| 8a.
DIAGNÓSTICO MICROBIOLÓGICO DE LAS INFECCIONES POR
HERPESVIRUS 2005 |
| Coordinador: |
José L. Pérez
Sáenz |
| Autores: |
Concepción
Gimeno Cardona |
|
David Navarro
Ortega |
|
María de
Oña Navarro |
|
José L. Pérez
Sáenz |
|
DOCUMENTO
CIENTÍFICO
1.
INTRODUCCIÓN
La familia Herpesviridae comprende una serie de virus con
ADN de gran importancia en la clínica (tabla 1), cuya característica
biológica más importante es su capacidad de establecer
latencia. Tras la infección primaria, sintomática o
asintomática, el virus permanece latente, sin multiplicarse, en
tipos celulares particulares, a partir de los que se reactiva con la
consiguiente replicación vírica. La reactivación
obedece a causas muy diversas, según el virus de que se trate
y, en general, poco definidas, aunque siempre son el reflejo de la
ruptura del equilibrio existente entre el virus y el sistema inmune
del hospedador, especialmente la inmunidad celular. Existe también
la posibilidad de la reinfección, por la que una cepa de un
determinado herpesvirus infecta a un individuo que ya lo estaba por
otra cepa de ese mismo virus.
Todos los herpesvirus son muy ubicuos geográficamente
y con una gran prevalencia en la población general. Como
consecuencia, una proporción sustancial de individuos adultos
ha tenido contacto con el virus en etapas previas de su vida, lo que
se refleja en la respuesta de anticuerpos específicos y en el
mantenimiento del virus latente. Sin embargo, en contraste con la
elevada prevalencia, la mayor parte de las infecciones (primarias,
reactivaciones o reinfecciones), suelen ser asintomáticas, e
incluso el espectro de manifestaciones clínicas varía
ampliamente, desde las benignas hasta las que comprometen seriamente
al paciente. Mientras que en el paciente con inmunidad normal, lo
habitual es lo primero, en el paciente inmunodeprimido las infecciones
por herpesvirus pueden presentar una extraordinaria gravedad, lo que
engloba a los herpesvirus como patógenos típicamente
oportunistas. La situación se complica cuado las
manifestaciones clínicas son muy inespecíficas, lo que
obliga a un diagnóstico diferencial.
De todo lo anteriormente expuesto se deduce la
importancia que tiene el diagnóstico de laboratorio para el
manejo de las infecciones por miembros de la familia Herpesviridae.
Puesto que existen muchas pruebas diagnósticas, es fundamental
que el microbiólogo aplique su buen criterio y conocimientos a
la hora de seleccionar la prueba o pruebas que mejor se adapten a la
situación clínica de que se trate.
- Desde la publicación en 1995 de la primera versión
de este procedimiento, son muchos los cambios y avances que se han
producido en todas las áreas de investigación sobre
herpesvirus, de ahí la conveniencia de revisar críticamente
este manuscrito. Entre ellas, cabe citar:
- a) La descripción de nuevos herpesvirus, alguno, como el
herpesvirus humano 8 (HVH8), ni siquiera se consideraba en la
anterior versión.
- b) La consolidación en el conocimento y significación
clínica de otros virus recientemente descritos en esa fecha
[herpesvirus humanos 6 (HVH6) y 7 (HVH7)], o de cuadros clínicos
con experiencia limitada, como los síndromes
linfoproliferativos producidos por el virus de Epstein-Barr (VEB).
- c) El aumento progresivo de la población de pacientes
inmunodeprimidos, susceptibles de sufrir infecciones graves o, en la
parte positiva, el control de la infección por el virus del
SIDA, lo que modifica sustancialmente la demanda de pruebas diagnósticas.
- d) La aparición de nuevos fármacos antivíricos
y el uso intenso de éstos, con el consiguiente desarrollo de
resistencias en la práctica clínica real.
- e) Por supuesto, los avances en las técnicas diagnósticas,
en particular las moleculares, algunas de los cuales ya han quedado
como métodos de referencia; en otras ocasiones, se han
despejado las dudas acerca de su utilidad real en el laboratorio.
Tabla 1. Virus de la familia Herpesviridae
que producen infecciones en el hombre.
|
|
Sinónimo |
Abreviatura empleada en esta
monografía |
|
|
Subfamilia Alphaherpesvirinae |
|
|
|
Virus del herpes simple tipo 1 |
Herpesvirus humano tipo 1 |
VHS1 |
|
Virus del herpes simple tipo 2 |
Herpesvirus humano tipo 2 |
VHS2 |
|
Virus varicela-zóster |
Herpesvirus humano tipo 3 |
VVZ |
|
Subfamilia Betaherpesvirinae |
|
|
|
Citomegalovirus humano |
Herpesvirus humano 5 |
CMV |
|
Herpesvirus humano 6 |
Herpesvirus humano 6 |
HVH6 |
|
Herpesvirus humano 7 |
Herpesvirus humano 7 |
HVH7 |
|
Subfamilia Gammaherpesvirinae |
|
|
|
Virus de Epstein-Barr |
Herpesvirus humano 4 |
VEB |
|
Herpesvirus humano 8 |
Herpesvirus humano 8 |
HVH8 |
|
2.
VIRUS DEL HERPES SIMPLE
2.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
Los virus del herpes simple tipos 1 y 2 (VHS1 y VHS2) pertenecen
a la subfamilia Alphaherpesvirinae. Fueron los primeros virus
del grupo en identificarse y han sido ampliamente estudiados. La
infección por estos virus esta mundialmente extendida y, así,
prácticamente toda la población comprendida entre los
20-40 años ha tenido contacto con el VHS1.
La infección por los VHS es una infección
crónica que persiste toda la vida del paciente. La infección
primaria puede ser o no sintomática, y las recidivas son de
frecuencia e intensidad variables. Se manifiesta generalmente como una
infección mucocutánea, menos frecuente como infección
del sistema nervioso central (SNC) y, ocasionalmente, como afectación
visceral. Las manifestaciones clínicas y la evolución de
la enfermedad son variadas y dependen del tipo de VHS, del lugar anatómico
afectado, de si se trata del primer episodio o de una reactivación,
y de la edad y situación inmunológica del paciente. La
infección primaria por los VHS suele acompañarse de síntomas
generales y de mayor duración que las recidivas. El VHS1 se
implica con mayor frecuencia en la presentación como herpes
orolabial y el VHS2 como genital; sin embargo, ambos pueden causar
infecciones bucales o genitales. Las reactivaciones por el VHS2 son
8-10 veces más frecuentes que las producidas por el VHS1. El
80% de los pacientes inmunodeprimidos tienen reactivaciones por los
VHS, siendo las localizaciones periorales las más frecuentes,
Las manifestaciones atípicas, las complicaciones de la
enfermedad y las infecciones diseminadas, que pueden ocurrir hasta en
un 10-15%, también son más frecuentes en estos
pacientes. La infección en el embarazo, la transmisión
vertical y la infección neonatal son situaciones de especial
dificultad para la prevención y el tratamiento.
Por lo tanto, aunque en un principio estos virus se
relacionaron con lesiones en la piel (gingivoestomatitis, herpes
labial, genital, panadizo, etc.), hoy se conoce su implicación
en patologías como la queratoconjuntivitis, infecciones
neonatales y en entidades tan importantes como la encefalitis, o aquéllas
que pueden implicar cualquier víscera (hepatitis, neumonía,
esofagitis, colitis, etc.), sobre todo en los pacientes
inmunodeprimidos. Por fortuna, los VHS tienen un tratamiento eficaz y
son relativamente fáciles de diagnosticar en el laboratorio.
2.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO
Aunque las presentaciones clínicas, como las formas
mucocutáneas, son muy típicas y su diagnóstico es
generalmente clínico, la relativa frecuencia de lesiones atípicas,
o el hecho de que puedan presentarse sin lesiones externas
(uretritis), o la importancia de genotipar el VHS (herpes genital),
hacen recomendable que el diagnóstico se confirme en el
laboratorio. Asimismo, es necesario incluirlo en el diagnóstico
etiológico de las infecciones del SNC (encefalitis y
meningoencefalitis), infecciones generalizadas en inmunodeprimidos,
infecciones oculares (queratitis) y en el diagnóstico
diferencial de las infecciones congénitas y neonatales.
2.2.1. Aspectos preanalíticos:
obtención y transporte de las muestras
Los VHS se han detectado o aislado en numerosos tipos de
muestras: lesiones cutáneas, exudados de muchos tipos, lavados
broncoalveolares, aspirados traqueales, saliva, lágrimas, LCR,
sangre o biopsias. En la mayoría de los casos, para su recogida
y transporte, requieren de un medio específico adecuado para la
viabilidad de los virus: solución tamponada con rojo fenol,
antibióticos y una fuente proteica, como la albúmina.
Vesículas o lesiones cutáneas. Las muestras
de vesículas o lesiones cutáneas, si contienen células,
pueden ser muy útiles para un diagnóstico etiológico
rápido. Para ello, se debe abrir la vesícula y realizar
improntas de la base de la lesión en varios portaobjetos, con
el fin de poder llevar a cabo tinciones directas. Además, se
debe recoger una muestra en medio de transporte de virus para
cultivarla o aplicar otros métodos. Si no se realizaron las
improntas, parte de la muestra recogida en el medio de transporte de
virus se puede centrifugar a unas 5000 rpm durante 5 minutos. El
sobrenadante se recupera para el cultivo del virus u otro método
diagnóstico, y las células se pueden depositar en un
portaobjetos para su posterior tinción con anticuerpos
monoclonales. Está técnica es sencilla y rápida
(el diagnóstico puede obtenerse en 30 minutos), y está
al alcance de laboratorios sin infraestructura específica para
Virología. Su eficacia diagnóstica está en relación
con el estadio de la lesión, variando desde el 100% en el caso
de vesículas a un 25% cuando las improntas se realizan a partir
de las costras. Como en todas las muestras para diagnóstico
microbiológico, no debe demorarse el transporte al laboratorio
ni su procesamiento.
Exudados: faríngeos, nasales, endocervicales,
uretrales y rectales. En todo tipo de exudados es recomendable recoger
la mayor cantidad de células posibles, en las que se podría
realizar una tinción de inmunofluorescencia con anticuerpos
monoclonales. En este caso, la técnica no resulta tan sensible
y se debe siempre acompañar de otras, como los cultivos
celulares.
Lágrimas y exudados conjuntivales. Los exudados
conjuntivales se deben de recoger de la base del ojo. La lágrima
se puede obtener del conducto lagrimal con la torunda que llevan los
medios de transporte de virus. Por el escaso número de células
que se recogen se deben aplicar técnicas muy sensibles como la
amplificación genómica, que evitarían la recogida
de raspados corneales.
Líquido cefalorraquídeo (LCR). Dada la
gravedad de las infecciones del SNC producidas por los VHS, conviene
ser exigente con todos los procedimientos para obtener un buen
rendimiento diagnóstico. El LCR es la muestra idónea. Se
debe recoger por medio de una punción lumbar y enviarlo al
laboratorio en un contenedor estéril. Los cultivos del LCR para
los VHS tienen un rendimiento de aislamiento muy bajo y, por lo tanto,
hay que aplicar técnicas más sensibles, como la PCR.
Este procedimiento evitaría tener que obtener muestras más
agresivas, como biopsias de cerebro.
Otras muestras. Las biopsias son poco frecuentes en la práctica
habitual del diagnóstico de los VHS, aunque pueden ser de
elección en patologías digestivas. Estas muestras se
deben enviar al laboratorio en un contenedor estéril,
preferiblemente con suero fisiológico o medio de trasporte de
virus. Los VHS no se encuentran generalmente en la sangre periférica,
salvo en niños muy pequeños o inmundeprimidos, ni en la
orina, con la excepción de los inmunodeprimidos, por lo que
tampoco son muestras habituales. En cualquier caso, y para las
situaciones mencionadas, la sangre se debe recoger en un tubo con
anticoagulante de la que se separarán los polimorfonucleares
para aplicar métodos de detección de antígeno o
genoma. La orina se recoge en un tubo estéril para realizar
cultivos celulares.
2.2.2. Aspectos analíticos: métodos
diagnósticos
Como en todo tipo de infecciones viricas para el diagnóstico
de los VHS se pueden utilizar tanto métodos indirectos (detección
de anticuerpos Serología-), o directos, poniendo de
manifiesto la presencia del virus o alguno de sus componentes. En el
caso de los VHS, los estudios indirectos tienen poca validez, porque
sus resultados siguen siendo tardíos y, en ocasiones, confusos,
como en el caso de los inmunodeprimidos. Por otra parte, la detección
citológica de los cambios celulares de la infección (células
gigantes o inclusiones intranucleares) es poco sensible y específica.
Por todos estos motivos, son de elección los métodos
directos basados en el cultivo o la detección antigénica.
2.2.3. Diagnóstico serológico
Los anticuerpos de la clase IgM se producen tras la primoinfección,
seguidos de los anticuerpos IgG. Estos últimos permanecen de
por vida mientras que los primeros se pueden detectar hasta cuatro
meses después, dependiendo de la técnica que se utilice.
Las reactivaciones herpéticas no se acompañan de elevación
de anticuerpos IgM, sino de IgG. Por lo tanto, la utilidad de la
serología se circunscribe a los estudios epidemiológicos
y al diagnóstico de primoinfecciones.
En la actualidad existen numerosas pruebas que identifican
anticuerpos de la clase IgG e IgM, tanto por enzimoinmunoensayo (EIA)
como por inmunofluorescencia (IF). La demostración de la
producción intratecal de anticuerpos en las infecciones del
SNC, donde se utilizan los índices de anticuerpos IgG totales y
específicos LCR/suero, junto con el índice de albúmina,
indicador de barrera hematoencefálica intacta o alterada, se
han utilizado para diagnosticar estas infecciones. Actualmente esta
estrategia diagnóstica ha quedado desplazada por la detección
del genoma del virus en LCR.
Desde hace unos años existen en el mercado ensayos para
determinar la inmunidad de tipo para ambos virus del herpes simple. La
principal ventaja teórica de estos ensayos sería ayudar
en la detección de personas infectadas por el VHS2, con vistas
al control del herpes genital y, en último término, a la
prevención de la infección neonatal. Sin embargo, como
era previsible, los VHS1 y VHS2 muestran muchos determinantes antigénicos
comunes, lo que dificulta la detección específica de
anticuerpos. Algunos sistemas comerciales utilizan extractos víricos
crudos o parcialmente purificados, lo que los inhabilita con el
objetivo anterior. Los más modernos están basados en técnicas
de EIA con antígenos recombinantes de las glucoproteínas
G1 y G2 (gG1 específica del VHS1; gG2, específica del
VHS 2), que mejoran la especificidad. Sin embargo, estos ensayos todavía
presentan imperfecciones, por lo que los Centers for Disease Control
norteamericanos recomiendan que un resultado de anticuerpos positivo
para VHS2 se confirme por un segundo ensayo o, mejor, con el
aislamiento en cultivo. Por ésta y otras razones, la estrategia
de control del herpes genital y de la prevención del herpes
neonatal, basada en la serología específica, no es
coste-efectiva.
2.2.4. Detección de antígeno
vírico
Los antígenos víricos se pueden poner de manifiesto
con anticuerpos monoclonales, bien mediante técnicas de EIA o
por IF. En el caso de los VHS, con una replicación muy activa,
las técnicas de inmunofluorescencia son sencillas y rápidas,
ya que sobre cualquier muestra con células se puede obtener un
resultado en una hora desde su recepción en el laboratorio.
También se han diseñado técnicas de EIA en placa
o en soporte sólido, pero con menor sensibilidad.
2.2.5. Detección de genoma vírico
En el caso de los VHS, la amplificación genómica o
PCR no ha sido tan relevante como en otros virus, ya que estos virus
se multiplican en gran cantidad en el lugar que infectan y por lo
tanto, son fácilmente recuperables con técnicas de
cultivo o identificables con métodos de detección de antígeno.
Sin embargo, son de especial interés en muestras con poca carga
vírica y dónde el aislamiento del virus es complicado
como en muestras de lágrimas o en LCR. Actualmente existen
multitud de protocolos de diagnóstico de genoma del VHS. Los más
empleados utilizan un fragmento de las glucoproteínas de la
envuelta como diana y aplican la variedad de PCR múltiple con
el fin de identificar, en la misma reacción, los dos tipos de
virus, e incluso otros de la familia de los herpesvirus. En los últimos
años han empezado a introducirse procedimientos de PCR en
tiempo real que simplifican y acortan la emision de resultados, y
permiten cuantificar la cantidad de virus existente en una muestra.
2.2.6. Cultivos celulares
Los VHS se pueden aislar en un número elevado de líneas
celulares establecidas, habituales en cualquier laboratorio de virología:
fibroblastos de pulmón fetal humano (MRC-5), Vero, Hep-2, A549,
RD. El efecto citopático de los VHS es muy característico
y, en ocasiones, puede aparecer a las 24-48 h desde su inoculación,
aunque generalmente se necesiten 5-7 días para su desarrollo.
El diagnóstico se puede acelerar si se inocula la muestra
(100-200 µl) sobre una monocapa de células susceptibles
previamente crecidas sobre un portaobjetos circular (shell vial,
SV), seguida de una centrifugación y, tras 24-48 h de
incubación a 37ºC y 5% de CO2,
se procede a detectar la presencia del virus mediante una tinción
con un anticuerpo monoclonal específico.
La inoculación de los cultivos
convencionales se realiza por adsorción de la muestra a la
monocapa celular durante 1 h a 37ºC (también se puede
realizar por centrifugación). Después de retirar la
muestra y añadir medio de mantenimiento se incuban los tubos a
37ºC y atmósfera del 5% de CO2durante
14 días, observándolos periódicamente para
visualizar el efecto citopático. En un cultivo celular no se
puede distinguir el VHS1 del VSH2, y por lo tanto, se deberá
realizar una identificación posterior con anticuerpos
monoclonales. Los aislamientos de los VHS son sencillos y fáciles
de realizar a partir de muestras con carga vírica elevada, como
pueden ser las lesiones cutáneas o los exudados. Sin embargo,
están limitados en muestras como LCR o lágrimas, con
poca carga vírica, o biopsias, que pueden resultar tóxicas
para las células. En cualquier caso, la elección de un método
u otro depende de las manifestaciones clínicas del paciente,
muestras disponibles y características del laboratorio (tabla
2).
- 2.3. PRINCIPALES INDICACIONES DE LAS PRUEBAS
DIAGNÓSTICAS
El diagnóstico virológico de los VHS se puede
realizar de varias formas, dependiendo en cada ocasión de que
haya o no vesículas, de las caracteristicas del huésped
(edad, inmunosupresión, etc.) y del momento en que se realice
la toma de la muestra. Así, podemos distinguir dos situaciones:
- a) Casos en los que haya lesión vesiculosa: la técnica
de elección sigue siendo el diagnóstico directo, por IF
con anticuerpos monoclonales específicos, a partir de improntas
tomadas de la lesión. Siempre que se realice una impronta, se
debe tomar también una muestra para cultivo, ya que así
se puede obtener la cepa para realizar el estudio de sensibilidad
fenotípica.
- b) Cuando no existen lesiones vesiculosas, hay que distinguir, a
su vez, las siguientes circunstancias clínicas:
- -Faringitis, neumonías (inmunodeprimidos), cervicitis,
uretritis: la detección del virus se debe realizar por
cultivo rápido y convencional. Las muestras de elección
son los exudados de la zona afectada (faringe, lavado
broncoalveolar, cuello uterino, uretra). Hay que tener en cuenta que
hay un 2% de excreción asintomática faríngea de
HSV1.
- -Queratititis, esofagitis, proctitis: las muestras de elección
en estos casos son los raspados corneales y mejor la secreción
lagrimal del ojo afectado el caso de la queratitis, y las biopsias
en el caso de esofagitis y proctitis. La técnica diagnóstica
de elección es la PCR, aunque se debe de realizar también
el cultivo. Si se realiza cocultivo se ponen en contacto 15x104células
susceptibles con la biopsia triturada o tripsinada en 1,5 ml de
medio de mantenimiento. Después de formada la capa se cambia
el medio y se incuba a 37 ºC y 5% de CO2durante
14 días observándolo periódicamente para
detectar la aparición de efecto citopático.
- -Encefalitis: la técnica de elección es la PCR
anidada o nested realizada a partir de LCR. Se puede
utilizar la PCR múltiple que incluya, al menos, cebadores
específicos de HSV1, HSV 2 y VVZ. Aunque muchos laboratorios
utilizan una técnica de desarrollo propio, hay métodos
comerciales que incluyen una primera amplificación múltiple
y, posteriormente, una hibridación con revelado enzimático
para cada agente vírico. Actualmente, otra alternativa a
tener muy en cuenta en este diagnóstico es la PCR en
tiempo real.
- -Procesos clínicos con viremia como herpes neonatal,
herpes generalizado y visceral en inmunodeprimidos en ausencia de
lesiones: en estos casos el diagnóstico se realiza a partir
de leucocitos de sangre periférica y se utilizan las técnicas
de detección de antígeno por IF directa, deteccion genómica
por PCR y también se puede aislar el virus mediante cultivo
celular.
Tabla 2. Sensibilidad de los métodos
diagnósticos de VHS según el tipo de muestra.
|
| |
Antígeno |
PCR |
Cultivo |
|
|
Vesículas o lesiones cutáneas |
++ |
++ |
++ |
|
Exudados faríngeos, endocervicales,
uretrales y rectales |
+ |
++ |
++ |
|
Aspirados traqueales y lavados brocoalveolares |
++ |
++ |
+ |
|
Lágrimas y exudados conjuntivales |
|
+++ |
+ |
|
LCR |
|
+++ |
|
|
Sangre |
+ |
+++ |
+ |
|
Orina |
|
++ |
++ |
|
Biopsias |
+ |
+++ |
+ |
|
2.4. ESTUDIOS DE SENSIBILIDAD A
LOS ANTIVIRICOS
Se utilizan dos tipos de fármacos antivíricos para
el tratamiento de las infecciones producidas por los VHS. La primera
clase incluye moléculas que, después de su fosforilación
vírica o celular compiten con los desoxinucleósidos
trifosfatos naturales para su incorporación en la cadena de
ADN. Están representados por el aciclovir y el penciclovir con
sus respectivos profarmacos, el valaciclovir y el famciclovir, y se
consideran de elección para el tratamiento de las infecciones
por los VHS. También el cidofovir y el adefovir, derivados acíclicos
fosforilados de los nucleósidos, una vez activados, son un
substrato alternativo para la polimerasa de ADN y, por lo tanto, podrían
ser útiles como fármacos anti-VHS. Sin embargo, no se
han utilizado para el tratamiento de este tipo de infecciones. El otro
tipo de compuestos anti-VHS son los análogos de pirofosfatos,
como el foscarnet. Estos agentes son inhibidores directos no
competitivos de la polimerasa de ADN vírico. Una simple mutación
en la polimerasa del virus podría, por tanto, conferir
resistencia a más de un antivírico, dependiendo del
lugar específico donde tenga lugar la unión de la enzima
al fármaco.
El aciclovir es el fármaco más
utilizado para el tratamiento de los VHS1 y VHS2, y las resistencias
actualmente siguen siendo escasas. Sin embargo, su uso cada vez más
frecuente en ciertos grupos de pacientes (transplantados, SIDA) podría
precipitar la aparición de resistencias. Así, en los
pacientes inmunodeprimidos, se ha descrito una prevalencia de
resistencias entorno al 5%, siendo preferentemente en los
transplantados alogénicos de precursores hematopoyéticos
(que reciben profilaxis universal con aciclovir) donde la resistencia
aumenta hasta cerca del 30%. También se han descrito más
resistencias para el VHS2.
Por lo tanto, es conveniente disponer y desarrollar
en los laboratorios métodos de evaluación de
sensibilidad a los antivíricos. Actualmente, ya se han descrito
métodos fenotípicos que pueden proporcionar un resultado
en 48-72 h desde el aislamiento del virus. También se pueden
emplear métodos genotípicos que detectan mutaciones
implicadas en la resistencia. Si se dispone de la cepa, la
sensibilidad fenotípica es un método rápido y
asequible a los laboratorios de virología con cultivos
celulares. Dentro de los métodos fenotípicos, el más
rápido es el que consiste en titular la cepa del virus en
paralelo, con y sin una concentración de 1 ó 2 µg/ml
de aciclovir, según se trate de HSV1 o HSV2, respectivamente,
en una microplaca de fondo plano, en la que previamente se ha hecho
crecer una monocapa de células Vero. Una disminución del
título de al menos dos diluciones de la cepa del virus (en base
logarítmica 10) en la titulación con el antivírico,
indica que ese virus tiene una ID50para
el aciclovir menor de 1 o 2 µg /ml, y es por lo tanto sensible.
Si no fuera así, habría que cuantificar el efecto citopático
con un colorante vital y calcular el porcentaje de inhibición,
pero en el 95% de los casos las cepas son sensibles.
La resistencia al aciclovir se debe a mutaciones en
el gen de la timidín-kinasa, enzima que inicia la fosforilación
del compuesto. Estas mutaciones asociadas a resistencia son la inserción
o supresión de los codones 92 y 146, o la sustitución de
los codones 176-177 y 336. La resistencia a este fármaco lleva
consigo resistencia cruzada con otros fármacos dependientes de
la timidín-kinasa, como el penciclovir y el famciclovir. Las
infecciones por virus resistentes pueden tratarse con foscarnet o
cidofovir, ya que estos dos antivíricos no necesitan ser
fosforilados por el enzima para poder inhibir la polimerasa vírica.
Aunque menos frecuentes, se han descrito cepas clínicas
resistentes al aciclovir y al foscarnet conteniendo mutaciones en el
gen de la polimerasa tras una terapia prolongada con estos agentes. La
polimerasa de ADN del VHS es una proteína codificada por un gen
de 3705 pb (UL 30) que contiene ocho regiones conservadas, llamadas
I-VII de acuerdo a su grado de conservación (la región I
es la más conservada). Las mutaciones en la polimerasa están
mayoritariamente localizadas en lugares conservados del gen de este
enzima. También se han descrito, en cepas de laboratorio,
mutaciones en la polimerasa del VHS que dan lugar a resistencias al
cidofovir, aunque aun no se han identificado en cepas procedentes de
pacientes con fracaso terapéutico. Además, también
se han descrito la aparición de mutaciones en el gen de la
polimerasa asociadas con la reducción de la susceptibilidad al
foscarnet y al adefovir en pacientes que recibían el primero de
estos fármacos.
Para detectar las mutaciones que confieren
resistencia se amplifica y secuencia el producto de PCR directamente
de la muestra biológica, obteniendo un resultado en 24-48 h.
Actualmente, los resultados obtenidos por caracterización genética
de las cepas clínicas resistentes al aciclovir indican que la
secuenciación de fragmentos limitados de los genes de la timidín-kinasa
y de la polimerasa es suficiente para detectar la mayoría de
las mutaciones asociadas con la resistencia.
3.
VIRUS VARICELA-ZÓSTER
3.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
Como su nombre indica, el virus varicela-zóster (VVZ) es
el responsable de una infección primaria, la varicela que, tras
un periodo de latencia, se reactiva produciendo la infección
secundaria o herpes zóster. La varicela es una infección
exantemática infantil muy frecuente y contagiosa, pero una
proporción variable de personas (entre el 4 y el 20%) alcanza
la edad adulta sin padecer la infección y es, por lo tanto,
susceptible a ella.
La transmisión del VVZ se produce por contacto directo y
por gotitas de aerosol, y puede ser de transmisión aérea
en comunidades. El paciente con varicela es infeccioso desde 1-2 días
antes de la aparición de la erupción hasta 3-4 días
después. En el niño normal cursa como una dolencia
benigna, generalmente sin complicaciones y de fácil diagnóstico
clínico. Por el contrario, cuando la contrae un adolescente o
un adulto, la enfermedad es más larga y grave, y las
complicaciones más frecuentes y graves, en particular la neumonía.
Así, los adultos son 10 veces más propensos a necesitar
hospitalización y la mortalidad asociada es 20 veces mayor que
en los menores de 14 años. La vacuna actualmente esta
recomendada en los niños con edades entre los 12 y los 18 meses
de edad que no hayan padecido la enfermedad, y se administra junto con
la triple vírica. Los niños sanos y mayores de 13 años
que no hayan padecido la enfermedad deberán recibir dos dosis
separadas de vacuna, con un intervalo de 4-8 semanas entre ambas.
El zóster consiste en una erupción vesicular
precedida de parestesias y dolor en la zona cutánea afectada,
relacionada con la reactivación en células nerviosas de
las raíces dorsales de los ganglios cervicales inferiores, torácicos
y lumbares. Sin embargo, en el paciente inmunodeprimido la reactivación
del VVZ puede ser más complicada y grave, como la neumonitis o
encefalitis, y puede ser atípica la presentación cutánea.
La retinitis progresiva por VVZ es una entidad que se ha descrito en
pacientes inmunodeprimidos que obliga a realizar un tratamiento de
inducción y posterior mantenimiento para evitar una extensión
de las lesiones o un desprendimiento de retina que son las mayores
complicaciones de esta afección.
La varicela congénita por el VVZ es una enfermedad muy
rara asociada a la primoinfección de la gestante durante el
primer trimestre de embarazo. Gracias a la vacunación, se ha
logrado rebajar de forma muy importante la frecuencia de esta
enfermedad, ya que el feto tiene un riesgo de infectarse de sólo
el 1-7%, aunque no todos los fetos infectados desarrollarán un
síndrome de varicela congénita. El periodo susceptible
para que el feto se infecte es por lo general entre las semanas 7 y 20
de la gestación. Caso de existir, la varicela congénita
producida por reactivación (zóster) en la madre es una
entidad extremadamente rara. Existe otra forma de infección
neonatal por este virus: cuando la infección primaria materna
se produce en los cinco días anteriores al nacimiento, el feto
tiene un elevado riesgo de sufrir un cuadro grave con alta mortalidad
(15-30%), que obliga a la toma de medidas preventivas. Sin que se sepa
a qué obedece, este cuadro perinatal es cuatro veces más
frecuente en fetos femeninos.
En cuanto a las medidas de prevención en los pacientes
hospitalizados, se recomienda que sean aislados estrictamente durante
al menos cinco días o mientras dure la erupción
vesicular, es decir, hasta cuando las lesiones progresen a costras. Se
debe tener especial cuidado con los pacientes inmunocomprometidos (con
leucemias o tumores) los cuales pueden requerir mayor tiempo de
aislamiento, por tener un tiempo más largo de erupción
y, a ser posible, en habitaciones con flujo de aire controlado. En
caso de existir enfermos susceptibles expuestos, estos deben
permanecer aislados de 10 a 21 días después del comienzo
del exantema en el paciente índice. Los pacientes de alto
riesgo pueden protegerse con vacunación. Es útil la
profilaxis con gammaglobulina específica 3 días después
de la exposición. Los pacientes que reciben inmunoglobulina
específica, deben mantenerse en aislamiento durante 28 días
después de la exposición. Los niños con embriopatía
por varicela no requieren aislamiento, pero si los neonatos con el
exantema o cuyas madres tienen varicela activa.
3.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO
De acuerdo a su importancia clínica se debe realizar un
diagnóstico de laboratorio del VZV fundamentalmente en
pacientes inmunodeprimidos con lesiones atípicas, para
confirmar el diagnóstico, o en pacientes inmunocompetentes con
pocas lesiones; también en mujeres embarazadas, así como
en aquellas patologías que no se presenten con lesiones
vesiculosas como la encefalitis. Una última indicación
de las pruebas de laboratorio sería el conocimiento del estado
inmune (tabla 3).
3.2.1. Aspectos preanalíticos:
obtención y transporte de las muestras
Como en el caso del herpes simple, el VVZ se puede detectar en
las vesículas de las lesiones que produce y en otras muestras
como exudados y lavados respiratorios, biopsias, LCR, líquidos
amnióticos, etc.
Tabla 3. Principales indicaciones de las pruebas
diagnósticas para el VVZ.
|
- Con lesiones cutáneas:
- -Infección diseminada en pacientes inmunodeprimidos.
- -Lesiones atípicas o escasas.
- -Lesiones cutáneas de las embarazadas.
- En ausencia de lesiones cutáneas:
- -Infecciones del sistema nervioso central.
- -Infecciones congénitas.
- Estudios epidemiológicos:
- -Conocimiento del status inmune:
Mujeres
en edad fértil.
Niños
inmunodeprimidos.
Personal
sanitario al cuidado de pacientes susceptibles de riesgo.
- -Para determinar la eficacia de la vacuna.
|
|
Al igual que en ese virus, las muestras de vesículas
o exudados se recogen en medio de transporte de virus. El fluido de
vesículas es muy conveniente para el cultivo, mientras que el
raspado celular obtenido por frotis enérgico de la base de
estas lesiones está particularmente indicado para el diagnóstico
directo por IF. Este método es el procedimiento de elección
y su sensibilidad es mayor que el cultivo, dada la dificultad que
tiene este virus para multiplicarse en los cultivos celulares. Incluso
las costras se pueden utilizar si se realiza con ellas una impronta
con solución salina en un portaobjetos, con el fin de depositar
las células sobre éste.
Cuando el VVZ está implicado en otras patologías
que no cursan con lesiones manifiestas, como la afectación del
SNC, sospecha de infección congénita, o infecciones
respiratorias graves en el transcurso o inmediatamente después
de una varicela, es importante establecer el diagnóstico. Las
muestras de LCR y líquido amniótico se recogen sin medio
de transporte y se envían rápidamente al laboratorio. En
el caso de las muestras respiratorias se procesan de la forma
protocolizada para virus respiratorios. Es conveniente obtener células
por centrifugación para realizar una IF y detección genómica,
si procede. A partir del sobrenadante se realizan cultivos rápidos
y convencionales.
3.2.2. Respuesta inmune y diagnóstico
serológico
Para detectar la respuesta de anticuerpos que se produce tras la
infección primaria por el virus, actualmente la técnica
más utilizada es el EIA, que detecta anticuerpos de la clase
IgM, además de los de tipo IgG. Las reactivaciones (herpes zóster),
se acompañan generalmente de un aumento del título de
anticuerpos de la clase IgG, que se pueden detectar por técnicas
de fijación de complemento, pero que no son útiles como
diagnóstico. Los anticuerpos de la clase IgG se detectan sobre
todo en estudios seroepidemiológicos y para comprobar el estado
inmune de aquellos pacientes que se someten a transplante de órganos
(tabla 4)
3.2.3. Detección de antígeno
vírico en muestras clínicas
Sigue siendo el método de elección cuando las
lesiones son recientes. Es un método sencillo y con una
sensibilidad cercana al 100% si se realiza la toma en los tres
primeros días. La técnica más utilizada es la
inmunofluorescencia con anticuerpos monoclonales, aunque en la
actualidad no son muchas las firmas comerciales que suministran estos
anticuerpos específicos.
La detección de antígeno puede ser positiva también
cuando las lesiones están más evolucionadas (5-7 días
después), aunque el porcentaje de resultados positivos decrece
con el tiempo; en estos casos, si la prueba fuese negativa y se
requiriese un diagnóstico virológico, habría que
recurrir a técnicas más sensibles, como la detección
genómica.
3.2.4. Detección del genoma vírico
Cada vez tienen más utilidad las técnicas de
detección genómica cualitativa o cuantitativa, indicadas
siempre para el diagnóstico de la encefalitis, en los casos de
formas anómalas de varicela en inmunodeprimidos o cuando el
diagnóstico antigénico o de cultivo falla en leste tipo
de pacientes o en embarazadas. También se aplican sobre
muestras de biopsia y, en general, en todas aquéllas en las que
la sensibilidad de las pruebas convencionales sea insatisfactoria. Por
último, pueden también emplearse para el diagnóstico
prenatal, a partir de líquido amniótico.
3.2.5. Cultivo celular
Se basa en el aislamiento del virus en cultivo celular
(fibroblastos de pulmón fetal humano o MRC5) a partir de
muestras clínicas, fundamentalmente líquido de vesículas.
Además del cultivo convencional en tubos, existe una variante rápida
en SV que utiliza los mismos substratos celulares, pero en la que el
diagnóstico se completa tras 3-4 días de incubación
mediante una tinción fluorescente de las monocapas celulares
con anticuerpos monoclonales fluorescentes. La sensibilidad del
cultivo es menor que la de la detección directa de antígeno
y, como era de esperar, mejora en muestras de lesiones recientes.
Tabla 4. Principales indicaciones de las técnicas
diagnósticas para el VVZ.
|
|
Técnica |
Utilidad |
Inconvenientes |
|
|
Diagnóstico serológico |
|
|
|
EIA |
IgM en primoinfecciones
Conocer el estado inmune |
Comparación de reactivos |
|
Aglutinación |
Cribado de vacunación |
Precio |
|
Fluorescencia antimembrana |
Encuestas serológicas de referencia |
Laboriosidad |
|
Detección de antígeno |
Sensible
Rápida
|
Correcta toma de muestra
Sólo vesículas cutáneas
Experiencia del observador |
|
Detección genómica |
|
|
|
PCR anidada |
Muy sensible y específica |
Precio de comerciales |
|
PCR múltiples |
Afectación SNC y formas atípicas |
Falta de estandarización |
|
PCR en tiempo real |
Permite la cuantificación |
|
|
Cultivo |
|
|
|
Convencional |
Específico, obtención de la cepa |
Insuficiente sensibilidad |
|
Rápido (shell vial) |
Específico y rápido |
|
|
El cultivo convencional es un paso ineludible previo
si se pretenden realizar pruebas de sensibilidad a los antivíricos.
El crecimiento del primer subcultivo de las cepas suele ser lento
pero, a partir de éste, el virus desarrolla un efecto citopático
(ECP) que se extiende de forma espectacular, pudiéndose llevar
a cabo pruebas fenotípicas de sensibilidad con una metodología
similar a la referida anteriormente para los VHS en un plazo tan corto
como cuatro días, lo que puede tener utilidad en el manejo de
ciertos pacientes inmunodeprimidos con infección por el VVZ.
- 3.3. PRINCIPALES INDICACIONES DE LAS PRUEBAS
DIAGNOSTICAS
De igual forma que en el caso de los VHS, se pueden diferenciar
dos situaciones diagnósticas:
- a) En infecciones con lesiones observables, en cuyo caso la técnica
a emplear inicialmente es la detección directa de antígeno
sobre las muestras recogidas de la lesión. También se
puede realizar el cultivo. En el caso de que la primera de estas técnicas
falle por diversas causas, como en las lesiones evolucionadas o
cuando la obtención de la muestra ha sido subóptima,
convendría realizar una amplificación por PCR,
preferiblemente anidada. Si se tiene acceso, también se puede
realizar una técnica en tiempo real, aunque no
presenta un valor añadido respecto a las pruebas de
amplificación cualitativas sobre este tipo de muestras. La
ventaja de esta técnica de amplificación sería
la rapidez y facilidad de estandarización, asi como su
sensibilidad, pero, en cualquier caso, no son técnicas al
alcance de muchos laboratorios, entre otras cosas por su precio.
- b) Si no existen lesiones, como en la afectación del SNC,
la muestra recomendable sería el LCR, y la técnica a
emplear sería cualquier procedimiento de amplificación
genómica que garantice una elevada sensibilidad, como las PCR
anidadas o en tiempo real. El diagnóstico de las
infecciones congénitas y neonatales sobre muestra de líquido
amniótico, leucocitos de sangre periférica o muestras
respiratorias, puede llevarse a cabo mediante detección de
antígeno o por cultivo, si bien el método más
sensible es, de nuevo, la PCR. En estas situaciones, la cuantificación
genómica por PCR en tiempo real podría ser útil,
ya que habría una relación proporcional entre la carga
vírica y los síntomas clínicos, si bien la
experiencia al respecto es limitada por el momento.
- c) Los estudios seroepidemiológicos están indicados
en: i) la valoración de la eficacia de la vacuna, ii) la
comprobación del estado inmune de los pacientes que reciben
un transplante de órganos, y iii) el conocimiento de la
inmunidad en los pacientes de riesgo y expuestos al virus, como en
algunos pacientes inmunodeprimidos, o en ciertas situaciones de
exposición a lo largo de la gestación.
3.4. RESISTENCIA A LOS
ANTIVIRICOS
Para el tratamiento de las infecciones producidas por el VVZ son útiles
los mismos fármacos antivíricos que se utilizan para los
VHS 1 y 2, es decir el aciclovir y el penciclovir, con sus respectivos
profármacos valaciclovir y famciclovir. Estas sustancias son de
primera elección, mientras que el foscarnet, cidofovir y
adefovir son alternativas. También existen agentes
inmunomoduladores que pueden actuar de forma indirecta sobre el virus
por inducción en el huésped de citocinas y reducir las
recurrencias, pero la experiencia es reducida.
La posibilidad de aparición de mutaciones de resistencia
al aciclovir en el VVZ es reducida, pero ésta aumenta en los
pacientes inmunodeprimidos o que han recibido tratamiento previo. Al
igual que ocurre en los VHS, las cepas resistentes presentan una
mutación en el gen de la timidín-kinasa, enzima
necesaria para la fosforilación intracelular del aciclovir,
paso inicial e ineludible antes de ser convertido en su forma
trifosfato, que actúa como substrato alternativo inhibiendo
polimerasa de ADN vírico. El cidofovir y otros fármacos
análogos de los nucleótidos dependen de enzimas
celulares para su conversión en formas activas, pero no de la
actividad timidín-kinasa del virus, por lo que también
pueden ser útiles en el tratamiento del VVZ resistente al
aciclovir. El foscarnet no requiere ningún metabolismo previo
para interactuar con la polimerasa vírica, por lo que es un fármaco
alternativo en las cepas deficientes en actividad timidín-kinasa
que se seleccionan en el curso del tratamiento prolongado con
aciclovir.
Es posible determinar la sensibilidad al aciclovir o al
foscarnet, los fármacos más frecuentemente empleados,
mediante estudios fenotípicos a partir de la cepa aislada.
Mediante los subcultivos, como se comentó anteriormente, el
efecto citopático se extiende a toda la monocapa, y en el
segundo subcultivo el virus es, prácticamente, extracelular, lo
que facilita llevar a cabo un ensayo rápido de sensibilidad. De
forma análoga a los VHS, se inoculan diluciones seriadas de la
cepa en los pocillos de una microplaca con cultivos de células
MRC-5. Tras centrifugación, se añade medio de
mantenimiento en la mitad de la placa y, en la otra mitad, medio de
mantenimiento con una concentración de aciclovir o foscarnet límite
(3 µg/ml para el aciclovir, y 400 mM para el foscarnet).
Posteriormente, a los 4-7 días, se calcula el título del
virus con y sin antivírico. Si la cepa es sensible, tiene que
producirse un descenso del título de al menos dos unidades
logarítmicas decimales en los pocillos con antivírico.
En cuanto a la detección de mutaciones que confieren
resistencia se realizan a partir de la muestra mediante una
secuenciación del producto de amplificación de los genes
de la timidín-kinasa o de la polimerasa de ADN vírico.
Las mutaciones relacionadas con cepas resistentes se describen en la
tabla 5.
Tabla 5. Mutaciones de resistencia descritas del
VVZ a los antivíricos.
|
|
Gen afectado |
Resistencia a: |
Codones asociados con la resistencia |
|
|
Timidín-kinasa |
Aciclovir |
glu 303 stop codon |
|
ADN polimerasa |
Foscarnet |
Arg-665Gly; V666Leu ; Gln692Arg; Arg806S; L809S |
|
4.
CITOMEGALOVIRUS HUMANO
4.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
El citomegalovirus humano (CMV) está ampliamente
distribuido en la población general. Se calcula que, en nuestro
país, en torno al 70-80% de los individuos adultos están
infectados latentemente por el virus, con una cierta tendencia a la
baja según muestran algunas encuestas recientes. La infección
requiere el contacto estrecho con el virus, que se excreta en múltiples
fluidos biológicos: sangre, saliva, secreciones respiratorias y
genitales, orina, etc., y está presente en los órganos
que se transplantan. La transmisión del virus se produce a través
de las mucosas oral, respiratoria y genital; por la vía
parenteral, mediante la sangre, derivados sanguíneos y órganos
transplantados y, por último, verticalmente, de la madre al
neonato. Todas estas circunstancias nos explican la cinética de
adquisición de anticuerpos, con picos en la edad escolar y en
la adolescencia o primera juventud. Desde el punto de vista patogénico,
existen tres estados: infección primaria, reactivación
y, más raramente, reinfección. La inmensa mayoría
de estas infecciones cursan de forma asintomática, debiendo
considerarse el CMV como un típico oportunista. En la práctica
clínica, dado el distinto espectro de manifestaciones y sus
consecuencias, suelen clasificarse en infecciones en el paciente
normal y en el inmunodeprimido.
La primoinfección en el niño y adulto sanos es
mayoritariamente asintomática. En los pocos casos con
manifestaciones, estas se circunscriben a un síndrome mononucleósico,
sin presencia de anticuerpos heterófilos y, en ocasiones, con
ligera alteración de las pruebas funcionales hepáticas.
En contraste con esto, el CMV es la causa más importante de
infecciones congénitas y neonatales. Se estima que entre el 0,5
y el 2,5% de los recién nacidos contraen la infección
in utero, dependiendo de la prevalencia de la infección
en la población gestante. El neonato también puede
infectarse durante el parto, o inmediatamente después de éste,
por la lactancia materna (en torno al 25-40% en el primer año
de vida). El mayor riesgo de infección clínicamente
significativa se asocia con la primoinfección materna contraída
durante el primer trimestre de gestación, lo que puede originar
el cuadro grave de enfermedad citomegálica, con ictericia,
hepatoesplenomegalia, exantema petequial y, en ocasiones,
manifestaciones oculares y neurológicas. La mortalidad es del
20-30% y las secuelas neurológicas son graves. Por fortuna, la
infección congénita en una gestante inmune (por
reactivación), o la infección perinatal, que son con
mucho las formas más frecuentes de infección en el
neonato, no suelen tener traducción clínica.
La situación es muy diferente en el inmunodeprimido. Entre
los pacientes de riesgo hay que incluir a los onco-hematológicos,
los pacientes con SIDA y, en general, todos aquellos que están
sometidos a tratamientos inmunosupresores con corticoides u otros fármacos,
muy especialmente los transplantados de órgano sólido y
de precursores hematopoyéticos. Es importante señalar
que, aún en este tipo de paciente, las infecciones activas por
el virus, esto es, las que cursan con multiplicación del virus,
no siempre se traducen en manifestaciones clínicas (enfermedad
por CMV), lo que complica el diagnóstico y la selección
de las pruebas idóneas. Salvo en los transplantados de
precursores hematopoyéticos, el mayor riesgo de enfermedad por
CMV se produce en la primoinfección por el virus, si bien puede
producirse también en las reactivaciones y reinfecciones. Los
cuadros clínicos son extremadamente variados y, de nuevo, con
manifestaciones muy inespecíficas. El más frecuente es
el llamado síndrome vírico, con fiebre, leucopenia o
plaquetopenia y, a veces, elevación de las transaminasas. El
CMV puede causar infecciones focales o diseminadas: neumonitis,
retinitis, afectación del tubo digestivo (esofagitis, colitis),
del SNC (mielitis, encefalitis), hepatitis, etc.
Como consecuencia de todo lo anterior, el interés de las
pruebas diagnósticas se centra en: a) la determinación
del estado inmune frente al virus, b) el diagnóstico de la
infección activa, especialmente la investigación de los
marcadores pronósticos de enfermedad por CMV, d) el diagnóstico
de ésta y e) dado que existen fármacos antivíricos
activos frente al virus, la detección de la resistencia (tabla
6).
Tabla 6. Situaciones en las que es necesario el
diagnóstico de laboratorio del CMV.
|
- Encuestas seroepidemiológicas en la población o
en grupos poblacionales.
|
- Conocer la susceptibilidad a la infección en pacientes
de alto riesgo (transplantados).
|
- Determinación del estado inmune frente al virus en
donantes de órganos y precursores.
|
- Diagnóstico diferencial de la infección en el
neonato.
|
- Diagnóstico de las infecciones activas en los
pacientes con riesgo de desarrollar infecciones sintomáticas
(enfermedad por CMV).
|
- Guía de inicio del tratamiento anticipado en
transplantados (preemptive therapy).
|
- Como ayuda en el diagnóstico diferencial de la
enfermedad por CMV.
|
- Monitorizar la eficacia del tratamiento antivírico
específico.
|
- Detección de la resistencia a los antivíricos.
|
|
4.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO
Son muchas las técnicas que hay disponibles para el diagnóstico
del CMV. Sin embargo, como ya se ha mencionado, no todas se adaptan
bien a todos los problemas diagnósticos que pueden presentarse.
En las tablas 7 y 8 (al final del documento) se resumen las características,
ventajas e inconvenientes del amplio abanico de métodos de
laboratorio
4.2.1. Conceptos y definiciones
Como introducción al diagnóstico de las infecciones
por el CMV conviene aclarar algunos conceptos que se utilizarán
en lo sucesivo. Se denomina infección la simple
presencia del virus en un individuo. Cuando la infección cursa
con multiplicación del virus, y por contraste con la situación
de latencia, se habla de infección activa, que puede
ser la consecuencia de una primoinfección, de la reinfección
o, mucho más comúnmente, de la reactivación. Por último,
cuando la infección activa se acompaña de
manifestaciones clínicas atribuibles al virus, se denomina
infección sintomática o enfermedad por CMV. El
paso de infección activa a enfermedad se produce cuando el
sistema inmune del huésped no es capaz de controlar la
replicación del virus y, en consecuencia, las manifestaciones
clínicas se correlacionan estrechamente con la carga vírica.
4.2.2. Aspectos preanalíticos:
obtención y transporte de las muestras
El diagnóstico de laboratorio del CMV no presenta
condicionantes particulares respecto al de otros vírus. El
suero y el plasma deberán separarse de la fracción
celular de la sangre lo antes posible y conservarse en nevera a 2-8ºC
durante un máximo de 7 días, o congelados a temperatura
de -20ºC o inferior. La sangre para cultivo será
anticoagulada (EDTA o heparina), y se recomienda procesarla rápidamente,
siempre antes de 18 h. Este mismo tipo de muestra sirve para la
detección de antígenos de CMV en leucocitos
(antigenemia), con la salvedad de que el rendimiento de la prueba baja
considerablemente si el procesamiento se prolonga más allá
de las 6 h de la extracción. Para el diagnóstico
molecular en sangre, no se debe utilizar heparina como anticoagulante,
ya que esta substancia inhibe algunas enzimas de polimerización
(Taq), siendo preferible el EDTA. Las muestras de orina para
cultivo no requieren conservantes especiales, sino un transporte y
procesamiento rápidos, al igual que la saliva o las secreciones
respiratorias. Las biopsias y piezas sólidas pueden ser
remitidas en suero fisiológico estéril, nunca en formol,
si bien es recomendable utilizar medios de transporte para virus
[medio mínimo esencial (MEM) con suero bovino fetal o albúmina
y una solución de antibióticos] cuando su tamaño
lo permita.
4.2.3. Respuesta inmune y diagnóstico
serológico
La infección primaria por el CMV se acompaña, como
ocurre con otros patógenos, de una respuesta humoral típica.
En la infección primaria, los primeros en producirse son los
anticuerpos IgM (7-12 días), seguidos rápidamente (2-3
semanas) de una respuesta IgG frente a diferentes proteínas del
virus. Estos últimos anticuerpos permanecen de por vida,
mientras que los del tipo IgM persisten durante 3-4 meses. Las
reactivaciones en el individuo inmunocompetente rara vez se acompañan
de IgM. Los inmunodeprimidos pueden no producir IgM en la infección
primaria y, por el contrario, hasta un tercio de ellos pueden
presentarlas en las recurrencias. Puesto que éstas son, en términos
absolutos, las formas de infección más frecuentes en la
práctica clínica, se comprenderán de antemano las
limitaciones que presentan las pruebas serológicas.
Existe una notable variedad de técnicas aplicables a la
detección de anticuerpos frente al CMV, aunque la utilidad de
algunas de ellas está condicionada por razones prácticas.
La técnica de fijación del complemento (FC) es un método
clásico para la detección de anticuerpos IgG, pero su
laboriosidad y falta de sensibilidad analítica son limitaciones
graves que han provocado su abandono. La inmunofluorescencia (IF), que
utiliza como fuentes de antígeno microcultivos con el virus,
permite detectar anticuerpos IgM e IgG, y es claramente más
sensible que la FC. Sin embargo, la IF estándar produce falsos
positivos (hasta en un 30%), ya que el CMV induce la expresión
de receptores Fc en la superficie de las células infectadas que
reaccionan de forma inespecífica con inmunoglobulinas de la
clase IgG. Para evitar esto, existe la variante denominada de
fluorescencia anticomplementaria (ACIF), que es el método de
referencia para la detección de anticuerpos IgG. Sin embargo su
complejidad técnica y laboriosidad la circunscriben a
laboratorios de referencia.
Existen en el mercado reactivos que detectan anticuerpos anti-CMV
por aglutinación pasiva con partículas de látex
sensibilizadas (CMVscan® , Becton Dickinson). Esta técnica
es rápida (5-10 minutos), sencilla de realizar y de fácil
lectura. La sensibilidad es elevada, incluso superior a la IF para
algunos autores, y su especificidad supera el 95% comparada con la
ACIF, lo que la convierte en una técnica de gran utilidad en el
cribado serológico pretransplante de donantes y receptores, así
como para conocer el estado inmune de los pacientes. La aglutinación
con látex presenta el fenómeno de prozona y, para
algunos autores, se positiviza algo más lentamente que otras
pruebas tras la infección primaria. La variante cualitativa no
está suficientemente evaluada. Recientemente, se han producido
problemas que afectan a la comercialización de estos reactivos
en nuestro país (marca CE), lo que plantea incógnitas
sobre su disponibilidad futura.
Tabla 7. Técnicas convencionales
aplicables al diagnóstico de la infección y enfermedad
por el CMV.
|
|
Técnica |
Ventajas |
Inconvenientes |
Aplicación |
|
|
Diagnóstico serológico |
|
|
|
|
Fijación de complemento |
Ninguna |
Laboriosa.
Insuficiente sensibilidad |
No se recomienda hoy. |
|
Enzimoinmunoanálisis (EIA) |
Metodología familiar
Disponibilidad comercial
Sensibilidad
Detecta IgG e IgM
Procesamiento en lotes |
Controlar la eficiencia de los reactivos
comerciales
Poco flexible |
Determinación del estado inmune
Soporte de algunos diagnósticos clínicos
|
|
Aglutinación con látex |
Elevada sensibilidad
Sencillez, flexibilidad |
Interpretación subjetiva
Fenómeno prozona
Ausencia de marca CE |
Cribado rápido de donantes de órganos
Susceptibilidad a la infección |
|
Inmunofluorescencia indirecta (IFI) |
Sensibilidad
Detecta IgG e IgM
Flexibilidad |
Inespecíficidad en la detección de
IgG |
Superada por pruebas de EIA. |
|
Prueba de fluorescencia anticomplemento (ACIF)
|
Sensibilidad |
Laboriosidad
Experiencia técnica
Sólo detecta IgG |
Sólo en centros de referencia |
|
|
Histopatología |
Habituales en laboratorios
Correlación con afectación focal |
Sensibilidad insuficiente |
Referencia diagnóstica de afectación
focal |
|
|
Detección de antígeno |
|
|
|
|
Antigenemia pp65 (leucocitaria) |
Sensibilidad
Especificidad
Rapidez y familiaridad técnica
Marcador de carga viral |
Difícil estandarización
Interpretación de los resultados dependiente de
experiencia propia |
Diagnóstico de enfermedad en
transplantados y otros inmunodeprimidos (SIDA)
Marcador de profilaxis guiada |
|
En otras muestras |
Detección in situ
Especificidad |
Sensibilidad variable
Experiencia |
Neumonitis en lavado broncoalveolar
Inmunohistoquímica |
|
Métodos de cultivo |
|
|
|
|
Cultivo en tubo |
Especificidad |
Experiencia en cultivos
Sensibilidad insuficiente
Tardanza de resultados |
Confirmación de casos atípicos
Punto de partida para los estudios de sensibilidad a los
antivíricos |
|
Cultivo shell vial |
Rapidez
Sensibilidad, especificidad |
Experiencia en cultivos
Experiencia en la técnica |
Seguimiento de transplantados
Diagnóstico rápido diferencial |
|
Tabla 8. Resumen de las principales características
de las técnicas moleculares aplicables al diagnóstico
del CMVa
|
|
Técnica |
Sensibilidad analítica |
Ventajas |
Inconvenientes |
Aplicación |
|
|
Métodos cualitativos |
|
|
|
|
|
PCR desarrollo propio |
Simple: 10³ copias
Anidada: 10-10² copias |
Elevada sensibilidad |
Ausencia de estandarización.
Bajo valor predictivo de ECMV (no aplicable a seguimiento de
pacientes de riesgo) |
Diagnóstico de la afectación del
SNC
Diagnóstico prenatal de la infección congénita
|
|
Nuclisens pp67 |
700 copias ARN |
Asociación con ECMV |
No cuantitativo.
Instrumental específico.
Poca experiencia clínica
Precio |
Seguimiento de pacientes de riesgo |
|
Amplicor® CMV |
1000 copias/ml plasma |
Escasas |
Sensibilidad insuficiente como procedimiento
cualitativo |
Superada por procedimiento cuantitativo
(Amplicor® CMV Monitor) |
|
|
Métodos cuantitativos |
|
|
|
|
Digene Hybrid Capture (captura del híbrido)
|
700 copias/ml sangre |
Sencillez del proceso |
Muchos controles/muestra
Poca experiencia clínica
Precio |
Seguimiento de pacientes de riesgo |
|
Quantiplex® CMV
ADN ramificado |
900 copias/106
PMN |
Alta reproducibilidad |
Requiere partir de 2x106 PMN
Instrumental específico
Trabajo en lotes grandes |
No se ha llegado a comercializar |
|
Amplicor® Monitor |
400 copias/ml plasma
400 copias/5x106
PMN. |
Elevada sensibilidad |
Instrumental específico
Impacto de controles y estándares
Precio |
Seguimiento de pacientes de riesgo |
|
aAbreviaturas.
ECMV: enfermedad por CMV; PMN: leucocitos polimorfonucleares
Las técnicas de EIA y sus variantes han
supuesto un gran avance y, hoy en día, son las más
utilizadas en el laboratorio diagnóstico por razones de índole
práctica. Son razonablemente rápidas (2-4 horas),
automatizables, de lectura objetiva y con una amplia disponibilidad en
el mercado. Los equipos e instrumentos son comunes para otros patógenos
y la tecnología muy familiar a todos los laboratorios. Permiten
la detección de IgG e IgM y la cuantificación del título
de anticuerpos. La sensibilidad y especificidad, superiores al 98%,
son comparables a las de la técnica de referencia ACIF aunque,
en algunos estudios antiguos, se describieron resultados falsos
positivos con algunas marcas comerciales, lo que obliga a una selección
racional de los reactivos por parte del microbiólogo. En este
sentido, se recomiendan los métodos comerciales con antígenos
recombinantes, en lugar de los que utilizan extractos crudos de
cultivo.
La detección de anticuerpos IgM específicos por IF
o EIA constituye un apartado de particular importancia en este virus,
pues permite a priori establecer el diagnóstico de
infección reciente. Las técnicas indirectas presentan
falsos negativos por competición con los anticuerpos IgG,
especialmente en presencia de un título elevado de éstos.
También pueden producirse falsos positivos por la presencia de
factor reumatoide que reacciona inespecíficamente con otras
IgG. Para obviar estos problemas, los métodos más
modernos absorben previamente estos factores o, mejor, utilizan
variantes técnicas de captura, que son las más
recomendables.
Recientemente, se ha descrito la prueba de avidez de los
anticuerpos IgG como método para diferenciar una infección
pasada (alta avidez) de una reciente. Estas técnicas se aplican
con los métodos convencionales sobre muestras de suero tratadas
o no con una solución de urea 5-8 M, calculándose el
cociente porcentual entre la absorbancia de la muestra tratada
dividida por la absorbancia de la muestra sin tratar. Una avidez
inferior al 35% sería indicativa de una infección
reciente, mientras que si es superior al 65% sería sugestiva de
una infección pasada en el tiempo. Algunas evaluaciones
iniciales han sido prometedoras, especialmente como ayuda en el diagnóstico
de la infección congénita, si bien la experiencia es
insuficiente como para recomendarlas con carácter general y,
por el momento, probablemente deben ser objeto de laboratorios de
referencia.
4.2.4. Métodos basados en el
cultivo
El CMV es un virus con una gran especificidad de especie y sólo
las células diploides humanas permiten el crecimiento in
vitro. Existen diversas líneas de este tipo que pueden
adquirirse comercialmente, lo que facilita y amplía el diagnóstico
a bastantes laboratorios. Las más utilizadas son las líneas
semicontinuas de fibroblastos MRC-5 o WI-38 de pulmón
embrionario humano. En nuestro país, es posible obtenerlas en
tubos o viales listos para su inoculación, o en suspensiones
estabilizadas (más económicas).
En el cultivo convencional, suelen inocularse tubos de cultivo
celular y la positividad se detecta mediante la observación del
efecto citopático, que es característico. Cuando se
observan las monocapas directamente con un microscopio invertido, aquél
consiste en focos discretos con células pignóticas,
redondeadas y refringentes, que progresan lentamente. Si se tiñen
los cultivos con tinciones convencionales (hematoxilina, etc.), es
posible observar la imagen típica de células con grandes
inclusiones nucleares, similar al efecto citopático que se
observa in vivo. El CMV es uno de los herpesvirus con tiempo
de replicación más largo, lo que se traduce en la
tardanza en desarrollar el efecto citopático en los cultivos y,
en consecuencia, en una demora en el tiempo real de diagnóstico.
En la experiencia de muchos autores, el término medio de
detección suele ser de unos 10 días, pero no es raro que
se prolongue hasta 15-20 días, y difícilmente se observa
la presencia antes de cinco. Estos plazos son excesivos para incidir
sobre la terapéutica, lo que constituye la mayor desventaja de
este método diagnóstico. Una excepción a esto la
encontramos en los cultivos de orina procedentes de neonatos con
infección congénita, cuya elevada carga vírica se
traduce en efectos manifiestos a las 48 h. Otro problema de los
cultivos convencionales es la labilidad del virus, lo que limita el
transporte a centros de referencia para cultivo. Por último, la
sensibilidad del cultivo es insuficiente para el control en pacientes
inmunodeprimidos, lo que es particularmente cierto en muestras como el
LCR.
El método de cultivo conocido como shell vial
(SV) ha permitido obviar alguno de los inconvenientes del cultivo en
tubo, y supuso en su día un avance innegable en el diagnóstico
del CMV. Detecta antígenos víricos inmediato-precoces
mediante la utilización de anticuerpos monoclonales, en un
formato de cultivo sobre viales de fondo plano. La sensibilidad se
incrementa al poder centrifugar la muestra sobre las monocapas de
fibrobastos dispuestas sobre un portaobjetos redondo colocado en el
fondo de un vial igualmente redondo. En la práctica, el método
SV permite realizar la mayor parte de diagnósticos en 24 h y
algunos pocos más en 48 h. Todo el material, incluyendo los
viales con los cultivos, se puede adquirir en el comercio. Para el
revelado de los viales se puede utilizar una tinción
fluorescente o enzimática, siendo las primeras las más
convenientes por su sencillez. Existen diversos monoclonales (o mezcla
de ellos) comercializados en nuestro país, pero es obligado que
detecten antígenos inmediato-precoces, por lo general la proteína
de 72 kD. Específicamente, no son aptos los dirigidos frente a
antígenos tardíos, como los utilizados en tinciones
directas o en la prueba de antigenemia (ver más adelante). En
manos expertas, la técnica SV ha demostrado una sensibilidad
superior incluso al cultivo convencional, permitiendo ampliar el diagnóstico
virológico en un 15-20% de las muestras. Algunos autores
refieren una menor eficiencia con los cultivos de sangre, dado que la
centrifugación incrementa la toxicidad de las células
sanguíneas sobre los fibroblastos del cultivo, pero es dudoso
que esto tenga una trascendencia real en la práctica de los
laboratorios. Salvo errores técnicos, la especificidad es casi
del 100% en laboratorios con técnicos que posean un
entrenamiento mínimo.
4.2.5. Diagnóstico histológico
y detección de antígenos en tejidos
Las tinciones convencionales (hematoxilina-eosina, Papanicolau,
etc.) pueden aplicarse al diagnóstico del CMV en muestras de
tejidos (pulmón, cerebro, hígado, biopsias de tubo
digestivo, etc.), así como a preparaciones procedentes de
lavados broncoalveolares. En estos casos, es posible observar la
presencia de las típicas células citomegálicas
con inclusiones intranucleares basófilas de cromatina vírica
rodeadas de un halo que margina la cromatina celular al borde de la
membrana nuclear (imagen en "ojo de búho"). En manos
de patólogos con experiencia, estas imágenes son
patognomónicas de afectación tisular por el CMV aunque,
siendo estrictos, también podrían confundirse con
infecciones por otros virus, especialmente adenovirus. El mayor
problema de estas técnicas es su falta de sensibilidad. La
aplicación de tinciones inmunoenzimáticas con
anticuerpos monoclonales mejora la especificidad, pero no
significativamente la sensibilidad. Estos métodos se han
aplicado con éxito al diagnóstico de la neumonitis en
pacientes de alto riesgo, sobre muestras de lavados broncoalveolares
y, en especial, al diagnóstico de la enfermedad focal por CMV
en pacientes inmunodeprimidos, en biopsias del tejido afecto,
constituyendo en estos casos el método de referencia.
4.2.6. Prueba de antigenemia de CMV
Esta técnica ha demostrado ser un avance significativo en
el diagnóstico y seguimiento de los pacientes de riesgo, muy en
particular en los pacientes transplantados e inmunodeprimidos en
general. Consiste en detectar la presencia de antígenos del CMV
en los leucocitos extraídos de la sangre de pacientes con
sospecha de infección activa por el virus, utilizando para ello
tinciones inmunofluorescentes o inmunoenzimáticas,
habitualmente las primeras. La antigenemia presenta una serie de
ventajas teóricas, como son la sencillez de realización,
la accesibilidad a muchos laboratorios, la familiaridad de la
metodología y la rapidez en la obtención de resultados,
puesto que es posible llevar a cabo la técnica en 4-5 horas. De
gran importancia, la experiencia ha demostrado que la cuantificación
de los leucocitos que expresan el antígeno se correlaciona muy
bien con la carga vírica del CMV presente en la sangre, lo que
posibilita a priori utilizar la prueba como marcador diagnóstico,
pronóstico y en el control del tratamiento.
La sensibilidad de la antigenemia, tomando como referencia los métodos
de cultivo en condiciones óptimas, lo que no siempre es fácil
conseguir de forma continua, puede alcanzar el 100%. Al rebajar el
umbral de detección del virus, es posible adelantarse en el
diagnóstico de infección activa en torno a una media de
7 días respecto al cultivo en SV, lo que posibilita su
utilización como marcador pronóstico, como veremos más
adelante. Con un mínimo adiestramiento técnico, la mayor
sensibilidad no se traduce en falta de especificidad de la
antigenemia, pero para conseguir una mayor reproducibilidad de esta técnica,
es obligado realizarla en condiciones estándar, para lo que se
remite al lector a revisiones metodológicas especializadas.
Mientras que la estandarización intra-laboratorio es factible
razonablemente, no ocurre lo mismo con la repetitividad de los
resultados obtenidos entre laboratorios diferentes, lo que constituye
una limitación de la técnica. Se pueden hacer una serie
de recomendaciones para conseguir resultados óptimos: el antígeno
diana más idóneo es la fosfoproteína de matriz de
65 kD (pp65). Existen en el mercado diversos anticuerpos de calidad
contrastada (Chemicon, Argene-Biosoft, BioRad, etc.). La fijación
de las preparaciones deberá hacerse con formaldehído,
que ofrece mejores resultados que la acetona fría. Un aspecto
capital es la rapidez de procesamiento, pues el antígeno pp65
es lábil, para lo que se aconseja no demorarlo más allá
de 18 horas, preferiblemente dentro de las cuatro primeras horas desde
la extracción de la muestra. Esto puede representar un problema
en laboratorios con recursos limitados, o para aquellos que deriven
muestras a laboratorios de referencia. Asimismo, los mejores
resultados en sensibilidad y precisión se obtienen sobre una
preparación con 2x105
leucocitos. Por último, la precisión es aceptable entre
10 y 250 células CMV+/preparación.
Más allá de este límite superior resulta
extremadamente difícil realizar recuentos reproducibles y, por
lo demás, tampoco es clínicamente necesario.
4.2.7. Métodos moleculares
cualitativos
Las técnicas moleculares, especialmente las de amplificación,
se han aplicado profusamente al diagnóstico del CMV, entre
ellas la PCR y el NASBA (nucleic acid sequencing-based assay).
Por lo que se refiere a las primeras, se han descrito múltiples
procedimientos que varían en la secuencia del gen a amplificar,
el formato de amplificación [simple frente a anidada (nested)]
y el método de detección (electroforesis, hibridación
con sondas específicas seguida de un EIA, etc.). También
se han descrito métodos de PCR múltiple, que permiten la
detección de varios herpesvirus a la vez. Muchas de estas técnicas
han derivado en sistemas comerciales. La principal ventaja de estos métodos
es su gran sensibilidad; así, en muestras de sangre o de LCR,
pueden detectar incluso 10-100 copias/ml. Los mejores resultados se
obtienen con técnicas anidadas y detección con hibridación-EIA.
Las diferencias de sensibilidad descritas en la literatura respecto al
fragmento a amplificar pueden ser debidas más bien a la
eficacia de cada laboratorio en particular que a la propia diana,
siendo los genes de la polimerasa de ADN vírico, glucoproteína
B y del antígeno inmediato-precoz de 72 kD los más
utilizados. La especificidad es superior al 98% si se hace una elección
cuidada de los cebadores y se toman las precauciones adecuadas para
evitar la contaminación cruzada con amplicones. Aunque
cabe la posibilidad de que las técnicas más sensibles
detecten el virus latente en las células de la muestra, la
experiencia en el seguimiento de pacientes de riesgo (SIDA,
transplantados) indica que esta posibilidad es más teórica
que real y que, en la práctica, una prueba positiva es sinónimo
de infección activa. Es importante adelantar que la gran
sensibilidad puede ser una desventaja en determinadas situaciones
diagnósticas.
La amplificación isoterma NASBA se utiliza en un método
comercial (Nuclisens® CMV pp67, BioMérieux) en el que el ácido
nucleico a amplificar no es el ADN del virus, sino el ARNm del gen de
la proteína pp67 que se produce durante su replicación.
Se pretende con ello diferenciar la infección activa, con
mutiplicación del virus, de la simple latencia. La extracción
se hace con un agente caotrópico (isotiocianato de guanidina)
seguida de una precipitación y adsorción con partículas
de sílice. Recientemente, se ha cambiado el sistema de detección
por otro que utiliza tecnología en tiempo real. En
general, existe poca experiencia con esta técnica, aunque los
resultados son aceptables. Aplicada al seguimiento de pacientes de
riesgo, fundamentalmente transplantados, la sensibilidad y precocidad
diagnóstica son similares a las de la prueba de antigenemia,
con variaciones entre los distintos estudios, e inferiores a los métodos
de PCR. Como es lógico, la especificidad es prácticamente
total.
4.2.8. Métodos moleculares
cuantitativos: carga vírica
En la actualidad, existen dos tipos de tecnología aplicada
a la cuantificación de la carga vírica del CMV por métodos
moleculares disponibles comercialmente: la técnica de captura
del híbrido (Hybrid Capture CMV DNA Assay, Digene) y la PCR
competitiva cuantitativa (Amplicor® CMV Monitor, Roche). También
se ha desarrollado un método basado en la amplificación
de señal con ADN ramificado (Quantiplex® CMV, Bayer), pero
no se ha comercializado. Además, existen en la literatura
numerosas publicaciones con métodos semicuantitativos y
cuantitativos, por lo general basados en la amplificación por
PCR. Dada la necesidad de estandarización inter-laboratorio, sólo
se mencionarán en este documento los métodos
comerciales.
El método de captura de híbrido se basa en la
formación de un híbrido mixto entre el ADN del CMV,
previa lisis de la muestra, y una sonda de ARN complementaria.
Posteriormente, estos híbridos son captados por anticuerpos
anti-híbrido ADN-ARN fijados sobre las paredes de un tubo
soporte de la reacción, que se revela con la adición de
un conjugado con fosfatasa alcalina que actúa sobre un
substrato quimioluminiscente. En la versión más moderna,
el método amplifica la señal original unas 3.000 veces.
No existen estudios de evaluación amplios y bien diseñados
pero, en general, muestran que la sensibilidad analítica (700
copias/ml), es comparable o algo inferior a la antigenemia y al método
Amplicor® CMV Monitor. Puesto que la cuantificación se
lleva a cabo por referencia a una curva de calibración con 12
estándares, el método no se aplica sobre lotes de
muestras pequeños, por lo que resulta poco flexible. El
intervalo de linealidad se cifra entre 2,1 y 830 pg de ADN de CMV lo
que, aproximadamente (no existen patrones internacionales), se traduce
entre 700 y 200.000 copias/ml sangre, que se considera suficiente
desde el punto de su aplicación al seguimiento de los pacientes
de riesgo.
El método Amplicor® CMV Monitor está basado en
una amplificación competitiva por PCR y utiliza cebadores específicos
del gen de la polimerasa de ADN vírico marcados con biotina. La
extracción se lleva a cabo con isopropanol tras una lisis con
tiocianato de guanidina en presencia de detergentes, seguida de una
precipitación con etanol absoluto. La amplificación se
lleva a cabo en presencia de un estándar interno cuantificado y
la detección se hace por hibridación con sondas específicas
dirigidas al estándar interno, que actúa de referencia
de la eficacia de la amplificación y al ADN diana del CMV en la
muestra problema. Tanto la amplificación como la detección
se lleva a cabo automáticamente en el aparato Cobas®
Amplicor y los resultados se expresan en copias de CMV/ml plasma o por
5x106 leucocitos. La sensibilidad analítica es de
400 copias/ml de plasma o 5x106
leucocitos, algo inferior a la versión cualitativa Amplicor®
CMV, y el intervalo de linealidad, entre este límite inferior y
105
copias por el volumen de plasma o número de células
antes señalado, probablemente suficiente para el seguimiento de
los pacientes. Respecto a los valores de carga vírica por
unidad de volumen, son superiores en el caso de sangre completa (carga
leucocitaria) que los obtenidos sobre plasma, pero los estudios
muestran muy buena correlación entre ambos valores, por lo que
se prefiere el plasma por su más fácil manipulación.
Mención aparte, por sus expectativas de futuro, merecen
las técnicas de amplificación cuantitativa en tiempo
real, de las que se han descrito bastantes aplicaciones de
desarrollo propio por los laboratorios, y algunas de ellas están
a punto de ser comercializadas. Todas se basan en la amplificación
por PCR seguida de la detección en el mismo tubo en el que se
lleva a cabo la amplificación. Dicha detección puede
hacerse con fluorocromos que se intercalan en el ADN amplificado (por
ejemplo, SYBR Green) o, mejor, con sondas específicas
fluorogénicas en sus diversos formatos: sondas Taqman,
molecular beacons, sondas FRET, etc. La cuantificación
se realiza con un soporte lógico informático,
determinando el primer ciclo en el que se detecta fluorescencia en la
muestra y extrapolando con una curva de calibración externa o,
si se utilizan fluorocromos diferentes, con un patrón interno.
Los métodos de amplificación en tiempo real
poseen unas ventajas técnicas teóricas muy interesantes.
A pesar de las diferencias metodológicas, las evaluaciones
existentes muestran una sensibilidad analítica de hasta 100
copias y un intervalo lineal de cuantificación situado entre
valores de 6-7 en la escala logarítmica decimal, con lo que, en
principio, cubrirían las cualidades de los métodos
cualitativos y cuantitativos actuales. Con todo, las principales
ventajas para el laboratorio serían la sencillez, flexibilidad,
rapidez diagnóstica y el realizar la amplificación y
detección en el mismo tubo cerrado, evitando así la
posibilidad de contaminación cruzada con amplicones.
4.3. PRINCIPALES INDICACIONES DE
LAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS
Debido a las particularidades biológicas del CMV, la
interpretación de los resultados de laboratorio presenta
dificultades. Con ánimo simplificador, en la práctica,
hay que considerar a las pruebas serológicas como idóneas
para documentar la infección por el virus, mientras que las técnicas
de cultivo, detección de antígeno o moleculares se
aplican al diagnóstico de la infección activa, de la
enfermedad y al seguimiento del tratamiento antivírico.
4.3.1. Utilidad real de las técnicas
serológicas
En el paciente inmunocompetente, la serología encuentra
utilidad para detectar el estado de infección, con fines de
encuestas seroepidemiológicas de la población y,
especialmente, en el cribado de donantes y receptores de órganos.
En el transplante de órgano sólido, el injerto de un órgano
procedente de un donante seropositivo para el CMV en un receptor
seronegativo (trasplante D+/R-
) es un factor de riesgo bien conocido para el desarrollo de
complicaciones graves por este virus tras el transplante. También
es importante el cribado en los transplantados de precursores
hematopoyéticos, si bien aquí el mayor riesgo se produce
en el receptor previamente seropositivo, por reactivación del
virus latente.La serología es el único método que
es capaz de diagnosticar la infección primaria y diferenciarla
de la reactivación, aunque éste es un objetivo más
bien teórico pues, en la práctica, lo que se hace es
iniciar la quimioprofilaxis en caso de riesgo de primoinfección,
como ocurre con los trasplantes D+/R-
. Sólo la demostración de una seroconversión IgG
establece el diagnóstico de infección primaria. La
detección de IgM no lo hace, ya que pueden deberse a la
persistencia de títulos tras una infección pasada, a la
producción de estos anticuerpos en algunos casos de reactivación
(especialmente en pacientes inmunodeprimidos) y al estímulo
policlonal por otros virus (Epstein-Barr, herpes humanos 6 y 7 y
varicela-zóster).
Aunque la principal aplicación de la serología se
centra en la detección del estado inmune de un individuo frente
al virus, también puede aplicarse al diagnóstico de la
infección primaria, especialmente si es sintomática. Por
razones prácticas, para la detección de IgG, se
recomienda un método EIA de calidad contrastada, o la
aglutinación pasiva con látex, de sencilla y rápida
realización. Para las IgM es preferible un EIA de captura que
evita falsos positivos.
Sin embargo, al margen de los problemas técnicos, es
preciso tener presentes las limitaciones de la serología para
el diagnóstico de la infección activa y la enfermedad
por CMV. Los pacientes inmunodeprimidos (la población sobre la
que más consecuencias tiene la infección por el virus)
no desarrollan una respuesta inmune adecuada, lo que hace difícil
detectar la infección primaria por seroconversión, o las
reactivaciones por el aumento significativo del título de
anticuerpos. Con todo, la mayor desventaja práctica de la
determinación de IgG radica en la demora en obtener resultados
inherente a la necesidad de muestras pareadas, lo que les resta interés
en el manejo de los pacientes de riesgo. Las pruebas que detectan IgM
son más rápidas pero ya se han señalado antes los
problemas técnicos que presentan. Además, la IgM tampoco
permite diferenciar la infección primaria de la reactivación
o la reinfección en el individuo inmunodeprimido, ni mucho
menos distinguir la infección activa de la enfermedad ni
establecer pronósticos al respecto.
4.3.2. Indicaciones de los métodos
basados en el cultivo
Ya se han comentado anteriormente las limitaciones técnicas
que presentan estos métodos. Por todo ello, para laboratorios
que se inicien en el diagnóstico del CMV, tal vez podría
hacerse la recomendación de que buscasen estrategias diagnósticas
alternativas (detección de antígenos o métodos
moleculares). Cuando el laboratorio ya disponga de esta tecnología,
el cultivo convencional puede ser útil, porque es el punto de
partida para la realización de pruebas de sensibilidad a los
antivíricos, y porque permite el aislamiento de otros patógenos
víricos que pudieran estar presentes en la muestra. También
pueden facilitar el diagnóstico de la infección
neonatal, por las razones señaladas en un apartado anterior. En
este y en otros casos similares, la técnica SV es preferible
por rapidez y sensibilidad. Por último, los métodos de
cultivo implican la presencia de viriones viables en la muestra, por
lo que pueden servir como indicador de la eficacia temprana del
tratamiento antivírico. De nuevo, la recomendación es el
empleo del SV.
4.3.3. Utilidad de las técnicas
histológicas y de detección de antígenos en
tejidos
También se han comentado anteriormente las limitaciones técnicas
que presentan estos métodos, particularmente la insuficiente
sensibilidad. Por esta razón, la principal aplicación se
circunscribe al diagnóstico de la enfermedad focal sobre
muestras de biopsia del órgano afectado, en donde tanto las
tinciones convencionales como las inmunoenzimáticas constituyen
el método de referencia. Es importante señalar este
dato, puesto que ni los métodos de cultivo, ni mucho menos las
técnicas de amplificación de ácidos nucleicos
establecen el diagnóstico de certeza, dado su bajo valor
predictivo positivo, y no es infrecuente su utilización con
estos fines en laboratorios diagnósticos.
4.3.4. Aplicación práctica
de la prueba de antigenemia
La principal cualidad que hace interesante la prueba de
antigenemia es su potencial de cuantificación, como indicador
de la carga vírica. Son muchos los estudios que demuestran una
buena correlación lineal entre la cifra de antigenemia y la
carga vírica medida por otros métodos, como los cultivos
cuantitativos y los métodos moleculares. Por otra parte, la
carga vírica elevada se asocia claramente con la presencia de síntomas
(enfermedad por CMV), como reflejo de la ruptura del equilibrio entre
la inmunidad celular del huésped y el propio virus. Por la
misma razón, la dinámica de una carga vírica
creciente en el tiempo indica un desenlace favorable a la replicación
del virus y, en este sentido, representa un riesgo de desarrollo
futuro de la enfermedad. En consecuencia, como todo método de
carga vírica, la antigenemia encuentra su principal indicación
en el seguimiento de los pacientes de riesgo (inmunodeprimidos), tanto
como marcador diagnóstico, junto con su buena sensibilidad,
como pronóstico.
El valor de la antigenemia para el diagnóstico de la
enfermedad está documentado en la literatura y siempre se
asocia con niveles por encima de unos valores críticos que varían
según el tipo de paciente y de las condiciones de realización
técnica. La sensibilidad es muy elevada para situaciones clínicas
que implican la diseminación del virus, como el llamado síndrome
vírico del inmunodeprimido, y menos para la afectación
focal, especialmente la del tubo digestivo y, en menor medida, en la
retinitis de los pacientes con SIDA avanzado, en donde es posible
obtener resultados de antigenemia negativos o cifras por debajo del
umbral de significación establecido. Sin embargo, cabe decir
que muchos cuadros con síntomas focales coinciden con una
diseminación sanguínea del CMV, de ahí el interés
de la detección del antígeno pp65 en sangre. En la misma
línea, la antigenemia (u otras medidas de la carga vírica
en sangre) ha demostrado su utilidad en la monitorización de
los pacientes de riesgo en la práctica clínica, con una
precocidad media de unos siete días antes de la aparición
de los síntomas. Aunque el tratamiento antivírico se
asocia con una bajada de la cifra de antigenemia, la respuesta no es
inmediata, e incluso es posible observar cifras crecientes en la
primera semana de tratamiento eficaz.
Aunque la antigenemia se ha utilizado fundamentalmente en los
pacientes inmunodeprimidos, hay experiencias de aplicación en
otras situaciones clínicas. Así, en su tiempo se propuso
como técnica diagnóstica de la afectación del
SNC, pero los resultados no han sido concluyentes, dada la necesidad
de disponer de un número elevado de leucocitos, lo que no
siempre es posible, bien porque el recuento en LCR es bajo, o porque
el volumen de muestra disponible es insuficiente. Además, las técnicas
de amplificación han demostrado una eficacia superior. También
es posible diagnosticar la infección congénita
detectando el antígeno del virus en la sangre del neonato, pero
la experiencia es limitada.
4.3.5. Utilidad de las técnicas
moleculares cualitativas
Tal como se ha indicado antes, la principal característica
de los métodos moleculares de amplificación cualitativa
por PCR es su extrema sensibilidad. Esta circunstancia puede ser
ventajosa en ciertas situaciones, pero negativa en otras, por lo que
es importante aplicar el sentido común a la hora de encontrar
indicaciones. Así, la PCR cualitativa constituye el método
de referencia para el diagnóstico de las infecciones del SNC en
muestras de LCR, para lo que, en general, se prefieren los métodos
con la máxima sensibilidad (amplificación nested
más hibridación-EIA). Es cierto que, con el control clínico
de la infección por el VIH, este tipo de afectación es
infrecuente en la práctica clínica actual, pero sigue
siendo útil en casos de sospecha de encefalitis y ventriculitis
no sólo para efectuar el diagnóstico de CMV, sino también
para excluirlo. Por lo que respecta a la afectación medular, un
cuadro infrecuente, cursa con una carga vírica en LCR
suficiente para ser detectada por métodos menos sensibles, como
el cultivo rápido SV. Las técnicas de PCR múltiple
de herpesvirus tienen la ventaja indudable de facilitar el diagnóstico
de la infección del SNC por diversos virus, pero también
el riesgo de ser aplicadas indiscriminadamente, sin un diagnóstico
clínico diferencial riguroso, lo que puede plantear
dificultades de interpretación de los resultados. Además
del diagnóstico de las infecciones del SNC, la PCR cualitativa
es un método útil para el diagnóstico de la
infección congénita preparto.
Fuera de las situaciones clínicas anteriores, es difícil
encontrar una aplicación útil de las pruebas
cualitativas en la práctica clínica. Su gran
sensibilidad se traduce en un bajo valor predictivo positivo para el
diagnóstico y pronóstico de la enfermedad por CMV en los
inmunodeprimidos, como demuestran muchos estudios, incluso en muestras
clínicas más significativas, como la sangre, habiendo
sido superadas con los métodos de cuantificación de la
carga vírica. Tampoco deben aplicarse para el control del
tratamiento ni la detección de la aparición de
resistencia a los antivíricos. Respecto al diagnóstico
de la enfermedad focal en los inmunodeprimidos, la positividad de la
PCR sobre muestra de tejido no se considera diagnóstica por las
mismas razones. Recientemente, se ha aplicado a la detección
del CMV en biopsias intestinales de pacientes con colitis ulcerosa o
enfermedad de Crohn, pero no existe suficiente evidencia sobre la
implicación real del virus en estos cuadros, ni mucho menos del
significado de una detección positiva, por lo que no debe
aplicarse la PCR fuera del contexto de la investigación clínica
de esta posible relación patogénica.
Como se ha visto antes, los resultados obtenidos en los pocos
estudios de evaluación de la técnica comercial Nuclisens®
CMV son bastante aceptables. Su utilidad se circunscribe al
seguimiento de los pacientes de riesgo, pero deben valorarse
cuestiones prácticas antes de ser aplicadas en el laboratorio.
Entre ellas, cabe citar negativamente el precio, superior al de otras
alternativas (antigenemia), especialmente cuando se requiere un diagnóstico
inmediato por las circunstancias clínicas del paciente. Tampoco
parece mostrar ventajas sobre los métodos de PCR cuantitativa,
por lo demás una tecnología más familiar e
implantada en muchos laboratorios de microbiología molecular.
4.3.6. Pruebas moleculares cuantitativas
Como toda prueba de determinación de carga vírica,
el interés de las pruebas moleculares se centra en el
seguimiento de los pacientes de riesgo, como marcador diagnóstico
de la enfermedad, de inicio de la terapia anticipada (preemptive
therapy) y en la monitorización de la respuesta al
tratamiento. En este apartado, los métodos moleculares compiten
con la prueba de antigenemia, lo que se discute de forma particular más
adelante. La mayor ventaja técnica de los métodos de
cuantificación moleculares es la mayor estabilidad del ADN vírico
(frente la la labilidad del antígeno pp65). En la parte
negativa, hay que mencionar la necesidad de trabajar en lotes amplios
(24 en el caso del Amplicor® Monitor, o de 48 en el Hybrid®
Capture) para aminorar el impacto económico de los controles y
estándares necesarios para realizar la prueba, con lo que se
resta eficiencia y rapidez diagnóstica. Aún en las
mejores condiciones, el precio por prueba es considerable, lo que debe
tenerse en cuenta.
En estos momentos no existe una experiencia amplia de aplicación
de las pruebas de amplificación en tiempo real en la práctica
clínica, por lo que todas las recomendaciones se basan en sus
ventajas teóricas indudables. También aquí deben
tenerse en cuenta las consideraciones económicas y la necesidad
de disponer de aparatos costosos por el momento. Es previsible que, en
un futuro a medio plazo, reemplacen a las técnicas cualitativas
y cuantitativas comerciales actuales.
4.4. DIAGNÓSTICO DEL CMV
EN DIVERSAS SITUACIONES CLÍNICAS
4.4.1. Problemas diagnósticos y
pronósticos en la gestación
La detección de los anticuerpos anti-CMV fue, en años
pasados, un componente ineludible del cribado serológico en las
gestantes. En la actualidad, existe unanimidad entre los expertos en
que esta estrategia no es coste-efectiva, y ello por varias razones:
a) la prevalencia de la infección en la población
general es bastante elevada, b) el riesgo de complicaciones graves
para el neonato en el caso de una infección congénita o
perinatal producida por la reactivación de un virus latente en
la madre, por lo demás la situación mayoritaria dentro
del conjunto de infecciones neonatales, es prácticamente
despreciable, c) no es posible identificar los casos concretos con
riesgo de presentar complicaciones graves, incluso dentro de las
adquiridas en el primer trimestre de gestación, d) la
incidencia de infección congénita grave es baja en
nuestra población, e) es difícil, en la práctica,
demostrar una infección primaria en la madre, y f) no se conoce
la utilidad ni seguridad del tratamiento antivírico específico
durante el embarazo. En consecuencia, las pruebas de laboratorio no
son capaces de orientar ni el tratamiento ni la prevención, por
lo que no se recomienda el cribado serológico durante la
gestación. Sí es recomendable realizarlas como parte del
consejo sanitario pregestacional, pues una positividad en la mujer prácticamente
descarta una infección clínicamente significativa para
el feto. También podría ser útil guardar muestras
de suero obtenidas durante la gestación para el cribado de
otros patógenos, ya que ayudarían en el diagnóstico
diferencial de la sepsis neonatal.
4.4.2. Diagnóstico de la infección
congénita en el recién nacido
El aspecto más importante para las pruebas de laboratorio
en este contexto es establecer un diagnóstico inequívoco.
En estos casos, los cultivos de orina o secreciones orofaríngeas
obtenidos inmediatamente tras el parto suelen ser positivos y con una
elevada carga vírica, lo que conduce a diagnósticos
bastante rápidos con los métodos SV, y hasta cierto
punto con el cultivo convencional. Aunque la experiencia es limitada,
parece que el inóculo vírico es claramente superior en
la infección congénita que en la de adquisición
perinatal, lo que ayudaría a distinguir entre estas dos
situaciones patogénicas. La detección de anticuerpos IgM
en el recién nacido, mediante una técnica EIA de captura
también podría ayudar en el diagnóstico, mientras
que la detección de IgG carece de interés. La infección
congénita también puede diagnosticarse por métodos
moleculares en sangre obtenida del cordón umbilical antes del
parto y, cuando esta exploración esté clínicamente
indicada, en líquido amniótico por métodos
moleculares y por cultivo rápido.
En la práctica, no es infrecuente que se plantee el diagnóstico
diferencial en un recién nacido de tres o más meses de
vida. En estos casos, ninguna técnica nos puede ayudar a
diferenciar entre una infección congénita de una
perinatal. Únicamente, si se dispone de sueros maternos
obtenidos durante la gestación, será posible esclarecer
un diagnóstico por comparación con sueros post-parto.
4.4.3. Diagnóstico y pronóstico
en el inmunodeprimido: transplante de órganos
La determinación de la carga vírica tiene un
indudable interés clínico en el control y seguimiento de
la infección por el CMV en los pacientes inmunodeprimidos. Tras
la introducción de los modernos tratamientos antirretrovirales,
este seguimiento se circunscribe fundamentalmente a los transplantados
de órgano sólido y de precursores hematopoyéticos.
Como ya se ha comentado, el dilema se ha planteado entre la utilización
de la prueba de antigenemia frente a los métodos cuantitativos
moleculares. Por el momento, no existe evidencia de superioridad de
ningún método, ambos son aplicables al seguimiento de
estos pacientes y todos tienen ventajas e inconvenientes, por lo que
la decisión final debe recaer en factores internos de cada
laboratorio: experiencia con una determinada técnica, tipo de
pacientes que atiende, volumen de muestras, precio de los reactivos,
etc.
Mientras que la utilización de los anteriores marcadores
como ayuda al diagnóstico está bien establecida, no
ocurre igual cuando se utilizan con carácter pronóstico.
La PCR cuantitativa es algo más sensible que la antigenemia, y
en consecuencia algo más precoz, pero no hay evidencia de que
esto resulte una ventaja importante. Para que así fuese, sería
necesario realizar una monitorización muy estrecha de los
pacientes, lo que no siempre es posible llevar a cabo en la práctica
clínica.
Por el momento, no existe unanimidad en los valores a utilizar
para iniciar la terapia anticipada, tanto para la antigenemia como
para la PCR cuantitativa. La antigenemia presenta problemas de
estandarización técnica, pero tampoco ha sido posible
establecer valores fiables para las técnicas moleculares. En
consecuencia, es muy importante que cada laboratorio establezca sus
propios valores a la luz de su propia experiencia, que dependerán
de su procedimiento técnico, pero también del tipo de
transplante y de la pauta de inmunosupresión que se emplee en
los pacientes. A título orientativo, pueden servir valores de
antigenemia de 20 células CMV+/105
leucocitos en los transplantados de órgano sólido (quizá
más elevados en el transplante cardíaco) y de 2-5 células
CMV+/105
leucocitos en los transplantados alogénicos de precursores
hematopoyéticos. Con el método Amplicor® CMV
Monitor, un valor de corte de 1.000-5.000 copias/ml de plasma puede
servir de orientación.
Las pruebas de carga vírica también pueden
emplearse en el control del tratamiento, pero la experiencia es menor.
No existe acuerdo sobre la conveniencia de prolongar la duración
de éste en los pacientes estables clínicamente, a pesar
de que mantengan valores positivos de carga vírica al finalizar
el tratamiento, y posiblemente no es necesario hacerlo cuando los
niveles son bajos. Si no se produce un descenso marcado de la carga vírica
tras la primera semana de tratamiento, o se mantienen valores
razonablemente elevados, debe valorarse la posibilidad de desarrollo
de resistencia a los fármacos y, en consecuencia, plantearse
cambiar a otras pautas terapéuticas alternativas.
4.5. RESISTENCIA A LOS
ANTIVIRICOS Y PRUEBAS IN VITRO
En la actualidad, disponemos en el mercado de cuatro fármacos
anti-CMV: el ganciclovir, su profármaco valganciclovir,
cidofovir (los tres análogos de nucleosidos) y el foscarnet.
Todos inhiben, en última instancia, la acción de la
polimerasa de ADN vírico, aunque este último por un
mecanismo diferente que los tres primeros. Tanto el ganciclovir como
su profármaco necesitan ser fosforilados inicialmente por una
enzima vírica para ser convertidos en sus formas activas.
Al igual que con otros herpesvirus, los principales factores de
riesgo para la selección de la resistencia en el CMV son el uso
continuado de antivíricos (especialmente a dosis subterapéuticas)
y el grado de inmunodepresión del paciente. Hasta fechas
recientes, el grupo de pacientes en los que se había detectado
con mayor frecuencia la aparición de cepas resistentes era el
de los infectados por el VIH, puesto que también fueron éstos
los más expuestos a estos fármacos. Aplicando las mismas
premisas, no es raro que en los últimos años hayamos
asistido a la descripción cada vez más frecuente de la
resistencia en otros pacientes inmunodeprimidos. El fenómeno
está bien descrito en los transplantados de precursores
hematopoyéticos, pero también los sometidos a un
transplante de órgano sólido tratados con antivíricos
pueden desarrollar la resistencia. Destacan los transplantados de pulmón,
aunque hay casos en la literatura en el transplante cardíaco,
hepático y renal.
La resistencia del CMV obedece a la selección de
mutaciones en el gen que codifica para la polimerasa de ADN (gen UL54)
y, en el caso del ganciclovir y su profármaco, también
en el de la fosfotransferasa (gen UL97). En términos de
frecuencia, éstas son las más comunes, sin duda
relacionado con el uso mayoritario del ganciclovir, y sólo
confieren resistencia a estos dos fármacos. Las mutaciones en
UL54 pueden provocar resistencia conjunta al ganciclovir y cidofovir
(lo más habitual, dada la analogía estructural), al
foscarnet sólo o, por fortuna menos frecuentemente, a todos los
fármacos anti-CMV. En la tabla 9 se resumen los principales
codones afectados por las mutaciones de resistencia.
Tabla 9. Principales mutaciones de resistencia
del CMV a los antivíricosa.
|
|
Gen afectado |
Resistencia a: |
Codones asociados con la resistencia |
|
|
UL54b |
GCVc, CFV |
408, 412, 501, 503, 513, 522, 545, 821, 987 |
| |
FOS |
588, 700, 715, 781 |
| |
GCVc, CFV, FOS |
802, 809 |
|
UL97 |
GCVc |
460, 510, 520, 590, 594, 595, 603, 607, del
595-603 |
|
aAbreviaturas.
GCV: ganciclovir; CFV: cidofovir; FOS: foscarnet.
bMuchas
cepas clínicas presentan resistencia en UL97, por lo que es difícil
discernir la contribución relativa de las mutaciones en UL54 a
dicha resistencia.
cLa
resistencia al ganciclovir implica necesariamente resistencia al
valganciclovir.
4.5.1. Métodos fenotípicos
de determinación de sensibilidad a los antivíricos
Todos ellos se basan en el efecto de concentraciones crecientes
del antivírico sobre la multiplicación del virus, que
puede detectarse directamente o a través de sus productos metabólicos.
Se determina la concentración inhibitoria del 50% (CI50),
esto es, aquélla que es capaz de reducir en un 50% la
multiplicación.
El ensayo de reducción de placas es el método
fenotípico de referencia. Consiste en determinar la reducción
en el número de focos (placas) de efecto citopático
producidas sobre monocapas inoculadas con una suspensión
titulada del virus, en presencia o no del antivírico. De forma
alternativa, puede detectarse el crecimiento del virus por tinciones
con anticuerpos frente antígenos inmediato-precoces o tardíos.
En todos los formatos, es necesario partir de un inóculo
elevado y previamente titulado del virus, lo que obliga a
procedimientos de subcultivo lentos y tediosos (4 semanas o más),
y el ensayo en sí implica entre 6 y 12 días adicionales
de proceso. Ninguno de los métodos de reducción de
placas está estandarizado y los resultados entre laboratorios
muestran gran variabilidad. La falta de estandarización obedece
a varios factores: a) el tipo de línea celular y el número
de pases de ésta, b) el inóculo vírico utilizado
(libre o no de células, c) el método de tinción
de las placas y la subjetividad del observador que realiza la lectura,
d) las cepas de laboratorio utilizadas de control en ensayos
necesariamente separados, por lo general la cepa AD169. Más
importante todavía, no existe acuerdo total sobre las CI50
límite para la resistencia, aunque suelen aceptarse valores de
6 µM para el ganciclovir, 2-3 µM para el cidofovir y 400 µM
para el foscarnet, a partir de los cuales se considera la cepa
resistente.
Se han descrito alternativas al método de reducción
de placas y sus variantes. El ensayo inmunoenzimático
detecta la inhibición del crecimiento mediante la determinación
de antígenos tardíos en el sobrenadante. Esta técnica
se lleva a cabo en cultivos en microplaca de 96 pocillos, lo que
permite realizar simultáneamente la titulación de la
suspensión vírica que, no obstante, también tiene
que ser elevada para dar validez al ensayo. El ensayo de hibridación
de ADN mide la reducción en la producción del ácido
nucleico vírico utilizando para ello sondas específicas
marcadas con un isótopo del yodo. Necesita disponer de un inóculo
titulado elevado y de la tecnología de radioisótopos,
con los inconvenientes asociados. Hay que señalar, además,
que los puntos de corte de resistencia con estos métodos no son
necesariamente los aceptados (con reservas) para la técnica de
reducción de placas.
4.5.2. Métodos genotípicos
de detección de la resistencia
La presencia de cepas de CMV con resistencia a los antivíricos
puede determinarse detectando la presencia de las mutaciones de
resistencia resumidas en la tabla 9, lo que puede llevarse a cabo por
diferentes métodos. La detección de mutaciones mediante
endonucleasas de restricción (patrones RFLP) fue el método
empleado inicialmente en la investigación de mutaciones. Parte
de fragmentos amplificados de cepas aisladas en la clínica y,
con menor efectividad, amplificando directamente de la muestra. Se ha
aplicado fundamentalmente al estudio del gen UL97. La hibridación
con sondas específicas, o la amplificación con
cebadores diseñados para hibridar sólo con fragmentos
salvajes o mutantes se han empleado con fines de investigación,
pero han caído en desuso.
La secuenciación de los genes UL97 o UL54 es el método
de referencia para detectar la aparición de mutaciones en el
curso del tratamiento, y puede realizarse tras una amplificación
por PCR partiendo de la cepa aislada en cultivo o, mejor, directamente
sobre la muestra clínica. Se pueden obtener resultados en 2-3 días,
pero requieren personal entrenado e instrumental sofisticado.
4.5.3. Cuándo, cómo y qué
métodos podemos aplicar en la práctica clínica
A fecha de hoy, no existen bases firmes que aconsejen la
realización sistemática de pruebas de sensibilidad del
CMV frente a los antivíricos en los laboratorios clínicos.
Varias son las razones para ello: a) la metodología es
laboriosa o costosa, y no está estandarizada, b) no es posible
obtener resultados lo suficientemente rápidos como para
modificar la actitud terapéutica, y c) la práctica clínica
demuestra que estos pacientes pueden manejarse mediante marcadores
indirectos, como la carga vírica medida mediante la antigenemia
o los métodos moleculares. Sin embargo, sí parece
aconsejable seguir profundizando en la investigación. En estos
centros, cada vez están más al alcance los métodos
de secuenciación directa, debiéndose reservar los fenotípicos
para caracterizar mutaciones no descritas previamente o para conocer
el efecto combinado de varias de ellas.
5.
HERPESVIRUS HUMANO 6
5.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
El herpesvirus humano tipo 6 (HHV6) fue aislado por primera vez
en 1986 en linfocitos de sangre periférica de pacientes
infectados por el VIH o con síndromes linfoproliferativos. En
1991 se describieron dos variantes genéticamente distintas de
este virus, la variante A (HVH6A) y la variante B (HVH6B), con
diferencias antigénicas, de tropismo celular, distribución
geográfica y manifestaciones clínicas. Durante muchos años
no se le consideró como agente etiológico de cuadro clínico
alguno hasta que, en 1988, Yamanishi et al describieron su
asociación con el exantema súbito, también
conocido como roseola infantum o quinta enfermedad. A partir
de ese momento, el HVH6 se considera un virus de distribución
universal, que infecta a casi todos los niños menores de dos años
(con un pico entre los 6 y los 9 meses de edad) y que, al igual que
otros herpesvirus, se mantiene en estado de latencia y es capaz de
reactivarse tanto en pacientes sanos como en inmunocomprometidos.
El modo de transmisión no está aclarado
completamente, pero el HVH6 está presente en la saliva y se
replica en las células epiteliales, sugiriendo que las
secreciones orales contribuyen a la transmisión (sobre todo de
adultos a niños), especialmente del HVH6B. Se ha sugerido la
transmisión materno-fetal intraútero, y debe
considerarse la transmisión a través de la sangre, médula
ósea y órganos transplantados.
Tras la infección primaria, el genoma vírico
persiste en las células mononucleares de sangre periférica
(monocitos) y en los progenitores de la médula ósea. El
virus también persiste en las glándulas salivares, pudiéndose
detectar, de forma rutinaria, ADN del HVH6 en saliva mediante PCR. El
ADN de HVH6 también ha podido detectarse en el LCR de niños,
durante y posteriormente a la primoinfección, así como
en el tejido cerebral de adultos inmunocompetentes, lo que implica que
el SNC puede considerarse un lugar adicional para el establecimiento
de la latencia o persistencia de dicho virus. De estos datos, se
infiere que la persistencia del HVH6 implica dos estados, uno de
verdadera latencia en monocitos (sin producción de virus
infecciosos) y otro, con bajo nivel de replicación, en glándulas
salivares y cerebro.
La infección por el HVH6 y su asociación con
enfermedad clínica es diferente según se trate de
pacientes inmunocompetentes o inmunodeprimidos. En los primeros, la
infección primaria durante la infancia se manifiesta, en la
mayoría de los casos, como una enfermedad febril, aunque en un
pequeño porcentaje (17%-20%) aparecen las manifestaciones típicas
del exantema súbito (fiebre y posterior desarrollo de un
eritema cutáneo, normalmente tras la desaparición de la
fiebre). Es un cuadro autolimitado, de unos seis días de duración
y cuya complicación más frecuente es la aparición
de convulsiones febriles (13%). Pueden aparecer, raramente,
complicaciones como hepatitis, artritis, encefalitis y síndrome
hemofagocítico.
La infección primaria en el adulto inmunocompetente es más
rara, manifestándose como una enfermedad febril sin características
especiales, o como una mononucleosis infecciosa. Puede aparecer
eritema cutáneo, hepatitis y linfocitosis atípica. También
se ha descrito la reactivación del HVH6 en pacientes adultos
inmunocompetentes durante la gestación y en períodos de
enfermedad crítica (variante HVH6A). La infección por el
HVH6 se asocia con muchos otros cuadros clínicos, en los que sólo
hay evidencia de asociación, pero sin confirmación de
que el HVH6 sea el agente etiológico, como la esclerosis múltiple,
parálisis de Bell, algunos síndromes linfoproliferativos
(incluyendo linfomas Hodgkin, no-Hodgkin y leucemia linfoblástica),
y síndrome de fatiga crónica.
El HVH6 reactiva comúnmente en los pacientes infectados
por el VIH, pero la asociación con síndromes clínicos
específicos es rara, siendo la neumonitis y la encefalitis los
más frecuentes. Aunque es conocido el efecto que el HVH6 tiene
sobre la replicación del VIH in vitro, clínicamente
no existe evidencia directa de progresión de la enfermedad por
VIH por la replicación del HVH6, excepto, tal vez, en los casos
de transmisión vertical.
La incidencia de infección por el HVH6 en pacientes
transplantados varía según la metodología usada
para el diagnóstico, así como con el tipo de
transplante. Se ha sobrestimado la incidencia de infección
activa cuando su diagnóstico se ha basado en la detección
de ADN por PCR o cultivo del virus a partir de muestras como orina y
saliva, de forma similar a lo que ocurre con el CMV. La detección
de ADN de HVH6 y el cultivo a partir de muestras de sangre, se
correlaciona más con la infección activa por el HVH6 y
hace que se haya planteado la conveniencia de una monitorización
secuencial mediante PCR en sangre y mejor de la fracción
acelular (plasma o suero) en los pacientes transplantados.
El tipo de transplante también influye, con incidencias
medias del 48% en los transplantados de progenitores hematopoyéticos
(TPH) y del 32% (0%-82%) en los de órgano sólido. En la
mayoría de los casos, las infecciones postransplante son
debidas a la reactivación de la variante HVH6B, aunque también
se han descrito casos de primoinfección o sobreinfección
debidos a la transmisión del virus a partir del órgano
del donante. Sin embargo, la asociación entre infección
activa y sintomatología clínica no esta totalmente
establecida. En el caso del TPH, la asociación es más
evidente entre la reactivación y la aparición de fiebre
sin focalización y encefalitis, y también se ha descrito
la asociación con leucopenia y eritema cutáneo inespecífico.
La neumonitis intersticial parece ser más frecuente en el TPH y
la hepatitis en el hepático. Puede aparecer encefalitis, con
correlación entre la detección de ADN del HVH6 en el LCR
y la presencia de síntomas de encefalopatía, lo que es más
frecuente en el TPH, al igual que la supresión idiopática
de la médula. Se ha descrito que la infección por el
HVH6A induce la aparición de una forma más grave de
supresión medular en el período postransplante.
En cuanto a la relación entre infección activa por
el HVH6 y el CMV, es posible la modificación de la historia
natural de la infección por este último en los pacientes
transplantados; así se ha documentado que existe correlación
entre la cantidad de ADN de HVH6 en sangre y la presencia de
enfermedad por CMV. Incluso algunos autores comentan que la evidencia
serológica de infección por el HVH6, que en estos
pacientes es de escasa frecuencia, por no ser un método
adecuado en esta población, es un buen marcador de enfermedad
por CMV. Por esta razón, en la literatura se ha utilizado el término
"síndrome por betaherpesvirus".
5.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO
El diagnóstico de la infección por el HVH6 (tabla
10) puede realizarse de forma directa, mediante el aislamiento del
virus o la detección de expresión antigénica en
las muestras, o bien, de forma indirecta, mediante la demostración
de una seroconversión o y/o mediante la detección de
anticuerpos IgM específicos. Sería lógico asumir
también, en el caso de las infecciones por HVH6, las
definiciones de infección, infección activa y enfermedad
comentadas en el apartado de infecciones por CMV. Sin embargo, a
diferencia de lo que sucede con este virus, no han sido expresamente
ni universalmente admitidas para el HVH6.
Tabla 10. Técnicas convencionales
aplicables al diagnóstico de la infección por el HVH6 y
el HVH7.
|
|
Técnica |
Ventajas |
Inconvenientes |
Aplicación |
|
|
Diagnóstico serológico |
|
|
|
|
Enzimoinmunoanálisis (EIA) |
Metodología familiar
Disponibilidad comercial
Sensibilidad
Detecta IgG (no IgM en HVH7)
Procesamiento en lotes. |
Controlar la eficiencia de los reactivos
comerciales
Reacciones cruzadas entre HVH6 y HVH7 |
Determinación del estado inmune
Soporte de diagnóstico clínico en primoinfección
Poco útil en seguimiento de trasplantados
Sueros pareados >1,6 es diagnóstico |
|
Inmunofluorescencia indirecta (IFI) |
Sensibilidad
Detecta IgG e IgM
Flexibilidad |
Interpretación subjetiva
Laboriosidad
Reacciones cruzadas entre HVH6 y HVH7 |
Determinación del estado inmune
Soporte de diagnóstico clínico en primoinfección
Poco útil en seguimiento de trasplantados
Sueros pareados: aumento 4 veces o más seroconversión
|
|
|
Histopatología / Inmunohistoquimia |
Laboratorios de Patología Especificidad |
Sensibilidad insuficiente |
Útil en diagnóstico de afectación
órganos en transplante |
|
|
Detección de antígeno |
|
|
|
|
Antigenemia leucocitaria |
Sensibilidad
Especificidad
Rapidez y familiaridad técnica
Marcador de carga vírica |
Difícil estandarización
Interpretación de los resultados dependiente de
experiencia propia |
Diagnóstico de enfermedad en
transplantados y otros inmunodeprimidos (SIDA)
Evaluaciones clínicas escasas |
|
|
Métodos de cultivo |
|
|
|
|
Cultivo PBMC |
Laboriosidad
Lentitud |
Experiencia en cultivos
Sensibilidad insuficiente
Tardanza de resultados |
Poco usado en el diagnóstico
Punto de partida para los estudios de sensibilidad a los
antivíricos |
|
Cultivo shell vial. |
Más rápido que el convencional
Sensibilidad, especificidad |
Experiencia en cultivos
Experiencia en la técnica |
Poco usado |
|
|
Detección de genoma |
|
|
|
|
PCR cualitativa (simple, anidada) |
Rápida
Multiplex (Herpesvirus)
Sensible, específicica |
Experiencia en PCR
Entre 5 40% positivos en LCR de sanos |
Innecesaria para diagnóstico primoinfección
Útil en infecciones SNC, trasplante,
encefalitis |
|
PCR cuantitativa (en tiempo real)
|
Sensibilidad, especificidad |
Experiencia en la técnica.
Actualmente, sólo de desarrollo in house
|
Útil en monitorización de
transplantados
¿Concordancia con infección activa por CMV en
transplantados? |
|
5.2.1. Aspectos preanalíticos:
obtención y transporte de las muestras
El diagnóstico de laboratorio del HVH6 no presenta
condicionantes particulares respecto al de otros virus. El suero y el
plasma deberán separarse de la fracción celular de la
sangre lo antes posible y conservarse en nevera a 2-8ºC durante
un máximo de 7 días, o congelados a temperatura de 20ºC
o inferior. La sangre para cultivo será anticoagulada (EDTA o
heparina), y se recomienda procesarla rápidamente, siempre
antes de 18 horas. Este mismo tipo de muestra sirve para la detección
de antígenos del HVH6 en leucocitos (antigenemia), con la
salvedad de que el rendimiento de la prueba baja considerablemente si
el procesamiento se prolonga más allá de las 6 horas de
la extracción. Para el diagnóstico molecular en sangre,
no se debe utilizar heparina como anticoagulante, ya que esta
substancia inhibe algunas enzimas de polimerización (Taq),
siendo preferible el EDTA. Las muestras de orina para cultivo no
requieren conservantes especiales, sino un transporte y procesamiento
rápidos, al igual que la saliva o las secreciones
respiratorias. Las biopsias y piezas sólidas pueden ser
remitidas en suero fisiológico estéril, nunca en formol,
si bien es recomendable utilizar medios de transporte para virus
[medio mínimo esencial (MEM) con suero bovino fetal o albúmina
y una solución de antibióticos] cuando su tamaño
lo permita.
5.2.2. Diagnóstico directo por
cultivo
El HVH6 puede cultivarse a partir de muestras clínicas
mediante cocultivo con linfoblastos (linfocitos de sangre de cordón
umbilical) preparados con interleukina-2 y fitohemaglutinina. Los
linfocitos de sangre periférica de los pacientes pueden usarse
directamente para producir linfoblastos. El HVH6 puede cultivarse a
partir de distintos tipos de muestras, como saliva u orina
(aunque con escaso interés diagnóstico, pues es el medio
habitual por el que se elimina el HVH6, sin estar relacionado con
infección activa), LCR (raramente hay suficiente cantidad de
virus como para poderlo cultivar), sangre (la fracción más
usada son los linfocitos de sangre periférica) y muestras de
biopsia para el diagnóstico de síndromes específicos,
sobre todo en pacientes transplantados.
La replicación vírica en los cultivos puede
demostrarse mediante la observación de un efecto citopático
(balonización, aumento de tamaño celular), y la
confirmación de que dicho efecto citopático es específico
del HVH6 se realiza mediante la detección de antígeno de
HVH6 con los anticuerpos monoclonales disponibles en el comercio
(Chemicon®). El HVH6 puede replicar también en células
de línea continua como la HBS-2, la MOLT-4 e incluso replica y
produce efecto citopático en las células de estirpe
fibroblástica MRC-5. En estos tipos celulares es más fácil
la replicación secundaria de las cepas, una vez obtenido el
aislamiento primario, siendo más útiles para el
mantenimiento y realización de estudios sobre HVH6 que para el
aislamiento primario a partir de muestras originales. La técnica
de cocultivo es lenta y, sobre todo, consume gran cantidad de tiempo
en relación con la ventaja diagnóstica que aporta, por
lo que está siendo sustituida por la detección de antígeno
en SV.
5.2.3. Detección de antígeno
en sangre (antigenemia)
Algunos autores proponen también el uso de la antigenemia
o detección de antígeno precoz del HVH6 en linfocitos de
sangre periférica, de modo semejante a como se realiza para el
diagnóstico de la infección activa por CMV. Consiste en
detectar la presencia de antígenos del HVH6 en los leucocitos
extraídos de la sangre de pacientes con sospecha de infección
activa por el virus, utilizando para ello tinciones
inmunofluorescentes o inmunoenzimáticas, habitualmente las
primeras. La antigenemia presenta una serie de ventajas teóricas,
como son la sencillez de realización, la accesibilidad a muchos
laboratorios, la familiaridad de la metodología y la rapidez en
la obtención de resultados, puesto que es posible llevar a cabo
la técnica en 4-5 horas. Esta técnica ha demostrado ser
un avance significativo en el diagnóstico y seguimiento de los
pacientes de riesgo, muy en particular en los transplantados e
inmunodeprimidos en general. La cuantificación de los
leucocitos que expresan el antígeno se correlaciona bien con la
carga vírica del HVH6 presente en la sangre, lo que posibilitaría
a priori utilizar la prueba como marcador diagnóstico,
pronóstico y en el control del tratamiento. Aunque tiene muy
buena correlación con la infección activa, su uso no se
ha extendido por el rápido desarrollo de las técnicas de
detección de ácidos nucleicos.
5.2.4. Detección de ADN del HVH6
(PCR)
Estas técnicas son rápidas, pueden utilizar
muestras obtenidas por técnicas no invasoras (LCR, sangre,
linfocitos de sangre periférica, plasma) y tienen alta
sensibilidad, incluso en pacientes inmunodeprimidos. Hasta hace poco,
sólo se disponía de técnicas cualitativas, bien
de desarrollo propio o de procedencia comercial. Las menos sensibles
eran las de detección directa (PCR simple), aumentando la
sensibilidad con el uso de las técnicas anidadas. Así
por ejemplo, se puede detectar ADN de HVH6 en LCR de pacientes con
cuadros neurológicos, con o sin inmunodepresión. Los métodos
comercializados suelen utilizar una PCR múltiple con cebadores
específicos para casi todos los herpesvirus en formato de
detección de amplificados mediante geles de agarosa (Radar®
, Real) o tras la hibridación en placas de ELISA (Herplex®
. Genómica). También se ha descrito la detección
simultánea de ADN de HVH6A, HVH6B y HVH7, aunque no está
comercializada. Debemos tener en cuenta que, en estos pacientes,
pueden existir diferencias en cuanto a la detección de las
distintas variantes del HVH6 según la muestra. Así,
Nitsche et al. detectaron ADN de ambas variantes en el plasma,
pero sólo de HVH6B en las células de sangre periférica.
Sin embargo, es difícil distinguir con estos métodos una
infección latente de una infección activa por el HVH6,
por lo que se han desarrollado técnicas como la RT-PCR (PCR
para detectar ARN del HVH6 que correlaciona mejor con infección
activa) y la detección de ADN a partir de muestras acelulares
como es el plasma, el suero o el LCR.
El desarrollo de técnicas de detección cuantitativa
por PCR en tiempo real, basadas en la tecnología TaqMan®
o similares, permite la amplificación y detección simultánea
de los amplificados, con una sensibilidad semejante a los métodos
nested, posibilita el diagnóstico de las infecciones
asociadas al HVH6 y la monitorización de los niveles de ADN del
HVH6 en los pacientes inmunodeprimidos.
5.2.5. Respuesta inmune frente al HVH6:
diagnóstico serológico
Tras la primoinfección se pueden detectar anticuerpos
anti-HVH6 entre los tres y los siete días postinfección.
El pico máximo de producción de IgM ocurre en la segunda
semana y pueden ser detectables hasta dos meses después de la
infección. Los anticuerpos IgG se elevan a las dos semanas y se
mantienen durante toda la vida, al menos, en un 90% de los adultos. La
reactivación induce una respuesta inmune secundaria, con
elevación de los niveles de anticuerpos IgG y, raramente, con
aparición de anticuerpos IgM. Dichas reactivaciones se producen
en los casos de infección por otros virus, como por ejemplo en
pacientes con infección latente por el HVH6 que sufren una
infección primaria por el HVH7, así como en los casos de
inmunosupresión (transplantados), aunque en éstos no
suele ir acompañada de una respuesta serológica
detectable. Incluso algunos autores han señalado que, en la
infección primaria por HVH6 previa seguida de una infección
por el HVH7, se produce respuesta de anticuerpos IgM frente a aquel, y
no frente al HVH7. En el caso contrario, es decir, infección
por HVH7 previa en el tiempo a la infección por el HVH6, la
respuesta de anticuerpos IgM se produce frente a ambos virus.
A pesar de la homología de una región del genoma
con el CMV, no existen reacciones cruzadas entre estos virus. Los
estudios de seroprevalencia aclaran poco sobre las infecciones por las
variantes del HVH6. Sin embargo, parece que la mayoría de las
infecciones clínicas en individuos inmunocompetentes están
producidas por el HVH6B y que la variante HVH6A contribuye a las
infecciones en inmunocomprometidos y a algunas manifestaciones neurológicas,
excepto en algunos países africanos, donde se ha documentado
que la variante HVH6A es una causa frecuente de primoinfección
en niños.
- El diagnóstico serológico del HVH6 se lleva
a cabo mediante inmunofluorescia (IF), EIA e immunoblot. Se
debe tener en cuenta que el HVH6 y el HVH7 comparten determinantes
antigénicos, por lo que hay reactividad cruzada en la respuesta
de anticuerpos frente a antígenos comunes. Es importante señalar
que, para incorporar los distintos métodos diagnósticos
en el laboratorio, deben elegirse los antígenos que no
presenten dichas reacciones. Sin embargo, en la mayoría de los
reactivos diagnósticos comerciales se señala esa
posibilidad (sin descartarla) y se recomienda alguno de los siguientes
métodos para confirmar la significación clínica
de un resultado positivo:
- -la absorción con antígeno específico del
HVH7 (habitualmente no incorporado al equipo comercial).
- -la confirmación de que la respuesta de anticuerpos está
dirigida específicamente frente al HVH6, mediante titulación
de anticuerpos frente a los dos virus. Así, algunos autores
señalan que, cuando se detectan anticuerpos frente a ambos
virus, sólo se considera verdadero positivo (significativo)
aquél que presenta un título igual o superior a 1:32.
- -la detección de ADN en plasma o LCR
Así pues, se considera diagnóstico de
infección la aparición de IgM específica o el
aumento de cuatro veces el título de IgG (seroconversión)
si se ha determinado mediante IF, o un aumento de al menos 1,6 veces
si se ha hecho por EIA. La detección de títulos altos de
IgG frente al HVH6 sugiere infección activa, pero requiere la
confirmación mediante la detección de genoma en plasma o
LCR, o el aumento del título entre el suero de la fase aguda y
el de la de convalecencia.
Existen varios equipos comerciales en el mercado, tanto
portaobjetos para IF, que permiten la detección de anticuerpos
IgM como IgG, dependiendo del conjugado usado, como equipos de EIA
para detectar IgM o IgG (Panbio®, Biotrin®). En la detección
de IgG por IF se parte de una dilución inicial del suero de
1:20, aunque no se comenta la existencia de un valor que pueda
considerarse como punto de corte. Para la determinación de
anticuerpos IgM, se parte de una dilución inicial 1:10 en
muestras de suero pretratadas para eliminar IgG, y de una dilución
de 1:40 para las no tratadas. Se recomienda su tratamiento para
eliminar las posibles reacciones cruzadas posibles en el caso de
enfermedades autoinmunes. Algunos equipos de EIA (Panbio®)
permiten interpretar los resultados de anticuerpos IgG mediante un cálculo
semicuantitativo de los niveles de anticuerpos. Así, se
calculan las unidades dividiendo la absorbancia de la muestra por la
media de la absorbancia del cut-off y el valor obtenido se
multiplica por 10. Menos de 9 unidades se considera negativo, entre 9
y 11 dudoso o indeterminado y mayor de 11 positivo.
La detección de la avidez de la IgG tiene un considerable
valor para distinguir la infección reciente de la antigua,
detectándose anticuerpos de baja avidez durante la infección
reciente y de alta avidez cuando han transcurrido varias semanas de la
primoinfección y tras las reactivaciones. Estas técnicas
se aplican con los métodos convencionales sobre muestras de
suero tratadas o no, con una solución de urea 5-8 M, calculándose
el cociente porcentual entre la absorbancia de la muestra tratada
dividida por la absorbancia de la muestra sin tratar. Una avidez
inferior al 30% sería indicativa de una infección
reciente, mientras que si es superior al 70% sería sugestiva de
una infección pasada en el tiempo.
5.3. DIAGNÓSTICO DEL HVH6
EN LOS DISTINTOS GRUPOS DE PACIENTES
5.3.1. Infección primaria
La detección de ADN del HVH6 es una forma adecuada y
segura de diagnosticar la infección primaria por el HVH6 en la
población pediátrica. Aunque el valor predictivo en
muestra de sangre total, aisladamente, es de un 57%, su positividad
combinada con la ausencia de anticuerpos IgG, la detección de
ADN en plasma, o una carga vírica elevada, son buenos
marcadores predictivos de infección primaria. Otros autores han
establecido que la detección de una carga elevada en células
mononucleares de sangre periférica, o la combinación de
la presencia del ADN del virus en dichas células, en ausencia
de ADN en saliva, sugiere infección primaria. Sin embargo, la
detección de anticuerpos IgM y o IgG, tal y como hemos
comentado previamente, siempre teniendo en cuenta los problemas de las
reacciones cruzadas, es el método de elección por su
sencillez y rentabilidad, tanto en niños como en adultos.
5.3.2. Infección en los pacientes
transplantados
La serología no se considera el método adecuado
para distinguir infección activa de infección latente,
ni para la monitorización en pacientes transplantados, ya que
si eran seropositivos previamente al transplante, no suele haber
cambios durante la reactivación y, si eran seronegativos, la
inmunosupresión hace que la mayoría de las veces no haya
respuesta inmunológica detectable.
Como ya hemos comentado, se considera que la detección de
ADN del HVH6 a partir de muestras de plasma o suero, se correlaciona
con la infección activa por el HVH6. Por eso, algunos autores
han recomendado la monitorización secuencial mediante PCR en la
fracción acelular en los pacientes transplantados. La aparición
de un aumento de la carga vírica en los pacientes
transplantados detectada en sangre o, mejor, en plasma, se asocia no sólo
con posible infección activa por el HVH6, sino también
podría ser un marcador de enfermedad por CMV. De cualquier
forma, no existe un acuerdo unánime en los grupos de
transplante sobre la necesidad de llevar a cabo esta monitorización,
por lo que la decisión de hacerlo dependerá de las
condiciones de cada laboratorio en particular.
5.4. TRATAMIENTO Y RESISTENCIAS A
LOS ANTIVIRICOS
La infección por el HVH6 en niños inmunocompetentes
es frecuentemente autolimitada y no requiere de terapia antivírica
específica. En pacientes inmunodeprimidos, sólo algunos
casos poco frecuentes de síndromes orgánicos específicos,
tales como la encefalitis, necesitarían tratamiento apropiado.
Son necesarios estudios posteriores para conocer si la eficacia de la
terapia preventiva o preemptive therapy en estos pacientes,
iniciada cuando se detecte una elevación de la carga vírica,
tiene el mismo valor que en el caso de las reactivaciones por CMV, o
en el rechazo de injerto en pacientes transplantados. El ganciclovir,
foscarnet y cidofovir son activos frente al HVH6 in vitro,
mientras que el aciclovir no muestra actividad. El cidofovir tiene la
mejor actividad inhibitoria in vitro y aunque el ganciclovir
es activo frente a ambas variantes, la IC50
es más elevada para la variante HVH6B. El foscarnet es también
activo in vitro frente a ambas variantes.
Sin embargo, sólo la publicación de casos aislados
y de series pequeñas de pacientes tratados ha demostrado la
eficacia de ganciclovir y de foscarnet en el caso de síndromes
organoespecíficos por HVH6 en pacientes transplantados,
demostrando un descenso paralelo de los niveles de ADN de HVH6 y de
CMV en los pacientes tratados con cualquiera de estos dos antivíricos.
Sólo se ha documentado un caso de una cepa de HVH6A que ha
permanecido en niveles detectables en un paciente inmunocomprometido a
pesar del tratamiento con ganciclovir y foscarnet, sugiriendo que los
estudios in vitro no siempre pueden predecir la respuesta in
vivo. Además, está demostrado que, a pesar de su
ausencia de efecto in vitro, la profilaxis con dosis elevadas
de aciclovir disminuye los niveles de ADN de HVH6 postransplante en
pacientes con TPH.
En cuanto a la resistencia a los antivíricos, se han
descrito mutaciones puntuales en la región UL69, homóloga
de UL97 de CMV, que se asocian con la disminución de la
sensibilidad in vitro y con la exposición prolongada al
ganciclovir in vivo. Hasta ahora, sólo se ha publicado
un caso de resistencia del HVH6 a antivíricos. Se trata de una
mutante obtenida tras pases seriados in vitro con
concentraciones crecientes de ganciclovir. Dicha mutante mostró
resistencia cruzada al ganciclovir y al cidofovir. Se han identificado
dos mutaciones: una que conduce a la substitución M318V en la
región UL69 (equivalente a la mutación M460I/L de la
región UL97 del CMV), y la otra en la región de la ADN
polimerasa (A961V). Posteriormente se ha detectado, mediante PCR, la
mutante M318V en células mononucleares de sangre periférica
infectadas por HVH6, en un paciente con SIDA que había recibido
tratamiento prolongado con ganciclovir. La forma de detección
de esta mutante es semejante a la descrita para el CMV, pero por su
escasa repercusión no se detalla metodológicamente.
6.
HERPESVIRUS HUMANO 7
6.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
Fue descrito por primera vez en 1990 a partir de células
mononucleares de un adulto sano y posteriormente identificado como un
comensal de la saliva. El HVH7 es un virus muy relacionado con ambas
variantes de HVH6 y comparte propiedades moleculares y biológicas.
En cuanto a su tropismo celular in vitro se sabe menos que del
HVH6, utilizando el CD4 como receptor celular, al igual que el VIH;
sin embargo, in vivo, se han detectado otras células
que expresan el HVH7 en pulmón, piel, glándulas
mamarias, hígado, riñón, amígdalas, apéndice
y cuello uterino. Se ha encontrado ADN del HVH7 en tejido cerebral de
adultos sanos, pero con menor frecuencia que en el caso del HVH6.
Clínicamente, la infección primaria se asocia con
la roseola infantum y con varios cuadros en pacientes
inmunodeprimidos. La seroprevalencia del HVH7 en adultos varía
entre el 60-70% (más frecuente que el HVH6) y la infección
se adquiere en los primeros años de vida, generalmente tras la
infección por la variante B del HVH6, desconociéndose el
significado real de la reactividad cruzada entre algunos antígenos
de ambos virus. Se cree que la saliva es la ruta primaria su transmisión.
El HVH7 se considera el agente etiológico de un 10% de los
casos de roseola infantum, con síntomas similares a los
producidos por la variante HVH6B y siguiendo la misma evolución
patogénica: viremia, aclaramiento, latencia en linfocitos de
sangre periférica y células epiteliales de las glándulas
salivares y aparición de anticuerpos. Las complicaciones neurológicas,
como convulsiones febriles, aparecen en la mitad de las infecciones
primarias descritas. Incluso la infección primaria por HVH7 se
asocia con convulsiones sin signos de exantema súbito clásico.
También en raras ocasiones se le ha relacionado con
manifestaciones más graves, como encefalitis y hemiplejía.
Otras asociaciones patológicas son menos concluyentes.
La incidencia de la infección por HVH7 en transplantados
oscila en torno al 55% en los TPH y entre el 0 al 46% en
transplantados renales. Dado el elevado nivel de seropositividad
pretransplante, la mayoría de las infecciones por HVH7 (al
igual que el HVH6) parecen producirse por reactivación. Sin
embargo, se han descrito casos de infección primaria en
receptores seronegativos a partir de donantes seropositivos, y también
pueden producirse sobreinfecciones por esta vía. El pico de
actividad de la infección por HVH7 está alrededor del
segundo mes postransplante, lo que precede a la normal aparición
de la enfermedad por CMV en dos a cuatro semanas. Parece que el riesgo
relativo de enfermedad por CMV es mayor cuando coexiste infección
por HVH7. Las manifestaciones clínicas directas de la infección
por HVH7 en transplantados incluyen el síndrome febril inespecífico
asociado a citopenias que, a veces, se ha atribuido erróneamente
a reactivación del CMV ("síndrome por ß-herpesvirus").
A la luz de la experiencia actual, otras asociaciones son menos
concluyentes. Quizá más importantes sean sus posibles
efectos indirectos. Estos pueden resultar de la activación de
fenómenos inmunológicos o transactivación por
otros virus, como el CMV, e incluyen, fundamentalmente, una mayor
frecuencia de enfermedad por CMV, o manifestaciones más graves
de la enfermedad producida por éste, y una asociación
con el rechazo o disfunción del injerto.
6.2. DIAGNÓSTICO
microbiologico
El diagnóstico de las infecciones por HVH7 puede
realizarse de forma directa, mediante aislamiento del virus o detección
de expresión antigénica en las muestras, o bien, de
forma indirecta mediante la demostración de una seroconversión
o mediante la detección de anticuerpos IgM específicos
(tabla 10).
6.2.1. Aspectos preanalíticos:
obtención y transporte de las muestras
El diagnóstico de laboratorio de la infección por
HVH7 no presenta condicionantes particulares respecto al de otros patógenos
víricos. El suero y el plasma deberán separarse de la
fracción celular de la sangre lo antes posible y conservarse en
nevera a 2-8ºC durante un máximo de 7 días, o
congelado a temperatura de 20ºC o inferior. La sangre para
cultivo será anticoagulada (EDTA o heparina), y se recomienda
procesarlas rápidamente, siempre antes de 18 horas. Este mismo
tipo de muestra sirve para la detección de antígenos del
HVH7 en leucocitos (antigenemia), con la salvedad de que el
rendimiento de la prueba baja considerablemente si el procesamiento se
prolonga más allá de las 6 horas de la extracción.
Para el diagnóstico molecular en sangre, no se debe utilizar
heparina como anticoagulante, ya que esta substancia inhibe algunas
enzimas de polimerización (Taq), siendo preferible el
EDTA. Las muestras de secreción respiratoria no requieren
conservantes especiales, sino un transporte y procesamiento rápidos.
Las biopsias y piezas sólidas pueden ser remitidas en suero
fisiológico estéril, nunca en formol, si bien es
recomendable utilizar medios de transporte para virus [medio mínimo
esencial (MEM) con suero bovino fetal o albúmina y una solución
de antibióticos] cuando su tamaño lo permita. La saliva
y la orina no se consideran muestras adecuadas para el diagnóstico
de las infecciones por HVH7.
6.2.2. Métodos de cultivo
El HVH7 puede cultivarse a partir de distintas muestras, como
saliva u orina (aunque con escaso interés diagnóstico,
pues es el medio habitual por el que se elimina sin estar relacionado
con infección activa), LCR (raramente hay suficiente cantidad
de virus como para poderlo cultivar), sangre (linfocitos de sangre
periférica), muestras respiratorias (lavado broncoalveolar), así
como biopsias para el diagnóstico de síndromes específicos
sobre todo en pacientes inmunodeprimidos (transplantados).
El HVH7 se puede aislar mediante cocultivo con linfoblastos de
forma similar a como se ha descrito para el HVH6. Así mismo, la
replicación vírica en los cultivos puede demostrarse
mediante la observación de un efecto citopático (aumento
de tamaño celular), y la confirmación de que dicho
efecto es específico de HVH7, que se realiza mediante la
detección de antígeno del HVH7 con anticuerpos
monoclonales disponibles en el comercio (Chemicon®). La técnica
de cocultivo es lenta, lo que limita su aplicación práctica,
por lo que puede sustituirse por la detección de antígeno
en SV, de forma similar a como se realiza el diagnóstico de las
infecciones por CMV. Sin embargo, hay que precisar que la experiencia
con este método en el HVH7 no es muy amplia.
6.2.3. Detección de antígeno
en sangre (antigenemia)
Algunos autores proponen también el uso de la antigenemia
o detección de antígeno precoz de HVH7 en linfocitos de
sangre periférica, de modo semejante a como se realiza para el
diagnóstico de la infección activa por CMV, con las
ventajas teóricas ya mencionadas para el CMV y HVH6. La
cuantificación de los leucocitos que expresan el antígeno
se correlaciona bien con la carga vírica del HVH7 presente en
la sangre, lo que posibilitaría, a priori, utilizar la
prueba como marcador diagnóstico, pronóstico y en el
control del tratamiento. Aunque tiene muy buena correlación con
la infección activa, su uso no se ha extendido por el rápido
desarrollo de las técnicas de detección de ácidos
nucleicos.
6.2.4. Detección de ácidos
nucleicos
Estas técnicas son rápidas, se pueden utilizar
muestras obtenidas por técnicas no invasoras (LCR, sangre,
linfocitos de sangre periférica, plasma, suero) y tienen alta
sensibilidad, incluso en pacientes inmunocomprometidos. Se han
descrito una gran variedad de técnicas, siendo la PCR múltiple,
que permiten detectar los distintos miembros del grupo de herpesvirus,
la más útil desde el punto de vista práctico.
Cuando se busque una mayor sensibilidad, hay que recurrir a PCR
anidadas y con detección inmunoenzimática. Por el
momento, la mayor parte de técnicas son de desarrollo propio (in
house), no estando comercializadas.
Se detecta ADN del HVH7 en LCR de pacientes con cuadros neurológicos
con o sin inmunodepresión (5%) y en el LCR y el suero de niños
con exantema súbito y encefalopatía. A partir de sangre
total o de la fracción celular de la misma, es difícil
distinguir con estos métodos la infección latente de una
infección activa por HVH7, por lo que se ha desarrollado la
RT-PCR (PCR para detectar ARN de HVH7) que correlaciona mejor con
infección activa o incluso la detección de ADN a partir
de muestras acelulares como es el plasma, el suero o el LCR.
El desarrollo de técnicas de detección cuantitativa
de ácidos nucleicos en tiempo real puede aportar las
ventajas ya señaladas para otros virus del grupo. Ya se ha
comentado que la detección de ADN de HVH7 a partir de muestras
de plasma, correlaciona más con la infección activa por
este virus. La aparición de un aumento de la carga vírica
en los pacientes transplantados detectada en sangre o, mejor, en
plasma, podría indicarnos no sólo una infección
activa por el HVH7, sino que podría ser un marcador precoz de
enfermedad por CMV, aunque se necesita más experiencia de
aplicación en el seguimiento sistemático de los
transplantados.
La detección de ADN de HVH7 es una forma adecuada y segura
de diagnosticar la infección primaria por HVH7 en la población
pediátrica, aunque muy poco usada. Sin embargo, la presencia de
ADN del virus en sangre completa en ausencia de anticuerpos IgG, la
detección de ADN en plasma o una carga vírica elevada
son buenos marcadores predictivos de infección primaria.
6.2.5. Diagnóstico indirecto o
serológico
Se han descrito técnicas de IF, EIA e immunoblot
que permiten detectar anticuerpos frente al HVH7. Los anticuerpos IgM
son los que aparecen en primer lugar tras la infección
primaria, y posteriormente disminuyen hasta desaparecer mientras
aumentan los anticuerpos IgG. Durante las reactivaciones de la infección
latente pueden aparecer de nuevo los anticuerpos IgM e incluso un
ligero aumento de las IgG. Dichas reactivaciones se pueden producir en
los casos de infección por otros virus, así como en los
casos de inmunosupresión (transplantados), aunque en estos últimos,
no suele ir acompañada de una respuesta serológica
detectable. Como ya se ha señalado, merece la pena resaltar que
cuando la infección por el HVH7 precede en el tiempo a la
infección por HVH6, la respuesta de anticuerpos IgM se produce
frente a ambos virus, mientras que no se detectan anticuerpos IgM
frente al HVH7 cuando la primoinfección por HVH6 es previa a la
infección por el HVH7.
Es muy importante tener presente que el HVH6 y el HVH7 comparten
determinantes antigénicos, por lo que hay reactividad cruzada
en la respuesta de anticuerpos frente a antígenos comunes,
debiendo ser cauto a la hora de seleccionar el método serológico
(y los antígenos) a emplear. En la mayoría de los
reactivos diagnósticos comerciales se señala esa
posibilidad y se recomienda la absorción con antígeno
específico (no incorporada al kit comercial) o la
confirmación de que la respuesta de anticuerpos está
dirigida específicamente frente a uno de ellos mediante la
titulación de anticuerpos frente a los dos virus, o la detección
de ADN en plasma o LCR. Para algunos autores, cuando se detectan
anticuerpos frente a ambos virus, sólo se considera verdadero
positivo a partir de la dilución 1:32.
Así pues, se considera diagnóstico de infección
la aparición de IgM específica o el aumento de cuatro
veces el título de IgG (seroconversión) si se ha
determinado mediante IF, o un aumento de al menos 1,6 veces si se ha
hecho por EIA. La detección de títulos altos de IgG
frente al HVH7 sugiere infección activa, pero requiere la
confirmación mediante la detección de genoma en plasma o
LCR, o el aumento del título en sueros pareados. La detección
de la avidez de la IgG tiene un considerable valor para distinguir la
infección reciente de la antigua, detectándose
anticuerpos de baja avidez durante la infección reciente y de
alta avidez cuando han transcurrido varias semanas de la primoinfección
y tras las reactivaciones.
Existen varios equipos comerciales en el mercado para detectar
anticuerpos frente a este virus, mediante técnicas de IF o EIA.
En el ensayo de detección de IgG por IF se parte de una dilución
inicial del suero de 1:20, y se establece que un título igual o
mayor a 1:320 es indicativo de infección por HVH7. Para la
determinación de anticuerpos IgM, se parte de una dilución
inicial de 1:10 para muestras de suero pretratadas para eliminar IgG y
de una dilución de 1:40 para las no tratadas. Se recomienda su
pretratamiento para eliminar las posibles reacciones cruzadas debidas
a enfermedades autoinmunes. No hay equipos diagnósticos
comercializados para la detección de IgM por EIA.
En resumen, la serología no se considera el método
adecuado para distinguir infección activa de infección
latente, ni para la monitorización en pacientes transplantados,
ya que si eran seropositivos previamente al transplante, no suele
haber cambios durante la reactivación y si eran seronegativos,
la inmunosupresión hace que la mayoría de las veces no
haya respuesta inmunológica detectable. Es, sin embargo, el método
de elección para el diagnóstico de la primoinfección.
6.3. TERAPÉUTICA
ANTIVIRICA DE LAS INFECCIONES POR EL HVH7
El HVH7 es menos sensible in vitro al ganciclovir que el
HVH6 (IC50
de 7 µg/ml frente 0,65 µg/ml), aunque algunos autores
sugieren cierta eficacia in vivo. Es todavía menos
sensible al aciclovir y antivirales relacionados (IC50
>11 µg/ml), aunque algunos estudios, que han comparado la
detección de ADN por PCR en pacientes sometidos o no a altas
dosis de aciclovir, han concluido que, el número de pacientes
con PCR positiva es menor en los que toman altas dosis de aciclovir.
El HVH7 es más sensible al cidofovir (IC50
3 µg/ml) y foscarnet que a otros antivíricos. Este hecho
puede ser reflejo de que el UL69 del HVH7 puede no tener actividad
fosfotransferasa, a diferencia del producto de UL97 del CMV. No se han
definido pautas aceptadas para el tratamiento de las infecciones por
HVH7. Si bien está claro que no es necesario el tratar las
infecciones primarias en niños, no hay consenso en cuanto a la
recomendación del tratamiento de las complicaciones neurológicas.
En las encefalitis no hay estudios importantes, pero el foscarnet
tendría categoría 3 de recomendación. En cuanto a
los cuadros asociados a infección por HVH7 y transplante,
algunos autores sugieren también tratamiento si hay demostración
de infección activa mediante: a) aislamiento del virus en
sangre, LCR o tejidos, b) antigenemia positiva en sangre o médula
ósea o PCR positiva en plasma o suero, LCR, o lavado
broncoalveolar y c) manifestaciones clínicas asociadas a la
infección por HVH7.
7.
VIRUS DE EPSTEIN-BARR
7.1. SIGNIFICACIÓN CLINICA
virus de Epstein-Barr (VEB) es un herpesvirus ubicuo que infecta
de por vida a gran parte de la población mundial; el VEB
comparte con el resto de los Herpesviridae la facultad de
generar infecciones líticas y latentes, y con los Gammaherpesviridae
en particular, el tropismo por los linfocitos B y la capacidad de
inmortalizar distintos fenotipos celulares, tanto in vitro
como in vivo. El ADN del VEB codifica alrededor de 100 proteínas
cuyo patrón de expresión difiere según el tipo de
infección que establece. Durante las infecciones líticas,
que culminan con la producción de progenie vírica, el
genoma del VEB se expresa por completo siguiendo una secuencia
invariable: primero los genes inmediato-precoces (alfa), después
los genes precoces (beta), que codifican predominantemente proteínas
enzimáticas necesarias para la replicación del ADN vírico
y, finalmente, los genes tardíos (gamma), que codifican la
mayoría de las proteínas estructurales del virión,
varias de las cuales constituyen el denominado complejo VCA (viral
capsid antigens). Durante las infecciones latentes, como más
adelante se concreta, el genoma del VEB se expresa de modo restringido
para hacer posible la pervivencia del virus en el hospedador.
El VEB se transmite habitualmente a través de
la saliva, de forma infrecuente por vía parenteral,
vehiculizado por la sangre y los órganos transplantados e
incluso por vía sexual. Cuando se transmite por vía
oral, el VEB se multiplica activamente en las células del
epitelio orofaríngeo y provoca una infección latente de
la mayoría de linfocitos B infectados. Éstos expresan,
poco después de la penetración del virus, nueve proteínas
de localización nuclear [el complejo EBNA (EBNA-LP, EBNA-1,
EBNA-2, EBNA-3A, EBNA-3B, EBNA-3C)] y las proteínas integrales
de membrana LMP-1, LMP-2A y LMP-2B, así como dos ARNm de pequeño
tamaño, denominados EBER 1 y 2, y varios transcritos de
distinta longitud; este perfil de expresión génica se
denomina programa de crecimiento o perfil de latencia tipo III y su
característica fundamental es la transformación blástica
de la célula infectada. En el inmuno-competente, muchos de los
linfocitos B infectados, inmortalizados o no, son rápidamente
eliminados por la respuesta celular inmune. En una fracción de
los linfocitos B infectados latentemente cesa la expresión de
algunas de las proteínas de latencia sin causa aparente y dejan
de proliferar (programa de latencia II), se organizan en centros
germinales y acaban diferenciándose en linfocitos B de memoria
quiescentes, los cuales contienen el genoma del VEB en forma de
episomas y sólo expresan EBNA 1 (programa de latencia I) o LMP
2A (programa de latencia 0), además de EBER 1 y 2. Los
linfocitos B de memoria infectados latentemente por el VEB se
encuentran en permanente tránsito en el paciente normal. La
capacidad del VEB de persistir en el hospedador, a pesar de la
vigorosa respuesta inmunitaria que desencadena, indica que el virus ha
desarrollado estrategias exitosas de elusión de dicha respuesta
y de pervivencia de las células infectadas. Finalmente, el
programa latente se desactiva en los linfocitos infectados, que se
diferencian en células plasmáticas, bien tras unirse al
antígeno que reconocen específicamente o bien a través
de un estímulo inespecífico (efecto by-stander);
el VEB reanuda el ciclo lítico, las células infectadas
producen progenie vírica y el virus se elimina a través
de las mucosas, preferentemente en la saliva.
El VEB es agente causal o coadyuvante de una amplia
variedad de enfermedades de origen linfoide o epitelial, muchas de
ellas proliferativas, cuya incidencia y naturaleza clínica varían
en función del grado de competencia del sistema inmunitario del
hospedador en que asientan (tabla 11). En el individuo
inmunocompetente, la infección primaria por el VEB es
habitualmente asintomática, sobre todo cuando se produce antes
de la adolescencia. En el adulto joven y en el adolescente, el 50% de
las primoinfecciones generan un síndrome mononucleósico
que cursa, de modo prototípico, con fiebre, odinofagia,
adenopatías laterocervicales y varias alteraciones analíticas,
entre las que destacan la elevación de los niveles séricos
de los enzimas hepáticos y la linfocitosis periférica
con presencia de linfocitos atípicos en número variable.
La mononucleosis por el VEB es comúnmente una enfermedad
benigna y autolimitada: raramente, la enfermedad se complica
(encefalitis, miocarditis, rotura esplénica, etc.) o deviene crónica
[enfermedad crónica activa (ECAEB)]; los pacientes afectos de
esta última presentan una gran morbididad y mortalidad por
disfunción hepática y medular graves y trastornos
linfoproliferativos, respectivamente. Raramente, la mononucleosis
infecciosa adquiere una gravedad considerable, a menudo letal, en
individuos portadores de una mutación en el gen SAP del
cromosoma X, lo que les hace incapaces de controlar la infección
activa por el VEB. En estas condiciones, muchos de ellos acaban con
trastornos linfoproliferativos (asociados al cromosoma X), si no han
sucumbido antes al cuadro agudo de mononucleosis. La reactivación
del VEB en el individuo inmunocompetente es frecuente, pero no se
asocia a enfermedad alguna, al menos clínicamente reconocible.
El VEB ha sido vinculado, con menor o mayor
consistencia, con una amplia variedad de cánceres de origen
linfoide (B sobre todo, también T y NK), epitelial y
mesenquimatoso, que afectan con cierta frecuencia a los pacientes
inmunodeprimidos, especialmente transplantados y enfermos de SIDA y,
raramente, a los inmunocompetentes Entre los de ontogenia linfoide, la
denominada enfermedad linfoproliferativa B postransplante (ELPT) es el
más frecuente. La ELPT afecta a pacientes sometidos a
transplante de órganos sólidos o a transplante alogénico
de precursores hematopoyéticos (TPH), e incluye una variedad de
trastornos proliferativos de distinta naturaleza y gravedad clínicas,
desde procesos linfoproliferativos policlonales reactivos hasta
linfomas no-Hodgkin genuinos. En todos los casos, la aparición
de la ELPT está ligada causalmente a la inmunodepresión
celular T que experimentan los pacientes. En el paciente infectado por
el VIH-1 la aparición de neoplasias de origen linfoide,
predominantemente linfomas no-Hodgkin (LNH), es casi siempre tardía;
éstos pueden presentarse en forma de linfomas tipo Burkitt,
linfomas extranodales que preferentemente se localizan en el cerebro,
o como linfomas nodales.
Se considera en la actualidad que el VEB es un cofactor
relevante en la patogenia del linfoma de Burkitt endémico y de
gran parte de los linfomas de Hodgkin (hasta un 65%, dependiendo del
tipo histológico); existen pruebas epidemiológicas (los
pacientes afectos de estas enfermedades presentan niveles muy altos de
anticuerpos anti-VEB en comparación con los de quienes no las
padecen) y moleculares (el ADN, varios transcritos y algunas protínas
del VEB están presentes en lás céulas tumorales)
que así lo indican.
Tabla 11. Enfermedades asociadas a la infección
por el VEB.
|
|
Origen |
Enfermedad |
|
|
Linfoide |
Mononucleosis infecciosa |
|
Enfermedad crónica activa |
|
Síndrome linfoproliferativo asociado al
cromosoma X |
|
Enfermedad linfoproliferativa de linfocitos B |
|
Enfermedad linfoproliferativa postransplante
|
|
Linfomas nodales y extranodales del SNC en
pacientes VIH+ o con inmunodeficiencias primarias |
|
Linfoma de Burkitt endémico y esporádico
(VIH+) |
|
Enfermedad de Hodgkin |
|
Granulomatosis linfomatoide |
|
Linfoma T periférico |
|
Linfoma T/NK nasal (VIH+) |
|
|
Epitelial |
Carcinoma nasofaríngeo |
|
Adenocarcinoma indiferenciado gástrico |
|
Linfoepitelioma intestinal |
|
Leucoplasia oral vellosa |
|
|
Mesenquimatoso |
Leiomiosarcoma (VIH+) |
|
Entre las neoplasias de origen epitelial, el VEB es
un cofactor clave en el desarrollo del carcinoma nasofaríngeo,
una neoplasia rara en nuestro medio pero relativamente frecuente en
algunas zonas de Asia. También parece asociarse a ciertos tipos
histológicos de carcinoma gástrico. El VEB produce
asimismo la leucoplasia oral vellosa, una enfermedad rara que se
manifiesta comúnmente en pacientes en un estadio avanzado de la
infección por el VIH. Se caracteriza por la aparición de
lesiones blanquecinas, indoloras, que se extienden a lo largo de los márgenes
de la lengua y cuyo sustrato anatomopatológico es la presencia
de células epiteliales infectadas líticamente por el
VEB.
7.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO: GENERALIDADES
Se dispone de un amplio espectro de pruebas de laboratorio para
el diagnóstico directo e indirecto de las infecciones causadas
por el VEB (tabla 12), el uso de cada una de las cuales tiene
indicaciones precisas, como más adelante se concreta. Muchas de
ellas se llevan a cabo de forma sistemática en los laboratorios
de microbiología (determinaciones serológicas, detección
del ADN vírico en líquidos biológicos, y
cuantificación de la carga vírica en la sangre periférica),
otras son más propias de los laboratorios de anatomía
patológica (detección de ADN, ARN o proteínas en
tejidos tumorales). Las pruebas indirectas (serológicas) son
clave para el diagnóstico de la mononucleosis infecciosa y
auxiliares para el diagnóstico de la enfermedad crónica
activa y de algunas neoplasias a las que está vinculado el VEB.
Los métodos serológicos son, por otra parte, de elección
para establecer si alguien está o no infectado por el virus,
información de notable interés en el marco del
transplante. Las pruebas directas (PCR, NASBA, southern blot,
dot blot, hibridación in situ y procedimientos
inmunohistoquímicos), son determinantes para el diagnóstico
de los tumores asociados al VEB y, en concreto, las versiones
cuantitativas de la PCR son insustituibles en el seguimiento de la
infección por el VEB en el paciente inmunodeprimido y en el
control postratamiento de ciertas neoplasias asociadas a este virus.
Los métodos directos son igualmente relevantes para el diagnóstico
de la leucoplasia oral vellosa y de la enfermedad crónica
activa grave asociada al VEB. De todos los procedimientos a nuestro
alcance, el cultivo del virus es el que encuentra menor aplicación
en la sistemática diaria, por lo que no será tratado en
la presente revisión.
7.3. DIAGNÓSTICO DE LA
PATOLOGÍA NO TUMORAL EN EL PACIENTE INMUNOCOMPETENTE
7.3.1. Diagnóstico de la
mononucleosis infecciosa
El diagnóstico de la mononucleosis infecciosa (MI) causada
por el VEB en el paciente inmunocompetente es serológico en
primera instancia: se trata de acreditar la existencia de una infección
primaria mediante la detección en el suero de una especie
particular de anticuerpos heterófilos cuya aparición es
común en el transcurso de la enfermedad aguda (no aparecen en
las reactivaciones), o de demostrar la presencia de anticuerpos específicos
frente al VEB, de acuerdo con una secuencia de actuación que se
propone más adelante. En la mayoría de los casos basta
con una única muestra de suero obtenida durante la fase aguda
de la enfermedad; en ocasiones, sin embargo, se precisa una segunda
muestra tomada en la fase de convalecencia para demostrar seroconversión.
Tabla 12. Métodos diagnósticos de
la infección por el VEBa.
|
|
Métodos |
Muestras |
Indicaciones |
|
|
Directos |
|
|
|
Cultivo |
Sangre periférica, saliva |
Ninguna |
|
Detección ADN/ARN |
|
|
|
PCR (cualitativa, semi y cuantitativa) |
Sangre, linfocitos, plasma, suero, LCR, líquidos
biológicos, tejidos |
MI, encefalitis, seguimiento ELPT |
|
NASBA |
Tejidos |
Tumores |
|
Hibridación in situ |
Tejidos |
Tumores |
|
Southern blot (clonalidad) |
Tejidos |
Tumores |
|
Dot blot |
Tejidos |
Tumores |
|
Detección de proteínas |
Tejidos |
Tumores, leucoplasia vellosa |
|
|
Indirectos |
|
|
|
IF (IFI, IFAC) |
Suero |
MI, ECAEB, tumores |
|
EIA |
Suero |
MI, tumores |
|
Western blot |
Suero |
MI |
|
Avidez IgG |
Suero |
MI (confirmación) |
|
Ac. heterófilos (aglutinación,
EIA, inmunocromatografía |
Suero |
MI |
|
aAbreviaturas:
ELPT: enfermedad linfoproliferativa post-transplante; IF:
inmunofluorescencia;
IFI: inmunofluorescencia indirecta; IFAC: inmunofluorescencia
anticomplementaria; MI: mononucleosis infecciosa; ECAEB: enfermedad crónica
activa; EIA: enzimoinmunoensayo.
Los anticuerpos heterófilos que se detectan
en la MI causada por el VEB tienen un perfil característico:
son mayoritariamente de la clase IgM, reconocen antígenos
localizados en la membrana de los hematíes de varios mamíferos,
son adsorbidos por un extracto de estroma de eritrocitos bovinos, pero
no por un extracto de riñón de cobaya -a diferencia de
otros anticuerpos heterófilos, como los de Forssman (prueba clásica
de Paul-Bunnell y Davidsohn)- y no reaccionan con proteínas del
VEB. Aparecen en un 80-90% de los pacientes con MI mayores de 10 años,
son objetivables en la fase aguda de la enfermedad, rara vez persisten
más de dos meses (de hecho, son un marcador excelente de la
fase aguda), y no suelen aparecen en los síndromes mononucleósicos
de otra causa. En los pacientes menores de 10 años, sin
embargo, se detectan en menos de un 50% de los casos.
Son muchas las pruebas comercializadas que detectan anticuerpos
heterófilos: versiones del método clásico de
Paul-Bunnell (Sanofi Diagnostics), técnicas de aglutinación
de partículas de látex sensibilizadas con antígeno
purificado a partir de membranas de eritrocitos bovinos u ovinos
(Monolatex®, Biokit®; Avitex-IM®, Omega Diagnostics;
Mono-Lex®, Trinity Laboratories; Dry spot IM kit®, Oxoid),
pruebas de aglutinación cuyo sustrato son hematíes
equinos (IM Absortion kit®, Microgen; Monospot®, Meridian;
Monoslide®, bioMérieux), enzimoinmunoensayos
(ImmunoCard-mono®, Meridian) y técnicas inmunocromatográficas
(Card-OS Mono-Paci®, Biotech; BIFA-MI-Tira-Bifa Kit®,
Sumilab). No hay grandes diferencias de sensibilidad (varía
entre un 80-95%, dependiendo de la edad del grupo de población
en que se practica la prueba) ni de especificidad (próxima al
100%) entre las distintas pruebas disponibles en el mercado. Los
falsos positivos (positivos en ausencia de enfermedad aguda por el
VEB) no superan el 2-3% de los casos; se observan en el marco de
algunas enfermedades autoinmunes, la infección primaria sintomática
por el VIH y en unos pocos casos de síndrome mononucleósico
causado por el CMV; en la mayoría de casos, se trata de
anticuerpos heterófilos genuinos residuales.
La determinación de anticuerpos de las subclases IgG e IgM
y, ocasionalmente, IgA, frente a los complejos antigénicos VCA,
EA y EBNA (integrado por proteínas reguladoras multifuncionales
no estructurales de localización nuclear) resultan
habitualmente clave en el diagnóstico de la mononucleosis por
el VEB. Los anticuerpos IgM frente al VCA suelen ser los primeros en
detectarse. Posteriormente, son objetivables los anticuerpos IgG anti
EA-D (éstos no en todos los casos) y los anticuerpos IgG
anti-VCA; no es infrecuente que la aparición de estos últimos
sea simultánea a la de la IgM anti-VCA; los anticuerpos IgG
anti-EBNA-1 tardan entre dos y seis meses en ser detectables en el
suero y suelen persistir de por vida; en cambio, los anticuerpos
anti-EBNA-2 (y otras especificidades EBNA) pueden estar presentes en
el suero durante la fase aguda de la enfermedad. Los anticuerpos IgG
anti-EA-D y las IgM anti-VCA suelen desaparecer en la fase de
convalecencia (rara vez persisten más de 6 meses), mientras que
las IgG anti-VCA son detectables de por vida.
La detección de anticuerpos anti-VEB se lleva a cabo
mediante inmunofluorescencia indirecta (IFI) o anticomplementaria
(IFAC), ELISA o western blot (WB). Las pruebas de detección
de anticuerpos IgM e IgG anti-VCA (IFI), IgG anti-EA (IFI), IgG
anti-EBNA (IFI) y anticuerpos totales anti-EBNA (IFAC) se han
comercializado por distintas empresas (Gull, Serifluor-Institute
Virion, Vircell, etc.); para la detección de los anticuerpos
anti-VCA se emplean células productoras de viriones (P3HR-1 o
B-95) estimuladas con TPA (éster del formol). Para la
determinación de los anticuerpos anti-EA-D (patrón
difuso del complejo antigénico precoz) se utilizan células
Raji (no productoras de viriones) estimuladas con butirato sódico
y, para la de anticuerpos anti-EBNA, células Raji sin
estimular. Cuando la detección de anticuerpos anti-EBNA se
lleva a cabo mediante IFI se detectan tanto anticuerpos contra EBNA-1
cuanto frente a otras especificidades de EBNA, sobre todo EBNA-2. Si
se lleva a cabo mediante IFAC se detectan anticuerpos totales
anti-EBNA, preferentemente frente a EBNA-1. No hay diferencias
sustanciales de sensibilidad y especificidad entre las distintas
pruebas aludidas.
Existe una amplia variedad de sistemas comerciales EIA que
difieren esencialmente en el sustrato antigénico que emplean:
lisados de células infectadas por el VEB (Immunowell®,
GeneBio), proteínas víricas purificadas mediante
cromatografía de afinidad (gp 125 del complejo VCA, ELISA VCA
de Gull) o proteínas recombinantes/péptidos sintéticos
(p72 EBNA-1, ELISA-EBNA de Gull, Immunowell-EBNA de GeneBio,
ELISA-EBNA de Biotest Diagnostics; p18 VCA, ELISA Wampole, Captia-VCA
de Centocor, Vironostika EBV-VCA de Organon Teknika; p54 de EA,
ELISA-EA de Biotest). La mayoría detecta de forma
individualizada las distintas especificidades de anticuerpos anti-VEB;
unos pocos, sin embargo, detectan simultáneamente anticuerpos
frente a diversas proteínas pertenecientes a varios complejos
antigénicos del VEB (Enzygnost anti-EBV, Behring). La mayor
parte de los que detectan IgM son EIA indirectos, por lo que es
necesario tratar previamente los sueros para evitar la interferencia
del factor reumatoide; sólo unos pocos emplean métodos
EIA de inmunocaptura (Vironostika VCA IgM, Organon Teknika; Captia
Select VCA-M, Centocor).
En general, los EIA ofrecen una mayor sensibilidad que las IF,
pero son menos específicos. Aquellos que utilizan extractos
celulares como antígenos son más sensibles que los que
emplean proteínas purificadas a partir de cultivos infectados,
proteínas recombinantes o péptidos sintéticos,
aunque son menos específicos. Los EIA que detectan anticuerpos
anti-EBNA (proteínas recombinantes p72 o p58, que corresponden
a EBNA-1) son relativamente homogéneos en cuanto a su
sensibilidad (inferior, no obstante, a la IFAC) y especificidad;
existe, de hecho, una correlación aceptable entre la IFAC y
estos EIA. Los que detectan anticuerpos IgG anti-VCA se correlacionan
aceptablemente con la IFI aunque, en general, son menos sensibles que
ésta, mientras que los que detectan anticuerpos IgG frente al
EA-D y, particularmente, los que determinan IgM anti-VCA ofrecen, en
general, una eficacia diagnóstica muy inferior a lo deseable.
Se encuentran también disponibles en el mercado western
blots (WB) para la detección de anticuerpos anti-VEB, entre
los que se incluye un WB clásico, cuyo sustrato antigénico
es un lisado de células linfoblastoides transformadas por el
VEB y varios blots con antígenos recombinantes o peptídicos
dispuestos en línea (Virotech); las proteínas
habitualmente presentes en estos blots son: p72 (EBNA-1), p18
(VCA) - los anticuerpos frente a esta proteína son un marcador
de infección pasada, puesto que aparecen muy tardíamente
después de la infección primaria-, p23 (VCA), p54 (EA) y
p138 (EA); los segundos son, en general, preferibles a los primeros
por su mayor especificidad. Aunque el WB ha sido ha propuesto como
prueba confirmatoria, incluso postulado por algunos como procedimiento
de referencia, lo cierto es que no mejora en gran medida la aportación
diagnóstica de las pruebas de EIA e IF; proporciona comodidad,
eso sí, puesto que se pueden analizar distintas especificidades
antígeno-anticuerpo de forma simultánea.
Con base en lo anterior, ante la presencia de un cuadro clínico
de MI a cualquier edad, se recomienda practicar, en primera instancia,
una prueba de anticuerpos heterófilos; si ésta resulta
positiva, consideramos probada la implicación del VEB. Si
resulta negativa y la sospecha de MI por el VEB es firme, debemos
analizar los anticuerpos IgG anti-VCA, IgM anti-VCA y de IgG
anti-EBNA-1, lo que conducirá al diagnóstico en más
de un 90% de los casos (tabla 13). La determinación de
anticuerpos anti-EA no aporta información útil para el
diagnóstico de la MI. El patrón serológico más
común en esta situación es: IgG anti-VCA (+/- ), IgM
anti-VCA (+) e IgG anti-EBNA-1 (-). Es necesario remarcar que no se
debe diagnosticar una MI con la única base de un resultado
positivo de una prueba de IgM anti-VCA, por cuanto puede tratarse de
un falso positivo, ya se utilice la IFI o el ELISA. En esos casos,
conviene solicitar una segunda muestra de suero obtenida durante la
convalecencia con objeto de demostrar una seroconversión.
El análisis de los marcadores serológicos
mencionados no siempre permite establecer con seguridad la vinculación
del VEB con la enfermedad en curso. Los anticuerpos IgM anti-VCA son
indetectables en un 10% de los niños con infección
primaria por el VEB, su aparición puede demorarse en niños
y adultos y su presencia en el suero puede persistir varios meses
después de contraer la infección; es posible, incluso,
detectar anticuerpos anti-EBNA-1 en un pequeño porcentaje de
los enfermos en el momento en que reciben atención médica;
la desaparición precoz de los anticuerpos anti-EBNA-1 también
puede complicar notablemente la interpretación de la serología
del VEB (tabla 13). En estas situaciones debe recurrirse a dos pruebas
auxiliares cuyo valor diagnóstico ha sido probado: la
determinación de la avidez de los anticuerpos IgG anti-VCA, si
son detectables, y la determinación cualitativa,
semicuantitativa o cuantitativa de ADN vírico en el suero
mediante PCR competitiva o en tiempo real, preferiblemente
esta última. La presencia de anticuerpos IgG anti-VCA de baja
avidez (índice de avidez < 50%) se asocia a la
existencia de una infección primaria reciente; en las
infecciones pasadas, el índice de avidez de las IgG anti-VCA
supera el 80%. Por otra parte, la detección del ADN del VEB en
el suero apoya el diagnóstico de infección primaria en
el inmunocompetente, puesto que no se detecta ni en infecciones
pasadas ni en reactivaciones. La presencia del ADN vírico libre
en el suero es, sin embargo, efímera. Durante las primeras dos
semanas después del inicio de los síntomas la
probabilidad de detectar ADN vírico en el suero es mayor del
90% según algunas series publicadas; ésta disminuye
considerablemente con el paso del tiempo.
Tabla 13. Infección por el VEB: perfiles
serológicos prototípicos.
|
|
Anticuerpos heterófilos |
IgG VCA |
IgM VCA |
IgG EBNA1 |
Interpretación |
|
|
+/- |
+ |
+ |
+ |
Infección aguda |
|
+/- |
- |
+ |
- |
Infección agudaa
Falso positivo
|
|
+/- |
+ |
- |
- |
Infección agudab
Infección pasada |
|
- |
+ |
|
+ |
Infección pasada |
|
+/- |
+ |
+ |
+ |
Infección agudab
Infección pasada |
|
- |
- |
- |
- |
No infectado |
|
- |
- |
- |
+ |
Patrón imposible |
|
aConviene
solicitar una muestra durante la fase de convalecencia para demostrar
seroconversión IgG anti-VCA o realizar PCR (ADN vírico)
en el suero.
bAnalizar
la avidez de IgG anti-VCA o determinar ADN vírico en el suero
mediante PCR.
Parece existir, además, una relación
directa entre la gravedad de las manifestaciones clínicas
presentes y la magnitud de la carga vírica en la sangre periférica.
Son muchas las complicaciones posibles de la mononucleosis
infecciosa; pueden afectar virtualmente a cualquier órgano o
tejido. Las que implican a la médula ósea, hígado,
pulmón y SNC son las más graves. La detección del
ADN del VEB en el LCR mediante PCR es potencialmente útil en el
diagnóstico de las encefalitis. Hay varias PCR cualitativas
comercializadas (algunas con formato multiplex que permiten la
detección simultánea de otros herpesvirus, algunas con
patente nacional (Real, QCA) que resultan útiles para este propósito,
si bien lo son más las PCR cuantitativas. La eficacia diagnóstica
de la PCR en las otras complicaciones mencionadas no está
definida con precisión.
7.3.2. Diagnóstico de la
enfermedad crónica activa
La constatación de títulos elevados (determinados
mediante IF) de IgG anti-VCA (>1:5.120) y anti-EA (>1:612), la
persistencia de IgA frente a esos mismos complejos antigénicos
y la ausencia de anticuerpos anti-EBNA-1 sustenta el diagnóstico
clínico de la ECAEB. La demostración de la presencia del
ADN vírico mediante PCR en tejidos afectados durante el
transcurso de la enfermedad es también criterio de apoyo para
el diagnóstico de la ECAEB grave.
7.4. DIAGNÓSTICO DE LA
PATOLOGÍA NO TUMORAL EN EL PACIENTE INMUNODEPRIMIDO
7.4.1. Diagnóstico de la infección
primaria
La infección primaria por el VEB en el paciente
inmunodeprimido tiene como consecuencia habitual un cuadro de MI
tendente a complicarse y que, a menudo, particularmente en niños
traNsplantados, deviene en una enfermedad linfoproliferativa. La
serología no es del todo fiable en el diagnóstico de la
MI en estos pacientes, por varias razones: las respuestas de
anticuerpos frente a los distintos complejos antigénicos del
VEB se demoran o se extinguen rápidamente, la cinética
de maduración de los anticuerpos IgG es frecuentemente anómala
en relación con la que se objetiva en el paciente
inmunocompetente y el suero de los pacientes tratados con
gammaglobulinas inespecíficas contiene comúnmente
anticuerpos anti-VEB transferidos pasivamente. Todo lo anterior
dificulta la interpretación de los resultados obtenidos. En
estos pacientes es preferible, por lo tanto, el uso de la PCR para
detectar ADN vírico en el suero.
7.4.2. Diagnóstico de la
leucoplasia oral vellosa
Esta enfermedad se diagnostica mediante la detección
inmunohistoquímica de la proteína BZLF-1 (ZEBRA) en
biopsias de las lesiones. El anticuerpo monoclonal más
utilizado es el proveniente del clon BZ-1 (Dako). Sólo la
detección de la proteína en el núcleo celular
permite el diagnóstico de certeza.
7.5. DIAGNÓSTICO DE LA
PATOLOGÍA TUMORAL VINCULADA CON EL VEB
La vinculación del VEB en la etiopatogenia de neoplasias
se ha sustentado clásicamente en la constatación de
niveles séricos elevados de anticuerpos anti-VEB en los
pacientes enfermos en relación con los de la población
sana, y en la demostración de la presencia de ADN, ARN o de
proteínas víricas en el tejido tumoral mediante métodos
inmunohistoquímicos o moleculares (tabla 14). Los métodos
directos mencionados son, hoy en día, de elección para
probar la implicación del VEB y los serológicos desempeñan
un papel secundario, de apoyo. En cuanto a estos últimos, lo más
destacable es lo siguiente: (i) la relación directa existente
entre los niveles séricos de IgA anti-VCA, EA y EBNA y la
probabilidad de desarrollar o padecer un carcinoma nasofaríngeo;
la elevación significativa de los niveles séricos de
estos anticuerpos precede la aparición del tumor en 1-5 años;
se ha comprobado, igualmente, que la respuesta del tumor a la
quimioterapia se sigue de un descenso significativo de esos mismos
niveles; (ii) en el linfoma de Burkitt endémico, los niveles séricos
de IgG anti EA-R (patrón restringido del complejo EA-patrón
de fluorescencia-) proporcionan información diagnóstica
y pronóstica; (iii) los niveles de IgG anti-EA permiten inferir
el riesgo de desarrollar ELPT; su medición podría ser de
interés, igualmente, para evaluar el grado de respuesta al
tratamiento.
Para la detección de ADN, ARN o proteínas víricas
son igualmente válidas las piezas quirúrgicas frescas
(mantenidas en suero salino estéril o solución de Hanks,
por ejemplo), congeladas o fijadas en formol y embebidas en parafina,
y los aspirados celulares. La detección del producto vírico
puede hacerse directamente en cortes finos de la muestra o a partir de
extractos homogeneizados del tejido obtenido. En cualquier caso la
muestra ha de tomarse asépticamente, transportarse en un
recipiente estéril y conservarse en frío si no ha de
procesarse de inmediato. Por otra parte el LCR es una buena muestra
para el diagnóstico de los linfomas del SNC en el paciente con
SIDA: la presencia del ADN vírico detectado mediante PCR en el
LCR se correlaciona significativamente con la presencia de la
enfermedad tumoral.
7.5.1. Detección de proteínas
del VEB en el tejido tumoral
La detección de proteínas del VEB, preferentemente
EBNA-1 y LMP-1, se lleva a cabo mediante (i) técnicas de
inmunohistoquímica, lo que permite filiar la naturaleza de las
células que expresan la proteína vírica cuando se
emplean simultáneamente anticuerpos frente a marcadores
celulares y microscopía confocal, o mediante (ii) western-blot,
en ambos casos utilizando como reactivos anticuerpos monoclonales
frente a las proteínas víricas. La detección de
LMP-1 mediante el uso del anticuerpo monoclonal CS1-4 (Dako) y S12
(Organon) resulta particularmente ventajosa. La detección de
LMP-1 es superponible en sensibilidad y especificidad a la detección
de EBER mediante hibridación in situ (más
adelante se hace referencia a este procedimiento) en el diagnóstico
de la ELPT y el linfoma de Hodgkin (se tiñen las células
de Reed-Sternberg). El patrón de IF vinculados frecuentemente
con el VEB. que genera LMP-1 es granular y se distribuye en el
citoplasma y la membrana celulares.
Tabla 14. Expresión in vivo de
proteínas y ARNm en trastornos proliferativos
|
|
Marcadorb |
Enfermedada |
|
|
MI |
LB |
EH |
ELPB |
CNF |
CG |
|
|
EBNA-1 |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
|
EBNA-2 |
+ |
-
|
-
|
+ |
-
|
-
|
|
EBNA-3A |
+ |
-
|
-
|
+ |
-
|
-
|
|
EBNA-3B |
+ |
-
|
-
|
+ |
-
|
-
|
|
EBNA-3C |
+ |
-
|
-
|
+ |
-
|
-
|
|
EBNA-LP |
+ |
-
|
-
|
+ |
-
|
-
|
|
LMP-1 |
+ |
-
|
+ |
+ |
+/-
|
? |
|
LMP-2 |
+ |
-
|
+ |
+ |
+ |
+ |
|
EBER 1, 2 |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
|
aAbreviaturas.
MI: mononucleosis infecciosa; LB: linfoma de Burkitt; EH: enfermedad
de Hodgkin; ELPB: enfermedad linfoproliferativa de linfocitos B; CNF:
carcinoma nasofaríngeo; CG: carcinoma gástrico.
bAbreviaturas
de marcadores: ver texto.
7.5.2. Detección de
ADN y ARNm del VEB en el tejido tumoral
La detección de ADN vírico mediante southern
blot (su uso está particularmente indicado para averiguar
la clonalidad del tumor) o PCR a partir de ADN total extraído
de la muestra es factible, pero la eventualidad de que el ADN hallado
provenga de células infectadas pero no transformadas presentes
en el material analizado, posible dada la amplia distribución
del VEB en el organismo, minimiza el valor diagnóstico de estas
pruebas. Son preferibles la detección del ADN mediante PCR in
situ y, muy especialmente, la detección de ARNm EBER 1 y 2
mediante hibridación in situ. EBER 1 y 2 se expresan
abundantemente en todos los tumores asociados al VEB (106
copias/célula, aproximadamente), hecho que facilita enormemente
su detección. Se han descrito numerosos protocolos de hibridación
para la detección de EBER, que emplean sondas de ADN o ARN
(ribosondas) marcadas con biotina, digoxigenina o fluoresceína
y que se encuentran disponibles en el mercado (Boehringer-Manheim,
Dako, Biogenex, etc.). El análisis del ARNm EBER puede llevarse
a cabo a partir de preparaciones embebidas en parafina o de aspirados
citológicos. Las muestras son tratadas con xilol, si contienen
parafina, después con proteinasa K y detergentes, éstos
para facilitar la penetración intracelular de la sonda y,
posteriormente, son incubadas con la sonda elegida. Las muestras son
finalmente examinadas al microscopio: EBER 1 y 2 se acumulan en el núcleo
celular. Este procedimiento es de referencia para demostrar la
implicación del VEB en todos los tumores con que está
vinculado; esta prueba puede ser falsamente negativa como consecuencia
de la degradación del ARN de la muestra; es necesario descartar
esta posibilidad, para lo cual se incluye en la reacción un
control de hibridación (sonda poliT que hibrida con la
secuencia poliA del ARNm celular). La detección de ARNm que
codifica las distintas proteínas de latencia del VEB en tejido
tumoral mediante PCR-RT y NASBA es una posibilidad técnica en
estudio que, previsiblemente, ganará adeptos a medida que se
perfilen las condiciones óptimas de uso.
7.5.3. Análisis de la carga vírica
del VEB en la sangre periférica
Se dispone de datos concluyentes que prueban una relación
directa entre la magnitud de la carga vírica del VEB en la
sangre periférica y el riesgo de desarrollar algunos trastornos
linfoproliferativos y el carcinoma nasofaríngeo. Este vínculo
es particularmente manifiesto en el marco de la ELPT y el linfoma
nodal o extranodal en el paciente con SIDA, sobre todo cuando
concurren en el paciente varios factores predisponentes (determinado
tipo de inmunosupresión, infección primaria por el VEB,
etc.). Conviene subrayar, sin embargo, que la presencia de cargas
periféricas altas no asegura el desarrollo ulterior de
enfermedad; ni la de cargas bajas lo hace imposible. Se ha evaluado
una amplia variedad de procedimientos para la cuantificación de
la carga vírica periférica: técnicas de PCR
semicuantitativas (algunas comercializadas-BioSource), cuantitativas
competitivas y cuantitativas en tiempo real (comercializada
recientemente por Abbott), que amplifican zonas conservadas de
distintos ORF, casi siempre EBNA-1; no obstante, la mayoría de
estas PCR son de diseño propio, hecho que ha dificultado el análisis
comparativo de los datos obtenidos por los diferentes laboratorios y,
consecuentemente, ha imposibilitado consensuar un umbral de alerta (número
de copias a partir del cual el riesgo de desarrollar la enfermedad
aumenta significativamente), o precisar a partir de qué
magnitud de cargas la presencia de la enfermedad es un hecho. De todos
los formatos PCR evaluados, los basados en la tecnología en
tiempo real son los de mayor futuro; se trata de procedimientos
sensibles, reproducibles y capaces de cuantificar con precisión
en un amplio intervalo de concentraciones. Tanto la sangre total como
el plasma y las células mononucleares de la sangre periférica
son muestras adecuadas para la monitorización de la carga vírica
del VEB, especialmente las dos primeras.
Es previsible que, en un futuro cercano, la
monitorización de la carga vírica del VEB en estos
pacientes mediante PCR cuantitativa en tiempo real podrá
guiar la decisión de prescribir o no un tratamiento anticipado
(inmunomoduladores y antivíricos) y evaluar el grado de
respuesta al tratamiento.
8.
HERPESVIRUS HUMANO 8
8.1. IMPORTANCIA CLÍNICA
El ADN del herpesvirus humano tipo 8 (HVH8) fue detectado en 1994
a partir de un tejido de sarcoma de Kaposi (SK) procedente de un
paciente con sida. El HVH8 presenta la morfología típica
de los herpesvirus; tanto es así que, antes de su descripción,
se observaron partículas víricas de morfología de
herpesvirus en el tejido de SK que fueron identificadas, de forma errónea,
como CMV. El análisis filogenético ha demostrado que el
HVH8 presenta un elevado grado de homología con otros
herpesvirus linfotrópicos humanos [virus de Epstein Barr
(VEB)]. Como en este último virus, el genoma de HVH8 se dispone
en forma circular durante la fase de latencia, pero el ADN activo
durante el ciclo lítico es lineal.
El genoma del HVH8 codifica proteínas que presentan
homología con oncoproteínas humanas, así como
otras proteínas reguladoras, con función importante en
la patogenia de la infección por el HVH8. Una de ellas, el antígeno
nuclear asociado a la latencia (LANA-2) puede inteaccionar con la p53
e inhibir la actividad transcripcional mediada por dicha proteína
antitumoral. Estas y otras características virológicas
explican su papel oncogénico en el desarrollo del SK.
Se le considera responsable de cuadros similares a la
mononucleosis infecciosa, como consecuencia de infección
primaria, y existe una fuerte evidencia de asociación con el
SK, la enfermedad de Castleman, y del PEL, o linfoma de cavidades de células
B. El grado de evidencia es menor en las lesiones no-SK en pacientes
sometidos a transplante, en la enfermedad de Bowen, en el pénfigo
vulgar asociado o no a la infección por el VIH, y en el linfoma
MALT bilateral de la glándula parotídea. Otras
asociaciones con las que se le ha relacionado son menos concluyentes.
Parece claro que la presencia del HVH8 es el factor primario y
necesario para el desarrollo del SK. Además, la inmunodepresión
del paciente es un cofactor importante en la expresión clínica
del SK en algunos pacientes infectados por el HVH8. Así, el período
de incubación, desde la primoinfección hasta el
desarrollo de la enfermedad, depende más de la situación
del sistema inmune que de la duración de la infección,
de ahí que, tanto el SK, como el PEL, respondan de forma eficaz
a la terapia antirretovírica y que el SK postransplante se
resuelva cuando cesan los regímenes inmunosupresores. Se ha
detectado ADN del HVH8 en todos los tipos de SK: clásico, endémico
y asociado al SIDA, y mediante técnicas de hibridación
in situ se ha observado su localización en las células
del endotelio vascular y en las células perivasculares en forma
de huso de las lesiones de SK. Dicha asociación está
avalada no sólo por estudios moleculares, sino también
por estudios seroepidemiológicos.
Se han identificado cinco variantes (de la A a la E), con
distribución geográfica diferente (grupos A y C en
Europa y Norteamérica). Se ha sugerido la posibilidad de una
relación entre el tipo de variante y la expresión clínica
pero, por el momento, dicha relación no se ha aclarado
convincentemente.
Al no haberse aislado en cultivo, el diagnóstico de las
infecciones por HVH8 puede realizarse de forma directa, mediante la
detección de ADN y de antígenos específicos en
los distintos tejidos o fluidos implicados, así como mediante
la demostración de una respuesta serológica específica
(tabla 15).
8.2. DIAGNÓSTICO
MICROBIOLOGICO
8.2.1. Diagnóstico directo:
muestras y métodos
Las muestras para la detección de genoma del HVH8 mediante
PCR son variadas (tejido de SK, tejido linfoide, plasma, células
mononucleares de sangre periférica, y suero). Puede detectarse
también en la saliva y el semen, pero su implicación en
estos casos, es de tipo epidemiológico, más que de una
clara asociación clínica, es decir, no serían las
muestras más adecuadas para el diagnóstico, aunque sí
demostrarían que el paciente está infectado por HVH8 y
lo elimina por las vías habituales.
En el caso de la sangre debe enviarse sangre total en un tubo con
anticoagulante (EDTA o PPT) para separar ambas fases (plasma y células
mononucleares) tras una centrifugación adecuada. Es conveniente
que no pasen más de 12-24 horas entre la extracción y la
separación. Una vez separado, tanto el plasma como el suero
pueden usarse de forma inmediata, o conservarse en nevera durante uno
o dos días y, preferiblemente, congelar si se demora su
utilización.
Las muestras tisulares pueden enviarse al laboratorio de
microbiología en fresco, es decir, tras su extracción,
se introducen en un frasco estéril y se envían sin
conservantes. Puede ser útil, si van a tardar algunas horas en
llegar al laboratorio, añadir unas gotas de agua destilada o
suero fisiológico para evitar la desecación. Si la
muestra obtenida es pequeña y no puede enviarse muestra a los
dos laboratorios (anatomía patológica y microbiología)
puede llevarse al de patología para que, tras la parafinación,
se envíen de cinco a diez cortes de 10 µm al de
microbiología donde se procederá a la desparafinación
de los mismos mediante tratamiento con xilol y a la extracción
de ácidos nucleicos según el método con el que el
centro tenga experiencia, siendo recomendable alguna de las
variaciones del método de Boom (sílicagel) o la
purificación en columnas y la posterior detección de ADN
mediante PCR.
Se pueden usar varios métodos para el diagnóstico
directo de las infecciones por el HVH8, con diferencias en
sensibilidad, sencillez de realización y automatización.
Los métodos más usados son la detección de ADN
mediante PCR clásica, PCR en tiempo real o, en menor
medida, hibridación in situ, así como la detección
de expresión antigénica mediante inmunohistoquimia.
Tabla 15. Técnicas convencionales
aplicables al diagnóstico de la infección por el HVH8.
|
|
Técnica |
Ventajas |
Inconvenientes |
Aplicación |
|
|
Diagnóstico serológico |
|
|
|
| Enzimoinmunoanálisis |
Metodología
familiar |
Poco flexible
Controlar eficacia reactivos
Sólo comercializado para IgG. |
Determinación
del estado inmune.
Soporte de diagnóstico clínico en SK, Castleman,
PEL
|
· Ag
latente (ORF 73)
ABI Inc |
No reacción
cruzada con VEB |
|
Útil en
seguimiento de transplantados e infectados por el VIH |
| · Ag
fase lítica |
|
|
|
| ABI Inc
(virión células KS-1) |
Sensible |
Reacción
cruzada con VEB y VIH |
|
| Biotrin (péptidos
líticos) |
Sensible |
Sin reacción
cruzada con VEB ni VIH |
|
| (OR -65 y K8.1) |
Positivo: cálculo
de valor índice |
|
|
| Inmunofluorescencia
indirecta (IFI). |
Sensibilidad.
Detecta IgG e IgM.
Flexibilidad. |
Interpretación
subjetiva.
Laboriosidad |
Determinación
del estado inmune.
Soporte de diagnóstico clínico en SK, Castleman,
PEL
Útil en seguimiento de transplantados e infectados por
el VIH. |
| · Ag
latente |
|
|
|
| Ag
LNA-1(ORF 73) Panbio |
Sin reacciones
cruzadas con VEB |
|
|
| · Ag
fase lítica |
|
|
|
ABI Inc (células
KS-1)
Panbio |
Punto corte
(1:10; 1:40) |
Interpretación
subjetiva.
Laboriosidad. Poco específico |
|
|
| Histopatología
/ Inmunohistoquimia |
Laboratorios
Patología
Especificidad |
La expresión
de proteínas cambia según tipo celular |
Útil en
diagnóstico de SK, Castleman, PEL |
|
| Detección
de genoma |
|
|
|
| PCR cualitativa
(simple, anidada) |
Rápida
Multiplex (Herpesvirus)
Sensible, específicica |
Experiencia en
PCR |
Útil
para diagnóstico SK
Útil en monitorización VIH y transplantados
|
| PCR
cuantitativa (real time) |
Sensibilidad,
especificidad |
Experiencia en
la técnica
Actualmente in house |
Soporte diagnóstico
de SK, Castleman y PEL
Útil en monitorización transplantados |
|
8.2.2. Detección
mediante PCR
La mayoría de los autores recomiendan la detección
de ADN mediante PCR (ya sea la PCR clásica o de
amplificación y detección simultánea tiempo
real-), encontrándose en el 95% de las lesiones de SK
asociado a SIDA, clásico y endémico y entre el 30 y el
60% de las células mononucleares de sangre periférica de
pacientes con SK, fundamentalmente durante la primoinfección y
la fase de inmunodepresión máxima. También se
detecta en las biopsias de pacientes con enfermedad múltiple de
Castleman, así como en el tejido linfoide de pacientes con PEL,
y en el semen, plasma y en sangre periférica. Pueden usarse
como molde secuencias de varias regiones del genoma vírico,
tanto de genes latentes (ORF-73), como de genes líticos
(ORF-65).
Existe una clara correlación entre la cantidad de ADN
(medida por PCR) en las muestras cutáneas y la gravedad y el
estadio de la enfermedad. Así, los pacientes con enfermedad
localizada presentan menor cantidad de ADN en las muestras de tejido
que los pacientes con enfermedad diseminada. El desarrollo de la PCR
en tiempo real permite dicha cuantificación, utilizando
como estándar células con una cantidad conocida de
copias de ADN de HVH8 por célula.
La amplificación en tiempo real, a partir de células
mononucleares sanguíneas, tiene valor pronóstico en los
pacientes trasplantados así como en los VIH, y puede usarse en
la monitorización de estos pacientes para conocer el riesgo de
aparición de las enfermedades relacionadas con la infección
por HVH8. La cuantificación en el plasma es menos sensible, ya
que sólo es positiva en los pacientes con replicación vírica
importante. Sin embargo, su valor predictivo positivo es muy elevado.
Polstra et al. (2003) llevaron a cabo un estudio
comparativo entre suero y plasma, usando PCR en tiempo real.
Según estos autores, los porcentajes son muy semejantes entre
suero y plasma (en un 41% de los pacientes se detectó en ambas
muestras, en 7 pacientes sólo en plasma y en 8 sólo en
suero), con niveles de carga similares. Sin embargo, según
estos autores, el suero presentaba menor porcentaje de inhibidores que
el plasma, aunque no especifican el anticoagulante usado para la
obtención del plasma, por lo que no hay resultados concluyentes
a este respecto.
8.2.3. Otros métodos de diagnóstico
directo
También la hibridación in situ puede usarse
para localizar células específicas que alberguen el HVH8
en tejidos de SK, aunque debido a su baja sensibilidad y a la
complejidad de realización, está siendo reemplazada por
la inmunohistoquimia en los laboratorios de patología. Mediante
esta última técnica, se detecta la expresión
proteica del HVH8 en las células fusiformes perivasculares y en
algunas células epiteliales del SK, en las células
tumorales de PEL, en los linfomas que afectan a tejido sólido
asociado al HVH8 y en las células de la zona del manto en la
enfermedad múltiple de Castleman. En la actualidad, el diagnóstico
mediante la detección de antígenos víricos (de
expresión durante el ciclo lítico o durante la latencia)
en biopsias parafinadas con anticuerpos monoclonales disponibles
comercialmente es de sencilla realización en los laboratorios
de patología y permite confirmar el diagnóstico de SK.
Es una ayuda diagnóstica en los casos de la enfermedad de
Castleman y permite evaluar el status del paciente con
respecto al HVH8 en los casos de linfoma no-Hodgkin.
8.2.4. Diagnóstico indirecto o
serológico: generalidades
La detección de anticuerpos frente al HVH8 apoya el diagnóstico
de las infecciones relacionadas con este virus. Como en otras
infecciones, los anticuerpos que aparecen en primer lugar son de clase
IgM, detectándose durante la primoinfección y raramente
tras las reactivaciones. Las IgG aparecen posteriormente y se
mantienen durante toda la vida, con posibles fluctuaciones que
comentaremos posteriormente.
Pueden usarse varios métodos para el diagnóstico
serológico, siendo los más utilizados la IF, el EIA y, más
raramente, el immunoblot (western blot). El antígeno
usado en cualquiera de estos métodos condiciona la
sensibilidad, especificidad, así como el valor predictivo tanto
positivo como negativo, y pueden proceder de la expresión
proteica durante la fase de latencia, así como de la fase de
replicación lítica. Se han probado muchos antígenos,
pero sólo algunos de ellos se han incorporado a los métodos
comerciales. Comentaremos las características más
destacables de los diferentes métodos, según el antígeno
utilizado para la detección de anticuerpos y de la existencia o
no de reacciones cruzadas con otros virus. Es importante conocer que
se han detectado anticuerpos (falsos positivos) frente a la glucoproteína
B del HVH8 en pacientes sanos. Así pues, para un correcto diagnóstico
serológico es fundamental conocer: a) los antígenos que
están incorporados en los métodos comerciales que
vayamos a utilizar, y b) que no existe gold standard para el
diagnóstico serológico, por lo que se utiliza, de forma
habitual, la detección de ADN de HVH8 como verdadero positivo
para establecer la caracterización o validación de las técnicas
serológicas.
8.2.5. Detección de anticuerpos
frente a antígenos de fase latente
Para el ensayo de IF, se pueden usar diferentes antígenos
que provienen de células infectadas por el HVH8 y tratadas de
diversas formas. Las líneas celulares derivadas del PEL (BCP-1,
KS-1, BC-3 y BCBL-1) expresan los antígenos nucleares de la
fase latente del HVH8, siendo el antígeno ORF73, o antígeno
nuclear de latencia (LNA-1), el componente más importante.
Dicha proteína, de 226-236 kDa, se localiza en el núcleo
de las células infectadas, y tras la utilización de un
sistema de fijación celular que permeabiliza las células
para que los anticuerpos séricos penetren hasta el núcleo
de las células infectadas, muestra en el ensayo de IF una
fluorescencia nuclear en pequeños grumos en más del 95%
de las células PEL utilizadas como substrato (ABI Inc). La
seropositividad detectada por este ensayo se correlaciona bien con el
desarrollo de SK y fue el primer método utilizado para conocer
la prevalencia de anticuerpos, tanto en los pacientes infectados como
en los donantes sanos.
Recientemente, se ha desarrollado un EIA con el antígeno
LNA recombinante en baculovirus y que se encuentra disponible en el
comercio (Advanced Biotechnology Inc., ABI HHV-8 IgG ELISA) para la
detección de anticuerpos IgG que es un 10% más sensible
que el ensayo IF frente al mismo antígeno y sin reacciones
cruzadas con otros herpesvirus, ya que el LNA no tiene homología
con el VEB, como ocurre con otros antígenos.
8.2.6. Detección de anticuerpos
frente a antígenos de ciclo lítico
La expresión de los antígenos de fase lítica
se consigue mediante la inducción química de las células
infectadas por el HVH8. Entre un 20 y un 70% de las células de
PEL tratadas con 12-O-tetradecanoilforbol-13-acetato (TPA) o
con butirato sódico, expresan proteínas propias de la
infección lítica, dependiendo del protocolo de inducción
y de otros factores biológicos, y mostrando un patrón
fluorescente difuso. La técnica IF que utiliza estos antígenos
es más sensible que la correspondiente IF con antígeno
nuclear latente, incrementándose el porcentaje de positivos en
un 20% con el antígeno lítico, aunque, a diferencia de
lo que ocurre con el antígeno latente LNA, pueden existir
reacciones cruzadas con otros herpesvirus, fundamentalmente con el
VEB.
- Se han utilizado diferentes sustratos celulares para la
determinación de anticuerpos frente a antígenos líticos,
algunos de los cuales se describen a continuación.
- a) Métodos con antígeno crudo de células
KS-1. Hay varios equipos diagnósticos en el comercio que
utilizan estos antígenos:
- -Advanced Biotechnologies Inc. (ABI Inc.) comercializa un ensayo
IF con células KS-1 expresando antígeno lítico
y que permite la detección de anticuerpos IgG e IgM, según
el conjugado utilizado. La utilización de la dilución
1:10 del suero permite, en algunas poblaciones con escasa
prevalencia de la infección por el HVH8, detectar los
pacientes seropositivos. En poblaciones con mayor penetración
de esta infección, se recomienda un título de IgG de
40 (dilución 1:40), o incluso mayor, como punto de corte.
- - También ABI Inc. ha comercializado un EIA para la
detección de anticuerpos frente a antígenos líticos
expresados en células KS-1, utilizando como antígeno
viriones completos purificados en gradiente de sacarosa.
- Ambos métodos son sensibles y se correlacionan bien con la
incidencia de enfermedad, pero no son muy específicos.
- - Recientemente, se ha desarrollado un ensayo IF, basado en la
detección de antígenos recombinantes del HVH8 en el
virus Semliki Forest y expresados en las células BHK21
(K8.1SFV IFA), aumentando la sensibilidad y la especificidad (sin
reacciones cruzadas con otros herpesvirus), pero no comercializado
hasta la fecha.
- b) Métodos que incorporan otros antígenos de fase lítica.
Existe en el mercado un EIA para la detección de anticuerpos
IgG con una mezcla de péptidos de antígenos líticos
derivados de ORF65 y K8.1, comercializado por Biotrin. El uso de estos
epítopos líticos permite una elevada sensibilidad (>93,4%)
con una elevada especificidad (>91,2%) sin reacciones cruzadas
detectables con el VEB ni el VIH. En este ensayo se usan sólo
10 µl de suero o plasma (incluso plasma citratado) y se calcula
el valor índice para la interpretación de resultados
dividiendo el valor de la absorbancia de la muestra por la absorbancia
del calibrador (que lleva el equipo diagnóstico) o cut-off del
calibrador (COC). Un resultado de lectura de absorbancia mayor de 1,2
veces el COC se considera positivo, negativo por debajo de 0,8 y
dudoso entre ambos valores.
- También Panbio comercializa unos portaobjetos para la
detección de anticuerpos frente a antígenos líticos
y otros para la detección de anticuerpos frente a antígenos
latentes, aunque no especifica ni el tipo celular ni los antígenos
que expresan.
- 8.2.7. Resumen: selección del antígeno
a utilizar en los ensayos serológicos
- En general, en base a ensayos comparativos, se puede concluir
que:
- - Los ensayos preparados con antígenos líticos son
más sensibles que los que llevan antígenos de
latencia, independientemente del método utilizado.
- - Los ensayos preparados con antígenos de la fase latente
y péptidos sintéticos de la fase lítica, no
presentan reacciones cruzadas con otros virus, a diferencia de lo
que ocurre con los antígenos de la fase lítica
obtenidos de viriones purificados.
- - La IF presenta una variabilidad interobservador importante y no
es fácil su automatización, factores ambos ampliamente
superados por los métodos de EIA.
- - La IF tiene la ventaja de permitir el estudio también de
anticuerpos IgM, que aparecen en la primoinfección, y en
pocos casos tras la reactivación. No existe ningún EIA
comercializado para la detección de estos anticuerpos, por lo
que, con esta metodología, sólo es posible la detección
de niveles elevados de anticuerpos IgG en una sola muestra y la
demostración de seroconversión en sueros pareados.
- 8.3. INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS
8.3.1. Condicionantes del diagnóstico
directo
Es importante tener en cuenta dos hechos que pueden afectar al
diagnóstico de las infecciones por el HVH8. En primer lugar, el
reconocimiento de que existen diferencias en la expresión de
las proteínas del HVH8 dependiendo del tipo celular. Así
el antígeno LNA-1 (antígeno nuclear latente) se expresa
en todas las células, mientras que el recientemente descrito
LANA-2 (otro antígeno nuclear) lo hace en células de la
enfermedad de Castleman y en células de PEL; la IL-6 se expresa
sólo en los linfocitos B infectados. Estos hechos afectan, en
mayor medida, al diagnóstico por inmunohistoquimia y
condicionan el uso de los anticuerpos monoclonales adecuados a cada
situación. Así, por ejemplo, se ha descrito un
anticuerpo monoclonal frente a antígeno vIL-6 que sirve para
detectar el HVH8 en biopsias parafinadas de enfermedad múltiple
de Castleman y PEL, pero no en el SK. En segundo lugar, el virus sólo
replica en una minoría (<1 al 5%) de las células
fusiformes perivasculares, siendo necesario que las muestras sean
obtenidas adecuadamente, y que contengan abundante celularidad para
cualquier método directo de diagnóstico.
- 8.3.2. Interpretación de los
resultados serológicos
- La serología tiene importancia diagnóstica y
predictiva del desarrollo de la enfermedad relacionada con el HVH8,
siempre y cuando se tengan en cuenta las siguientes consideraciones:
- a) A diferencia de otros herpesvirus, el HVH8 no está
universalmente distribuido entre la población. La prevalencia
más alta en población sana se da en la población
subsahariana, donde casi un 40% son seropositivos. En la zona
mediterránea, la seroprevalencia ronda el 10%, con alguna
subpoblación (varones italianos y judíos) con una
prevalencia más alta, probablemente debido a la asociación
con el SK clásico. En el norte de Europa, oscila entre 2-4%
y, en Japón, entre un 0,2% en la población sana y un
10% en los pacientes infectados por el VIH. En pacientes con
enfermedades asociadas al HVH8 la prevalencia se eleva hasta el
100%.
- b) El HVH8 establece latencia, como todos los otros herpesvirus,
por lo que la existencia de anticuerpos IgG sin lesiones asociadas sólo
indica el contacto previo con este virus.
- c) Los anticuerpos IgG se mantienen durante toda la vida,
pudiendo disminuir en los pacientes con SK que mejoran con el
tratamiento antirretrovírico o con la terapia antivírica
específica frente al HVH8, o aumentar en las reactivaciones.
- d) El hallazgo de anticuerpos IgM indica primoinfección
por el HVH8, y puede asociarse con el desarrollo posterior de SK u
otras enfermedades asociadas, pero no existe correlación
significativa con la aparición de los cuadros asociados al
HVH8 (es decir, no prevé la aparición de los cuadros
clínicos asociados) en los pacientes no infectados por el
VIH.
- e) La inmunodepresión (VIH o transplante) en pacientes con
anticuerpos IgG frente al HVH8, puede precipitar la aparición
de lesiones compatibles con infección por el HVH8.
- 8.3.3. Relación entre los cuadros
clínicos asociados al HVH8 y la inmunosupresión en los
pacientes infectados por el VIH y en los transplantados
- En zonas con baja prevalencia de infección por el HVH8, la
seroconversión puede servir para predecir el riesgo de padecer
SK en la población seropositiva para el VIH. Así,
la demostración de ésta en los pacientes infectados
previamente por el VIH incrementa el riesgo de desarrollo de SK, pero
no de linfomas relacionados con SIDA ni de infecciones oportunistas.
Estos hallazgos confirman al HVH8 como agente causal del SK, enfatizan
la relevancia clínica que la infección por HVH8 tiene
antes o después de la infección por el VIH y plantean la
cuestión de realizar controles serológicos en los
pacientes infectados por el VIH que son seronegativos frente al HVH8.
Aunque no está protocolizada la monitorización serológica,
podría ser útil en estos pacientes, puesto que la
seroconversión precede y predice la aparición de SK en
este tipo de pacientes.
- Por el contrario, no existen estudios concluyentes que indiquen
la existencia de correlación significativa entre la
primoinfección por el HVH8 y el desarrollo de SK en
pacientes transplantados (se ha descrito en dos pacientes que
recibieron riñones de un cadáver seropositivo), aunque sí
entre la reactivación y el SK. En el transplante de riñón,
los receptores infectados previamente y que reciben un órgano
de un donante seropositivo frente al HVH8, tienen un riesgo elevado de
desarrollar SK, probablemente por reactivación. Algunos
estudios demuestran que un 23% de los receptores seropositivos
desarrollan SK, mientras que sólo un 0,7% de los seronegativos
lo hacen. También se ha descrito asociación con fallo de
prendimiento en el transplante de médula ósea. Por lo
tanto, podría ser útil, en áreas con alta
prevalencia de infección por el HVH8, la incorporación
de la determinación de anticuerpos frente a dicho virus en el
cribado serológico de receptores y donantes, e incluso la
indicación de realizar transfusiones con unidades de sangre de
donantes seronegativos. La utilidad de la monitorización serológica
está más controvertida en estos pacientes; sin embargo,
debido a que los niveles de ADN aumentan en los pacientes
transplantados previa a la aparición de SK, sí se
considera de utilidad la monitorización de la carga vírica.
8.4. SENSIBILIDAD Y TRATAMIENTO
ANTIVÍRICO
Los inhibidores de la ADN-polimerasa de los herpesvirus son
eficaces en la fase lítica de la infección por el HVH8,
pero no en la fase de latencia. El HVH8 es muy sensible al cidofovir
in vitro, moderadamente sensible al foscarnet y al
ganciclovir, y nada al aciclovir, por lo que bajas dosis de cidofovir,
o dosis altas de foscarnet o ganciclovir, podrían suprimir la
reactivación clínica del HVH8. Tanto el foscarnet como
el ganciclovir han inducido la regresión del SK en varios
ensayos clínicos. Sin embargo, a pesar de estos resultados clínicos
importantes, no se detectó ningún cambio en el número
de células mononucleares de sangre periférica infectadas
latentemente, pero sí en cuanto a la disminución de la
replicación durante la fase lítica. Es recomendable, a
la vista de estos resultados, la monitorización de la carga vírica
en pacientes con riesgo de reactivación para instaurar la
terapia adecuada si el virus comienza su replicación.
A pesar de que no hay actividad directa de los antirretrovíricos
frente al HVH8, sí hay evidencias de reducción de la
carga vírica del HVH8 en células de SK, así como
en células mononucleares sanguíneas en los pacientes a
los que se administra tratamiento antirretrovírico de alta
eficacia (TARGE). Además, hay también claras evidencias
de la disminución de la incidencia de SK en pacientes tratados
adecuadamente con TARGE, así como de la regresión de las
lesiones y disminución de los niveles de anticuerpos frente al
antígeno lítico ORF-65, pero no al LNA-1.
- 9. BIBLIOGRAFÍA
- 9.1. VIRUS DEL HERPES
SIMPLE
- 1. De la Iglesia P, Melón S, López B, Rodríguez
M, Blanco MI, Mellado P, De Oña M. Rapid screening test for
in vitro susceptibility to acyclovir of clinical herpes simplex
virus isolates. J Clin Microbiol 1998; 36:2389-2391.
- 2. Morfin F, Thouvenot. D. Herpes simplex virus resistance to
antiviral drugs J Clin Virol 2003; 26:29-37.
- 3. Rawls W. Herpes simplex virus type 1 and 2 and herpesvirus
simiae. En: Lennette E, Schmidt N (eds). Diagnostic procedures for
viral, rickettsial, and chlamydial infections (7ª ed).
Washintong DC: APHA, 1997; pp. 309-373.
- 4. Roizman B, Sears A. Herpex simplex viruses and their
replication. En: Fields B, Knipe D, Howley P (eds). Virology (3ª
ed). Philadelphia; Lippincott-Raven, 1996; pp. 2231-2296.
- 5. Stranska R, van Loon AM, Polman M, Beersma MF, Bredius RG,
Lankester AC, Meijer E, Schuurman R. Genotypic and phenotypic
characterization of acyclovir-resistant herpes simplex viruses
isolated from haematopoietic stem cell transplant recipients.
Antivir Ther 2004; 9:565-575.
- 6. Wald A, Huang ML, Carrell D, Selke S, Corey L. Polymerase
chain reaction for detection of herpes simplex virus (HSV) DNA on
mucosal surfaces: comparison with HSV isolation in cell culture. J
Infect Dis 2003; 188:1345-1351.
- 9.2. VIRUS VARICELA-ZÓSTER
- 1. Breton G, Fillet AM, Katlama C, Bricaire F, Caumes E.
Acyclovir-resistant herpes zoster in human immunodeficiency
virus-infected patients: results of foscarnet therapy. Clin Infect
Dis 1998; 27:1525-1527.
- 2. Fillet AM, Dumont B, Caumes E, Visse B, Agut H, Bricaire F,
Huraux JM. Acyclovir-resistant varicella-zoster virus: phenotypic
and genetic characterization. J Med Virol 1987; 55:250-254.
- 3. Visse B, Huraux JM, Fillet AM. Point mutations in the
varicella-zoster virus DNA polymerase gene confers resistance to
foscarnet and slow growth phenotype. J Med Virol 1991; 59:84-90.
- 9.3. CITOMEGALOVIRUS
- 1. Anónimo. Comparison and availability of diagnostic
assays for cytomegalovirus detection in transplant recipients. En:
Griffiths PD, Whitley RJ (eds). The challenge of CMV infection and
disease in transplantation. Reccomendations from the IHMF Management
Strategies Workshop and the 8th Annual Meeting of the IHMF.
http://www.ihmf.org
(acceso electrónico, 15 de octubre de 2004).
- 2. Baldanti F, Gerna G. Human cytomegalovirus resistance to
antiviral drugs: diagnosis, monitoring and clinical impact. J
Antimicrob Chemother 2003; 52:324-330. 3. Boeckh M, Boivin G.
Quantitation of cytomegalovirus: methodologic aspects and clinical
implications. Clin Microbiol Rev 1998; 11:533-534.
- 4. Erice A. Resistance of human cytomegalovirus to antiviral
drugs. Clin Microbiol Rev 1999; 12:286-297.
- 5. Grossi P, Minoli L, Percivalle E et al. Clinical and
virological monitoring of human cytomegalovirus infection in 294
heart transplant recipients. Transplantation 1995; 59:847-851.
- 6. Hodinka RL. Human cytomegalovirus. En: Murray PR, Baron EJ,
Jorgensen JH, Pfaller MA, Yolken RH (eds). Manual of Clinical
Microbiology (8ª ed). Washington: ASM Press 2003; pp 1304-1318.
- 7. Kalpoe JS, Kroes CM, de Jong MD et al. Validation of clinical
application of cytomegalovirus plasma DNA load measurement and
definition of criteria by analysis of correlation to antigen
detection. J Clin Microbiol 2004; 42:1498-1504.
- 8. Meyer-Koenig U, Weidmann M, Kirste G, Hufert FT.
Cytomegalovirus infection in organ-transplant recipients: diagnostic
value of pp65 antigen test, qualitative polymerase chain reaction
(PCR) and quantitative Taqman PCR. Transplantation 2004;
77:1692-1698.
- 9. Mori T, Mori S, Kanda Y et al. Clinical significance of
cytomegalovirus (CMV) antigenemia in the prediction and diagnosis of
CMV gastrointestinal disease after allogeneic hamatopoietic stem
cell transplantation. Bone Marrow Transplant 2004; 33:431-434.
- 10. Niubò J, Pérez JL, Martínez-Lacasa JT
et al. Association of quantitative cytomegalovirus
antigenemia with symptomatic infection in solid organ transplant
patients. Diagn Microbiol Infect Dis 1996; 24:19-24.
- 11. Pérez JL, Salvà J, Niubò J. La prueba de
antigenemia para citomegalovirus. Enferm Infecc Microbiol Clin 1994;
12:251-269.
- 12. Pérez Sáenz JL, Erice Calvo-Sotelo A.
Infecciones causadas por citomegalovirus. En: Rozman C (ed).
Farreras-Rozman. Medicina Interna (15ª ed). Madrid: Elsevier,
2004; pp 2467-2471.
- 9.4. HERPESVIRUS
HUMANOS 6 Y 7
- 1. Ansari A, Li S, Abzug MJ, Weinberg A. Human herpesvirus 6 and
7 and central nervous system infection in children. Emerg Infect Dis
2004; 10:1450-1454.
- 2. Benito N, Moreno A, Pumarola T, Marcos MA. Virus del herpes
humano tipo 6 y tipo 7 en receptores de trasplantes. Enferm Infecc
Microbiol Clin 2003; 21:424-432.
- 3. Caserta MT, Mock DJ, Dewhurst S. Human herpesvirus 6. Emerg
Infect Dis 2001; 33:829-833.
- 4. De bolle L, Naesens L, De clerq E. Update on human herpesvirus
6 biology, clinical features an therapy. Clin Microbiol Rev 2005;
18:217-245.
- 5. Dewhurst S. Human herpesvirus type 6 and human herpesvirus
type 7 infections of the central nervous system. Herpes 2004; 11
(supl 2):105a-111a.
- 6. Dockrell DH. Human herpesvirus 6: molecular biology and
clinical features. J Med Microbiol 2003; 52:5-18.
- 7. Franti M, Aubin JT, De Saint-Maur G, et al. Immune
reactivity of human sera to the glycoprotein B of human herpesvirus
7. J Clin Microbiol 2002; 40:44-51.
- 8. Frenkel N, Schirmer EC, Wyatt S, et al. Isolation of a new
herpesvirus from CD4+ T cells. Proc Natl Acad Sci 1990; 87:748-752.
- 9. Salahuddin SZ, Ablashi DV, Markham PD, et al.
Isolation of a new virus (HBLV) in patients with lymphoproliferative
disorders. Science 1986; 234:596-601.
- 10. Specter S, Hodinka RL, Young SA. Human herpesvirus 6, 7 and
8. En: Clinical Virology Manual (3ª ed). Washington: ASM Press,
2000; pp 450-471.
- 11. Ward KN, Couto PX, Passas J, Thiruchelvam AD. Evaluation of
the specificity and sensitivity of indirect immunofluorescence tests
for IgG to human herpesvirus 6 and 7. J Virol Methods 2002;
106:107-113.
- 12. Ward KN, Turner DJ, Parada C, Thiruchelvam D. Use of
immunoglobullin G avidity for differentiation of primary human
herpesvirus 6 and 7 infections. J Clin Microbiol 2001; 39:959-963.
- 13. Wyatt LS, Frenkel N. Human herpesvirus 7 is a constitutive
inhabitant of adult human saliva. J Virol 1992; 66:3206-3209.
- 14. Yamanishi K, Okuno T, Shiraki K, et al. Identification of
human herpesvirus 6 as a causal agent for exanthem subitum. Lancet
1988; 1065-1067.
- 15. Yoshida M, Torigoe S, Yamada M. Elucidation of the
cross-reactive immunoglobulin M response to human herpesvirus 6 and
7 on the basis of neutralizing antibodies. Clin Diagn Lab Immunol
2002; 9:394-402.
- 9.5. VIRUS DE
EPSTEIN-BARR
- 1. Cohen JI. Epstein-Barr virus infection. New Engl J Med 2004;
343:481-492.
- 2. Hess RD. Routine Epstein-Barr virus diagnostics from the
laboratory perpspective: still challenging after 35 years. J Clin
Microbiol 2004; 42:3381-3387.
- 3. Guley ML. Molecular diagnosis of Epstein-Barr virus-related
diseases. J Mol Diagn 2001; 3:1-10.
- 4. Lennette EJ. Epstein-Barr virus. En: Murray PR, Baron EJ,
Pfaller MA, Tenover F, Yolken RH (eds). Manual of Clinical
Microbiology 7th
ed. Washington: ASM Press, 1999; pp 912-918.
- 5. Macsween KF, Crawford DH. Epstein-Barr virus-recent advances.
Lancet Infect Dis 2003; 3:131-140.
- 6. Mate JL, Navarro JT, Hernández A, Ausina V. Síndormes
linfoproliferativos asociados al virus de Epstein-Barr. Bol Control
Calidad SEIMC 2003; 15:27-34.
- 7. Navarro D. Diagnóstico de la mononucleosis infecciosa.
Bol Control Calidad SEIMC 2001; 13:25-28.
- 8. Tsuchiya ST. Diagnosis of Epstein-Barr virus associated
diseases. Crit Rev Onc Hematol 2002; 44:227-238.
- 9.6. HERPESVIRUS HUMANO
8
- 1. Ablashi DV, Chatlynne LG, Whitman JE, Cesarman E. Spectrum of
Kaposi's sarcoma-associated herpesvirus, or human herpesvirus 8
diseases. Clin Microbiol Rev 2002; 15:439-464.
- 2. Corchero JL, Mar E, Spira TJ, Pellett P, Inque N. Comparison
of serologic assays for detection of antibodies against human
herpesvirus 8. Clin Diag Lab Immunol 2001; 8:913-921.
- 3. Chang Y, Cesarman E, Pessin MS, et al. Identification of
herpesvirus-like DNA sequences in AIDS-associated Karposi´s
sarcoma. Science 1994; 266: 1865-1869.
- 4. Mendez JC, Procop GW, Espy MJ, Paya CV, Smith TF. Detection
and semiquantitative analysis of human herpesvirus 8 DNA in
specimens from patients with Kaposi´s sarcoma. J Clin Microbiol
1998; 36:2220-2222.
- 5. Nitsche A, Muller CW, Radonic A, et al. Human herpesvirus 6A
DNA is detected frequently in plasma but rarely in peripheral blood
leukocytes after bone marrow transplantation. J Infect Dis 2001;
183:130-133.
- 6. Polstra AM, Van der Burg R, Goudsmit J, Cornelissen M. Human
herpesvirus 8 load in matched serum and plasma samples of patients
with AIDS-associated Karposi´s sarcoma. J Clin Microbiol 2003;
41:5488-5491.
- 7. Renwick N, Halaby T, Weverling GJ, et al. Seroconversion for
human herpesvirus 8 during HIV infection is highly predictive of
Kaposi´s sarcoma. AIDS 1998; 12:2481-2488.
- 8. Sergerie Y, Abed Y, Roy J, Boivin G. Comparative evaluation of
three serological methods for detection of human herpesvirus
8-specific antibodies in canadian allogenic stem cell transplant
recipients. J Clin Microbiol 2004; 42:2663-2667.
|