| 19.
TÉCNICAS RÁPIDAS DE DETECCIÓN DE ANTÍGENO.
2005 |
| Coordinador: |
José Domínguez |
| Autores: |
Carles Alonso |
|
Rosa Bartolomé |
|
José Domínguez |
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Lurdes Matas |
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Nuria Rabella |
|
DOCUMENTO
CIENTÍFICO
1. TÉCNICAS
RAPIDAS DE DETECCIÓN DE ANTIGENO. INTRODUCCIÓN GENERAL
1.1 PRESENTACIÓN DEL PROCEDIMIENTO
Las técnicas inmunológicas de detección de
antígenos nos permiten detectar la presencia de microorganismos
o de fragmentos de los mismos en las muestras clínicas. El
desarrollo de estas técnicas se inició con el propósito
de poder acelerar el diagnóstico de las enfermedades
infecciosas tratando de superar algunos de los inconvenientes,
especialmente la lentitud, de las técnicas convencionales. Que
duda cabe que disponer de resultados rápidos es de utilidad
para el manejo clínico y terapéutico de los pacientes.
Son técnicas especialmente útiles en aquellos casos
en que el microorganismo causal crece lentamente o bien, no crece en
los medios de cultivo. Además, los resultados de los mismos no
se ven alterados por la administración previa de
antimicrobianos.
Como inconvenientes principales de las mismas cabe destacar que
no ofrecen información sobre la sensibilidad del microorganismo
detectado a los antimicrobianos, y que en algunos casos no han
alcanzado los niveles de sensibilidad y especificidad deseados.
1.2 JUSTIFICACIÓN DE LA
ESTRUCTURA DEL PROCEDIMIENTO
Dado el gran número de técnicas de detección
de antígenos disponible y la enorme cantidad de microorganismos
susceptibles de poder ser detectados resulta imposible desarrollar un
único documento científico y un único documento técnico
que incluya todas las posibilidades. En este sentido, el documento
científico ha sido estructurado en síndromes, destacando
en cada caso cual es el papel de las técnicas rápidas y
qué microorganismos se pueden detectar por ellas.
Por lo que respecta al procedimiento técnico
hemos desarrollado uno diferente por cada síndrome. Hubiera
resultado imposible describir en un único procedimiento de
forma suficientemente clara, todas las técnicas, todos los
tratamientos de las muestras, todas las posibles aplicaciones y las
interpretaciones de los resultados con todos sus matices. De forma que
para cada síndrome hemos planteado un documento técnico,
en formato de procedimiento normalizado de trabajo, en el cual se
recogen qué muestras se deben utilizar, cómo deben
manipularse, conservarse y tratarse, qué microorganismos
podemos detectar en estas muestras, mediante qué técnicas
y cómo debemos interpretar los resultados obtenidos.
1.3 OBJETIVOS DEL PROCEDIMIENTO
El objetivo del procedimiento es el de elaborar un documento de
trabajo que permita conocer las técnicas disponemos y que
microorganismos podemos detectar con ellas en cada caso.
Por otro lado, en los documentos técnicos no hacemos un
abordaje detallado de cómo se realizan las técnicas ya
que muchas de ellas están comercializadas, existen numerosas
variantes para la detección de microorganismos concretos y
resultaría imposible, además de poco práctico,
describir todas ellas. En cambio, incidimos en qué muestras son
las más adecuadas para optimizar el rendimiento de las técnicas
y cuál es el tratamiento previo que se les debe aplicar a las
mismas. También se plantean las ventajas e inconvenientes de
las técnicas, qué dan de sí, qué podemos
esperar de ellas, qué se les puede pedir, etc. En definitiva,
hemos querido dotar al procedimiento de la suficiente información
práctica para que sea una herramienta útil en el diagnóstico
de las enfermedades infecciosas.
1.4 FUNDAMENTO DE LAS TÉCNICAS
DE DETECCIÓN DE ANTÍGENO
Las técnicas de detección de antígeno son técnicas
inmunológicas que se fundamentan en la afinidad antígeno-anticuerpo.
Definiríamos el antígeno como aquella molécula
estructural o metabólica de origen microbiano que es reconocida
como extraña por el organismo humano y que es capaz de
desencadenar una respuesta inmunitaria. Por otro lado, un anticuerpo
es una gammaglobulina sintetizada por las células plasmáticas
en respuesta a la estimulación ejercida por un antígeno,
con el que reacciona de forma específica, gracias a la
correspondencia entre sus estructuras.
De forma que si disponemos de anticuerpos específicos
podemos detectar los antígenos correspondientes en una muestra
clínica. Esta es la base de las técnicas de detección
de antígenos microbianos. Los anticuerpos específicos
empleados en estas técnicas son obtenidos como antisueros de
animales inmunizados, que serían anticuerpos policlonales,
o por producción in vitro mediante hibridomas con la
obtención de anticuerpos monoclonales. Los anticuerpos
monoclonales pueden utilizarse solos o combinando diferentes
anticuerpos dirigidos contra dos o más epítopos
diferentes. La principal ventaja de los anticuerpos monoclonales es su
alto grado de especificidad, lo cual los hace extremadamente útiles
para distinguir entre microorganismos muy próximos antigénicamente.
Sus limitaciones incluyen, por lo tanto, una incapacidad de detectar
todas las variedades de un mismo microorganismo debido a su alta
especificidad y una teórica baja afinidad.
1.5 PRINCIPALES TÉCNICAS
DE DETECCIÓN DE ANTÍGENO
A pesar de que el fundamento de todas estas técnicas
requiere de la utilización de un anticuerpo específico,
las técnicas existentes se diferencian en función del
soporte en que tiene lugar la reacción y en la forma de revelar
la presencia de este antígeno.
A nivel estructural los anticuerpos presentan dos extremos
iguales que son los que se unen específicamente al antígeno,
es decir cada anticuerpo puede unirse a dos moléculas de antígeno
(fragmentos Fab: fragment antigen binding), y un extremo
diferente con propiedades biológicas relacionadas con la
activación del sistema del complemento y con la fagocitosis
(fragmento Fc: llamado así porque cristaliza con facilidad). El
revelado de la presencia del antígeno se realiza mediante
anticuerpos conjugados. Los anticuerpos a través del fragmento
Fc pueden ser fijados a partículas (moléculas de oro
coloidal, partículas de látex, etc) y también
pueden unirse químicamente a enzimas, moléculas
fluorescentes, radioactivas o lumínicas.
Las principales técnicas de detección
de antígenos son: a) contrainmunoelectroforesis, b) técnicas
de aglutinación, c) inmunocromatografía, d)
enzimo-inmunoanálisis, e) inmunofluorescencia y f) métodos
luminométricos. Seguidamente se describen los fundamentos de
estos métodos.
Contrainmunoelectroforesis.- En un par de pocillos
practicados en un gel de agarosa se enfrentan la muestra en la cual
deseamos estudiar la presencia de antígeno y el antisuero homólogo.
Al aplicar un campo eléctrico a través del gel, el antígeno
migra hacia el pocillo del antisuero y las immunoglobulinas hacia el
del antígeno, bien como consecuencia de la carga eléctrica
o bien arrastradas en sentido contrario por el flujo osmótico
que se establece en el interior del agar. Este flujo osmótico
(o electroendosmosis) se debe a que en un gel de agar los residuos aniónicos
(fundamentalmente sulfato y piruvato) se encuentran fijados
covalentemente a la matriz del gel sin poder migrar dentro del campo
magnético. En cambio, los cationes con las moléculas de
agua asociadas sí son capaces de migrar catódicamente.
Como consecuencia, se produce un movimiento neto de agua que puede
arrastrar a las moléculas que, en las condiciones en que se
practique la electroforesis, presenten carga neutra. De una forma o de
otra, el antígeno y el anticuerpo se concentran en una zona de
reacción entre los dos pocillos donde al encontrarse en la
proporción adecuada forman una banda de precipitación
(Figuras 1a y 1b).
Técnicas de aglutinación.-
Sobre una tarjeta de reacción se mezclan la muestra clínica
que alberga al antígeno con el reactivo que contiene a los
anticuerpos específicos. Al entrar en contacto los anticuerpos
mediante los dos puntos de unión con el antígeno
establecen entramados de muchas moléculas de antígeno y
de anticuerpos. Esta aglutinación de partículas antigénicas
forma grumos (Figuras 2a y 2b). Para que estos grumos sean fácilmente
visibles macroscópicamente, los anticuerpos están unidos
por el fragmento Fc a partículas inertes de mayor tamaño,
tales como partículas de látex. Estas técnicas
son extraordinariamente rápidas, ofreciendo resultados en 2-10
minutos, pero en general adolecen de buena sensiblidad.
Inmunocromatografía.- Sobre una
membrana de nitrocelulosa o nylon se encuentran absorbidos en
la línea de reacción anticuerpos contra el antígeno
que buscamos y sobre la línea control anticuerpos
anti-conjugado, de forma que cuando la muestra contiene antígeno,
este fluye por la membrana quedando retenido en la línea de
reacción. El conjugado, que también es un anticuerpo
específico frente al antígeno que buscamos, está
marcado con una molécula de oro coloidal, que también
fluye por la membrana, es retenido por el antígeno en la línea
de reacción y por el anticuerpo en la línea control (Figuras
3a y 3b). En el caso de muestras negativas que no contienen antígeno,
el conjugado es retenido únicamente en la línea control.
Estás técnicas son rápidas, obteniéndose
resultados en 15-30 minutos.
Enzimoinmunoanálisis (EIA).-
Normalmente la detección tiene lugar en placas de poliestireno,
donde los anticuerpos específicos están fijados sobre la
superficie de los pocillos. Estos anticuerpos retienen a los antígenos
presentes en la muestra y su presencia es revelada posteriormente
mediante la utilización de anticuerpos también específicos
del antígeno conjugados con enzimas. Estas enzimas provocan un
cambio de color al interaccionar con el sustrato específico.
Las enzimas más utilizadas son la fosfatasa alcalina y la
peroxidasa que actúan sobre el p-nitrofenil fosfato y el agua
oxigenada, respectivamente. En el caso de la peroxidasa el oxígeno
liberado del agua oxigenada actúa sobre otro sustrato:
o-fenilendiamina, ácido 5-aminosalicílico o la 3,3,5,5tetrametilbencidina.
De forma, que en este tipo de EIA, a mayor intensidad de color mayor
cantidad de antígeno fijado al pocillo (Figuras 4a y 4b).
Existen otros tipos de EIA, como son los EIA
competitivos, en que el antígeno de la muestra compite por los
anticuerpos específicos con antígenos sintéticos
que nosotros añadimos, de forma que a mayor intensidad de color
menor cantidad de antígeno fijado. También es posible
realizar EIA cuantitativos, que mediante la inclusión de
calibradores, que tienen una concentración conocida de antígeno,
permiten extrapolar la cantidad de antígeno presente en las
muestras.
La posibilidad de emplear como conjugado un
anticuerpo marcado con un isótopo radioactivo cada vez es menos
frecuente. La necesidad de disponer de instalaciones adecuadas, la
necesaria recogida selectiva de los desechos, los riesgos derivados de
trabajar con isótopos radioactivos y el hecho que los
conjugados enzimáticos ofrecen unos resultados similares en
sensibilidad han limitado el desarrollo de estas técnicas.
Inmunofluorescencia.- Las pruebas de
inmunofluorescencia se basan en la adición de anticuerpos específicos
sobre extensiones de muestras clínicas realizadas sobre un
portaobjetos. En la inmunofluorescencia directa el anticuerpo empleado
esta marcado con una sustancia fluorescente (fluorocromos), una de las
más utilizadas es la fluoresceína. En la
inmunofluorescencia indirecta el anticuerpo empleado no está
marcado con ninguna sustancia, revelándose la presencia del antígeno
al emplear un segundo anticuerpo marcado con un fluorocromo frente al
anticuerpo primario. La lectura de los resultados se realiza por
observación al microscopio de fluorescencia de los
microorganismos o de las células infectadas fluorescentes sobre
un fondo oscuro.
Métodos luminométricos.- La
reacción tiene lugar en tubos de propileno o poliestireno donde
se encuentran fijados los anticuerpos específicos. La presencia
de antígeno fijado por los anticuerpos del tubo se evidencia
por la adición de anticuerpos también específicos
marcados con sustancias lumínicas como son los ésteres
de acridina (existen otras sustancias como el luminol o el adamantil
dioxietano). La rotura de los ésteres de acridina por la adición
de agua oxigenada en ácido nítrico con hidróxido
sódico libera luz que es leída por un luminómetro
como unidades relativas de luz (RLU). Este tipo de técnica
también permite realizar determinaciones cuantitativas.
1.6 CONTROLES DE CALIDAD
En la interpretación de los resultados obtenidos por técnicas
inmunológicas de detección de antígeno es
fundamental introducir suficientes medidas de control que aseguren la
calidad de los mismos. Es imprescindible incluir siempre controles
positivos y negativos. Estos controles pueden ser facilitados por los
fabricantes de los métodos comercializados, pueden ser muestras
propias del laboratorio o bien pueden ser adquiridos controles
comercializados y estandarizados de laboratorios y agencias
internacionales. En función de la técnica puede ser
necesario controles adicionales, como "blancos" en las técnicas
de EIA o controles de partículas no sensibilizadas en las técnicas
de aglutinación.
Por otro lado, no debe descuidarse el registro de control de
lotes, de temperaturas de neveras para la conservación de los
reactivos, control de los incubadores y calibración de las
pipetas automáticas y de los aparatos necesarios. La
participación en programas nacionales e internacionales de
control de calidad en los que se debe determinar la presencia o no de
antígeno en un lote de muestras, es vital para asegurar la
calidad de los resultados.
1.7 CONSIDERACIONES FINALES Y
PERSPECTIVAS DE FUTURO
El futuro en este campo está fundamentalmente en manos de
las compañías de reactivos de laboratorio, que han de
ser capaces de ofrecer una batería de técnicas sensibles
y específicas que, empleando preferentemente muestras clínicas
no obtenidas por procedimientos invasores, proporcionen un diagnóstico
etiológico rápido, de forma que sea posible establecer
una orientación terapéutica adecuada y precoz de las
enfermedades infecciosas.
Que duda cabe que la activa investigación en nuevos
formatos de estas técnicas que se está llevando a cabo
actualmente, puede conducir a que en poco tiempo hayan cambios
significativos que modifiquen las pautas de actuación,
incluidos los procedimientos establecidos en el presente documento.
2. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN
SEXUAL
De los microorganismos cuya transmisión sexual tiene
importancia epidemiológica, únicamente nos referiremos a
las causadas por Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia
trachomatis serogrupos B,D,E,F y K.
En el hombre ambos microorganismos producen uretritis, con
discretas diferencias en las características clínicas
por lo que se refiere al tiempo de incubación, a los síntomas
y a las posibles complicaciones, especialmente la orquiepididimitis.
En la mujer el cuadro inicial es una cervicitis generalmente poco
sintomática (discreto aumento de flujo vaginal o dolor pélvico-perineal).
Las complicaciones, se producen por progresión ascendente de la
infección y que pasa a afectar endometrio, trompas y anejos,
produciendo endometritis, salpingitis y enfermedad pélvica
inflamatoria. Ello puede condicionar a largo plazo problemas de
esterilidad y embarazo ectópico. También se ha implicado
C. trachomatis en el síndrome uretral agudo.
Con el fin de limitar la cadena epidemiológica, el
seguimiento de los pacientes con infecciones de transmisión
sexual debe incluir el estudio de la/s pareja/s sexuales,
independientemente de la presencia o no de sintomatología.
Las manifestaciones clínicas de estas infecciones
acostumbran a ser más evidentes en el hombre que en la mujer de
manera que las técnicas de detección de antígeno
ofrecen mejores resultados para el diagnóstico de la uretritis
que de la cervicitis. Además la sensibilidad para la detección
de portadores asintomáticos es realmente limitada. Para el
estudio de contactos y portadores asintomáticos, las técnicas
de detección genética presentan mejor rendimiento. En
diversos estudios realizados en nuestro medio, la prevalencia de
infecciones por C. trachomatis es considerablemente menor que
en los países anglosajones. Esta circunstancia obliga a
seleccionar y valorar con mucha atención la técnica
diagnóstica a aplicar. Al igual que en muchos países
europeos, se observa un incremento de frecuencia de aislamiento de
N. gonorrhoeae, especialmente en la población de
hombres homo y bisexuales.
- 3. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS INFECCIONES RESPIRATORIAS
El aparato respiratorio es una de las principales vías por
la que los agentes patógenos penetran en el organismo; se ha
calculado que diariamente llegan a los pulmones más de 10.000
microorganismos viables. La nasofaringe está colonizada por una
gran cantidad y variedad de microorganismos que pueden ser aspirados
hacia las vías aéreas bajas; la diseminación
desde otros territorios orgánicos o la inhalación de
microorganismos exógenos también puede dar lugar a una
infección pulmonar. Atendiendo a aspectos anatómicos
podemos dividir a las infecciones de las vías aéreas en
dos grandes grupos: las de la vía áerea superior y las
de la inferior.
- Infecciones del tracto respiratorio superior
- Sinusitis. - Los principales agentes responsables de
sinusitis aguda son Streptococcus pneumoniae, Haemophilus
influenzae no tipable y Streptococcus pyogenes. En fases
iniciales es fácil identificar virus respiratorios como virus
parainfluenza, virus de la gripe, adenovirus y rinovirus.
- Otitis media.- La otitis media es una de las patologías
más frecuentes en el niño. Los principales patógenos
son S. pneumoniae y H. influenzae no tipable.Otros
patógenos menos frecuentes son S. pyogenes y Moraxella
catarrhalis.
- Laringotraqueitis. - La mayor parte de los episodios son
de origen vÍrico. Los virus más frecuentemente
implicados son parainfluenza 1, 2 y 3, y con menor frecuencia, gripe
A y B, y virus respiratorio sincitial. También pueden estar
implicados rinovirus, enterovirus, coronavirus, metaneumovirus y
adenovirus. Únicamente en un pequeño porcentaje la
etiología no es vírica, estando implicado en estos
casos Mycoplasma pneumoniae.
- Epiglotitis.- La introducción de la vacuna frente
a H. influenzae tipo b ha reducido la incidencia del que era
el principal patógeno responsable. Excepcionalmente se han
implicado otros microorganismos como son S. pneumoniae,
Staphylococcus aureus y S. pyogenes. La etiología
vírica es infrecuente.
- Faringoamigdalitis. La etiología más
frecuente es vírica (adenovirus, rinovirus, enterovirus, y,
excepcionalmente, el virus de Epstein-Barr). En segundo lugar,
bacteriana, concretamente S. pyogenes (otras bacterias
aparecen en menos del 5% de los casos). La etiología
estreptocócica es la única forma de la enfermedad en
la que el tratamiento antibiótico está claramente
indicado. El principal objetivo del tratamiento antibiótico
es la prevención de la fiebre reumática, y la
erradicación de S. pyogenes de la orofaringe. En este
sentido las técnicas de detección de antígeno
estreptocócico en muestra orofaríngea han mostrado una
elevada rapidez y especificidad. La sensibilidad dependerá
del método empleado y del número de microorganismos
presentes en la muestra. En muestras con baja carga microbiana es
posible obtener falsos negativos, por lo que deben confirmarse por
cultivo.
- Infecciones del tracto respiratorio inferior
- Bronquiolitis.- La bronquiolitis es una infección
aguda de las vías inferiores. Este término se ha
utilizado tradicionalmente para definir un síndrome vírico
con sibilancias en los niños pequeños. La
bronquiolitis implica inflamación de las vías aéreas
pequeñas caracterizada por la obstrucción de los
bronquiolos. Durante el primer año de vida, la bronquiolitis
es la manifestación más frecuente de la infección
del tracto respiratorio inferior. El principal agente etiológico
es el virus respiratorio sincitial.
- Bronquitis aguda.- Es un proceso inflamatorio que afecta
a tráquea y bronquios. Se da a cualquier edad, aunque la
población fumadora y los niños presenta una mayor
incidencia. La etiología vírica es responsable del
50-90% de los casos, los virus respiratorios más
frecuentemente involucrados son adenovirus, virus de la gripe A y B,
virus respiratorio sincitial, parainfluenza, rinovirus y coronavirus
- Bronquitis crónica.- La enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC) es la enfermedad respiratoria de
mayor prevalencia e impacto socioeconómico. En España
un 9% de la población de entre 40 y 70 años cumple
criterios de EPOC. Además, en nuestro país, la EPOC
representa la cuarta causa de mortalidad, con una tasa global de 33
por 100.000 habitantes. En la bronquitis crónica se ha
postulado que la infección bacteriana juega un papel patogénico
clave en la lesión del tejido pulmonar. Se establece un círculo
vicioso donde la lesión favorece la infección y
viceversa. Estos pacientes sufren anualmente entre 1 y 4
reagudizaciones. Aunque la infección no es la única
causa, sí representa un porcentaje próximo al 50%. Son
tres los microorganismos asociados a la reagudización de la
bronquitis crónica: H. influenzae, S. pneumoniae y
M. catarrhalis. Estos mismos microorganismos es posible
encontrarlos en pacientes bronquíticos no reagudizados
colonizando la vía respiratoria.
- Neumonía.- Las neumonías son la primera
causa de mortalidad entre las enfermedades infecciosas,
particularmente en los individuos de más de 65 años.
Desde un punto de vista práctico resulta útil
clasificar las neumonías de acuerdo con el grupo de población
que afectan.
- *Neumonía adquirida en la comunidad. Son muy
constantes los principales agentes etiológicos responsables
de las neumonías adquiridas en la comunidad (NAC). Así,
S. pneumoniae es el principal agente etiológico de
neumonía adquirida en la comunidad en todo el mundo. H.
influenzae se encuentra en los primeros lugares como agente
etiológico en los cuadros clínicos de neumonía
típica. Legionella pneumophila, Chlamydophila
pneumoniae y M. pneumoniae se encuentran también
en los primeros puestos en casi todos los estudios. Los bacilos
gramnegativos aerobios son una causa poco frecuente de NAC en la
población no inmunodeprimida. En las etiologías de las
neumonías más graves S. pneumoniae, L. pneumophila
y bacilos gramnegativos (incluido H. influenzae), son los
patógenos a considerar en todos los casos. En función
de los datos disponibles sobre la gravedad de la neumonía en
relación a la etiología, los esfuerzos deberían
ir dirigidos fundamentalmente a diagnosticar las neumonías
por neumococo y por L. pneumophila. Así mismo en los
adultos no debemos olvidar al virus de la gripe A como causante de
neumonía. Otros virus respiratorios también pueden
estar implicados aunque su frecuencia es mucho menor.
- En los niños el virus respiratorio sincitial es el agente
etiológico más común y en los niños más
pequeños es frecuente el ingreso hospitalario. Por otra parte
la infección en estos pacientes por el virus de la gripe y
otros virus respiratorios puede dar lugar a manifestaciones clínicas
graves.
- *Neumonía nosocomial. La neumonía
nosocomial es la segunda causa de infección hospitalaria y la
primera en las Unidades de Cuidados Intensivos, llegando la
mortalidad en algunas estadísticas al 30-50% de todos los
casos. La implicación de los bacilos gramnegativos
(enterobacterias y Pseudomonas aeruginosa) en la neumonía
nosocomial es muy frecuente. En el paciente sometido a ventilación
mecánica, S. aureus se situaría en segundo
lugar, mientras que los microorganismos más prevalentes en la
comunidad serían únicamente frecuentes en aquellas
neumonías nosocomiales de aparición precoz.
- *Neumonía en el paciente inmunodeprimido.
Actualmente, una elevada proporción de pacientes
hospitalizados o de individuos residentes en la comunidad presentan
defectos específicos de los sistemas defensivos que es
preciso conocer ya que los expone de forma particular a etiologías
específicas. Actualmente la mayoría de estos pacientes
presentan infección por el virus de inmunodeficiencia humana
o reciben tratamiento inmunosupresor con corticoides o quimioterapia
para evitar el rechazo de órganos transplantados. Los
pacientes inmunodeprimidos pueden presentan neumonías de
etiología muy diversa, dependiendo del tipo y grado de su déficit
inmunitario.
El diagnóstico de las neumonías plantea más
dificultades que el de cualquier otro síndrome infeccioso;
esto es debido fundamentalmente, a que la neumonía es un síndrome
plurietiológico; en relación a la edad, lugar de
adquisición y estado del huésped, los microorganismos
implicados pueden ser muy diferentes.
- Además muchos agentes causales pueden formar parte,
regular o transitoriamente, de la flora comensal de la vía
respiratoria y en el caso de las neumonías es especialmente
difícil obtener muestras representativas del foco de infección
por técnicas no invasoras, no pudiéndose realizar técnicas
invasoras de forma indiscriminada, sino quedando su utilización
limitada a pacientes con neumonías de alto riesgo. Además,
debe tenerse en cuenta que numerosos microorganismos que producen
patología respiratoria no pueden aislarse en cultivos
convencionales (M. pneumoniae, C. pneumoniae, Coxiella
burnetii...). La serología únicamente proporciona
un diagnóstico retrospectivo de escaso valor para la
orientación terapéutica de los pacientes.
- Las técnicas inmunológicas más utilizadas
presentan problemas de especificidad y sensibilidad tanto en
muestras respiratorias como extra-respiratorias. Actualmente, no se
dispone de técnicas de amplificación genética
comercializadas estandarizadas para detectar los agentes causales más
habituales.
- Las técnicas inmunológicas de detección de
antígenos de los diferentes patógenos respiratorios,
algunas de las cuales se han consolidado en sus posibilidades reales
en los últimos años, pueden aplicarse a muestras
procedentes del foco de infección, suero por el que circulan
y orina por la que se eliminan. Esto permitiría poder
aplicarlas de forma general, independientemente de la gravedad del
proceso en estudio.
- 4. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS INFECCIONES BACTERIANAS DEL SISTEMA
NERVIOSO CENTRAL
- La clínica de presentación de las infecciones del
sistema nervioso central puede ser aguda, subaguda o crónica y
depende de la virulencia del agente infeccioso y de la localización
de la infección.
- Meningitis agudas bacterianas
- La inflamación de las meninges se conoce como meningitis y
cuando está ocasionada por bacterias, hablamos de meningitis
bacteriana, siendo las más frecuentes las agudas, causadas por
microorganismos piógenos. Los tres patógenos más
frecuentes causantes de meningitis bacteriana aguda son, Neisseria
meningitidis, S. pneumoniae y H. influenzae.
- N. meningitidis es la causa más común
de meningitis en niños y adultos jóvenes y se asocia a
un porcentaje de mortalidad del 3% al 13%. Se subdivide en
serogrupos y serotipos. Se han descrito trece serogrupos según
las características antigénicas de los polisacáridos
de la cápsula. Los serogrupos A, B, C, X, Y y W135 son los
que se asocian con más frecuencia a la enfermedad meningocócica
y los más frecuentes son el C, el B y el Y. Mientras el
serogrupo B causa la mayoría de casos esporádicos, la
enfermedad debida a los serogrupos A y C puede presentarse en forma
epidémica.
- S. pneumoniae es la causa más frecuente y
grave de meningitis aguda adquirida en la comunidad. Las cepas
virulentas de S. pneumoniae se encuentran cubiertas por una
capa compleja de polisacáridos. Estos polisacáridos
capsulares se han utilizado para la clasificación serológica
de las cepas y en la actualidad se han identificado más de 90
serotipos de los cuales, sólo 18, son los responsables del
80% de la patología humana. La incidencia de meningitis por
S. pneumoniae en niños menores de 2 años en
España es de 1313 por 100.000 niños cada año,
siendo sus tasas de letalidad (6%) y secuelas superiores a las
ocasionadas por otros microorganismos. La comercialización en
España de una vacuna conjugada antineumocócica eficaz
ha supuesto que los expertos recomienden su administración
sistemática en menores de 2 años.
Un aspecto importante a tener en cuenta en esta meningitis es
su tratamiento que presenta problemas debido al aumento de la
prevalencia de la resistencia del microorganismo a las
cefalosporinas de tercera generación.
- La mayoría de las meningitis causadas por H.
influenzae tienen lugar en niños menores de 5 años
de edad con un máximo de incidencia entre 6 y 12 meses. La
superficie de muchas cepas de este microorganismo está
cubierta por una cápsula de polisacáridos y se han
identificados seis serotipos antigénicos (de la a hasta la
f). Antes de la introducción de la vacuna de H.
influenzae, el serotipo b era el responsable de más del
95% de las infecciones invasivas por este microorganismo, con una
incidencia de 7,5 casos por 100.000 niños menores de 5 años,
no obstante, su incidencia ha disminuido espectacularmente en
aquellos países en los que se ha introducido la vacuna
conjugada frente a H. influenzae tipo b de forma
sistémática en el calendario vacunal. Actualmente los
serotipos c y f, así como los serotipos no encapsulados de
H. influenzae, son los responsables de la mayor parte de las
infecciones.
- Streptococcus agalactiae y Escherichia coli
son una causa común de meningitis bacteriana en neonatos.
Listeria monocytogenes y en especial los serotipos
1/2b y 4b están implicados en la meningitis neonatal, pero
también pueden provocar enfermedad en los adultos mayores de
60 años, pacientes alcohólicos, con neoplasias y con
tratamientos inmunosupresores. Otros factores predisponentes
incluyen diabetes, insuficiencia renal y hepática crónica,
enfermedades autoinmunes y situaciones asociadas a un aumento de los
depósitos de hierro.
- En la tabla 1 se exponen las etiologías más
frecuentes de las meningitis bacterianas según la edad.
Los métodos de diagnóstico microbiológico
presentan algunas limitaciones. La tinción de Gram
del líquido cefalorraquídeo (LCR) permite una
identificación bacteriana rápida y precisa en el
60%-90% de los pacientes con una meningitis bacteriana y presenta
una especificidad de e97%. La probabilidad de que se visualice algún
microorganismo mediante esta tinción se correlaciona con la
concentración bacteriana en el LCR. Una concentración
de d103UFC/ml
se asocia a un 25% de positividad de la tinción de Gram. Una
concentración de 103-105
UFC/ml se asocia a un 60% de positividad y una concentración >105
UFC/ml se correlaciona con el 97% de casos con tinción de
Gram positiva.
Tabla 1. Etiologías más frecuentes
de meningitis bacteriana aguda según la edad.
|
Edad |
Etiología |
|
Neonatos < 1 mes |
S. agalactiae
E. coli
L. monocytogenes |
|
Niños 1 mes 5 años |
N. meningitidis
S. pneumoniae
H. influenzae |
|
Pacientes de 5 a 19 años |
N. meningitidis |
|
Adultos hasta 65 años |
N. meningitidis
S. pneumoniae |
|
Adultos > 65 años e inmunodeprimidos |
N. meningitidis
S. pneumoniae
L. monocytogenes |
La probabilidad de que esta tinción sea
positiva depende también del tipo específico de bacteria
que cause la meningitis. S. pneumoniae se observa en el 90% de
casos, H. influenzae en el 86%, N. meningitidis en el
75%, bacilos gramnegativos en el 50% y aproximadamente en un tercio de
los casos de meningitis causadas por L. Monocytogenes se
observan bacilos grampositivos.
La tinción de Gram es un método rápido,
barato y específico para el diagnóstico de las
meningitis, pero en los pacientes que han recibido tratamiento antibiótico
previo, la sensibilidad de esta tinción puede disminuir en un
20%. Maxson y cols. indican que un tratamiento antibiótico oral
o parenteral de menos de 24 horas de duración antes de la
realización de la punción lumbar, no da lugar,
necesariamente, a una tinción de Gram del LCR negativa. Algunos
autores consideran que la tinción de Gram puede ser más
sensible que las técnicas de detección de antígeno,
en concreto, que la prueba de aglutinación por látex y
que, por ello, esta tinción debe realizarse siempre.
El cultivo de LCR ha sido considerado como
la técnica de referencia para el diagnóstico de las
meningitis bacterianas, no obstante, el resultado tarda en obtenerse
24 horas o más y puede ser negativo si el paciente ha recibido
tratamiento antimicrobiano. Se ha observado que la administración
previa de antibióticos afecta más al porcentaje de
positividad de los hemocultivos que del cultivo del LCR. Esta
persistencia en el LCR puede estar en relación con la presencia
de una alta concentración bacteriana en dicha muestra. Los
leucocitos polimorfonucleares presentes en el LCR desempeñan un
papel menos importante en la eliminación bacteriana. Algunos
estudios presentan unos porcentajes de cultivos positivos de LCR del
90%. Otro aspecto importante del aislamiento del microorganismo en el
cultivo es la detección de serogrupos, como en el caso de N.
meningitidis, mediante técnicas de coaglutinación y
la posibilidad de realizar determinaciones de sensibilidad a
antimicrobianos.
La meningitis bacteriana sigue siendo en la
actualidad una importante causa de morbilidad y mortalidad que exige
un tratamiento antibiótico urgente y eficaz, por ello, es
importante la realización de un diagnóstico etiológico
rápido que, además de basarse en la anamnesis y la
exploración del paciente, se fundamente en la realización
de una tinción de Gram, cultivo del LCR y de la puesta en
marcha de otras técnicas rápidas como la detección
de antígenos.
- 5. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS GASTROENTERITIS
- Los microorganismos asociados con las gastroenteritis incluyen
bacterias, virus y parásitos. Tanto en la población
adulta como en la infancia, Salmonella y Campylobacter
son los entero-patógenos bacterianos que se aíslan con más
frecuencia en nuestro medio, especialmente durante los meses cálidos
del año. Shigella y Yersinia enterocolitica son
bacterias que causan gastroenteritis también por mecanismo
invasor como las dos anteriores pero con una frecuencia mucho más
baja. Las especies de Shigella se aíslan
preferentemente durante los meses cálidos y son causa frecuente
de enteritis en los viajeros. Yersinia enterocolitica
se aísla durante los meses fríos.
- Otros enteropatógenos poco frecuentes en nuestro medio son
los diferentes tipos de E coli diarreagénicos
que causan enfermedades entéricas con una sintomatología
que varía desde una diarrea coleriforme hasta una disentería
grave. E. coli enteropatógeno (ECEP) es responsable de
un gran número de casos de diarrea infantil en países
subdesarrollados. E. coli enterohemorrágico (ECEH) y en
especial E. coli O157:H7 ha sido la causa en nuestro medio de
casos esporádicos poco frecuentes de colitis hemorrágica
y de muy escasos brotes de toxiinfección alimentaria asociada a
la ingesta de agua o alimentos contaminados. El ganado vacuno y ovino
constituye el principal reservorio siendo la carne picada y las
hamburguesas los principales vehículos de transmisión.
E. coli enterotoxigénico (ECET), excepcional en nuestro
medio, está considerado como la causa más frecuente de
diarrea infantil en países subdesarrollados, y también
es el agente causal más frecuente de la diarrea del viajero.
ECET producen una enterotoxina termoestable (ST), otra termolábil
(LT) o ambas, que dan lugar a la secreción de electrolitos y
agua en la luz intestinal. E. coli enteroagregativo (ECEA) da
lugar a diarrea persistente en niños tanto en países
desarrollados como en vías de desarrollo y en pacientes con
SIDA. E. coli enteroinvasivo (ECEI) se ha detectado en brotes
por alimentos contaminados.
- Otras bacterias patógenas también poco comunes son
Vibrio cholerae O1, O139, bacterias toxigénicas
causantes del cólera, V. cholerae de otros serotipos,
Vibrio fluvialis y Vibrio parahaemolyticus que dan
lugar a casos esporádicos o a brotes de toxiinfección
alimentaria asociados a la ingestión de mariscos crudos o poco
cocidos.
En nuestro medio, las bacterias toxigénicas que causan con
mayor frecuencia infección por enterotoxinas vehiculadas por
alimentos son, sin duda, S. aureus, Clostridium perfringens
y Bacillus cereus.
- S. aureus es causante de enteritis por mecanismo
toxigénico que con gran frecuencia ocasiona brotes de
toxiinfección alimentaria. Este microorganismo produce una
gran variedad de sustancias extracelulares que se definen como
toxinas porque afectan la función de la célula huésped
o a su morfología. Algunas de ellas expresan su efecto
perjudicial mediante una acción enzimática, otras como
las enterotoxinas y las toxinas implicadas en el shock tóxico
son potentes inductores de citocinas que actúan como superantígenos
bacterianos. Alrededor del 50% de los aislamientos de S. aureus
producen enterotoxinas de las cuales se reconocen cinco tipos serológicos
distintos (A, B, C, D y E) subdividiendose el tipo C en tres
subtipos (C1,
C2
y C3).
Todas estas enterotoxinas son polipéptidos de entre 20 y 30
KDa y son producidas por S. aureus en los alimentos
contaminados antes de su ingesta (toxinas preformadas). Por ello, la
sintomatología de la gastroenteritis aparece tras un periodo
de incubación muy corto (1-6 horas) y de forma brusca. El
diagnóstico de esta toxiinfección alimentaria se basa,
fundamentalmente, en la detección de las enterotoxinas en los
alimentos y/o en las heces.
- El reservorio de B. cereus es fundamentalmente
telúrico y está ampliamente distribuido en la
naturaleza. Se encuentra en la materia orgánica en
descomposición, en el polvo, el suelo, los vegetales y el
agua. Son bacilos aerobios o anaerobios facultativos formadores de
esporas. Estas esporas pueden contaminar accidentalmente los
alimentos crudos, secos y cocidos o preparados, que si se mantienen
a temperatura ambiente, permitan la multiplicación del
microorganismo y la producción y liberación en el
alimento de toxinas que ocasionan brotes de toxiinfección
alimentaria con relativa frecuencia. Existen dos tipos diferentes de
enterotoxinas producidas por B. cereus, las enterotoxinas
termolábiles que provocan diarrea y las toxinas eméticas
que son termoestables. El diagnóstico de esta toxiinfección
alimentaria también debe hacerse mediante la detección
de la toxina en los alimentos y/o en las heces.
- C. perfringens es un bacilo grampositivo
esporulado que forma parte de la microbiota anaeróbica normal
del tubo digestivo del ser humano y de los animales. Además
sus esporas se encuentran ampliamente distribuidas por el medio
ambiente. Este microorganismo produce cuatro toxinas diferentes
(alfa-toxina, beta-toxina, epsilon-toxina e iota-toxina) y sus cepas
se distribuyen en cinco tipos (A-E) dependiendo del tipo de toxina
que produzcan. Algunos estudios han implicado a C. perfringens
en casos esporádicos de diarrea, diarrea asociada al uso de
antibióticos y diarrea en instituciones para cuidados crónicos,
no obstante este microorganismo produce con relativa frecuencia
toxiinfecciones alimentarias. C. perfringens del tipo A
produce una enterotoxina termolábil citotóxica que en
el hombre da lugar a un cuadro secretor benigno a nivel del
intestino delgado. C. perfringens del tipo C se ha asociado
a enteritis necrotizante del intestino delgado por acción de
la toxina beta. Las cepas tipo A de C. perfringens son las
responsables de casi todos los casos de intoxicación
alimentaria y dan lugar a la formación de una alfa toxina que
es una enterotoxina. La intoxicación alimentaria por C.
perfringens se debe a la ingestión de alimentos que
contienen más de 106
unidades formadoras de colonias (UFC)/g de alimento, productoras de
enterotoxina y casi siempre se asocia con alimentos proteicos de
origen animal que se almacenan inadecuadamente. En el intestino
delgado la enterotoxina se une a un receptor de membrana induciendo
una ruptura de la permeabilidad dependiente del ión calcio
que da lugar a la pérdida de metabolitos e iones de bajo peso
molecular. Esta pérdida modifica la función metabólica
intracelular que incluye la síntesis de macromoléculas
y se asocia con daño morfológico y lisis celular
final. Esta toxina no esta preformada en el alimento, sino que se
libera en el intestino después de la ingesta de alimentos
contaminados.
- Clostridium difficile causa desde una diarrea
leve hasta un cuadro grave de colitis pseudomembra-nosa. Es la
principal causa de la diarrea asociada al tratamiento antibiótico
y frecuentemente es de adquisición nosocomial, siendo
responsable directo de la prolongación de la estancia
hospitalaria en un número sustancial de pacientes con un gran
coste económico asociado. Este microorganismo puede aislarse
también de las heces en un 3% de individuos sanos y de hasta
un 80% de los niños menores de un año, siendo las
manifestaciones clínicas extraordinariamente escasas, en esta
población, debido, probablemente, a la ausencia, en el colon
de estos niños, de los receptores para las toxinas que
produce esta bacteria. En la patogenia de la infección por
este microorganismo es importante la reducción de la flora
intestinal normal por el tratamiento antibiótico y la acción
de las toxinas A y B. Las cepas de C. difficile asociadas a
enfermedad en humanos generalmente producen ambas toxinas. La toxina
B es una potente citotoxina y la toxina A es una enterotoxina con
capacidad para romper las estrechas uniones existentes entre las células
epiteliales intestinales. Probablemente, ambas toxinas actúan
de forma sinérgica. Recientemente se han comunicado casos de
infección por C. difficile causados por cepas
productoras sólo de toxina B, que representan el 10% del
total de las cepas toxigénicas.
- Las especies enteropatogenas del género Campylobacter
son microaerófilas y crecen bien a 37ºC, no obstante, la
temperatura óptima de crecimiento de C. jejuni es de 42ºC.
Las colonias de esta especie se observan en los medios de cultivo
selectivos después de 48-72 horas de la incubación.
Generalmente no son necesarios los medios de enriquecimiento para el
aislamiento de C. jejuni debido a que las personas infectadas
excretan de 106
a 109 UFC
del microorganismo por gramo de heces.
- La investigación de Helicobacter pylori
tiene, en la actualidad, un gran interés por su papel en la
patología gastroduodenal. Se acepta a H. pylori como
agente etiológico de la gastritis activa y crónica tipo
B del hombre, así como su implicación en las ulceras pépticas
y en el carcinoma gástrico tipo MALT en adultos, desempeñando
también un papel importante en la patología
gastrointestinal infantil. En el procedimiento microbiológico
17 de la SEIMC (Diagnóstico microbiológico de la infección
por Helicobacter pylori. M. López-Brea, T. Alarcón,
M. Baquero, D. Domingo y G. Royo. 2004) se describe todo lo
relacionado con este microorganismo, incluyendo los métodos de
detección de antígeno.
- Los principales agentes clásicamente implicados en las
gastroenteritis víricas son rotavirus, norovirus, adenovirus
entéricos y astrovirus. Actualmente, la importancia médica
de rotavirus es indiscutible y su prevalencia es muy elevada.
Constituye, en nuestro medio y especialmente durante los meses fríos,
la causa principal de diarrea aguda con deshidratación en los
niños menores de cinco años de edad. La mayoría
de hospitalizaciones por esta infección tienen lugar durante
los dos primeros años de vida, no siendo infrecuente su
transmisión nosocomial. Los rotavirus, pertenecientes a
la familia Reoviridae, son virus sin envoltura que miden
alrededor de 75 nm de diámetro. La cápside está
constituida por tres capas concéntricas de proteínas y
el genoma está formado por una doble cadena de ARN de 11
segmentos. En relación a sus características antigénicas,
estos virus se subdividen en grupos, subgrupos y serotipos. Existen
siete grupos denominados de la A a la G. En humanos, la
gastroenteritis es debida fundamentalmente al grupo A y con mucha
menor frecuencia a los grupos B y C. Los antígenos de grupo se
localizan preferentemente en la proteína VP6 de la cápside,
donde, en los rotavirus del grupo A, también se encuentran los
antígenos de subgrupo. En este grupo, las características
antigénicas del serotipo están en relación con
las proteínas externas de la cápside, la glicoproteína
VP7 (serotipo G) y con la proteína VP4 (serotipo P).
Las infecciones por astrovirus ocurren en
los cinco continentes. A pesar de que en la mayoría de los
casos estas infecciones son benignas, los casos de hospitalización
debidos a astrovirus son relativamente frecuentes, así como
también su transmisión nosocomial. A pesar de que las
infecciones por astrovirus ocurren con menor frecuencia que las
infecciones por rotavirus o calicivirus, desde el punto de vista de la
salud pública deben tenerse en cuenta, puesto que han sido
responsables de brotes de gastroenteritis en colegios, escuelas
militares, geriátricos, guarderías y entre individuos
inmunodeprimidos. La prevalencia de infecciones por astrovirus varía
en función de los grupos de edad estudiados, pero por regla
general parece que es mayor en niños menores de dos años.
Actualmente, los astrovirus humanos se clasifican en ocho serotipos,
de los cuales se considera que el serotipo 1 es el más
prevalente en todo el mundo.
Los adenovirus son virus sin envuelta con una doble
cadena de ADN y cuya cápside presenta simetría icosaédrica.
Existen 45 serotipos distintos de estos virus que están
asociados a una gran variedad de cuadros clínicos, incluyendo
faringitis, neumonía, conjuntivitis, cistitis hemorrágica
y diarrea. El tipo de infección depende del serotipo, no
obstante, no es infrecuente detectar un mismo serotipo en diferentes
cuadros clínicos. La mayoría de adenovirus entéricos
detectados hasta ahora pertenecen al subgénero F,
especialmente, los adenovirus tipo 40 y 41 son en nuestro medio la
tercera causa de diarrea en la población infantil después
de rotavirus y astrovirus.
Los calicivirus humanos fueron en 1972 los primeros
agentes víricos asociados a gastroenteritis y desde entonces
han provocado numerosos brotes epidémicos y hoy en día
se consideran como la primera causa de brotes de gastroenteritis víricas
en adultos.
Los norovirus son virus ARN sin envuelta que pertenecen a
la familia Caliciviridae y que previamente se conocían
como virus Norwalk-like (NLV). Existe una gran diversidad antigénica
y actualmente la mayoría de norovirus humanos se han
clasificado genéticamente en dos grupos, el genogrupo I y el
II. El genogrupo I comprende al menos 7 subgrupos y el genogrupo II al
menos 10.
Las gastroenteritis producidas por parásitos quedan
recogidas en la sección "Técnicas rápidas en
el diagnóstico de las parasitosis" de este documento científico
y en el documento técnico PNT-TDA-05.
- 6. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS PARASITOSIS
Las enfermedades causadas por parásitos continúan
siendo una causa muy importante de morbilidad y mortalidad en el
mundo, especialmente en países en vías de desarrollo. En
el nuestro, algunas parasitosis son endémicas y otras se
diagnostican en personas que han viajado a determinadas regiones del
globo.
- El diagnóstico microbiológico tradicional de las
parasitosis intestinales se basa, en la mayor parte de los casos, en
la visualización del parásito en las heces. Las pruebas
de detección de antígeno tienen, en general, una muy
buena sensibilidad y especificidad. Su principal inconveniente es que
sólo pueden detectar uno o pocos parásitos a la vez. Por
ello, el examen microscópico de las heces debe continuar utilizándose
si se pretende realizar un estudio completo. Debido a la expulsión
intermitente de la mayoría de los parásitos, se necesita
el examen de tres muestras para poder conseguir una sensibilidad del
90%. Además, es preciso que se realice por personal
especialmente formado en parasitología. Las pruebas de
amplificación de secuencias genómicas son las que se
considera que tienen mayor sensibilidad y especificidad, pero no están
comercializadas.
- Las parasitosis hemotisulares se diagnostican por el examen
microscópico de la sangre periférica. En muchas áreas
de bajo desarrollo económico son difíciles de realizar
porque requieren personal especialmente formado y material no siempre
disponible. La mayoría de las pruebas de detección de
antígeno se han desarrollado para poder ser practicadas sin
ningún equipamiento especial y por personas sin formación
específica.
- Entamoeba histolytica causa entre 34 y 50
millones de infecciones sintomáticas y entre 50.000 y 100.000
muertes al año. Tiene distribución mundial, aunque es más
frecuente en zonas con malas condiciones higiénicas. El
protozoo provoca ulceraciones en la mucosa intestinal, que pueden
llegar a originar una perforación, evolucionar a un ameboma o,
a través de la vena porta, distribuirse al hígado y a
toda la economía y ocasionar abscesos. Así, la infección
puede cursar de manera asintomática, o bien manifestarse clínicamente
en forma de cuadros intestinales de curso crónico y
recidivante, o agudo (disentería amebiana); o en forma de
absceso amebiano, más frecuentemente de localización hepática.
El diagnóstico microbiológico de las formas intestinales
se realiza por el examen directo de las heces o de muestras del borde
de las úlceras, visualizando los trofozoítos o los
quistes en preparaciones en fresco o sin teñir.
Desgraciadamente, a menos que se observen restos de hematíes en
su interior que demuestren su patogenicidad, estas formas son
indistinguibles de las de Entamoeba dispar, mucho más
prevalente que E. histolytica y que no causa infección
alguna. En esta situación, el clínico sólo debería
valorar los casos en que existe un cuadro clínico compatible.
El absceso amebiano se diagnostica por detección de anticuerpos
circulantes.
- Las pruebas de detección de antígeno, realizadas en
heces y en el contenido de los abscesos, son específicas de la
especie patógena. La distinción entre E. histolytica
y E. dispar se ha hecho tradicionalmente por el análisis
de cimodemas a partir del cultivo de heces, proceso lento y difícil
de realizar rutinariamente. Actualmente se puede realizar por tipado
con anticuerpos monoclonales frente a antígenos de superficie y
por análisis del polimorfismo de fragmentos de restricción;
en la actualidad se dispone de pruebas de EIA que se basan en la
detección de epítopos específicos de la lectina
amebiana. La detección de anticuerpos es indicativa de infección,
ya sea presente o anterior (pueden persistir durante años).
- Giardia lamblia es un protozoo flagelado
cosmopolita que se adquiere por la ingestión de agua
contaminada o por contacto directo de persona a persona y que produce
cuadros diarreicos y/o de malabsorción. Su prevalencia se
calcula en 5-50% en países en desarrollo, 1-7% en países
industrializados, y, en ciertas circunstancias, como en determinadas
instituciones, hasta el 90%. El diagnóstico etiológico
se efectúa por el examen microscópico de las heces. Al
ser su eliminación intermitente, se recomienda recoger tres
muestras en días alternos para aumentar la sensibilidad. Además,
suele estar en el moco intestinal, hecho que dificulta su visualización.
En algunos casos es preciso obtener una muestra duodenal para examen
directo y a veces se diagnostica por endoscopia. Existen diversos métodos
de detección de antígeno, cuya sensibilidad y
especificidad de más del 90%, superan a las del examen microscópico.
- Cryptosporidium parvum es un coccidio de
distribución mundial, que se transmite por vía
fecal-oral y, más raramente, sexual. Se calcula que su
prevalencia en humanos oscila entre el 0,6% y el 10,4%. Provoca
cuadros de gastroenteritis, especialmente en pacientes
inmunodeprimidos, particularmente los infectados por el VIH. En el
examen microscópico de las heces conservadas y teñidas
con mertiolato-yodo-formol (MIF), los ooquistes de C. parvum
se pueden confundir con levaduras, aunque, a diferencia de éstas,
no se tiñen con el yodo ni se reproducen por gemación.
En consecuencia, es preferible realizar una preparación
permanente de las heces, con tinciones que manifiestan su ácido-alcohol
resistencia, como la tinción de Kinyoun. La de
auramina-rodamina puede servir como cribado, que se debe confirmar.
Las pruebas de detección de antígeno y PCR constituyen
alternativas válidas al examen microscópico tradicional.
- El paludismo o malaria es una infección causada
por una o varias de las cuatro especies de Plasmodium patógenas
para el hombre: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax,
Plasmodium malariae y Plasmodium ovale. Es transmitida por
el mosquito Anopheles. Su incidencia y mortalidad se estiman
en unos 300 millones y 1,5 millones de personas al año,
respectivamente. En España, se declaran unos 400 casos/año,
especialmente en pacientes que viajan a zonas endémicas y que
no han efectuado la quimioprofilaxis. Son especialmente frecuentes las
infecciones por P. falciparum en pacientes procedentes de África.
En los que proceden de Sudamérica se suele encontrar P.
vivax o P. falciparum y en los que proceden de Centroamérica,
P. vivax. Causan una infección sistémica, que
puede llegar a ser mortal, especialmente la infección por P.
falciparum. El tratamiento antipalúdico depende de la
especie implicada y de la presencia de resistencia en la región
en que se haya adquirido.
- El diagnóstico se efectúa por el examen microscópico
de sangre periférica teñido con tinciones hematológicas,
como el Giemsa o Diff-Quick. La debe hacer personal experimentado. Las
preparaciones hechas con la técnica de la gota gruesa sirven
como prueba de cribado. El estudio de las extensiones es
imprescindible para el diagnóstico de especie y para la
cuantificación de la parasitemia. Se han desarrollado muchos
otros tipos de pruebas para el diagnóstico de la malaria,
basadas en el exámen con microscopio de fluorescencia o en la
citometría de flujo. Las técnicas de amplificación
genética por PCR son las más sensibles, tienen mayor
capacidad de diagnosticar infecciones mixtas y se consideran de
referencia.
- En las zonas pobres de los países endémicos es difícil
efectuar el diagnóstico etiológico por examen microscópico,
ya sea por falta de instalaciones y/o de personal entrenado. Por ello,
el tratamiento se administra de forma empírica. Evidentemente,
es inevitable que en muchas situaciones el tratamiento sea inadecuado,
hecho que repercute en la evolución del paciente y en la
generación de resistencias a los antipalúdicos en la
región.
- Las técnicas de detección de antígeno se han
diseñado para ser realizadas en cualquier tipo de laboratorio,
no siendo necesario personal técnico especializado. De esta
manera se evitarían tratamientos inadecuados, se mejoraría
la atención a los pacientes y también se controlaría
el incremento en la aparición de resistencias de Plasmodium.
Por desgracia, el coste económico de estas pruebas no permite
que sean accesibles en las zonas con menos recursos. Además, su
sensibilidad es menor que el examen microscópico directo.
- La leishmaniasis visceral es una infección endémica
en el área mediterránea. Desde la década de los
80 se está produciendo un aumento de la incidencia de la
coinfección Leishmania-VIH. En nuestro país,
entre el 2 y el 9% de los pacientes infectados por el VIH desarrollan
una leishmaniasis visceral, siendo especialmente frecuente en los
diagnosticados de SIDA y con una cifra de CD4 inferior a 200/µl.
En nuestro medio el 70% de los pacientes con leishmaniasis visceral
están infectados por el VIH, y de estos el 71% son adictos a
drogas por vía parenteral. El diagnóstico clínico
de la leishmaniasis asociada al SIDA se ve dificultado por la
presencia de manifestaciones atípicas, posibles enfermedades
coexistentes y al hecho de que los enfermos serpositivos difícilmente
desarrollan anticuerpos frente a nuevos agentes infecciosos.
- Debido a la baja sensibilidad de la serología, el diagnóstico
microbiológico de certeza se lleva a cabo mediante la
visualización del parásito y cultivo de muestras de
aspirado de médula ósea. Sin embargo, se trata de una técnica
invasora y que implica una cierta habilidad debido en ocasiones a la
poca cantidad de parásitos, lo que hace necesario el desarrollo
de métodos diagnósticos más simples pero con
elevada sensibilidad y especificidad.
- Existen diferentes especies de filarias, todas ellas transmitidas
por artrópodos, que afectan a los tejidos linfático,
subcutáneo y cutáneo. Las hembras adultas producen
microfilarias, que se pueden encontrar en la sangre o en la piel.
Afectan a 120 millones de personas al año y Wuchereria
bancrofti causa más del 90% de los casos. Se encuentra
en regiones tropicales y subtropicales y se transmite por la picadura
de mosquitos de los géneros Anopheles, Culex y
Aedes. El adulto vive en el sistema linfático, causando
linfangitis, linfadenitis, fibrosis obstructiva, elefantiasis de las
extremidades y los genitales e hidrocele. El parásito circula
en la sangre periférica generalmente por la noche, excepto en
la región del sur del Pacífico, en la que no se observa
ninguna periodicidad.
- El diagnóstico se basa en la observación de las
microfilarias presentes en la sangre periférica. En
preparaciones en fresco, se observa el movimiento de las filarias fácilmente.
Sin embargo, para el diagnóstico de especie se necesita
observar preparaciones teñidas, ya sea de extensiones de sangre
o de preparaciones hechas con la técnica de la gota gruesa. El
número de microfilarias puede ser muy escaso y muchas veces es
preciso emplear técnicas de concentración, como la de
Knott o la de membrana. Aún así, el examen microscópico
directo no es capaz de diagnosticar todos los casos.
- Debido a que no existe ningún reservorio animal, la OMS se
ha planteado la posibilidad de eliminar definitivamente esta
enfermedad. Las pruebas de detección de antígeno,
sencillas de realizar, podrían desempeñar un importante
papel en el control de la misma. También existen pruebas de
detección de anticuerpos y PCR. Debido al carácter crónico
de la infección, es posible encontrar personas infectadas en
nuestra área geográfica que anteriormente hayan vivido
en zonas endémicas.
7. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS INFECCIONES POR HERPESVIRUS
Los herpesvirus pertenecen a la familia Herpesviridae.
Son un grupo de virus morfológicamente similares, cuyo genoma
consiste en ADN bicatenario, recubierto de una cápside proteica
de morfología icosaédrica rodeada de una envuelta de
estructura lipoproteica de la cual parten unas proyecciones
glicoproteicas. La principal propiedad de los herpesvirus es su
capacidad de permanecer latentes en el organismo y reactivarse, a
pesar de la presencia de anticuerpos específicos, dando lugar a
infecciones recurrentes. Estas recurrencias pueden darse en personas
previamente sanas como consecuencia de diversos estímulos o en
personas inmunodeprimidas. Actualmente se reconocen ocho herpesvirus
humanos (Tabla 2) que poseen características biológicas
distintivas que son la base de su identificación en el
laboratorio.
Los HHV-1 y 2 están relacionados antigénicamente
con el HHV-3 pero no con el HHV-4, 5 , 6, 7 y 8. Los HHV-1 y 2 entran
en el organismo a través de la piel o mucosa oral (HHV-1) y/o
genital (HHV-2), multiplicándose en las células
epiteliales y dando lugar a lesiones vesiculares. Difunden a los
ganglios linfáticos regionales, donde se multiplican
nuevamente, causando, ocasionalmente, viremia. Simultáneamente,
el virus alcanza los ganglios nerviosos sensoriales, en cuyas neuronas
se establece la persistencia vírica.
Tras diferentes estímulos el virus puede reactivarse
llegando por migración centrífuga a través de los
axones neuronales hasta las superficies mucosas o cutáneas,
inervadas por ellos y produciendo lesiones de características
semejantes a las de la primoinfección. La primoinfección
por HHV-2 puede estar asociada a fiebre, malestar, disuria y adenopatías
inguinales. Una de las complicaciones más frecuentes es la
meningitis aséptica que se presenta en un 10% de los casos. La
queratoconjuntivitis herpética se caracteriza por la formación
de úlceras dendríticas que pueden afectar el estroma
corneal. Las recurrencias en esta localización pueden conducir
a la ceguera.
Los HHV-1 y 2 pueden afectar cualquier zona de la piel y las
lesiones pueden adoptar diferentes disposiciones que en ocasiones
pueden mimetizar la infección por HHV-3. La principal forma clínica
de la recurrencia de la infección herpética es la lesión
de la mucosa oral o labial. En los enfermos inmunodeprimidos esta
recurrencia se manifiesta a menudo como una mucositis localizada en un
área de la boca o generalizada a toda la mucosa oral y en cuya
etiología se asocian frecuentemente hongos del géneroCandida.
Estos pacientes pueden desarrollar una neumonitis, hepatitis o una
infección diseminada. La infección orofaríngea en
niños está causada generalmente por el HHV-1 mientras
que las infecciones por el HHV-2 se adquieren al iniciar la vida
sexual activa durante la adolescencia.
La puerta de entrada del HHV-3 es la mucosa del aparato
respiratorio, donde éste se multiplica. Seguidamente se produce
la viremia que permite la diseminación del virus a todo el
organismo y su llegada a la piel, donde produce la lesión
vesicular característica desde la cual y a través de los
axones nerviosos el virus alcanza el ganglio nervioso sensorial de la
zona donde permanece en estado de latencia.
Las membranas mucosas de la boca, la faringe, la conjuntiva y los
genitales externos también suelen estar afectadas, sin embargo
en estas localizaciones las vesículas se rompen fácilmente
y en muchas ocasiones pasan desapercibidas. La estomatitis es
frecuente en el caso de la varicela grave siendo las lesiones
dolorosas. En caso de reactivación, los viriones llegan a la
piel a través de los nervios sensitivos, donde producen
lesiones vesiculares (herpes zoster) muy similares a las de la
varicela pero caracterizadas por su distribución en un único
dermatoma.
Tabla 2. Clasificación, nomenclatura
actual y abreviaturas oficiales de los virus de la familia Herpesviridae
|
Subfamilia |
Género |
Especie |
|
Alphaherpesvirinae |
Simplexvirus |
Herpesvirus humano 1 (HHV-1) (v. herpes simple
1)
Herpesvirus humano 2 (HHV-2) (v. herpes simple 2) |
|
Varicellovirus |
Herpesvirus humano 3 (HHV-3) (v. varicela
zoster) |
|
Betaherpesvirinae |
Cytomegalovirus |
Herpesvirus humano 5 (HHV-5) (citomegalovirus) |
|
Roseolovirus |
Herpesvirus humano 6 (HHV-6)
Herpesvirus humano 7 (HHV-7) |
|
Gammaherpesvirinae |
Lymphocryptovirus |
Herpesvirus humano 4 (HHV-4) (v. Epstein Barr) |
|
Rhadinovirus |
Herpesvirus humano 8 (HHV-8) |
Las manifestaciones clínicas causadas por los
HHV1, 2 y 3 pueden ser indistinguibles por lo que la confirmación
de la etiología de la infección es necesaria para el
inicio precoz del tratamiento y el establecimiento de las dosis
adecuadas del mismo. La técnica de referencia para el diagnóstico
de laboratorio de las infecciones por HHV-1, 2 y 3 es el aislamiento
en cultivo celular. La multiplicación vírica se
manifiesta por un efecto citopático característico,
generalmente de 24 a 48 horas después de la inoculación
para HHV-1 y 2 y es de evolución muy lenta (aparece de 5 a 7 días
después de la inoculación) en el caso de HHV-3. La
identificación definitiva se realiza por medio de antisueros
específicos marcados con fluoresceína. La sensibilidad
del método depende de la fase en la que se encuentre la lesión,
del estado de inmunocompetencia del paciente y de si se trata de una
primoinfección o de una reactivación. Las muestras
adecuadas para el aislamiento consisten en el líquido vesicular
obtenido a partir de la lesión o bien el exudado del fondo de
las úlceras cualquiera que sea su localización. En todos
los casos, para facilitar la obtención de resultados positivos,
las muestras deben tomarse precozmente. El método de
cultivo-centrifugación en el que tras la inoculación de
la muestra al cultivo celular (tubo shell-vial) se favorece la
infección mediante una centrifugación suave durante unos
40 minutos y se realiza, sin esperar a la aparición del efecto
citopático, una detección de los antígenos víricos
a las 24-48 horas, permite disminuir el tiempo de diagnóstico
habitual de 5-7 días. La sensibilidad de esta técnica es
similar a la del cultivo convencional. Estos métodos requieren
instalaciones adecuadas para el mantenimiento y/o propagación
de cultivos celulares.
La puerta de entrada del HHV-4 es la orofaringe. Aquí, el
virus se multiplica y llega a los linfocitos B, donde persiste. La
respuesta inmune celular frente a la infección es la principal
causante de la sintomatología del enfermo. La infección
es usualmente asintomática en niños pero los
adolescentes y adultos jóvenes presentan una enfermedad
característica que es el síndrome mononucleósico.
El diagnóstico de laboratorio de la mononucleosis
infecciosa es serológico y la prueba más ampliamente
utilizada es la detección de anticuerpos heterófilos
frente a hematíes de carnero, según la técnica de
Paul-Bunnell. La presencia de estas aglutininas se detecta en el 50%
al 80% de los pacientes entre la primera y la tercera semana de la
enfermedad. Una vez que aparecen pueden persistir durante varios
meses. Su ausencia es más frecuente en los pacientes más
jóvenes, sobre todo los menores de 5 años.
El aislamiento del virus a partir de muestras orofaríngeas
o linfocitos periféricos requiere su inoculación en
linfocitos de sangre de cordón umbilical y la observación
de su transformación. La complejidad de estos procedimientos y
el conocimiento de la frecuente eliminación del virus por
portadores sanos determinan que esta técnica esté
reservada a los laboratorios de investigación. Los anticuerpos
de la clase IgG frente al antígeno de la cápside vírica
se encuentran en general a un título elevado en el suero tomado
en la fase aguda y se mantienen a lo largo de toda la vida. La
seroconversión solo se detecta en el 10-20% de los casos. Los
anticuerpos de la clase IgM frente al antígeno de la cápside
sólo aparecen durante la mononucleosis infecciosa y persisten
4-8 semanas, por lo que su detección tiene significado diagnóstico.
El HHV-5 (citomegalovirus) se transmite probablemente por
contacto directo a través de la saliva, la orina, por transfusión,
a través de la placenta y, en el transplante, por el órgano
transplantado. En las poblaciones con bajo nivel socioeconómico
la infección postnatal por HHV-5 es muy frecuente mientras que
cuando este nivel es alto solo el 10-15% de los adolescentes han
estado en contacto con el virus, aumentando rápidamente el
porcentaje en los adultos jóvenes hasta los 35 años.
Aunque en general la adquisición de la infección es
asintomática algunos pacientes desarrollan un síndrome
mononucleósico. La diseminación se produce por vía
hematógena. Esta enfermedad se caracteriza por la aparición
en sangre periférica de linfocitos atípicos
indistinguibles de los que aparecen en la infección por virus
Epstein-Barr acompañados clínicamente de fiebre
prolongada, malestar y mialgias. Asimismo suele constatarse discreta
alteración de las pruebas hepáticas. El virus persiste
indefinidamente en múltiples tejidos del huésped, en los
linfocitos y en las células de las glándulas salivales
entre otros. Cuando la inmunidad celular disminuye, ya sea por
enfermedad o por tratamiento, el virus se reactiva y puede dar lugar a
neumonía, hepatitis, afectación del tracto
gastro-intestinal y, ocasionalmente, a infección diseminada.
El método de elección para el diagnóstico de
las infecciones por HHV-5 es el aislamiento en cultivos celulares. Las
muestras para aislamiento de HHV-5 no deben ser nunca congeladas
debido a la rápida destrucción del virus en los procesos
de congelación y descongelación. Sin embargo la
viabilidad se mantiene a 4ºC durante 24 a 48 horas. Debido a la
lenta multiplicación del HHV-5 en los cultivos celulares, éstos
deben mantenerse durante 4 a 6 semanas antes de considerarlos
negativos. La observación del efecto citopático característico
del virus permite detectar su presencia. Las células se
caracterizan por estar aumentadas de tamaño y por poseer una
inclusión intranuclear eosinófila separada de la
membrana nuclear por un halo claro. Este tipo de células pueden
detectarse también en la orina y en las secreciones
respiratorias de los pacientes, así como en las biopsias de los
órganos afectos y en las muestras de autopsia. Si bien cuando
es positiva es diagnóstica, puede ser negativa en pacientes virúricos,
así como en muestras de órganos a partir de los cuales
se aísla HHV-5.
La lentitud de aparición y desarrollo del efecto citopático
reduce la utilidad clínica del aislamiento vírico. La
disponibilidad de anticuerpos monoclonales frente a varios antígenos
de HHV-5 ha permitido poner a punto diferentes técnicas para el
diagnóstico rápido de estas infecciones. Entre ellas una
de las más utilizadas en la actualidad es la detección
de antígeno precoz de HHV-5 en cultivo celular. En esta técnica
se inocula la muestra mediante centrifugación en dos tubos shell-vial
que contienen un cubreobjetos recubierto de células MRC5, a
las 24 y 48 horas respectivamente se retira este cubreobjetos y se tiñe
con un anticuerpo monoclonal específico para antígeno
precoz de HHV-5 marcado con fluoresceína. Este método,
al igual que el aislamiento en cultivo celular, requiere un
laboratorio con instalaciones adecuadas para el mantenimiento y/o
propagación de cultivos celulares.
El HHV-6 consiste en dos virus muy parecidos pero claramente
diferentes que se denominan HHV-6A y HHV-6B. El HHV-6A no se ha
relacionado con ninguna enfermedad hasta el momento mientras que el
HHV-6B es el agente etiológico del exantema súbito y de
otros síndromes en los niños y frecuentemente es activo
en los pacientes inmunodeprimidos. La infección en el adulto se
puede presentar como un síndrome mononucleósico,
hepatitis y encefalitis. En los pacientes inmunodeprimidos,
transplantados o con infección por el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH) el virus es capaz de reactivarse. En
los pacientes con transplante de médula ósea y de órgano
sólido la viremia por HHV-6 puede inducir supresión
medular. Por otro lado parece que la infección sintomática
por HHV-6 está casi siempre asociada a la infección por
HHV-5. En los pacientes infectados por el VIH el HHV-6 actúa
como inmunomodulador modificando la replicación del VIH y
colaborando en la disminución del número de linfocitos T
CD4.
La técnica de referencia para el diagnóstico de
laboratorio es el aislamiento en cultivo celular a partir de
leucocitos de sangre periférica. Al cabo de 5 a 21 días
aparece un efecto citopático específico que requiere la
confirmación mediante anticuerpos monoclonales. Una adaptación
rápida de la técnica es el cultivo-centrifugación
(shell-vial) con el que se obtienen resultados en 1 a 3 días.
La complejidad de los métodos de cultivo empleados en el
aislamiento del HHV-6 ha llevado a que el diagnóstico de
laboratorio utilizado de rutina sea el serológico. La infección
por HHV-6 se demuestra serológicamente por la presencia de
anticuerpos específicos de la clase IgM o bien por la
seroconversión.
El HHV-7 ha sido aislado de linfocitos T CD4+ de personas sanas.
Hasta el momento sólo ha sido relacionado con un caso de
exantema súbito en el que no se detectó el HHV-6 por lo
que su papel patógeno es desconocido hasta el momento. El hecho
de que el HHV-7 se pueda aislar de la saliva del 75% de los adultos
sanos sugiere que se transmita mediante las secreciones orales. La
detección de este virus no se realiza de forma rutinaria.
El HHV-8 se considera como el agente etiológico del
sarcoma de Kaposi ya que se ha detectado ADN vírico en todas
las formas del tumor incluyendo pacientes seropositivos para el VIH,
pacientes con sarcoma de Kaposi endémico y aquellos con la
llamada forma mediterránea. También se ha detectado el
genoma del virus en los linfocitos de sangre periférica de
pacientes seropositivos para el VIH con o sin sarcoma de Kaposi, en
linfomas de células B y en células uroteliales de
pacientes inmunocompetentes.
El HHV-8 es de distribución universal. Los estudios de
seroprevalencia sugieren la transmisión sexual de la infección
aunque la presencia de anticuerpos en niños apunta a la
existencia de otros mecanismos de infección. El diagnóstico
de laboratorio puede realizarse mediante técnicas de PCR. Por
otra parte existen diversos reactivos para la determinación de
anticuerpos. Sin embargo, no hay información suficiente sobre
la historia natural de la infección por HHV-8 y la eficacia de
las pruebas de laboratorio para la interpretación clínica
de los resultados obtenidos.
8. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS MICOSIS INVASORAS
En los últimos años la frecuencia de las
infecciones fúngicas se ha incrementado principalmente por un
aumento en la supervivencia de pacientes inmunodeprimidos. Como en
todas las infecciones, la instauración precoz del tratamiento
adecuado es imprescindible para mejorar el pronóstico, pero
algunos antifúngicos pueden ocasionar toxicidad importante y
por esta razón es preciso obtener un diagnóstico etiológico
que ajuste el tratamiento empírico. Las micosis a las que se
refiere el presente documento son la candidiasis, la aspergilosis, la
criptococosis y la neumonía por Pneumocystis jiroveci,
para cuyo diagnóstico o seguimiento se han desarrollado métodos
estandarizados de detección de antígeno. Existen muchas
otras micosis, pero no se dispone de este tipo de metodología,
o bien son muy infrecuentes en nuestro medio y se realizan sólo
en laboratorios de referencia (histoplasmosis).
En muchas ocasiones, las micosis invasoras presentan
manifestaciones clínicas inespecíficas. En general, se
requiere un alto índice de sospecha para diagnosticarlas. Las
pruebas de detección de antígeno ayudan en la toma de
decisiones clínicas, muchas veces en combinación con
otras pruebas microbiológicas (detección de anticuerpos,
PCR) o con exploraciones complementarias (diagnóstico por
imagen o broncoscopias). En la criptococosis y en la histoplasmosis,
el hallazgo del hongo en una muestra clínica siempre es patológico.
En cambio, en la candidiasis y en la aspergilosis no siempre es fácil
distinguir entre colonización e infección.
La aspergilosis es una infección típicamente
oportunista. El hongo es cosmopolita y vive en restos orgánicos
en descomposición. Los conidios, ubicuos en la atmósfera,
tienen el tamaño adecuado para poder alcanzar el alvéolo
pulmonar, venciendo todos los mecanismos de defensa externos del árbol
respiratorio. Una vez allí, son fagocitados por los macrófagos.
En caso que alguna germine y empiece a desarrollar un filamento, el
neutrófilo ejerce su acción. Las distintas formas clínicas
de aspergilosis invasoras (pulmonar, sinusal, traqueobronquial,
cerebral, cutánea, diseminada, etc) suelen afectar a pacientes
inmunodeprimidos, especialmente en estados de neutropenia importante,
receptores de transplantes de órganos sólido o médula
ósea, tratamiento con dosis altas de corticoides, quimioterapia
antineoplásica (en especial ciclosporina ) y pacientes con
SIDA. Tienen un mal pronóstico y una alta mortalidad. La
instauración precoz de un tratamiento antifúngico
adecuado puede mejorar considerablemente el desenlace de la infección.
Por desgracia, el cuadro clínico suele ser inespecífico.
El diagnóstico de certeza se establece con la práctica
del examen microscópico directo y el cultivo de una muestra
apropiada, como una biopsia o un lavado broncoalveolar obtenido por
broncoscopia. Pero la mayoría de las veces es imposible de
recoger, debido a la presencia de hipoxemia, trombocitopenia y/o al
mal estado general del paciente. Por otra parte, un cultivo positivo
de una muestra obtenida por broncoscopia no indica siempre
aspergilosis invasora, especialmente en pacientes con EPOC o sometidos
a transplante de órgano sólido. Además, el
resultado suele ser tardío. Los hemocultivos suelen ser
negativos. El problema principal en el diagnóstico de la
aspergilosis invasora es, pues, la dificultad del diagnóstico
de forma suficientemente precoz como para que sea de utilidad para el
paciente. Todo ello ha justificado el desarrollo de métodos
alternativos de diagnóstico precoz en muestras sencillas de
obtener. La detección de anticuerpos de forma aislada no es útil
por la inmunodepresión de los enfermos afectados y la respuesta
presente en la mayoría de personas sanas. En cambio, las
pruebas de diagnóstico directo, ya sea detección de antígeno,
de secuencias genómicas o de metabolitos, han dado mejores
resultados. Su sensibilidad y especificidad son aceptables, al menos
en las situaciones más frecuentes. Realizadas en pacientes
pertenecientes a los grupos de más riesgo, de manera sistemática
y repetida, proporcionan un alto índice de sospecha diagnóstica
que, junto con el resto de datos clínicos, ayudan a tomar
decisiones diagnósticas y terapéuticas precozmente.
Los hongos del género Candida son capaces
de causar infecciones oportunistas de muchos tipos diferentes: de
piel, mucosas, uñas, infecciones urinarias, de catéter,
de otras localizaciones y, finalmente, sistémicas. Las
infecciones localizadas suelen sospecharse por los signos clínicos
y se diagnostican con un exámen microscópico directo o
con el cultivo. Sin embargo, las manifestaciones clínicas de
las candidiasis sistémicas son inespecíficas y requieren
un alto índice de sospecha. Además, su incidencia ha ido
en aumento en los últimos años. Un hemocultivo positivo
establece el diagnóstico, pero por razones que se desconocen,
los hemocultivos suelen ser negativos. Para incrementar su
sensibilidad, es conveniente usar el sistema de lisis-centrifugación
o, en su defecto, airearlos e incubarlos durante 30 días. Un
cultivo positivo en una muestra de un territorio normalmente estéril
tiene valor diagnóstico. Sin embargo, en la mayoría de
las ocasiones no se dispone del mismo. Al igual que en la
aspergilosis, es difícil dar valor patológico a un
cultivo positivo de un territorio normalmente colonizado por
microbiota comensal o saprofita, especialmente frecuente en este caso
porqueCandida forma parte de la microbiota comensal de la
especie humana. Muchas muestras positivas en diferentes regiones anatómicas
sugieren enfermedad invasora. La detección de anticuerpos
tampoco es útil, debido a que muchas personas los desarrollan
sin presentar candidiasis y a que los pacientes que la padecen no
suelen poder producirlos. Es preciso disponer de otras pruebas que la
confirmen. Por ello, las de detección de antígeno en
sangre deberían solucionar el problema.
Las técnicas de PCR son útiles. Se amplifican
diferentes genes cromosómicos (lanosterol demetilasa,
proteniasa aspártica, quitina sintasa y actina), o bien genes
presentes en múltiples copias como rARN 18S, o 28S o genes
mitocondriales. Tienen una alta sensibilidad y además, existe
una correlación con la evolución. Es preciso eliminar
cualquier fuente de contaminación (en el enzima lítico,
hongos en el aire o en el agua). No están disponibles
comercialmente.
Cryptococcus neoformans es un hongo levaduriforme
que causa infecciones en pacientes generalmente inmunodeprimidos,
especialmente en los infectados por el VIH. Se adquiere por vía
inhalatoria, pero la forma clínica más frecuente es la
meningoencefalitis. Las manifestaciones clínicas suelen ser de
aparición relativamente lenta, con cefalea, irritabilidad y
cambio de carácter; pero existen casos de progresión rápida.
La fiebre es baja, o está ausente. La rigidez de nuca y los
signos de Kernig y Brudzinski no existen o son leves y aparecen signos
de edema cerebral o de hidrocefalia. Las anomalías analíticas
del LCR pueden ser leves en cualquiera de sus parámetros
(leucocitos, proteínas o glucosa) o faltar en absoluto (en el
20% de los casos en pacientes con SIDA). Sin tratamiento la enfermedad
es mortal en todos los casos. Otras formas clínicas son la
neumonía, la afectación cutánea (presente en el
10% de los casos y más frecuente en inmunodeprimidos), ósea,
articular, ocular y la de la próstata, entre otras. La mayoría
pueden evolucionar a la forma meningoencefalítica. El diagnóstico
se puede realizar fácilmente y de manera rápida si el
examen microscópico con tinta china del líquido
cefalorraquídeo es positivo; pero la sensibilidad de este método
es limitada. El hongo se cultiva en los medios micológicos
habituales, aunque a veces crece muy lentamente. El uso de agar con
semillas de níger o negrillo (Guizotia abyssinica) es
muy útil para aislarlo de muestras en que también Candida
está presente, porque su actividad fenoloxidásica
metaboliza el ácido cafeico del medio, desarrollando a los 5 días
unas colonias de color marrón oscuro. Las pruebas de detección
de antígeno son muy sensibles y específicas y se pueden
utilizar en suero y líquido cefalorraquídeo siempre que
se sospeche una criptococosis del sistema nervioso central.
Histoplasma capsulatum (H. capsulatum var.
capsulatum y H. capsulatum var. duboisii)
es un hongo dimórfico que se encuentra principalmente en América
y África, que se adquiere por vía aérea y que
causa infecciones subclínicas, o bien infecciones localizadas y
diseminadas, de curso parecido a la tuberculosis. Afecta especialmente
a pacientes con SIDA. El cultivo de las lesiones o de la sangre suele
ser positivo, pero tardíamente (hasta 60 días en algunos
casos). La detección de anticuerpos específicos para el
diagnóstico de la histoplasmosis presenta algunos problemas.
Por ejemplo, las precipitinas al antígeno M aparecen si se
efectúa una intradermoreacción a la histoplasmina y su
sensibilidad es del 75%. La aparición de precipitinas al antígeno
H es tardía y la sensibilidad es del 20%. Además,
existen falsos positivos. Existen reacciones cruzadas con otras
micosis. También existen pruebas de fijación de
complemento, inmunodifusión, aglutinación de partículas
de látex y hemaglu-tinación, pero su efectividad es
limitada. Cuando está indicado el tratamiento, es preciso que
sea de larga duración. Actualmente la prueba de detección
de antígeno en orina y sangre tiene una alta sensibilidad y
especificidad. Es una técnica que únicamente se
desarrolla en laboratorios de referencia (Dr. Wheat,
http://www.miravistalabs.com/)
Pneumocystis jiroveci antes Pneumocystis
carinii es un patógeno oportunista que produce neumonía,
fundamentalmente en pacientes inmunodeprimidos. Es la infección
oportunista más frecuente en los pacientes con SIDA. Es un
microorganismo de distribución universal. El 80-90% de los niños
se han expuesto al microorganismo en los primeros 3-4 años de
vida. La adquisición ocurre probablemente por vía
respiratoria, aunque se desconocen las fuentes. Tras su inhalación
P. jiroveci entra en estado de latencia debido a la respuesta
humoral y celular del huésped y permanece en estado latente
hasta que se produce la inmunodepresión que le permite
reactivarse. En este sentido se comporta como un oportunista estricto.
La neumonía intersticial de células plasmáticas
constituye una entidad clínica de características
diferentes a la típica neumonía de pacientes
inmunodeprimidos. Suele cursar de forma insidiosa e inespecífica
y evoluciona progresivamente hacia el distrés respiratorio y la
cianosis. Los síntomas más frecuentes son la fiebre, la
tos sin expectoración y la disnea. En los pacientes con SIDA se
han descrito localizaciones extrapulmonares. La mayoría de
exploraciones complementarias son absolutamente inespecíficas y
aunque la radiografía de tórax suele presentar
alteraciones, una radiografía normal no descarta la neumonía
por Pneumocystis. El cuadro clínico y la radiografía
de tórax no permiten diferencia la neumonía por P.
jiroveci de otras afecciones pulmonares en los pacientes
inmunodeprimidos. Los intentos de realizar el diagnóstico
mediante detección de antígenos en suero han resultado
infructuosos. Tampoco los métodos serológicos son útiles.
Por ello, el diagnóstico definitivo debe establecerse mediante
la demostración de alguna forma de P. jiroveci en
muestras respiratorias. A pesar que en determinadas circunstancias una
muestra de esputo puede ser adecuada para proporcionar el diagnóstico,
el método más utilizado es la fibrobroncoscopia con
lavado broncoalveolar.
9. TÉCNICAS
RAPIDAS EN EL DIAGNOSTICO DE LAS HEPATITIS VIRICAS Y LA INFECCIÓN
POR EL VIH
La detección del antígeno de superficie (HBsAg) es
el primer y principal marcador de infección en el diagnóstico
de las hepatitis víricas, tanto en forma de cuadro
agudo como en las formas crónicas producidas por el virus B de
la hepatitis (VHB).
En la hepatitis C (VHC) también es posible determinar la
presencia en el suero del paciente del antígeno del core de la
hepatitis C (HCcAg). Ambas determinaciones deben realizarse en función
del cuadro clínico del paciente y junto a la detección
de otros marcadores de infección aguda o crónica.
El diagnóstico de la infección por el virus de
la inmunodeficiencia humana (VIH) se basa principalmente en la
detección de anticuerpos frente a este virus. La detección
de antígeno p24 tiene interés teórico en dos
situaciones; en primer lugar para el diagnóstico de la
primoinfección y en segundo lugar como indicador de progresión
y pronóstico de la infección. Para esta segunda situación,
actualmente está generalizado el uso de técnicas
moleculares de cuantificación viral (carga vírica) que
permiten el seguimiento y control evolutivo y de respuesta terapéutica
en el paciente infectado por el VIH.
Durante la primoinfección y antes de la seroconversión
podemos detectar altos títulos de antígeno p24 del VIH.
Posteriormente la formación de inmunocomplejos antígeno
p24 y anticuerpos anti-p24 circulantes dificulta su detección.
Actualmente las técnicas de disociación por calor junto
a amplificaciones de la señal en el EIA ofrecen resultados de
mayor confianza que las técnicas antiguas por acidificación.
Existen muchos reactivos comercializados que combinan la detección
de anticuerpos frente a VIH 1 y VIH 2 y a su vez la detección
de antígeno p24. Estos reactivos pueden conseguir disminuir el
periodo ventana sin que se vea afectada la sensibilidad y
especificidad para la detección de anticuerpos frente al VIH.
En cualquier caso la antigenemia primaria dura 1-3 semanas, de modo
que únicamente es realmente útil su detección, en
situaciones clínicas de elevada sospecha de infección
por el VIH.
Las recomendaciones y observaciones sobre las técnicas rápidas
de detección de antígeno en las hepatítis víricas
y en la infección por el VIH quedan recogidas en los
procedimientos SEIMC 2a (Serología de las hepatitis víricas.
A. Delgado-Iribarren García-Campero, J.M.l Echevarría
Mayo y P. León Rega. SEIMC, 2004) y 6 (Diagnóstico
microbiológico de la infección por VIH. 6. R. Ortiz de
Lejarazu Leonardo, R. Cisterna Cáncer, J.M. Eiros Bouza, A.
González López, M.C. Maroto, T. Pumarola Suñe y
J.R. Vivas. SEIMC. 1998) por lo que este apartado no se acompaña
del correspondiente documento técnico.
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