Biosafety Manual". 1993.