| 9a.
MICOBACTERIAS. 2005 |
| Coordinador: |
Fernando Alcaide
Fernández de Vega |
| Autores: |
Fernando Alcaide
Fernández de Vega |
|
Jaime Esteban
Moreno |
|
Julián
González Martín |
|
Juan José
Palacios Gutiérrez |
|
DOCUMENTO
CIENTÍFICO
1.
INTRODUCCIÓN
Las micobacterias son un grupo de microorganismos de gran
importancia clínica, ya que existen múltiples especies
que son agentes causales de diversas infecciones humanas con una
importante morbilidad y mortalidad. Algunas enfermedades, como la
tuberculosis y la lepra, han ido ligadas a la historia del hombre. A
pesar de los esfuerzos realizados para su control, en la actualidad
constituyen uno de los problemas sanitarios de mayor gravedad a nivel
mundial. Según datos de la OMS, cerca de dos millones de
personas murieron de tuberculosis en 2002. Se calcula que alrededor de
un tercio de la población mundial está infectada por el
bacilo tuberculoso y que cada segundo se infecta una persona más.
De esta forma las previsiones son desoladoras, ya que se estima que
entre 2002 y 2020, cerca de 150 millones de personas enfermarán
y 36 millones fallecerán por esta enfermedad. No obstante, hay
que considerar que existe una gran variabilidad geográfica; el
mayor número de casos ocurren en el Sudeste Asiático y África,
seguidos por América Latina y el Este de Europa. Este hecho está
directamente relacionado con las condiciones socioeconómicas y
el impacto de la epidemia de la infección por el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH) en dichas zonas. A ello se une la
aparición, en los últimos años, de cepas
resistentes y multirresistentes a los agentes antimicrobianos.
La lepra también representa un problema de
primer orden. La OMS (2001) ha constatado que, aunque existe una
disminución en la prevalencia de la enfermedad, se ha observado
un incremento en la incidencia de la misma (>700.000 casos). La
mayoría de los pacientes se encuentran en Asia, África y
Sudamérica, especialmente en seis países (83%), siendo
la India donde se concentran la mayoría de los casos.
Por otro lado, las micobacteriosis o enfermedades
producidas por otras micobacterias diferentes de Mycobacterium
tuberculosis y Mycobacterium leprae, han ido tomando un
mayor protagonismo. Se ha observado fundamentalmente en los países
con un mayor desarrollo económico y también con la
aparición de la infección por el VIH. Así, en la última
década en España, en muchos laboratorios de microbiología
estas especies han supuesto entre el 15 y el 30% de los aislamientos
micobacterianos. Todo ello junto al creciente desarrollo de nuevas técnicas
de cultivo, diagnóstico y pruebas de sensibilidad, está
condicionando la metodología a emplear por los laboratorios de
micobacteriología.
2.
CONSIDERACIONES MICROBIOLÓGICAS
El género Mycobacterium es el único que
pertenece a la familia Mycobacteriaceae y al orden Actynomicetales.
Las especies de este género presentan un elevado contenido de
G+C (61-71%) en su ADN. Esto es compartido por otros géneros
relacionados que también poseen ácidos micólicos
en la pared celular, como son Gordona, Tsukamurella,
Nocardia y Rhodococcus.
Las micobacterias son microorganismos aerobios
estrictos, inmóviles, de morfología variable (bacilar o
cocoide), que no forman esporas y no poseen flagelos ni cápsula.
En cambio, poseen una pared celular gruesa y con un elevado contenido
lipídico que supone el 60% del peso seco de la misma. Esta
pared consta de cuatro capas: la más interna es el
peptidoglicano con moléculas de N-acetilglucosamina y ácido
N-glucolilmurámico con cadenas cortas de alanina o glicina en
el caso de M. leprae. Esta capa da rigidez y forma a la
bacteria. La segunda posee arabinogalactanos que se encuentran unidos
a los ácidos micólicos de la tercera capa. Se trata de ácidos
grasos de cadena larga (60-90 átomos de carbono) de gran
importancia taxonómica. La capa más externa se encuentra
constituida por lípidos como el cord factor (trehalosa
6,6-dimicolato) y por mucósidos. En conjunto, esta
composición de la pared le confiere a la micobacteria una
escasa permeabilidad celular, que es responsable, entre otras cosas,
de la ineficacia de múltiples agentes antimicrobianos, así
como de la característica ácido-alcohol resistencia con
determinadas tinciones para su visualización microscópica.
Además, determinados componentes de la pared, como el
lipoarabinomanano, intervienen en la patogenia y favorecen la
supervivencia del microorganismo en el interior de los macrófagos.
La gran mayoría de las micobacterias de interés
clínico tienen un crecimiento muy lento con un tiempo de
multiplicación de 15 a 18 horas en condiciones favorables. De
ahí que sean necesarias de 1 a 3 o más semanas de
incubación para obtener un crecimiento apreciable en los medios
de cultivo convencionales. No obstante existe un grupo de especies que
tienen un crecimiento algo más rápido que les permite,
entre otras cosas, diferenciarlas del resto.
En general las necesidades nutritivas de las
micobacterias son sencillas, requiriendo una fuente de carbono
(glicerol) y nitrógeno (amonio o aminoácidos) así
como determinadas sales minerales. Tan sólo algunas especies (Mycobacterium
genavense o Mycobacterium haemophilum) precisan unos
suplementos especiales como son micobactina, hemina u otros
componentes férricos. Por otro lado, el crecimiento de las
micobacterias se ve estimulado por la presencia de CO2
y ácidos grasos. Un caso aparte es M. leprae que sólo
es capaz de crecer en cultivos celulares.
Aunque la temperatura óptima de crecimiento
general suele ser de 35-37ºC, existen determinadas especies que
precisan temperaturas de 30ºC (Mycobacterium marinum,
Mycobacterium ulcerans, M. haemophilum), 42ºC (Mycobacterium
xenopi) o 52ºC (Mycobacterium thermoresistibile) para
obtener una mejor tasa de crecimiento.
Un aspecto relevante de estos microorganismos es su
mayor resistencia, respecto a otras bacterias no formadoras de
esporas, a los ácidos, álcalis y determinados
desinfectantes químicos. Además son muy resistentes a la
desecación o congelación, lo que les permite sobrevivir
durante semanas o meses en el medio ambiente, tanto en superficies de
objetos inanimados como en el suelo o el estiércol. Sin
embargo, deben permanecer al abrigo de la luz del sol ya que los rayos
ultravioletas son letales para los mismos. También, el calor
(pasteurización) y determinados productos como el óxido
de etileno, formaldehído, etanol (70%), glutaraldehído
(2%), ácido peracético o peróxido de hidrógeno
estabilizado, entre otros, son eficaces contra estas bacterias. Por
otro lado, hay que tener en cuenta la posible presencia de materias
orgánicas que contengan proteínas (ej., esputo), ya que
pueden ofrecer a la micobacteria cierta protección frente a múltiples
agentes desinfectantes haciéndolos inoperantes.
3.
CLASIFICACIÓN Y CONSIDERACIONES CLÍNICAS
Dentro del género Mycobacterium se han descrito más
de 100 especies que pueden clasificarse de múltiples maneras.
Hace años, según la velocidad de crecimiento, la
morfología y capacidad de pigmentación de las colonias
en medios sólidos, las micobacterias se dividieron en diversos
grupos. Así, se establecieron dos grupos clásicos:
micobacterias de crecimiento lento y rápido según
requieran más o menos de 7 días, respectivamente, para
producir colonias visibles en un subcultivo sólido con un inóculo
diluido. Y por otro lado, se combinaba la posibilidad de no producir
pigmento (no cromógenas) o hacerlo en ausencia (escotocromógenas)
o presencia de la luz (fotocromógenas). De esta forma surgieron
4 grupos con cierta transcendencia clínica (Runyon, 1959):
Grupo I (fotocromógenas), Grupo II (escotocromógenas) y
Grupo III (no cromógenas) que eran de crecimiento lento y el
Grupo IV que eran las de crecimiento rápido. Una modificación
de esta clasificación se muestra en la tabla 1. Aunque esta
clasificación tiene cierta utilidad microbiológica, en
la actualidad, ante la incesante aparición de nuevas especies y
las diferentes características fenotípicas que algunas
de ellas pueden adoptar, se prefiere realizar una individualización
al nivel de especie.
Con fines prácticos se establecen tres grupos
en función de la entidad(es) nosológica(s) producida(s):
a) el complejo M. tuberculosis que produce la tuberculosis se
encuentra formado por las especies M. tuberculosis, Mycobacterium
bovis (incluido el bacilo de Calmette-Guerin o BCG utilizado en la
vacunación), Mycobacterium africanum y Mycobacterium
microti, que produce tuberculosis en las ratas; b) la lepra que
está causada por M. leprae; y c) las
micobacteriosis, que están producidas por el resto de
micobacterias distintas de las anteriores. Este es un grupo complejo
que ha recibido múltiples denominaciones: micobacterias atípicas,
ambientales, oportunistas o no tuberculosas, entre otras. Aunque
ninguna de ellas es totalmente adecuada, en el presente documento se
ha adoptado la de micobacterias no tuberculosas (MNT). Estas se
caracterizan por un menor poder patógeno que varía de
especie a especie, pudiendo ser oportunistas o simplemente saprofitas.
Por otro lado el reservorio parece ser, en muchos casos, ambiental sin
haberse documentado la transmisión interhumana. Por último,
las MNT presentan una mayor resistencia a los antimicobacterianos
convencionales.
3.1. COMPLEJO MYCOBACTERIUM
TUBERCULOSIS
Aunque la identificación del complejo M. tuberculosis
con pruebas bioquímicas (niacina, nitratos y catalasa
positivas) o sondas de ADN es relativamente sencilla, la caracterización
de especie suele requerir una mayor complejidad técnica. Por
ello, en la actualidad, la mayoría de los laboratorios de
microbiología realizan una identificación del complejo y
tan sólo, en determinados casos ante la sospecha clínica
y/o microbiológica de M. bovis, se realiza una
identificación más detallada para conocer la especie
aislada. Algunas diferencias básicas entre ambas especies son
claras. Epidemiológicamente el reservorio fundamental de M.
tuberculosis es el hombre (infectado o enfermo), mientras que en
M. bovis suele ser el ganado bovino. Por otro lado esta última
presenta resistencia natural a la pirazinamida, que además de
las implicaciones de tratamiento que conlleva, permite orientar la
identificación de la especie.
El mecanismo de transmisión más
importante es la vía aérea. El enfermo tuberculoso,
especialmente el bacilífero, al hablar, estornudar y, sobre
todo, toser, elimina múltiples gotas aerosolizadas y cargadas
de bacilos. Sin embargo, tan sólo las gotitas de 1-5 µm
son las que tienen capacidad infecciosa real, al poder alcanzar la
región alveolar. Otros mecanismos de transmisión
reconocidos son: a) vía digestiva (segunda en frecuencia), como
el caso de M. bovis a partir del ganado bovino; b) vía
urogenital; c) vía cutáneo-mucosa; d) inoculación;
y e) vía transplacentaria.
Una vez que se ha producido el contagio, la
inmunidad celular se encarga de limitar la infección. Tan sólo
el 5% de los casos quedará sin control inicial, evolucionando a
una tuberculosis primaria. En el resto (95%), los bacilos permanecerán
controlados en estado latente, de los cuales, un pequeño
porcentaje (5%) presentará la enfermedad años después
como un proceso de reactivación. En general, la probabilidad de
enfermar dependerá, en gran medida, de diversos factores o
condiciones del huésped que conllevan una cierta
inmunodeficiencia. En los pacientes muy inmunodeprimidos con SIDA u
otros procesos, la reactivación puede suponer cerca de la mitad
de los casos.
Tabla 1. Clasificación modificada de
Runyon de las micobacterias más frecuentemente aisladas en
muestras clínicas.
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Micobacterias de crecimiento
lento |
MNT de crecimiento rápido |
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Grupo I. Fotocromógenas |
Grupo II.
Escotocromógenas |
Grupo III.
No cromógenas |
Grupo IV.
No cromógenas |
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M. asiaticum |
M. flavescens |
M. africanum |
M. abscessus |
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M. kansasii |
M. gordonae |
M. avium |
M. chelonae |
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M. marinum |
M. scrofulaceum |
M. bovis |
M. fortuitum |
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M. simiae |
M. szulgai |
M. gastri |
M. mucogenicum |
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M. xenopi |
M. genavense |
M. peregrinum |
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M. haemophilum |
M. porcinum |
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M. intracellulare |
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M. malmoense |
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M. nonchromogenicum |
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M. shimoidei |
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M. terrae |
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M. triviale |
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M. tuberculosis |
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M. ulcerans |
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La detección de la población infectada
se puede realizar mediante la prueba de la tuberculina (PT). Esta
sustancia es un derivado proteico purificado (PPD) obtenido de un
filtrado de un cultivo de M. tuberculosis esterilizado y
concentrado. La prueba estándar recomendada por la OMS es la
intradermorreacción de Mantoux, que consiste en la inyección
intradérmica de 2 UT (unidades internacionales) de PPD-RT23.
Esta prueba se basa en la hipersensibilidad que pueden tener las
personas que han estado en contacto previo con el bacilo tuberculoso,
que han sido vacunadas con el BCG o que han tenido una infección
con MNT. Debido a las limitaciones de especificidad y sensibilidad
inherentes a la prueba de la tuberculina, recientemente, se han
desarrollado diversos inmunoensayos basados en la detección de
la secreción de Interferón (IFN)-gamma por linfocitos T
del paciente tras incubarlos con determinados antígenos
tuberculosos. Aunque estos métodos parecen tener una mayor
especificidad, todavía está pendiente el conocer cuál
es el papel exacto que pueden tener en el diagnóstico de la
infección tuberculosa.
La tuberculosis es una enfermedad crónica y
granulomatosa que suele afectar a nivel pulmonar, aunque puede tener
otras muchas localizaciones e incluso ser una enfermedad diseminada
(miliar). Estas formas extrapulmonares suelen ser más
frecuentes en pacientes con una inmunodepresión importante (ej.
SIDA). El diagnóstico de la enfermedad se lleva a cabo en función
de las características clínicas, la radiología,
anatomía patológica, microbiología y otras
pruebas complementarias. Sin embargo la microbiología es
fundamental ya que, además de la posible detección
microscópica de los bacilos en la muestra, el aislamiento del
agente causal en el cultivo y su posterior identificación sigue
siendo la clave del diagnóstico definitivo de tuberculosis.
Además, se podrán realizar pruebas de sensibilidad in
vitro a los antimicrobianos y posibles estudios moleculares para
su vigilancia epidemiológica.
3.2. MYCOBACTERIUM LEPRAE
Esta micobacteria es el agente causal de la lepra (enfermedad de
Hansen) que, según estimaciones de la OMS, la padecen cerca de
8 millones de personas en el mundo, fundamentalmente en países
en vías de desarrollo. India, China, Myanmar, Indonesia, Brasil
y Nigeria concentran más del 80% de todos los casos. Se trata
de una enfermedad crónica, granulomatosa y debilitante, que
afecta sobre todo a los tejidos corporales más fríos,
especialmente la piel y el sistema nervioso periférico. La
lepra presenta un amplio espectro de manifestaciones clínicas
en consonancia con las lesiones anatomopatológicas y los
mecanismos inmunitarios implicados. Así, en un extremo está
la lepra tuberculoide (LT) con lesiones localizadas y un número
escaso de bacilos demostrables, y en el otro polo estaría la
forma avanzada y progresiva de lepra lepromatosa (LL) con
manifestaciones más generalizadas, abundantes bacilos y
ausencia de inmunidad celular que controle la infección. Entre
ambas formas existen múltiples estadíos intermedios.
La transmisión de la infección continúa
siendo desconocida, aunque el 50% de los casos tienen una historia de
contacto íntimo y prolongado con una persona enferma que
probablemente se haya contagiado a través de aerosoles (gotitas
nasales) o de las lesiones cutáneas. Otras vías de
transmisión podrían ser el contacto con el suelo
infectado y la intervención de insectos vectores.
M. leprae es un bacilo intracelular
obligado, indistinguible microscópicamente de otras
micobacterias, que posee en la cápsula externa gran cantidad de
un glucolípido fenólico (PGL-1) específico, con
cierto valor en las pruebas serológicas. En general el diagnóstico
de la lepra se basa en los hallazgos clínicos y la detección
de bacilos ácido-alcohol resistentes en el material tomado de
las lesiones cutáneas o del lóbulo de la oreja, ya que
esta micobacteria, a diferencia del resto, no se puede cultivar in
vitro en los medios habituales. La detección de anticuerpos
IgM frente a PGL-1 tiene cierta utilidad en los pacientes con LL no
tratada ya que están presentes en el 95% de los casos. Sin
embargo, sólo en el 60% de los pacientes con lepra tuberculoide
son valorables, que es la forma con mayores problemas diagnósticos
clínicos e histológicos, ya que presenta un número
bajísimo de bacilos en los tejidos. Además, hay que
recordar que en zonas endémicas estos anticuerpos se pueden
detectar en personas clínicamente sanas. Por otro lado, la
prueba intradérmica de la lepromina (extracto de bacilos
muertos) tampoco es de utilidad diagnóstica. Más
recientemente, la introducción de la PCR (reacción en
cadena de la polimerasa) para la detección e identificación
de M. leprae, ha demostrado su rentabilidad en muestras dérmicas
en las formas lepromatosas, mientras que su sensibilidad es tan sólo
de un 50% en las formas tuberculoides.
3.3. MNT DE CRECIMIENTO LENTO
3.3.1. Complejo Mycobacterium avium.
Este complejo también denominado M.
avium-intracellulare (CMA) se define como cocobacilos ácido-alcohol
resistentes no tuberculosos de crecimiento lento a 37ºC (10-21 días
en medios de rutina), que producen unas colonias pequeñas,
lisas translúcidas u opacas no cromógenas, y que son patógenos
oportunistas capaces de producir enfermedad en animales (aves y
cerdos) y en el hombre. No obstante, existen variantes morfológicas
con rugosidad colonial y cepas que producen un pigmento amarillento.
Este complejo está constituido por M.
avium, M. intracellulare y un tercer grupo dentro del cual
se ha caracterizado recientemente la especie Mycobacterium
chimaera, (Mycobacterium especie X) miembro aún no
bien caracterizado. Dentro de M. avium se reconocen cuatro
subespecies: subsp. avium, subsp. paratuberculosis,
subsp. silvaticum y subsp. hominissuis. Ante la
imposibilidad de distinguir las especies con las pruebas bioquímicas
habituales se recurrió a la agrupación y denominación
de complejo M. avium-M. intracellulare. La
heterogeneidad del grupo queda patente ya en los primeros trabajos de
serotipado. Mediante hibridación con sondas de ADN se conoce
que, de los 28 serotipos descritos, los serotipos 1-6, 8-11 y 21
corresponden a M. avium y los tipos 7, 12-20 y 22-28 son de
M. intracellulare. Actualmente estas especies pueden
identificarse y diferenciarse fácilmente mediante técnicas
cromatográficas y, sobre todo, genéticas. Gracias a
ello, cada vez se conoce más sobre las diferencias particulares
entre estas especies respecto a la epidemiología, patogenia y
clínica. Así por ejemplo, mediante sondas de ADN se ha
observado que hasta el 98% de los aislamientos de CMA procedentes de
pacientes con SIDA eran M. avium, mientras que el 40% de los
aislados de este complejo en pacientes sin SIDA eran M.
intracellulare. En consecuencia, la denominación,
identificación y valoración microbiológica del
complejo, como en las demás micobacterias, debería
realizarse siempre al nivel de especie.
A diferencia de M. tuberculosis, cuyo
reservorio y fuente de contagio es el hombre, estos microorganismos se
encuentran ampliamente distribuidos en la naturaleza. De hecho, CMA ha
sido aislado en el agua, suelo, plantas y animales.
Hasta 1981, y debido a la baja patogenicidad de
estas bacterias, las enfermedades producidas por CMA fueron escasas y
localizadas, especialmente en los pulmones. Posteriormente, con la
pandemia del SIDA, estos microorganismos se convirtieron en las
infecciones por MNT más frecuentes, pudiendo afectar de forma
diseminada o focal (pulmones, tracto gastrointestinal o ganglios linfáticos).
En la actualidad, con la introducción en 1996 de la terapia
antirretroviral de alta eficacia en los pacientes infectados por el
VIH, se ha constatado una disminución espectacular de las
infecciones por CMA. El diagnóstico de enfermedad en las formas
localizadas, como en el resto de MNT, suele ser algo más
complicado que en la tuberculosis. El aislamiento de estas bacterias
en muestras respiratorias o digestivas por ejemplo, puede indicar tan
sólo una colonización. Por tanto, para establecer el
diagnóstico de enfermedad deberían aplicarse los
criterios de la ATS (American Thoracic Society).
3.3.2. Mycobacterium
genavense.
En1991 se aisló este microorganismo en la sangre de un
paciente con SIDA en Ginebra (Suiza). La especie se describió
en 1993 y fue, hasta la llegada de la terapia antirretroviral de alta
eficacia, la segunda MNT más aislada tras CMA en pacientes con
SIDA. Al igual que ésta, suele producir infecciones
generalizadas en pacientes inmunodeprimidos, aunque también se
han descrito infecciones entéricas, genitales y de tejidos
blandos. Microbiológicamente es una especie cocobacilar y no
cromógena muy similar al complejo M. avium. Sin embargo
M. genavense crece mal en medios sólidos
convencionales. A pesar de haberse logrado crecimientos tras largos
periodos de incubación (1-3 meses) con agar 7H11 de Middlebrook
suplementado con micobactina J, carbón activado o sangre, la
mayoría de los aislamientos suelen recuperarse únicamente
en medios líquidos, sobre todo cuando estos son acidificados
(pH= 6,2).
3.3.3. Mycobacterium
haemophilum.
El primer aislamiento de M. haemophilum se realizó
en 1978 a partir de una lesión subcutánea en un paciente
con enfermedad de Hodgkin. La mayoría de las infecciones
descritas afectan a la piel y al tejido subyacente de pacientes
inmunocomprometidos con SIDA o con trasplante de médula ósea.
También se han descrito linfadenopatías cervicales o nódulos
pulmonares en niños, así como osteomielitis. Esta
especie no cromógena requiere medios de cultivo con un
suplemento de citrato amónico férrico o hemina para su
recuperación. Una posibilidad sería añadir una
tira o disco con factor X en el medio sólido cuando se sospeche
la presencia de dicha bacteria o simplemente inocular una placa de
agar chocolate. El desarrollo óptimo se logra con una incubación
entre 28º y 32ºC y un 10% de CO2. Además
la identificación bioquímica es ardua ya que, salvo la
prueba de la pirazinamidasa, suelen ser bioquímicamente
inertes. Posiblemente, todas estas dificultades han llevado al
desconocimiento de la auténtica frecuencia de las infecciones
por esta micobacteria.
3.3.4. Mycobacterium
kansasii.
Este "bacilo amarillo", como se le conoció en un
principio a partir de su descripción en 1953, es un importante
patógeno siendo en la actualidad, en muchas partes del mundo,
la MNT más frecuentemente aislada. No obstante, la
incidencia de la infección por este microorganismo parece tener
una notable variabilidad geográfica. La mayoría de los
aislamientos son clínicamente significativos, causando,
principalmente, una enfermedad pulmonar crónica, progresiva y
cavitaria muy similar a la tuberculosis. Generalmente suele existir
una enfermedad subyacente de base, que en muchos casos afecta al
aparato respiratorio (EPOC, bronquiectasias, etc.). También
puede producir linfadenitis cervical, infecciones osteoarticulares,
cutáneas y de los tejidos blandos, así como infecciones
diseminadas en pacientes inmunocomprometidos, especialmente los
infectados por el VIH.
Este microorganismo se ha aislado en animales, suelo
y sobre todo en el agua dulce, tanto en los sistemas de suministro
para el consumo humano, como en ríos y lagos.
M. kansasii es una micobacteria de
crecimiento lento, generalmente fotocromógena y con una
temperatura óptima de incubación de 37ºC. Al
microscopio se muestra como bacilos largos, gruesos y teñidos
irregularmente. Además se caracteriza por hidrolizar de forma rápida
el Tween 80 (3 días), reducir los nitratos a nitritos y
presentar actividad catalasa a 68ºC. Aunque aparentemente y de
forma fenotípica parece una especie bastante homogénea,
en los últimos años se ha observado, mediante estudios
moleculares, una importante heterogeneidad dentro de la misma. Así,
en la actualidad, se conocen siete subtipos identificados mediante
PCR-RFLP del gen hsp65, con una incidencia y patogenicidad
diferente. Además, mediante estudios filogenéticos, se
ha observado una gran relación con M. gastri.
3.3.5. Mycobacterium
malmoense.
Esta especie fue descrita en 1997 tras el aislamiento en muestras
respiratorias de cuatro pacientes de la ciudad de Malmö (Suecia).
Desde entonces se han notificado múltiples casos, sobre todo en
Europa, de enfermedades pulmonares crónicas en adultos y
linfadenitis cervicales en niños. El crecimiento excesivamente
lento puede dificultar su recuperación y la valoración
de la incidencia real de esta micobacteriosis. Al igual que CMA, son
cocobacilos ácido-alcohol resistentes, que no producen pigmento
y se muestran inertes a casi todas las pruebas bioquímicas. La
mayoría de los aislamientos suelen ser resistentes a un gran número
de antimicobacterianos, salvo al etambutol y a la cicloserina.
3.3.6. Mycobacterium
marinum.
Es el agente causal del "granuloma de las piscinas", ya
que produce unas lesiones cutáneas granulomatosas que suelen
ocurrir cuando la piel erosionada entra en contacto con agua salada o
dulce inadecuadamente clorada y que, en muchas ocasiones, se relaciona
con la manipulación del pescado. Tras 2-3 semanas de incubación
aparece una lesión pápulo-nodular en el punto de
inoculación de la extremidad afectada (dedos, codos y
rodillas). Las lesiones aumentan de tamaño, se ulceran y exudan
pus con abundantes bacilos ácido-alcohol resistentes que son
relativamente largos. Además, la infección puede
extenderse a los ganglios linfáticos y simular una
esporotricosis.
M. marinum es una especie fotocromógena
cuya temperatura de incubación óptima es de 30ºC,
lo que le permite crecer con cierta rapidez en los medios
convencionales (7-14 días).
3.3.7. Mycobacterium
scrofulaceum.
En la actualidad esta especie escotocromógena parece estar
en declive. Hasta hace 20 años, M. scrofulaceum era la
MNT más implicada en los casos de linfadenitis cervical en niños.
Sin embargo, y paralelamente, se han descrito hasta ocho nuevas
especies causantes de esta patología, mientras que se ha
producido un descenso en los casos notificados por M.
scrofulaceum.
3.3.8. Mycobacterium
simiae.
Esta especie se aisló inicialmente en 1965 en monos (Macacus
rhesus) y en el medio ambiente (agua potable). La patología
que causa es similar a la del CMA e incluye osteomielitis, enfermedad
pulmonar crónica y diseminada, especialmente en pacientes con
SIDA. Aunque la morfología de las colonias es parecida a la del
CMA, la mayoría de los aislamientos son fotocromógenos
lentos, presentan catalasa termoestable y la niacina es positiva. Este
último dato es raro en MNT lo que podría ocasionar
alguna confusión conM. tuberculosis. En ocasiones, la
identificación definitiva requiere pruebas cromatográficas
(ácidos micólicos) y sobre todo genéticas. Los
pocos datos in vitro disponibles indican que la mayoría
de los aislamientos son resistentes a los fármacos
antituberculosos.
3.3.9. Mycobacterium
szulgai.
Esta micobacteria, descrita en 1972, tiene la peculiaridad de ser
escotocromógena cuando crece a 37ºC y fotocromógena
a 25ºC. Por otro lado, aunque fenotípicamente se parece a
M. gordonae o M. scrofulaceum, mediante secuenciación
del 16S rRNA se asemeja a M. malmoense. Normalmente, M.
szulgai suele ser un aislamiento poco frecuente que puede producir
una infección pulmonar similar a la tuberculosis o infecciones
extrapulmonares como la bursitis, tenosinovitis, enfermedades cutáneas
localizadas y osteomielitis.
3.3.10. Mycobacterium
ulcerans.
Aunque se describió en 1948, hasta hace pocos años
no se le ha dado la importancia que realmente tiene. Ello se debe a
que esta micobacteria no cromógena es difícil de
cultivar, ya que precisa una incubación muy larga (6 a 12
semanas) y a baja temperatura (30ºC). Además, algunos
pretratamientos pueden ser nocivos para su posterior recuperación.
En la actualidad produce una de las infecciones
micobacterianas más frecuentes tras tuberculosis y lepra: la úlcera
de Buruli o Bairnsdale dependiendo que sea en África o
Australia. Esta enfermedad, que también se ha detectado en América
del Sur y Nueva Guinea, consiste en un nódulo localizado que
puede evolucionar ulcerándose y produciendo grandes lesiones
destructivas, o bien puede producir lesiones más profundas como
la osteomielitis. Todo ello puede conducir, con frecuencia, a
importantes deformidades en las extremidades. El mecanismo exacto de
transmisión se desconoce. No obstante, al ser una micobacteria
ambiental relacionada con zonas húmedas y aguas estancadas, la
transmisión podría ocurrir por vía directa en la
piel erosionada o con la participación de insectos acuáticos.
3.3.11. Mycobacterium
xenopi.
Se trata de una micobacteria escotocromógena que se aisló
en 1957 en un sapo de África (Xenopus laevis) y que
posee capacidad patógena (pulmonar y ganglionar), aunque cerca
del 90% de los aislamientos clínicos son sólo
colonizadores o contaminantes.
Microscópicamente aparecen como bacilos
largos y finos que en medios, fundamentalmente líquidos se
asocian y forman los característicos "nidos de pájaros".
Esta especie es de crecimiento muy lento y tiene una temperatura óptima
de incubación de 42-45ºC. Esta propiedad, además de
ayudar en la identificación, explica la capacidad de estos
microorganismos para desarrollarse en los tanques y depósitos
de agua caliente de los hospitales, y los múltiples brotes de
infección nosocomial a los que han dado lugar.
3.4. MNT DE CRECIMIENTO RÁPIDO
(MCR)
Hasta hace unos años, M. fortuitum y M.
chelonae constituían los dos únicos complejos o
grupos de micobacterias de crecimiento rápido con cierta
relevancia clínica. Posteriormente se han subdividido en nuevas
especies con diferentes implicaciones patogénicas y de
sensibilidad a los antimicrobianos. Es de destacar la importancia que
pueden tener estas especies en patología nosocomial, la
resistencia que muestran a los antituberculosos habituales y la
necesidad, por tanto, de emplear para su tratamiento otros antibióticos
utilizados más comúnmente en la práctica clínica
habitual.
3.4.1. Mycobacterium
abscessus.
Es una micobacteria no cromógena de desarrollo muy rápido
en medios convencionales y que ha estado asociada durante años
a M. chelonae bajo la denominación de complejo M.
fortuitum o M. fortuitum-chelonae. En la actualidad se
puede diferenciar fácilmente por la utilización del
citrato, el patrón de sensibilidad a los antimicrobianos y,
sobre todo, mediante la PCR-RFLP del gen hsp65, entre otras técnicas
moleculares. Es un microorganismo ubicuo en la naturaleza que puede
aislarse de diferentes hábitat acuáticos y del suelo,
pudiendo contaminar los suministros de agua, reactivos y soluciones de
lavado de los hospitales. Ello es debido a su capacidad para
sobrevivir en ausencia de nutrientes y en un amplio margen de
temperaturas. Suelen causar infecciones pulmonares crónicas y
también, infecciones de heridas quirúrgicas o tras
inyecciones, infección asociada a catéteres, a
dispositivos de hemodiálisis, etc., así como infecciones
diseminadas en pacientes inmunodeprimidos.
3.4.2. Mycobacterium
chelonae.
Esta especie fue aislada por primera vez en una tortuga (Chelona
corticata). En la actualidad, M. chelonae es una de las
MNT de crecimiento rápido patógenas que muestran una
mayor resistencia a los antimicrobianos y que se aísla con más
frecuencia en pacientes inmunodeprimidos. A diferencia de M.
abscessus la afectación pulmonar crónica es rara. El
cuadro clínico más frecuente es la enfermedad cutánea,
a veces diseminada, fundamentalmente en pacientes con tratamiento
inmunosupresor por trasplantes de órgano sólido,
artritis reumatoide u otros procesos autoinmunes. Además, M.
chelonae puede causar infecciones localizadas postraumáticas
(celulitis, abscesos y osteomielitis). También, aunque en menor
proporción que M. abscessus y M. fortuitum, puede
estar implicado en infecciones de piel y partes blandas, de heridas
quirúrgicas, incluidas las inyecciones, así como las
relacionadas con catéteres intravasculares.
3.4.3. Mycobacterium
fortuitum. Mycobacterium ranae
fue la denominación inicial de esta especie al describirse
por primera vez en 1905 en ranas. Posteriormente se le dio el nombre
actual al aislarse, en 1938, en unos abscesos subcutáneos tras
unas inyecciones de vitaminas. Clásicamente, en el grupo M.
fortuitum, se han incluido tres taxones: M. fortuitum,
M. peregrinum y M. fortuitum biovariedad 3, hoy en día
considerados especies diferentes. Recientemente a esta última
se le ha denominado M. porcinum.
M. fortuitum puede causar, de forma esporádica,
infecciones de heridas quirúrgicas y traumáticas,
osteomielitis, celulitis y, entre otras, las relacionadas con catéteres
intravasculares. Las infecciones pulmonares y diseminadas son
infrecuentes.
3.4.4. Mycobacterium
peregrinum.
Anteriormente considerada una biovariedad de M. fortuitum.
De momento, no se conoce el significado clínico real de esta
bacteria, sin embargo, en un pequeño número de casos se
ha notificado que esta especie ha sido el agente causal de infecciones
esporádicas en pulmón y heridas de localización
esternal y cutáneas. Se ha observado que se trata de una
especie más sensible a los antimicrobianos que M.
fortuitum.
3.4.5. Mycobacterium
mucogenicum y otras micobacterias no pigmentadas de crecimiento rápido.
M. mucogenicum debe su nombre al aspecto mucoide de sus
colonias. Aunque se ha recuperado con cierta frecuencia en agua de
consumo humano y en esputos, constituyendo una simple contaminación,
se ha notificado su capacidad patógena al asociarse con
diversos brotes nosocomiales en pacientes sometidos a diálisis,
así como infecciones relacionadas con catéteres
intravasculares y heridas postraumáticas.
En los últimos años se han descrito
numerosas especies de micobacterias no pigmentadas de crecimiento rápido
con implicaciones en patología humana: M. mucogenicum,
M. senegalense, M. mageritense, M. septicum,
M. houstonense, M. bonickei, M. brisbanense, M.
neworleansense, M. alvei, M. brumae, M. canariasense, M. goodi y
M. wolynskii. Muchas de ellas se han descrito a partir de
variantes de especies ya conocidas como M. smegmatis o M.
porcinum. En ellas se han observado algunas diferencias en la
sensibilidad antimicrobiana y, especialmente, genéticas que
permiten la caracterización de las mismas.
3.5. OTRAS MNT
Algunas MNT de crecimiento lento se aíslan con cierta
frecuencia en los laboratorios de microbiología pero suelen ser
meros contaminantes. Entre ellas se encuentran M. gordonae y
el complejo M. terrae, que se compone de: M. terrae, M.
nonchromogenicum y M. triviale.
En la última década, con la introducción
de los métodos genéticos de identificación, se
han ido describiendo nuevas especies que, a pesar del reducido número
de cepas notificadas hasta la fecha, muchas de ellas parecen tener
cierta relevancia clínica (tabla 2).
4.
MUESTRAS: SELECCIÓN, RECOGIDA, TRANSPORTE Y CONSERVACIÓN
Las muestras remitidas al laboratorio deben cumplir una serie de
condiciones generales de las que depende la calidad y eficiencia de
los resultados microbiológicos: indicación correcta del
estudio de micobacterias, selección de la muestra más
representativa y rentable, recogida de forma estéril en
cantidad suficiente y si es posible antes del inicio del tratamiento
antimicobacteriano. No deben utilizarse fijadores ni sustancias
conservantes. Tampoco es recomendable emplear escobillones, hisopos o
torundas de algodón. Las muestras se deben recoger y enviar en
contenedores estériles, de un solo uso y con cierre hermético.
El procesamiento de la muestra debe ser inmediato para evitar el
sobrecrecimiento de la microbiota acompañante; de lo contrario,
debe guardarse en frigorífico (2-8ºC) hasta dicho momento,
salvo los hemocultivos que deben conservarse en estufa o bien a
temperatura ambiente. En la actualidad no se recomiendan las
recolecciones de 24 horas por la posible dilución de las
muestras con una mayor concentración bacilar y el aumento de la
contaminación bacteriana y fúngica.
4.1. SELECCIÓN DE LA(S)
MUESTRA(S).
Dependerá en gran medida de la sintomatología del
paciente y de su enfermedad de base, así como del centro
sanitario e infraestructura disponible. Como regla general se intentará
obtener las muestras más sencillas y con métodos no
invasores. En principio, cualquier tipo de muestra puede enviarse para
su estudio micobacteriológico. Sin embargo, la gran mayoría
serán de origen respiratorio ya que las patologías más
frecuentes ocurren en esta localización anatómica.
Aunque el cultivo de muestras respiratorias es fundamental para el
diagnóstico de la tuberculosis, su utilización,
al igual que el de las muestras digestivas (heces) para determinadas
especies micobacterianas, como es el complejo M. avium, es
mucho más controvertido, al poder tratarse tan sólo de
una colonización. Por ello, sin sospecha clínica, no es
recomendable el cultivo rutinario e indiscriminado de heces y de
muestras respiratorias en pacientes VIH seropositivos.
Especial mención precisa la sospecha de
infección diseminada por micobacterias. Esta requerirá
el cultivo de muestras de territorios estériles. La sangre es
la mejor muestra para su detección. El número de
hemocultivos requerido para el diagnóstico es un tema aún
en debate. Un solo hemocultivo tiene una sensibilidad del 90-95%. No
obstante, parece razonable repetir el cultivo tras 1 ó 2
semanas si persiste la sospecha clínica de infección
diseminada. Tras la sangre, la médula ósea es la muestra
de mayor rendimiento. Su obtención para otros posibles diagnósticos
debe acompañarse siempre de la búsqueda de
micobacterias. Los laboratorios que no puedan procesar estas muestras
pueden optar por enviarlas a su centro de referencia o bien,
alternativamente tomar muestras de biopsias de ganglios linfáticos,
bazo e hígado, fundamentalmente.
Tabla 2. Micobacterias no tuberculosas (MNT) de
reciente aparición y potencialmente patógenas.
 |
|
Especie (año) |
Aislamiento |
Afectación clínica |
 |
|
MNT de crecimiento lentas no cromógenas |
 |
|
M. branderi (1995) |
Muestras respiratorias |
Enfermedad pulmonar, tenosinovitis ulcerativa |
|
M. heidelbergense (1997) |
Ganglios linfáticos |
Linfadenitis cervical en niños |
|
M. lacus (2002) |
Agua, tejido sinovial |
Bursitis postraumática |
|
M. triplex (1996) |
Esputo, LCR, ganglios linfáticos |
Enfermedad pulmonar crónica, infección
diseminada en SIDA, linfadenitis cervical en niños
|
 |
|
MNT de crecimiento lento escotocromógenas
|
 |
|
M. bohemicum (1998) |
Esputo, ganglios linfáticos, agua |
Linfadenopatía en niños |
|
M. celatum (1993) |
Muestras respiratorias, ganglios linfáticos |
Enfermedad pulmonar, enfermedad diseminada en
SIDA, linfadenopatía en niños |
|
M. conspicuum (1995) |
Esputo, líquido pleural, piel, heces,
sangre |
Enfermedad diseminada en inmunodeprimidos |
|
M. heckeshornense (2000) |
Esputo, biopsia de pulmón |
Enfermedad pulmonar (cavitación e
infiltrado) |
|
M. interjectum (1993) |
Ganglios linfáticos |
Linfadenitis cervical crónica en niños |
|
M. lentiflavum (1996) |
Ganglios linfáticos, esputo, aspirado gástrico,
biopsia disco vertebral, orina, sangre |
Linfadenitis cervical en niños,
enfermedad pulmonar cavitada, espondilodiscitis, infección
diseminada (SIDA) |
|
M. palustre (2002) |
Esputo, ganglios linfáticos, agua |
Linfadenopatía en niños |
|
M. tusciae (1999) |
Ganglios linfáticos, agua |
Linfadenitis cervical en niños
inmunodeprimidos |
 |
|
MNT de crecimiento lento fotocromógenas |
 |
|
M. intermedium (1993) |
Esputo |
Bronquitis crónica en inmunodeprimidos |
 |
|
MNT de crecimiento rápido no
pigmentadas |
 |
|
M. bonickei (2004) |
Exudados, biopsias de hueso o de partes blandas |
Infecciones de herida quirúrgica,
osteomielitis, infecciones de heridas postraumáticas
|
|
M. brisbanense (2004) |
Exudados, biopsias de hueso o de partes blandas |
Infecciones de herida quirúrgica,
osteomielitis, infecciones de heridas postraumáticas
|
|
M. goodii (1999) |
Exudados, biopsias, muestras respiratorias |
Celulitis, bursitis, osteomielitis, infecciones
de heridas postraumáticas, infección quirúrgica,
infección pulmonar crónica |
|
M. houstonense (2004) |
Exudados, biopsias de hueso o de partes blandas |
Infecciones de herida quirúrgica,
osteomielitis, infecciones de herida postraumáticas
|
|
M. immunogenum (2001) |
Sangre, exudados, muestras respiratorias,
raspado corneal, líquido sinovial, |
Infecciones relacionadas con catéter,
infección diseminada, queratitis, infección
respiratoria, artritis |
|
M. mageritense (1997) |
Esputo, sangre, exudados |
Infecciones quirúrgicas y de catéter,
sinusitis grave |
|
M. neworleansense (2004) |
Exudados, biopsias de hueso o de partes blandas |
Infecciones de herida quirúrgica,
osteomielitis, infecciones de herida postraumáticas
|
|
M. septicum (2000) |
Sangre |
Bacteriemia relacionada con catéter |
|
M. wolinskyi (1999) |
Exudados, biopsias |
Celulitis, osteomielitis, infecciones de heridas
quirúrgicas |
 |
|
MNT de crecimiento rápido fotocromógenas
|
 |
|
M. novocastrense (1997) |
Biopsia cutánea |
Lesión granulomatosa cutánea en niño |
 |
4.2. MUESTRAS RESPIRATORIAS.
El esputo simple o espontáneo es la muestra más
frecuente y rentable. Debe recogerse por las mañanas, cuando
existe una mayor concentración bacilar y en ayunas. Son
suficientes tres muestras de 5-10 ml, recogidas en días
consecutivos. En caso de no conseguir una expectoración espontánea
será necesario inducir el esputo mediante "claping"
o nebulizaciones con soluciones salinas. En estos casos, la obtención
del esputo habrá que realizarla en habitaciones bien ventiladas
o espacios abiertos donde pueda realizarse un cierto aislamiento
respiratorio de los enfermos. Es importante que se informe al
laboratorio del tipo de esputo enviado, ya que los inducidos tienden a
ser más acuosos. Aunque el esputo hemoptoico pueda ser clínicamente
orientativo, la sangre del mismo puede interferir el rendimiento diagnóstico.
No obstante, cuando no se disponga de otro, éste se debe
procesar.
De las muestras obtenidas por técnicas
broncoscópicas (broncoaspirado, lavado broncoalveolar y
cepillado bronquial con catéter telescopado) se deben enviar al
menos 5 ml para su estudio, teniendo en cuenta que deben procesarse lo
antes posible ya que la lidocaína, anestésico utilizado
frecuentemente en la broncoscopia, inhibe el crecimiento de estas
bacterias. Respecto a las biopsias respiratorias, tanto las
bronquiales como las transbronquiales, pulmonares, pleurales y otras,
se precisa un mínimo de 1 g de tejido.
El jugo gástrico es una buena muestra
indicada fundamentalmente en niños o adultos en los que no es
posible la obtención de un esputo adecuado y como alternativa a
las muestras broncoscópicas. La aspiración gástrica
se realizará a primera hora de la mañana, cuando todavía
no ha comenzado el peristaltismo intestinal que eliminaría rápidamente
los bacilos micobacterianos deglutidos durante la noche. Además,
debido a la acidez del jugo gástrico, se requiere un envío
y procesamiento rápido. En caso de no llevarse a cabo en las 4
horas siguientes a su recogida es conveniente neutralizarlo (ej., 100
mg de carbonato sódico).
4.3. SANGRE.
Se recomienda inocularla en los medios de cultivo de los nuevos
sistemas automáticos no radiométricos o bien utilizar técnicas
de lisis-centrifugación (Isolator system). Aunque el
medio 13A del sistema radiométrico BACTEC 460 ha demostrado una
gran rentabilidad, este va a dejar de estar disponible en un futuro próximo.
Si la sangre precisa ser transportada antes de su cultivo debe
anticoagularse mediante polianetolsulfonato sódico (SPS) o
heparina, pero no con EDTA. Con el sistema Isolator la muestra
puede permanecer sin procesarse varios días, aunque es
recomendable no exceder las 24 horas.
4.4. LÍQUIDOS ESTÉRILES
(CEFALORRAQUÍDEO, ARTICULAR, PERITONEAL, PLEURAL, PERICÁRDICO,
ETC.).
Siempre debe recogerse el mayor volumen posible (10 a 15 ml),
debido al bajo número de bacilos presente. Como algunos líquidos
(ej., articulares) contienen una elevada cantidad de fibrinógeno,
este tipo de muestras deberían recogerse en un tubo con
anticoagulante.
4.5. TEJIDOS (BIOPSIAS).
Para evitar la deshidratación de las muestras de biopsia, éstas
deben enviarse al laboratorio en suero fisiológico o bien, en
medio líquido 7H9 de Middlebrook. Nunca debe utilizarse formol
ya que haría inviables a las micobacterias. Por ello, se debe
distinguir claramente entre las muestras enviadas al laboratorio de
anatomía patológica y al de microbiología. Las
muestras de médula ósea se obtendrán y procesarán
como si de un hemocultivo se tratara.
4.6. ORINA.
Se debe recoger la muestra a primera hora de la mañana
obtenida por micción espontánea, sonda urinaria o punción
suprapúbica, siguiendo las mismas precauciones que en la
obtención de cualquier urocultivo. Es aconsejable recoger tres
muestras (mínimo de 40 ml) durante tres días
consecutivos.
4.7. HECES.
Se recomienda el estudio de tres muestras de al menos 1 g cada
una. Su procesamiento debería ser inmediato. Para ello se añaden
5 ml de medio líquido 7H9 de Middlebrook o suero fisiológico
a la muestra antes de iniciar la digestión-descontaminación
pertinente.
5.
MICROSCOPIA
A pesar de que en los últimos años la
micobacteriología ha experimentado importantes avances tecnológicos,
el diagnóstico precoz de infección por micobacterias y,
especialmente de tuberculosis, sigue recayendo en el exámen
microscópico de las muestras clínicas teñidas de
manera adecuada. En la actualidad, es el procedimiento más
simple, barato y rápido en proporcionar al clínico una
orientación diagnóstica preliminar. El exámen
microscópico permite valorar la calidad de las muestras
recibidas, identificar los pacientes más contagiosos, y además
resulta útil para monitorizar la respuesta de los pacientes al
tratamiento antimicobacteriano.
En general, la microsocopía, por sus características,
debe aplicarse sistemáticamente sobre cualquier muestra clínica
en la que sea preciso descartar estos patógenos, con la excepción,
tal vez, de la sangre. Sin embargo, una tinción negativa no
descarta una posible infección micobacteriana subyacente.
5.1. TINCIONES.
Las micobacterias son microorganismos difíciles de teñir
con los colorantes básicos habituales. Esto se debe a alto
contenido de lípidos de su pared celular, en especial ácidos
grasos de cadena larga (ácidos micólicos). Para lograr
la penetración del colorante primario al interior de la
micobacteria se debe recurrir al calor o a determinados detergentes
según el método utilizado. Una vez dentro, el colorante
no podrá ser extraído tras la exposición al
alcohol-ácido o ácidos minerales. Esta propiedad se
denomina ácido-alcohol resistencia (AAR) y es útil para
la visualización de este grupo específico de bacterias.
Se desconoce la naturaleza exacta del mecanismo de AAR aunque se
piensa que el fenol permite la penetración del colorante, que
se ve facilitada por el efecto del calor. Además, las
micobacterias son capaces de formar complejos estables con ciertos
colorantes arilmetanos como la fucsina o la auramina O.
Los métodos más utilizados para
determinar la AAR de las micobacterias son: a) Las tinciones basadas
en la utilización de fucsina fenicada (carbolfucsina) como
colorante primario. Estas son, la clásica de Ziehl-Neelsen o
variantes como la de Kinyoun, donde los microorganismos se tiñen
de rojo sobre un fondo azul o verde, dependiendo del contracolorante
utilizado. La variante de Kinyoun o coloración fría,
emplea cuerpos tensoactivos sin necesidad de calentar el colorante; y
b) Métodos que utilizan como colorante primario determinados
fluorocromos (auramina O, auramina-rodamina) donde los microorganismos
que son AAR, bajo la luz ultravioleta, aparecen fluorescentes de color
amarillo o naranja dependiendo del filtro empleado. La diferencia básica
entre ambos métodos radica en el aumento microscópico
requerido y por tanto el número de campos a visualizar. De esta
forma, los métodos con carbolfucsina precisan el exámen
con un ocular-objetivo de inmersión de gran aumento (x 1.000).
En cambio, las técnicas fluorescentes requieren menos esfuerzo
al poder observar la preparación con un ocular-objetivo de
menor aumento (x 250) sin pérdida de sensibilidad. Ello permite
una mayor rapidez de lectura y un menor cansancio del microscopista,
siendo por tanto el método de cribado recomendado en los
laboratorios con un gran número de muestras. No obstante,
cuando exista la menor duda con las técnicas fluorescentes se
deberá confirmar mediante una tinción de Ziehl-Neelsen.
5.2. SENSIBILIDAD Y
ESPECIFICIDAD.
La microscopía presenta una sensibilidad inferior al
cultivo, oscilando entre un 22% y un 80%. Existen diversos factores
condicionantes que intervienen en la misma: a) Tipo de muestra.
Las de origen respiratorio son las de mayor rentabilidad, seguidas de
las muestras tisulares; b) La cantidad de muestra procesada;
c) La concentración de bacterias en la muestra. Para
que una tinción sea positiva debe contener 105
bacterias por ml de muestra. Así, en los líquidos
de territorios estériles, que suelen tener un número
bajo de microorganismos, la microscopía es muy poco rentable.
Por ello, algunos autores recomiendan en este tipo de muestras llevar
a cabo técnicas de concentración. Aunque la centrifugación
parece la primera opción plausible, no es totalmente eficaz
debido a que la densidad de flotación de las micobacterias está
próxima a 1, lo que hace que muchas de ellas permanezcan en el
sobrenadante. Sin embargo, si parecen eficaces la superposición
secuencial en un portaobjetos de varias gotas del fluido corporal no
centrifugado o la filtración mediante una membrana de
policarbonato; d) El tipo de tinción realizado. Es
conocido que la tinción de Kinyoun es la que ofrece una menor
rentabilidad, mientras que la tinción con fluorocromos, además
de requerir un menor tiempo de observación, siempre se la ha
considerado el de mayor sensibilidad. No obstante, en la actualidad
este último aspecto es bastante controvertido y no parece que
en sensibilidad supere a la tinción de Ziehl-Neelsen; e) La
especie micobacteriana presente. Las micobacterias no
tuberculosas se detectan con menor frecuencia y con mayor dificultad
que M. tuberculosis. Además determinadas especies, como
algunas de crecimiento rápido, no suelen teñirse
adecuadamente con los fluorocromos. Por ello, en estas micobacterias
se recomienda la tinción con carbolfucsina y una decoloración
más suave; y f) La experiencia del observador.
Aunque la especificidad del examen directo de la
muestra para determinar el género Mycobacterium es
bastante elevada, la diferenciación de la especie a partir de
la muestra clínica suele ser muy difícil. Por otro lado,
no hay que olvidar que existen otros microorganismos que pueden
presentar diferentes grados de AAR como son: Nocardia,
Rhodococcus, Tsukamurella, Gordona, Legionella micdadei y los
ooquistes de Cryptosporidium, Isospora, Sarcocystis y Cyclospora.
5.3. OBSERVACIÓN MICROSCÓPICA.
Cada preparación deberá examinarse exhaustivamente
para descartar la presencia de microorganismos AAR. Cuando la muestra
se haya teñido con carbolfucsina deberá examinarse un mínimo
de 300 campos con el ocular-objetivo de inmersión (x 1.000)
antes de emitir un informe negativo. Cuando se haya utilizado una
tinción con fluorocromo el examen se hará con un
microscopio de fluorescencia y a menor aumento (x 250). Al ampliar el
campo visual será necesario observar menos campos (al menos 30)
para informar la preparación como negativa.
En las extensiones de muestras positivas, los
microorganismos pueden tener diferentes formas y tamaños. Así,
el clásico M. tuberculosis aparece como bacilos ácido-alcohol
resistentes (BAAR) de 1 a 10 µm de largo y 0,2 a 0,6 µm de
ancho. Estos pueden ser rectos o ligeramente curvados y, en ocasiones,
teñidos irregularmente debido a la presencia de unas
granulaciones a lo largo de la bacteria, lo que es más
destacable con la tinción de Ziehl-Neelsen. Los bacilos se
pueden encontrar aislados o en pequeños grupos de pocos
elementos. En ocasiones se pueden ver en grupos o masas mayores en
forma de espigas. Esta morfología varía ligeramente de
unas especies de micobacterias a otras, lo que ha llevado a intentar
un diagnóstico de especie a partir de las características
microscópicas. Sin embargo, esta tarea resulta bastante
arriesgada y poco recomendable a partir de muestras clínicas,
aun en el caso de personal entrenado y con experiencia. En cambio, en
medio de cultivo líquido, la morfología microscópica
se ha utilizado para la identificación presuntiva de algunas
micobacterias frecuentes. Las especies del complejo M.
tuberculosis exhiben a menudo un aspecto de "cuerdas
serpenteantes" o "coronas de espinas", pero también
puede ocurrir con algunas MNT como, por ejemplo, M. kansasii.
En general, las MNT pueden tener un aspecto pleomórfico, con
formas cocoides o filamentosas y con agrupaciones variables. Así,
M. kansasii suelen ser bacilos largos y gruesos que se tiñen
irregularmente con bandas cruzadas, dándoles un aspecto
arrosariado o atigrado muy característico y, pudiendo llegar a
formar grumos de formas diversas. En cambio el complejo M. avium
se muestran como cocobacilos de pequeño tamaño y que
se encuentran dispersos sin ninguna asociación concreta. Otro
ejemplo es M. xenopi, que se visualizan como bacilos largos y
delgados que se agrupan formando estructuras en "nido de pájaro".
5.4. INTERPRETACIÓN Y
EXPRESIÓN DE LOS RESULTADOS. Todas las extensiones en las que
no se hayan visualizado bacilos ácido-alcohol resistentes
(BAAR) deben informarse como negativas. En el caso de ver 1 ó 2
BAAR en toda la preparación, se debería registrar pero
no informar, siendo recomendable confirmar el hallazgo con nuevas
muestras. Todas las extensiones en las que se detecten varios BAAR
deberán informarse como positivas, especificando el método
de tinción empleado. Es recomendable archivar todas las
preparaciones positivas.
Un aspecto importante del informe es la cantidad de
BAAR observados. Para tratar de sistematizar la emisión de
resultados se han propuesto diferentes esquemas que se resumen en la
tabla 3.
5.5. FALSOS RESULTADOS.
a) Errores por defecto (falsos negativos): muestras no
representativas (saliva en vez de esputo, volumen escaso de orina,
jugo gástrico no tamponado, etc.), extensiones demasiado
gruesas o finas, mala fijación de la extensión, mala
calidad de los colorantes, exceso de decoloración, defectos de
observación (pocos campos examinados, fatiga del observador,
escasa atención o experiencia, etc.). b) Errores por exceso
(falsos positivos): son los más graves, y pueden ser debidos a
la presencia de restos de comida en el esputo, precipitados del
colorante, contaminación cruzada de los portaobjetos durante
las tinciones y/o uso de agua contaminada con micobacterias
ambientales, contaminación a través del aceite mineral
con el objetivo de inmersión (el objetivo debe limpiarse entre
las preparaciones), o puede tratarse de otros microorganismos con
propiedades de AAR. Un aspecto a tener en cuenta son los casos de
descontaminación enérgica de las muestras en el
laboratorio, ya que podría aparentar un falso positivo, cuando
en realidad se ha provocado un falso negativo del cultivo.
6.
PRETRATAMIENTO DE LAS MUESTRAS: DIGESTIÓN Y DESCONTAMINACIÓN
La mayoría de las muestras clínicas remitidas al
laboratorio para descartar infección micobacteriana, proceden
de zonas no estériles donde existe una compleja matriz
orgánica contaminada con una gran variedad de microorganismos.
Esto puede dificultar o impedir el normal desarrollo de las
micobacterias. Por otro lado, aquellas muestras paucibacilares, como
son los fluidos corporales, requieren una concentración que
mejore la detección, tanto en el examen microscópico
como en el cultivo.
Por todo ello, es necesario recurrir a un
pretratamiento adecuado de las muestras clínicas (homogeneización,
descontaminación y concentración) antes de la tinción
y siembra en los medios de cultivo.
Tabla 3. Interpretación e informe de la
microscopia (baciloscopia) para la detección de bacilos ácido-alcohol
resistentes (BAAR).
 |
| |
Tipo de tinción,
aumento óptico y nº de BAAR observados |
|
 |
|
Informe |
Fucsina
(x 1.000) |
Fluorocromo
(x 250) |
Fluorocromo
(x 450) |
 |
|
No BAAR |
0 |
0 |
0 |
|
Dudoso (repetir) |
1-2 / 300 campos (3 barridos) |
1-2 / 30 campos (1 barrido) |
1-2 / 70 campos (1,5 barridos) |
|
Positivo 1 + |
1-9 / 100 campos (1 barrido) |
1-9 / 10 campos |
2-18 / 50 campos (1 barrido) |
|
Positivo 2 + |
1-9 / 10 campos |
1-9 / campo |
4-36 / 10 campos |
|
Positivo 3 + |
1-9 / campo |
10-90 / campo |
4-36 / campo |
|
Positivo 4 + |
>9 / campo |
>90 / campo |
>36 / campo |
 |
El elevado contenido lipídico de la pared de
micobacteriana le confiere una mayor resistencia a los ácidos y
bases fuertes que pueden ser utilizados como agentes descontaminantes
de la flora acompañante. En principio, un procedimiento de
descontaminación debería ser capaz de eliminar los
contaminantes en la medida de lo posible sin afectar gravemente la
viabilidad de las micobacterias. Sin embargo, todos los métodos
actuales son tóxicos en algún grado para las mismas. Por
otro lado, la digestión permite la homogeneización de la
muestra ya que algunas, en particular los esputos, contienen moco que
si no se licúa proporciona a las bacterias contaminantes una
barrera de protección frente a la acción de los agentes
descontaminantes.
La digestión-descontaminación sólo
tiene sentido cuando se piensa que la muestra clínica está
contaminada, por lo tanto los líquidos orgánicos estériles
y los tejidos recogidos asépticamente no la precisan. Si
existen dudas en cuanto a la necesidad de descontaminar o no, podría
optarse por refrigerar la muestra 24 h hasta disponer del resultado
preliminar de los cultivos bacteriológicos rutinarios de la
misma.
Existen numerosos protocolos de descontaminación:
método de Petroff (hidróxido sódico),
Kubica-Krasnow (cisteína y cloruro de benzalconio) y Tacquet y
Tison (hidróxido sódico y laurilsulfato de sodio) entre
otros. Algunos de ellos utilizan un mismo reactivo para digerir y
descontaminar. Por desgracia, no existe un método ideal que
sirva para todas las muestras clínicas, medios de cultivo y técnicas
diagnósticas utilizadas.
El hidróxido sódico es el agente
descontaminante más empleado que posee, además,
propiedades mucolíticas. Al tratarse de un álcali muy
potente resulta crítica la concentración empleada, así
como el tiempo de actuación. Una descontaminación
agresiva matará del orden del 20 al 90% de las micobacterias
presentes en una muestra clínica.
La N-acetil-L-cisteína es la sustancia mucolítica
que más se utiliza. A pesar de que no tiene efecto inhibitorio
directo sobre las bacterias, permite trabajar con concentraciones de
hidróxido sódico más bajas cuando se utilizan de
forma conjunta. La combinación N-acetil-L-cisteína más
NaOH al 2% es el método de descontaminación-digestión
más difundido y el recomendado para la mayoría de los
sistemas de cultivo automáticos con medios líquidos.
Para lograr el máximo rendimiento en la
recuperación de micobacterias, se deberían tener
presentes las limitaciones de los diferentes métodos de
descontaminación usados. Así, algunas sustancias
interfieren negativamente con algunos medios de cultivo. Un ejemplo es
la combinación de laurilsulfato de sodio con NaOH que
interfiere con el medio MGIT (Mycobacterial Growth Indicator Tube).
Otros agentes descontaminantes impiden el crecimiento de determinadas
micobacterias, como es el caso del hidróxido sódico, el ácido
oxálico y en menor medida el ácido clorhídrico,
que tienen un efecto deletéreo sobre M. ulcerans.
Cuando en un laboratorio se realicen simultáneamente técnicas
de amplificación genómica a partir muestras pretratadas,
conviene cerciorarse de que ninguna de las sustancias empleadas en el
procedimiento de descontaminación-digestión interfiera
con la reacción de amplificación.
En general cada laboratorio deberá utilizar
el método de digestión-descontaminación que mejor
se adapte a sus necesidades y en consonancia con los sistemas de
cultivo e identificación (tabla 4). Para optimizar y controlar
el procedimiento utilizado se deberá analizar con una
determinada periodicidad el número de cultivos contaminados.
Aunque clásicamente el ideal recomendado se encuentra entre el
3-5% se debe tener en cuenta el tipo de muestra y el o los medios de
cultivo utilizados, entre otros factores. En la práctica diaria
estos márgenes deberían ser únicamente
orientativos.
Cuando existe un número elevado de
contaminaciones en relación con el pretratamiento de las
muestras se pueden adoptar diversas estrategias: a) Incrementar la
concentración del descontaminante. Ello debe realizarse
progresivamente y teniendo en cuenta que concentraciones del 4% de
hidróxido sódico elimina, en poco tiempo, la mayoría
de las micobacterias, b) Utilización simultánea de
medios selectivos que inhiban el crecimiento de contaminantes
potenciales (bacterias u hongos), c) Verificar la completa digestión
de las muestras. En caso contrario incrementar la concentración
de N-acetil-L-cisteína en las muestras con excesivo moco, d) En
las muestras problemáticas, se puede optar por procedimientos
alternativos de descontaminación-digestión. Por ejemplo,
las muestras procedentes de pacientes con fibrosis quística
suelen presentar Pseudomonas. Ello puede combatirse añadiendo
ácido oxálico al 5% al sedimento concentrado tras la
descontaminación-digestión con N-acetil-L-cisteína
y NaOH.
7.
CULTIVO
El aislamiento de micobacterias a partir del cultivo de muestras
clínicas continúa siendo fundamental para el diagnóstico
específico de las infecciones por estos microorganismos. El
cultivo ha demostrado ser más sensible (10¹-10²
bacterias viables/ml) que el examen microscópico. Además,
el aislamiento del agente causal permite la identificación de
la especie, los posteriores estudios de sensibilidad frente a los
antimicrobianos, así como la monitorización del
tratamiento y curación del paciente.
Las micobacterias suelen ser bastante exigentes y requirieren
medios ricos y frescos.
Existen medios selectivos con diversos antibióticos
para prevenir el crecimiento de la flora bacteriana o fúngica
acompañante.
Tabla 4. Métodos de digestión y
descontaminación de las muestras clínicas.
 |
|
Método |
Agente(s) |
Comentarios |
 |
|
Kubica |
N-acetil-L-cisteína (NALC) e hidróxido
sódico (NaOH) al 2% |
Descontaminación suave. La concentración
de NaOH puede aumentarse al 3% en caso de un exceso de contaminación.
La NALC debe prepararse diariamente. Límite de exposición
al NaOH de 15 min. Es el método más difundido,
especialmente en EE UU. |
|
Tacquet y Tison |
Laurilsulfato sódico al 3% y NaOH al 1%
|
Descontaminación suave. Aconsejable
cultivar en medios con huevo para neutralizar los restos del
detergente. Algunos autores describen su superioridad respecto al
NALC-NaOH. Por el contrario, parece ser incompatible con el BACTEC
y los sistemas automáticos de cultivo no radiométricos.
Método bastante utilizado en Europa. |
|
Petroff |
NaOH al 4% |
Descontaminación agresiva con efecto
homogeneizante a dicha concentración. Requiere control
riguroso del tiempo de exposición (d15 min). |
|
Karlson |
Fosfato trisódico al 13% y cloruro de
benzalconio (Zefiran) |
Ideal en laboratorios que no pueden controlar el
tiempo de exposición. Precisa sembrarse en medios con huevo
o neutralizar el Zefiran con lecitina. No debe emplearse con los
sistemas automáticos y puede resultar lesivo para el
complejo M. avium (CMA). |
|
Löwenstein-Sumiyoshi |
Acido sulfúrico al 4-5% |
Útil en muestras que sólo precisen
descontaminación. Práctico en laboratorios con gran
volumen de orinas. |
|
Corper y Uyei |
Acido oxálico al 5% |
El más efectivo en muestras contaminadas
con Pseudomonas y en la recuperación de CMA a
partir de heces. |
|
Smithwick |
Cloruro de cetil-piridinio al 1% y ClNa al 2% |
Descontaminación suave. Útil para
el transporte de muestras. Requiere un mínimo de 24 h de
exposición. Debe sembrarse en medios con huevo o previa
neutralización del amonio cuaternario. |
 |
Aunque los medios no selectivos no contienen
antibióticos, poseen algunas sustancias inhibidoras para el
control de bacterias contaminantes, como son los colorantes de anilina
(verde de malaquita o cristal violeta). Su concentración suele
ser crucial para mantener el equilibrio entre la recuperación
micobacteriana deseada y la posible contaminación a partir de
las muestras de territorios no estériles. Si la concentración
es muy elevada puede llegar a afectar seriamente el crecimiento
micobacteriano.
En general, para el aislamiento primario a partir
de muestras clínicas se prefieren medios no selectivos,
líquidos y, a ser posible, la combinación de uno
líquido y uno sólido.
7.1. MEDIOS SÓLIDOS.
Se pueden dividir en dos grupos básicos: medios con huevo
o con agar.
7.1.1. Medios sólidos con huevo.
Son medios ricos que contienen huevo (entero o sólo yema),
fécula de patata, sales, glicerol y un agente inhibidor como es
el verde de malaquita. Las ventajas fundamentales radican en la buena
recuperación de gran parte de las especies micobacterianas y su
buena capacidad tanto, inhibidora de la flora contaminante, como
tamponante que permite neutralizar múltiples productos tóxicos
presentes en las muestras clínicas, así como algunos
restos de diversos productos descontaminantes. Además, poseen
una vida media prolongada cuando se conservan a 2-8 ºC (6 meses)
y las pruebas fenotípicas de identificación, realizadas
a partir de subcultivos provienen de estos medios, son bastante
fidedignas. Sin embargo, son medios difíciles de preparar
(coagulación a 85-95 ºC) lo que conlleva algunas
variaciones de un lote a otro. Esto puede influir en la concentración
final de los antimicrobianos en las pruebas de sensibilidad in
vitro. También presentan, a veces, algunos problemas para
distinguir entre los restos del inóculo y el crecimiento
micobacteriano. Por último, cuando se contaminan se afecta todo
el medio pudiendo llegar a licuarse.
El medio más utilizado es el Löwenstein-Jensen,
aunque existen otros en virtud de su mayor (Petragnani) o menor
capacidad inhibitoria de la flora acompañante (Coletsos o
American Thoracic Society) que depende tan sólo de la
concentración de verde de malaquita.
7.1.2. Medios sólidos
con agar.
Estos medios sintéticos, tipo 7H10 y 7H11 de Middlebrook,
son transparentes y permiten una detección rápida del
crecimiento micobacteriano (10-12 días) que puede distinguirse
de los residuos de la muestra en la siembra. Además se pueden
utilizar para las pruebas de sensibilidad a los antimicrobianos.
La inclusión de un 2% de glicerol permite un mejor
crecimiento del complejo M. avium-intracellulare. El medio
7H11 contiene un 0,1% de hidrolizado de caseína que favorece la
recuperación de las cepas de M. tuberculosis
resistentes a la isoniacida. Los principales inconvenientes residen en
un precio superior a los medios con huevo, una vida media corta (1 mes
a 2-8 ºC) y una mayor tasa de contaminaciones al contener una
concentración menor de verde de malaquita. El almacenaje es
delicado ya que un exceso de temperatura o exposición a la luz
puede deteriorar el medio y estimular la producción de
formaldehído que es tóxico para las micobacterias.
7.1.3. Medios selectivos.
Son medios no rutinarios con o sin huevo que contienen agentes
antimicrobianos para inhibir la contaminación bacteriana y/o
micótica acompañante. Cuando se decida utilizarlos,
debería hacerse en combinación con un medio no
selectivo.
7.1.4. Medios especiales.
Algunas micobacterias requieren enriquecimientos especiales, como
ocurre en M. haemophilum, donde un suplemento de hemina,
hemoglobina o citrato amónico férrico es necesario.
7.2. MEDIOS BIFÁSICOS.
El medio más conocido es el sistema Septi-Chek que
consiste en una botella con un medio líquido (7H9 de
Middlebrook) y suplementos antibióticos y de enriquecimiento,
al que se le añade en la parte superior de la botella diversos
medios sólidos (agar chocolate, Löwenstein-Jensen, 7H10 ó
7H11 de Middlebrook). Esto permite distinguir las contaminaciones y
los cultivos mixtos. Además es posible obtener un crecimiento
adecuado tanto en la fase líquida como sólida para la
identificación, sin requerir un subcultivo posterior. En
conjunto, sin llegar a la rapidez de detección de los sistemas
automáticos o semiautomáticos, obtiene una sensibilidad
similar a éstos y mejora ostensiblemente el rendimiento de los
medios convencionales. Por lo tanto, este medio representa una buena
opción para los laboratorios con bajo número de
muestras, al ser algo más económico y no precisar un
gran equipamiento. Sin embargo, no permite llevar a cabo estudios de
sensibilidad a los antimicrobianos.
7.3. MEDIOS LÍQUIDOS.
En general, son medios muy enriquecidos que recuperan un mayor número
de micobacterias y más rápidamente que los medios sólidos.
Por ello se aconseja incluirlos siempre para el aislamiento primario
de muestras clínicas. Además estos medios se utilizan
como base para diversas pruebas de identificación bioquímica
y de sensibilidad a los antimicrobianos. Por el contrario, tienen la
desventaja de no poder visualizar la morfología de la colonia
ni valorar los posibles cultivos mixtos. Aparte de los clásicos
7H9 de Middlebrook, Dubos, Youmans, Proskauer-Beck, etc., existen una
serie de sistemas comerciales que, utilizando la base de los
convencionales, logran un alto rendimiento. Los objetivos actuales
para el cultivo de micobacterias, se basan en la utilización de
sistemas totalmente automatizados de incubación y lectura, y en
los que pueden realizarse pruebas de sensibilidad in vitro a
los antimicrobianos.
7.3.1. Medios de lectura
manual.
Aunque los medios convencionales se pueden confeccionar en el
propio laboratorio, existen medios comercializados que intentan
facilitar la lectura para una rápida detección del
crecimiento bacteriano. Los más utilizados son el MB Redox y el
MGIT, que ofrecen una rentabilidad superior a los medios sólidos
y pueden ser una alternativa en laboratorios con un número bajo
de muestras.
7.3.1.1. MB Redox. Se
basa en el medio de Kirchner con unos suplementos de antibióticos
y de enriquecimiento. Para la detección del crecimiento
micobacteriano incorpora una sal de tetrazolio como indicador redox.
Cuando existe un crecimiento activo, la sal se reduce y precipita en
la pared bacteriana. Esto produce unas partículas de color rosa
o violeta que se pueden ver directamente. Se trata, por tanto, de un
medio simple, fácil de usar y que no precisa instrumentación
especial alguna.
7.3.1.2. MGIT (Mycobacterial
Growth Indicator Tube). Es un medio fluorométrico
basado en un 7H9 de Middelbrook con un componente fluorescente
(pentahidrato de rutenio) embebido en silicona. Bajo la luz
ultravioleta el crecimiento se aprecia mediante la visualización
de un brillo fluorescente anaranjado en la superficie y en el fondo
del tubo como consecuencia de una depleción de O2.
Es un medio sencillo que permite la lectura manual simultánea
de diversos cultivos sin necesitar, al igual que el MB redox, un gran
equipamiento, salvo una fuente de luz ultravioleta. Sin embargo, el
MGIT tiene el inconveniente de requerir una mayor manipulación,
ya que se le deben añadir los suplementos de antibióticos
y de enriquecimiento, y éstos, al no utilizar agujas ni
jeringuillas, deben añadirse con una pipeta, teniendo que abrir
los tapones de rosca de los tubos. Por otro lado, ello le permite
tener una vida media mayor que el MB redox que, al tener ya
incorporados los suplementos debe, además, conservarse
refrigerado (2-8ºC). El tubo de MGIT es el mismo que se emplea en
el sistema automático de cultivo y detección MGIT 960.
Asimismo, puede utilizarse para las pruebas de sensibilidad de M.
tuberculosis a los antimicobacterianos de primera línea.
7.3.2. Sistemas de detección
automática o semiautomática.
La introducción del BACTEC 460 TB en la década de
los ochenta revolucionó el cultivo de estos microorganismos,
mejorando la recuperación de todo tipo de micobacterias y
disminuyendo considerablemente el tiempo de detección de las
mismas. A pesar de ser el patrón de referencia desde entonces,
sus problemas, sobre todo, derivados de la utilización de isótopos
radiactivos, han llevado al desarrollo de nuevos sistemas
automatizados no radiométricos como son: ESP II System, MB/BacT
ALERT 3D y MGIT 960. Aunque estos sistemas presentan un mayor número
de contaminaciones, la rentabilidad global obtenida hasta la fecha es
comparable al sistema radiométrico. Además de no
utilizar isótopos radiactivos, presentan otras importantes
ventajas como son: la automatización, la sencillez y la
desaparición de la posible contaminación cruzada al
tener métodos de detección que no implican una
manipulación del contenido de los tubos.
7.3.2.1. Sistema BACTEC
460TB. Es un sistema semiautomático de cultivo y detección
del crecimiento micobacteriano para todo tipo de muestras, incluidas
las hemáticas. Utiliza el medio líquido 7H12 de
Middlebrook que es un caldo base de 7H9 de Middlebrook que contiene ácido
palmítico marcado con
14C.
Tras ser metabolizado el substrato por la bacteria, libera
14CO2
a la fase aérea que se mide por el aparato y cuyo índice
refleja la cantidad de microorganismo existente en el medio. Este método
puede utilizarse también para la identificación
presuntiva (utilizando p-nitro-amino-hidroxipiofenona -NAP) y pruebas
de sensibilidad. No obstante, aunque sigue siendo útil,
especialmente para las pruebas de sensibilidad, presenta las
desventajas de, sobre todo, utilizar isótopos radiactivos (14C),
no estar automatizado, contaminación cruzada potencial, posible
producción de aerosoles durante la manipulación y
lectura, y tener un precio elevado. En la actualidad esta siendo
sustituido por los sistemas automatizados no radiométricos que
se detallan a continuación.
7.3.2.2. Sistema ESP
Culture System II. Es un sistema automático no radiométrico
de monitorización continua, para la detección y
determinación de la sensibilidad de micobacterias. El medio
base consta de un 7H9 de Middlebrook con suplementos antibióticos
y de enriquecimiento y unas esponjas de celulosa incluidas en el medio
para ofrecer un hábitat natural y mayor superficie de cultivo.
La detección se realiza mediante sensores de presión que
detectan el consumo de oxígeno. El sistema efectúa
lecturas cada dos horas generando un gráfico para cada cultivo
y a través de un sistema experto determina si el cultivo es
positivo o negativo. Tiene capacidad para 1920 cultivos simultáneos.
Admite cualquier método clásico de descontaminación
y puede utilizarse para todo tipo de muestras, incluyendo sangre y médula
ósea. Las pruebas de sensibilidad están disponibles para
tres fármacos: isoniacida, rifampicina y etambutol.
7.3.2.3. Sistema MB/BacT
ALERT 3D. Sistema automatizado de cultivo colorimétrico que
detecta la producción de CO2
como indicador de crecimiento bacteriano. El medio utilizado es el básico
7H9 de Middlebrook suplementado con factores de crecimiento y una
solución antibiótica para las muestras de origen no estéril.
Con una monitorización continua, los cultivos permanecen en el
incubador-lector sin un manejo adicional hasta que el equipo notifica
su positividad o bien su negatividad tras el periodo de incubación
fijado. La capacidad de cultivo es variable y muy versátil ya
que permite la adición de múltiples armarios incubadores
de 240 cultivos cada uno. Otra ventaja es que puede utilizarse, al
igual que el ESP Culture System II, con todo tipo de nuestras,
incluidas las sanguíneas. A diferencia de este sólo
admite el método de descontaminación de la NaOH-NALC
(N-acetil-L-cisteína). Recientemente se han empezado a realizar
las pruebas de sensibilidad en M. tuberculosis a los
antimicobacterianos de primera línea, sin incluir la
pirazinamida. La aplicación de estas pruebas en la rutina de
los laboratorios clínicos se encuentra en evaluación.
7.3.2.4. Sistema BACTEC
MGIT 960. Es el último sistema automatizado que ha
aparecido en el mercado. Este sistema utiliza el medio MGIT,
detectando consumo de O2
mediante unos sensores fluorométricos. Un aspecto relevante de
este medio (MGIT) es que los tubos poseen tapones de rosca, evitando
el uso de agujas y jeringuillas. Los resultados se proporcionan como
positivo o negativo y en unidades de crecimiento. Básicamente,
es un sistema de gran capacidad (960 cultivos) diseñado para
laboratorios con un gran volumen de muestras (8.000 por año
aprox.). Este método no puede utilizarse en muestras hemáticas
y, al igual que el MB/BacT ALERT 3D, sólo admite el método
de descontaminación de NaOH-NALC (N-acetil-L-cisteína).
Recientemente, se ha introducido para la realización de las
pruebas de sensibilidad de M. tuberculosis a los
antimicobacterianos de primera línea, incluida la pirazinamida.
Aunque ha sido aprobado por la FDA (Food and Drug Administration)
y los datos iniciales son muy prometedores, la utilización
sistemática de estas pruebas en los laboratorios de Microbiología
está en proceso de consolidación y consenso general.
7.3.2.5. Sistema BACTEC
serie 9000. Se trata de un sistema automatizado de hemocultivos
convencionales que, mediante un software y un medio de cultivo
específico, puede utilizarse para la recuperación de
micobacterias en muestras hemáticas. Es un sistema colorimétrico
con una capacidad de 50 a 240 cultivos que complementaría el
MGIT 960.
7.4. CONDICIONES DE INCUBACIÓN.
La mayoría de las especies tienen un buen crecimiento a
35-37ºC. No obstante, en algunas muestras clínicas (piel y
tejidos blandos) donde pueden intervenir especies (M. marinum,
M. chelonae, M. haemphilum, M. ulcerans, etc.) cuya temperatura de
incubación óptima es menor, se deberán sembrar e
incubar un grupo adicional de cultivos entre 25 y 33ºC. En la
actualidad, ello es factible en los cultivos de lectura manual.
Un aspecto importante para mejorar el crecimiento en
los medios sólidos es la incubación con un 5-10% de CO2
que, en el caso del Löwenstein-Jensen, puede reducirse a los
primeros 7-10 días tras la siembra, incubando después en
una estufa convencional.
Como regla general, el tiempo de incubación
debe ser prolongado. Aunque no hay un acuerdo unánime, el
periodo de 6-8 semanas parece ser el más adecuado. Ante la
sospecha de una micobacteria de crecimiento muy lento, muestras sanguíneas
o aquellas con una baciloscopia o amplificación genética
positiva, se podría alargar la incubación 4 semanas más.
La lectura de los cultivos manuales se adaptará
a las necesidades y posibilidades de cada laboratorio. Una recomendación
general sería una lectura a los 3-5 días de la siembra y
posteriormente, 2 veces a la semana durante las 4 primeras semanas,
seguida de una lectura semanal hasta el final de la incubación.
8.
IDENTIFICACIÓN
8.1. IDENTIFICACIÓN FENOTÍPICA
A lo largo de los últimos años, el número de
especies nuevas de micobacterias ha aumentado de forma muy importante,
principalmente gracias al desarrollo de las técnicas basadas en
la biología molecular. Sin embargo, y a pesar de la creciente
implantación de estas técnicas en los laboratorios
asistenciales, gran parte de ellos continúan usando, en mayor o
menor medida, diversas características fenotípicas para
la caracterización de los aislamientos.
8.1.1. Microscopía.
Como se ha comentado, una característica común de
todo el género Mycobacterium es su ácido-alcohol
resistencia. Este hecho es importante para confirmar que el
crecimiento observado en el cultivo es una micobacteria y detectar una
posible contaminación. Aunque otros organismos pueden exhibir
dicha ácido-alcohol resistencia, esta es parcial a diferencia
de las micobacterias que son capaces de resistir una decoloración
fuerte. Además, como se ha descrito con anterioridad (sección
5), dentro del género existen diferencias microscópicas
que pueden orientar de forma presuntiva la identificación de
alguna especie.
8.1.2. Velocidad de
crecimiento.
Ello nos permite hacer una primera división de las
micobacterias en dos grandes grupos: micobacterias de crecimiento
lento y de crecimiento rápido. Esto se basa en los días
de incubación que un subcultivo sólido (ej., 7H10 de
Middlebrook) necesita para la detección de colonias visibles
macroscópicamente. Un punto crítico es la dilución
del inóculo utilizada en dicho subcultivo. Las micobacterias
que tarden más o menos de 7 días serán
catalogadas como lentas o rápidas, respectivamente. Sin
embargo, existen algunas especies cuya velocidad de crecimiento se
encuentra en un grupo intermedio que, en algún caso, puede ser
modificable en función de otras variables, como la temperatura
de incubación (ej., M. marinum). Dicha clasificación
es muy importante, puesto que los planteamientos diagnósticos
van a cambiar dependiendo de que el aislamiento pertenezca a un grupo
u otro.
8.1.3. Temperatura de
crecimiento.
Es una característica que permite tanto la recuperación
de determinadas especies como su identificación presuntiva. En
general la temperatura óptima de crecimiento suele ser de 37ºC.
No obstante, existen especies que precisan temperaturas más
bajas (30ºC), en especial las aisladas en piel y tejidos blandos
(M. marinum, M. ulcerans, M. haemophilum). Otras, en cambio,
requieren temperaturas más elevadas de 42ºC (M. xenopi)
o incluso 52ºC (M. thermoresistibile) para obtener una
tasa de crecimiento mejor.
8.1.4. Características
de las colonias
8.1.4.1. Producción de pigmento.
Se basa en la capacidad de producir pigmentos carotenoides en relación
con la exposición a la luz: fotocromógenas si la
producción depende de la luz o escotocromógenas si es
independiente de la misma. Además estarían las especies
que no producen pigmentos o micobacterias no cromógenas. Este
aspecto permitió clasificar las micobacterias en los ya clásicos
grupos de Runyon (tabla 1).
8.1.4.2. Morfología
de las colonias. Tanto en medios con base de huevo o de agar. En
manos expertas, todas estas características permiten al microbiólogo
orientar hacia la identificación de la especie con un elevado
grado de fiabilidad, especialmente si se tiene en cuenta que, las
micobacterias de interés clínico más frecuentes
son un grupo reducido dentro del total de especies del género.
Así, la aparición de colonias rugosas no pigmentadas de
crecimiento lento y aspecto de migas de pan suele ser característica
de M. tuberculosis, mientras que las colonias pequeñas,
lisas y no pigmentadas son características del complejo M.
avium. En cambio las colonias grandes, lisas, mucosas, de
crecimiento lento pero fotocromógenas serían más
típicas de M. kansasii. Una aproximación
distinta es la que estudia las características microscópicas
de las colonias en medios con agar, donde se pueden observar las
estructuras características de las cuerdas o cordones (propias
de M. tuberculosis) incluso antes de que puedan detectarse
colonias visibles macroscópicamente.
8.1.5. Pruebas bioquímicas.
El número de estas pruebas ha llegado a ser amplísimo,
lo que ha dado lugar a no pocos problemas de interpretación de
las mismas. En 1992 se propusieron unos requisitos mínimos para
la definición de especies de micobacterias de crecimiento
lento. Entre estos requisitos se encuentra un número
limitado de pruebas bioquímicas que, junto con pruebas genéticas
y moleculares, permitirían la caracterización de las
distintas especies de este grupo de micobacterias. Estas pruebas son:
la catalasa semicuantitativa y termotolerancia de la misma, hidrólisis
del Tween 80, ureasa, producción de niacina, reducción
de nitratos, actividad fosfatasa ácida, actividad
arilsulfatasa, actividad pirazinamidasa, actividad ±-esterasa,
resistencia a la isoniacida, T-2-CH, hidroxilamina, ± cido p-nitrobenzoico,
NaCl, tiacetazona, picrato y oleato, así como la capacidad de
crecer a diversas temperaturas (tabla 5). Sin embargo, la descripción
de nuevas especies cuyos perfiles fenotípicos se solapan con
otras ya conocidas ha limitado notablemente la utilidad de estos
esquemas como único medio de identificación de los
aislamientos. Otros aspectos negativos de estas técnicas son la
necesidad de un gran inóculo (cultivos muy crecidos) y la
lentitud en la obtención de resultados, especialmente los
negativos. Sin embargo la realización de pruebas bioquímicas
no es un hecho obsoleto en el laboratorio de micobacteriología.
De hecho, algunos esquemas más comúnmente basados en la
biología molecular, como es el caso de las sondas comerciales o
de amplificación genética, identifican algunas especies
sólo a nivel de grupo o complejo, como es el caso del complejo
M. tuberculosis. La aplicación de algunas pruebas bioquímicas
relativamente sencillas permitiría, en este caso, conseguir la
identificación de especie. Además, otras ventajas de las
pruebas bioquímicas son la sencillez, economía y el no
requerir un gran equipamiento.
En el caso de las micobacterias de crecimiento rápido,
la variabilidad de los resultados dentro de una misma especie (o la
falta de la misma entre distintas especies) hace inútiles
muchas de estas pruebas para su caracterización fenotípica.
Recientemente se ha propuesto un esquema de identificación
fenotípica para las especies no pigmentadas de crecimiento rápido
basado fundamentalmente en la capacidad de crecer en medios con
determinados azúcares como única fuente de carbono
(tabla 6). Sin embargo, este esquema no es válido para el
amplio grupo de MNT de crecimiento rápido pigmentadas (sin
implicaciones clínicas en patología humana, salvo casos
anecdóticos), ya que la variabilidad de los resultados hace
virtualmente imposible una caracterización fenotípica
correcta, debiendo recurrirse a técnicas moleculares.
La identificación de las micobacterias
mediante pruebas bioquímicas exige experiencia y el
conocimiento de su fundamento. Además, debe tenerse en cuenta
que la identificación no puede descansar sólo en una
prueba, por muy específica que parezca (caso de la niacina y
M. tuberculosis), sino en los resultados coherentes de un
conjunto de ellas.
8.1.5.1 Prueba de la
niacina. Todas las micobacterias producen ácido nicotínico
durante su crecimiento. M. tuberculosis y algunos aislados de
M. africanum, M. simiae y M. chelonae no metabolizan
el ácido nicotínico y por ello lo acumulan. La niacina
es excretada al medio, sobre todo en medios con base de huevo, del
cual puede ser extraída y detectada. Las tiras de papel
comerciales están impregnadas con cloramina y tiocianato potásico
acidificado, y liberan cloruro de cianógeno, el cual reacciona
con PAS (ácido para-aminosalicílico) y produce un color
amarillo en presencia de niacina. Si no esta ésta, no se
produce color.
Una prueba de niacina positiva en un cultivo de
micobacterias lentas no cromogénicas con colonias rugosas (en
miga de pan) y de crecimiento lento, aislado en una muestra clínica
es prácticamente diagnóstico de M. tuberculosis.
La intensidad de la reacción depende de la cantidad de
crecimiento en el cultivo presente.
8.1.5.2. Reducción
de los nitratos. Las micobacterias difieren en su capacidad para
reducir los nitratos a nitritos mediante la presencia de nitrato
reductasa. Es muy útil para diferenciar las especies de
micobacterias de crecimiento rápido, así como algunas de
crecimiento lento (M. kansasii, M. tuberculosis,
etc.). La prueba se basa en la capacidad de las aminas aromáticas
para formar cloruro de dizalconio en presencia de nitrito sódico
y ácido clorhídrico. El cloruro de dizalconio puede
unirse al diclorhidrato de N-(1-naftil) etilendiamina para
formar un derivado azoico que inicia la reacción.
8.1.5.3. Prueba de la
catalasa. La catalasa rompe el H2O2
en agua y oxígeno libre que aparece como burbujas. Todas las
micobacterias, excepto algunos aislados de M. tuberculosis y
de M. bovis resistentes a la isoniacida producen catalasa, sin
embargo, las micobacterias varían en la cantidad de catalasa
producida (principio de la catalasa semicuantitativa) y en la
termoestabilidad de la enzima (la capacidad de ésta para seguir
actuando tras ser sometida a altas temperaturas, principio de la
catalasa a 68ºC).
8.1.5.4. Prueba de la
arilsulfatasa. La arilsulfatasa es una enzima capaz de hidrolizar
el enlace entre sulfato y el anillo aromático en un compuesto
tal como el disulfato potásico de fenolftaleína. La
fenolftaleína libre puede entonces ser reconocida mediante la
formación de color rojo cuando se añade un álcali.
La mayoría de las micobacterias poseen este enzima, pero las
condiciones de la prueba permiten distinguir entre diferentes
especies. Es una prueba muy útil en la identificación de
micobacterias no pigmentadas de crecimiento rápido.
8.1.5.5. Hidrólisis
del Tween 80. La capacidad de hidrolizar el Tween 80, liberando ácido
oleico esterificado contenido en el mismo, permite distinguir entre
diversas especies. Cuando se une al Tween 80, el rojo neutro se
colorea de ámbar. La hidrólisis del Tween 80 libera el
rojo neutro que vuelve a su color rojo original. Es útil en la
caracterización de micobacterias de crecimiento lento.
8.1.5.6. Reducción
del telurito. La mayoría de las micobacterias pueden
reducir el telurito potásico a telurio metálico, visible
en los cultivos líquidos mediante un precipitado negro. Sin
embargo, varía la velocidad con la que se produce. La mayoría
de los aislamientos del complejo M. avium y de micobacterias
de crecimiento rápido son capaces de reducir el telurito en 3 días,
mientras que otras necesitan más tiempo. Esta prueba se utiliza
para la identificación de los microorganismos del complejo M.
avium.
Tabla 5. Identificación fenotípica
de las micobacterias de crecimiento lento más frecuentes
 |
|
Especie |
NIA |
NIT |
AS |
Tw80 |
URE |
NaCl |
C-SQ |
C-68° |
INH 1 |
INH 10 |
HIDRO |
P-NB |
OLE |
PZA |
22°C |
30°C |
37°C |
42°C |
PIGMENTO |
 |
|
M. avium |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
V |
+ |
+ |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. intracellulare |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
NO |
|
M. ulcerans |
- |
- |
- |
- |
V |
- |
- |
- |
+ |
V |
+ |
V |
- |
- |
+ |
+ |
V |
- |
NO |
|
M. genavense |
- |
- |
- |
- |
+ |
ND |
+ |
+ |
+ |
ND |
ND |
ND |
ND |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. bovis |
- |
- |
- |
V |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
ND |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M.nonchromogenicum |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
NO |
|
M. tuberculosis |
+ |
+ |
- |
V |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
ND |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. haemophilum |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
ND |
- |
+ |
ND |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
NO |
|
M. celatum |
- |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
ND |
ND |
- |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. terrae |
- |
V |
- |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. triplex |
- |
+ |
- |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
ND |
ND |
ND |
ND |
ND |
- |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. triviale |
- |
+ |
- |
V |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
ND |
+ |
ND |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. africanum |
V |
V |
- |
V |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
V |
- |
V |
+ |
V |
NO |
|
M. microtii |
+ |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
ND |
ND |
+ |
- |
NO |
|
M. malmoense |
- |
- |
- |
+ |
V |
- |
- |
V |
+ |
- |
V |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. kansasii |
- |
+ |
V |
+ |
+ |
- |
+ |
+ |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
V |
FOTO |
|
M. marinum |
- |
- |
V |
+ |
+ |
- |
V |
+ |
ND |
ND |
ND |
ND |
ND |
- |
+ |
+ |
V |
- |
FOTO |
|
M. asiaticum |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
V |
+ |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
FOTO |
|
M. simiae |
v |
- |
- |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
V |
+ |
+ |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
FOTO |
|
M. lentiflavum |
- |
- |
- |
- |
- |
ND |
V |
V |
+ |
ND |
+ |
+ |
V |
V |
+ |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
|
M. scrofulaceum |
- |
V |
- |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
ND |
+ |
+ |
+ |
ESCOTO |
|
M. gordonae |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
V |
V |
+ |
V |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
|
M. xenopi |
- |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
+ |
- |
- |
- |
V |
- |
+ |
- |
V |
+ |
+ |
ESCOTO |
|
M. szulgai |
- |
+ |
- |
V |
+ |
- |
+ |
+ |
- |
ND |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
 |
NIA: Niacina; NIT: Nitratos; AS: Arilsulfatasa (3 días);
Tw80: Tween 80; URE: Ureasa; NaCl: NaCl 5%; C-SQ: Catalasa
semicuantitativa; C-68º: Catalasa termoestable (68ºC); INH
1: Isoniacida 1 µg/ml; INH 10: Isoniacida 10 µg/ml; HIDRO:
Hidroxilamina; P-NB: ácido p-nitrobenzoato; OLE: Oleato; PZA:
Pirazinamidasa; 22ºC, 30ºC, 37ºC, 42ºC:
Temperaturas de incubación; +: Positivo; -: Negativo; V:
Variable; ND: no determinado; FOTO: Fotocromógeno; ESCOTO:
Escotocromógeno; NO: No cromógeno.
Tabla 6. Identificación fenotípica
de las micobacterias de crecimiento rápido más
frecuentes.
 |
|
|
AS |
ClNa |
McC |
Captación de hierro |
Manitol |
Inositol |
Sorbitol |
Citrato |
Nitratos |
30°C |
37°C |
42° |
Pigmento |
 |
|
M. thermorresistibile |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
ESCOTO |
|
M. aurum |
V |
V |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
+ |
V |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
|
M. neoaurum |
- |
ND |
- |
ND |
+ |
+ |
ND |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
|
M. gadium |
- |
ND |
ND |
- |
ND |
+ |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
ESCOTO |
|
M. flavescens |
- |
+ |
- |
- |
V |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
V |
ESCOTO |
|
M. novocastrense |
- |
+ |
+ |
- |
ND |
ND |
ND |
ND |
+ |
+ |
+ |
+ |
FOTO |
|
M. alvei |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
ND |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. brumae |
- |
- |
- |
+ |
- |
+ |
ND |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. elephantis |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
ND |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. porcinum |
+ |
+ |
ND |
ND |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. peregrinum |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. fortuitum |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. boenickei |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. houstonense |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. neworleansense |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. brisbanense |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
|
NO |
|
M. mucogenicum |
+ |
- |
+ |
- |
+ |
- |
- |
+ |
V |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. mageritense |
+ |
+ |
+ |
V |
+ |
V |
ND |
V |
V |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. canariasense |
+ |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
ND |
- |
- |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. abscessus |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. chelonae |
+ |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
+ |
- |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. immunogenum |
+ |
- |
+ |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. septicum |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
- |
NO |
|
M. smegmatis |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. wolinskyi |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO |
|
M. goodii |
- |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
V |
+ |
+ |
+ |
+ |
NO/ESCOTO |
 |
AS: Arilsulfatasa (3 días); ClNa: crecimiento
en 5% de ClNa; McC: crecimiento en agar de McConkey sin cristal
violeta; 30ºC, 37ºC y 42ºC: temperaturas de incubación;
+: Positivo; -: Negativo; V: Variable; ND: No determinado;
ESCOTO: Escotocromógeno; FOTO: Fotocromógeno; NO: No
cromógeno.
8.1.5.7. Tolerancia al
cloruro de sodio. Algunas micobacterias son capaces de crecer en
un medio con una concentración del 5% de NaCl, característica
que puede ser útil para diferenciarlas de otras especies que no
crecen en tales concentraciones.
8.1.5.8. Prueba de la
pirazinamidasa. La capacidad de producir pirazinamidasa confiere a
la micobacteria la característica de ser resistente a la
pirazinamida. Esta técnica fue desarrollada inicialmente para
identificar M. bovis (resistencia natural a la pirazinamida).
Sin embargo, la aparición de cepas de M. tuberculosis
resistentes a este fármaco limita su utilidad, aunque puede ser
útil en la identificación de otras especies.
8.1.5.9. Incorporación
o captación del hierro. Se basa en la capacidad de algunas
especies de micobacterias (fundamentalmente de crecimiento rápido)
de captar el citrato férrico amoniacal y reducirlo a óxido
de hierro, adquiriendo un color marrón.
8.1.5.10. Crecimiento en
agar de McConkey sin cristal violeta. El crecimiento en McConkey
sin cristal violeta permite diferenciar entre distintas especies de
crecimiento rápido, en particular dentro de las no pigmentadas,
fundamentalmente entre las que se asocian y no se asocian con patología
humana (salvo casos mucho menos frecuentes). La mayoría de las
especies de micobacterias no son capaces de crecer en este medio.
8.1.5.11. Sensibilidad al
T-2-CH (hidracida del ácido tiofeno-2-carboxílico).
Esta prueba se basa en la capacidad de algunas especies de
micobacterias para crecer en presencia de TCH. Aunque inicialmente se
utilizó para diferenciar entre M. tuberculosis (positivo)
y M. bovis (negativo), se vio posteriormente que algunas cepas
de M. africanum tampoco crecían en presencia de dicho
compuesto. Sin embargo, es una prueba útil para diferenciar
M. tuberculosis de otras especies del complejo tuberculosis.
Hay que tener en cuenta, además, que la resistencia a la
isoniacida implica la resistencia al TCH, por lo que en cepas de M.
bovis o M. africanum resistentes a la isoniacida no es una
prueba valorable.
8.1.5.12. Tolerancia a
isoniacida, hidroxilamina, p-nitrobenzoato y oleato. El principio
de todas estas pruebas es el mismo. Consiste en estudiar la capacidad
de las distintas especies de micobacterias para crecer en medios que
incorporen en su composición determinadas sustancias
inhibidoras. Es un grupo de pruebas aplicado fundamentalmente a la
identificación de micobacterias de crecimiento lento.
8.1.5.13. Crecimiento en
distintos sustratos. Este conjunto de pruebas se basa en la
utilización por las micobacterias no pigmentadas de crecimiento
rápido de diversas sustancias como única fuente de
carbono o de nitrógeno. En la actualidad, es una técnica
fundamental para la identificación de estas especies.
8.1.6. Técnicas
comerciales.
La posibilidad de caracterizar las micobacterias más
frecuentes mediante pruebas bioquímicas ha llevado a explorar
las posibilidades de diversos sistemas comerciales de caracterización
bacteriana, como el sistema API©,
si bien los resultados no han sido lo suficientemente buenos como para
sustituir a las pruebas clásicas. Es de destacar que las
micobacterias de crecimiento rápido pueden crecer en algunos
casos en los medios convencionales de cultivo, lo que puede llevar a
una caracterización errónea de las mismas como
difteromorfos u otros bacilos grampositivos, especialmente si se
emplean los sistemas comerciales de identificación de éstos
(ej., API-CORYNE©),
ya que pueden aparecer códigos de identificación
coherentes con otros organismos. La simple realización de una
tinción ácido-alcohol resistente permitiría
deshacer el equívoco en los casos en los que el aislamiento
pudiera considerarse como potencialmente significativo.
8.2. IDENTIFICACIÓN
CROMATOGRÁFICA
El análisis cualitativo de la composición lipídica
de la pared de las micobacterias permite diferenciar especies o grupos
de especies. Existen tres tipos de técnicas cromatográficas
utilizadas en la identificación: cromatografía en capa
fina (TLC), cromatografía de gases (GLC) y cromatografía
líquida de alta presión (HPLC). En todas ellas se
obtiene la muestra adecuada a partir de la cepa, después de una
extracción y separación de los lípidos del resto
de componentes celulares y de un tratamiento que posibilite su migración
o volatilidad. En general son técnicas que permiten la
identificación de especie, con sus limitaciones, en un periodo
razonablemente rápido (1-2 días).
8.2.1. Cromatografía
en capa fina (TLC).
Es la de menor poder de discriminación, y por tanto,
escasamente utilizada. Los extractos de las muestras se depositan en
placas de cristal o de aluminio, que actúan de soporte de una
capa de gel de sílice y se someten a un proceso de difusión
utilizando uno o dos eluyentes. Posteriormente se revelan evidenciando
de 1 a 3 manchas cromatográficas que definen patrones de
migración de seis tipos de ácidos micólicos
(I-VI).
El principal inconveniente es que es una técnica
con baja discriminación, sobre todo para las especies de
crecimiento lento. Así, especies como M. kansasii, M.
szulgai, M. marinum y M. tuberculosis comparten el
mismo patrón. Su principal ventaja es la fácil
estandarización y la necesidad de una infraestructura mínima.
8.2.2. Cromatografía
de gases (GLC).
Su poder de resolución es mayor. Permite la detección
cualitativa de metil-ésteres de ácidos grasos de los ácidos
micólicos. Consiste en la inyección de la muestra
previamente tratada en un cromatógrafo equipado con una columna
capilar o semicapilar. La muestra, volatilizada por efecto de la
temperatura de inyección, viaja con un gas transportador través
de la columna, que a su vez no es inerte, sino que consta de un
relleno interior, la fase estacionaria, capaz de interaccionar con
diversos componentes de la muestra, de forma que sustancias que no
interesen pueden quedar retenidas en la columna. En la identificación
de micobacterias, los ácidos grasos son los productos a
analizar. En la columna se separan según la longitud de su
cadena, siendo al final expulsados en orden de menor a mayor tamaño.
Un sistema de detección permite establecer el tiempo de retención
que cada ácido graso ha tenido en el interior de la columna.
Los resultados se registran en forma de una línea continua
interrumpida por picos, de mayor o menor amplitud o altura dependiendo
de su concentración y rapidez de salida, indicando cada uno a
un ácido graso. Todos los picos de una muestra constituyen su
cromatograma. Atendiendo a su composición y tamaño los
productos que se pueden detectar son de tres tipos: ácidos
grasos saturados o insaturados con cadena de 12 a 20 carbonos, ácidos
grasos de mayor longitud, 22 a 26 carbonos, y alcoholes secundarios de
éstos. La identificación de los ácidos grasos se
efectúa por comparación de sus tiempos de retención
individuales con patrones conocidos. La clasificación de
especie se obtiene analizando el patrón cualitativo de los
componentes de cada muestra. Aproximadamente una docena de especies,
incluyendo a la mayoría de las más frecuentes en clínica,
tienen un patrón específico propio (M. xenopi, M.
malmoense, M. chelonae, M. agri, M. marinum, M. kansasii, M. szulgai,
M. gordonae, M. simiae) o característico compartido por más
de una especie (M. intracellulare, M. avium, M. scrofulaceum).
El resto de especies, entre ellas las del complejo M. tuberculosis,
muestran patrones inespecíficos que únicamente tienen
valor de exclusión. Esta inespecificidad es más patente
en las micobacterias de crecimiento rápido.
Se trata de una técnica muy útil en la
identificación de los aislamientos clínicos pero
compleja en su estandarización. Precisa de un equipo costoso en
su adquisición y de uso complejo, que obliga a estandarizar el
método en cada centro. Las condiciones de funcionamiento del
cromatógrafo (temperaturas de inyección, de columna, de
detección) y el tipo de columna utilizado, condicionan en gran
medida el resultado. Estas dificultades impidieron su difusión
generalizada en un momento en que se ofrecía como una buena
alternativa en la identificación, sobre todo si se combinaba
con la cromatografía en capa fina y las características
de crecimiento y pigmentación de las cepas. Las actuales técnicas
de detección genética la relegan a centros de referencia
o en aquellos en los que ya esté estandarizada.
8.2.3 Cromatografía líquida
de alta presión (HPLC).
Guarda muchas similitudes con la cromatografía de gases
(GLC), con algunas diferencias técnicas y una mayor
rentabilidad diagnóstica, por lo que su difusión es
mayor, sobre todo en América del Norte y Europa. El proceso de
extracción de los ácidos grasos de la muestra varía,
presentándose éstos como ésteres de bromofenacil,
capaces de adsorber luz U.V. A través de una fase móvil
líquida (metanol y diclorometano) las muestras son
transportadas a lo largo de la columna, produciéndose la
separación de los ácidos grasos. Éstos son
detectados al final por un espectrofotómetro U.V. Al igual que
en la cromatografía de gases (GLC), los ácidos grasos
aparecen en el registro en forma de picos de amplitud y altura
variable. Se han descrito hasta 37 picos distintos. Cada uno de ellos
representa a uno o más ácidos grasos. El patrón
cromatográfico de cada muestra constituye el elemento
identificador, es decir, la combinación de los picos
observados.
La interpretación de los resultados se
realiza por inspección visual del cromatograma obtenido y
comparación con patrones conocidos. En los últimos años
se están desarrollando programas informáticos para
identificar los cromatogramas obtenidos. Diversos estudios han
corroborado su utilidad, con una especificidad del 70 al 95% según
las especies. Su inconveniente principal son las posibles variaciones
interespecie y las similitudes entre algunas especies. Ello obliga a
mantener estos programas permanentemente actualizados e introducir las
variantes de especies. Actualmente la actitud más recomendada
es utilizarlos junto con la inspección visual.
La existencia de un mayor número de picos
posibles respecto a la GLC, le confiere una mayor potencialidad diagnóstica.
Existen patrones de referencia validados en estudios multicéntricos,
válidos para la identificación de al menos 23 especies
entre las más frecuentes en clínica, aunque en la
literatura se han comunicado patrones específicos de más
de 40 especies.
Los inconvenientes de esta técnica son prácticamente
superponibles a los de la GCL: equipo costoso, necesidad de
estandarización en cada centro, precisa aprendizaje y se
requiere tener un patrón propio de referencia.
8.3. IDENTIFICACIÓN
MOLECULAR
En la actualidad, la identificación genotípica
parece ser la mejor alternativa para una precisa y rápida
identificación de las especies micobacterianas. Sus principales
ventajas consisten en una aplicación universal sobre todos los
aislamientos, posible detección rápida (directo de
muestras o cultivos recientes), identificación de
microorganismos de difícil cultivo, reconocimiento preliminar
de nuevos taxones micobacterianos, gran seguridad biológica y
una adecuada relación coste-beneficio en los laboratorios clínicos
de nivel III o de referencia. Por contra, aparte de las
contaminaciones potenciales y limitaciones en su empleo directo sobre
muestras clínicas, estas técnicas no pueden hoy día
sustituir completamente a la metodología tradicional. Por otro
lado, apenas existe comercialización de las mismas y algunas,
como la secuenciación, requieren una inversión inicial
elevada. Sin embargo, en la actualidad existe una gran variedad de técnicas
y con diferentes niveles de aplicación. Por ello, algunas de
ellas pueden ser perfectamente instauradas en los laboratorios de
rutina sin precisar un elevado dispendio inicial, con un escaso
mantenimiento y un rendimiento óptimo.
8.3.1. Sondas de ácidos
nucleicos.
En la última década han aparecido sondas
comerciales de ADN (AccuProbe) no radiactivas que permiten identificar
por hibridación con el ARN ribosómico micobacteriano, de
forma rápida (2 horas) y específica, el complejo M.
tuberculosis, el grupo M. avium-intracellulare, M.
avium, M. intracellulare, M. kansasii y M.
gordonae. Estas sondas se pueden aplicar a partir de medios sólidos
y líquidos. Asimismo, ofrecen la posibilidad de utilización
en medios líquidos con contenido hemático siendo
necesario una pequeña preparación previa mediante
concentración y lavados con dodecil sulfato sódico y
EDTA.
Las sondas han sufrido a lo largo de los años
diferentes reformulaciones debido a diversos problemas de sensibilidad
y especificidad. Pero en la actualidad, en combinación con los
nuevos sistemas de cultivo automatizados, constituyen uno de los
modelos de referencia en la detección e identificación
micobacteriana clínica rutinaria. Sin embargo, su aplicación
queda limitada a un grupo reducido, aunque importante, de
microorganismos. Además, requiere una orientación
presuntiva para la elección de la sonda correspondiente, al
poder tan sólo realizar una identificación por prueba.
Esta selección puede realizarse de una forma sencilla y
bastante sensible, mediante tinción de Ziehl-Neelsen directa
del cultivo. También es importante no olvidar la frecuencia de
cultivos micobacterianos mixtos en pacientes inmunodeprimidos. Ello
obliga a realizar un subcultivo, a pesar de una identificación
positiva con la sonda de ADN para el grupo M. avium-intracellulare
o M. tuberculosis, principalmente.
- 8.3.2. Amplificación de secuencias
específicas de DNA.
Este grupo de técnicas requiere la amplificación,
mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) u otro
sistema, de una zona de ADN concreta (diana) y la observación
directa de los fragmentos obtenidos o un posterior análisis
postamplificación mediante restricción, hibridación
o secuenciación. En las micobacterias existen regiones bien
conservadas de ADN específicas de género, que flanquean
regiones hipervariables específicas de especie. En la
actualidad las dianas mejor estudiadas son el gen hsp65 que
codifica la proteina micobacteriana de 65 KDa (heat shock) y
regiones de la subunidad ribosómica 16S. No obstante, existen
otras zonas útiles como son, entre otras, la región
intergenética 16S-23S ribosomal y los elementos de inserción.
- a. Preparación de la muestra. Aunque
existe la interesante posibilidad de extraer el ADN directamente de la
muestra clínica, estas técnicas han probado funcionar
mejor a partir de cultivo (sólido o líquido). Por ello,
la cantidad de ADN disponible es elevada y fácil de obtener, no
requiriendo una extracción cuidada y laboriosa como en el caso
del fenol-cloroformo. Tan solo una lisis en sus diferentes variedades
es suficiente, pudiéndose incorporar en cualquier laboratorio
de rutina. Los métodos más sencillos y prácticos
consistirían en hervir una suspensión de colonia
micobacteriana, durante 20 minutos o bien llevar a cabo una disrupción
mecánica mediante ultrasonidos (sonicación).
- b. Amplificación. Actualmente no
constituye problema alguno. Un gran número de laboratorios clínicos
poseen una mínima infraestructura para la realización de
PCR u otros métodos con diversas finalidades, y se encuentran
familiarizados con este tipo de técnicas. Las nuevas
generaciones de termocicladores que utilizan tubos de reacción
de pared fina, consiguen amplificar en menos de 2 horas. Además,
al realizar la PCR a partir de cultivos, existe una gran cantidad de
ADN diana que impide en gran manera la contaminación potencial
por los amplicones, a diferencia de la amplificación genómica
diagnóstica directa de muestra con un bajo número de
microorganismos.
- c. Análisis postamplificación.
Existen diversas posibilidades. Las más importantes son:
- -PCR-RFLP (hsp65). Esta técnica basada en
la amplificación (PCR) del gen hsp65 y posterior análisis
del polimorfismo de los fragmentos de restricción (RFLP),
mediante dos enzimas de restriccción (BstEII y HaeIII),
consigue una identificación rápida, precisa y económica
de todos los aislados micobacterianos en los laboratorios clínicos.
Aunque existen otras técnicas similares (ej., PCR-RFLP del
16S-23S), ésta es actualmente la mejor desarrollada con una
aplicación práctica de indudable valor, obteniendo el
resultado final en la misma jornada laboral. Existe una experiencia
acumulada en diversos centros, donde poseen una amplia relación
de los polimorfismos encontrados y los aislamientos correspondientes
que se encuentra reflejada en una página web
(http://app.chuv.ch/prasite/index.html) donde se pueden llevar a
cabo y consultar las identificaciones, así como el
intercambio con diversos expertos en dicho método. Gracias a
todo ello, se conoce que la técnica es lo suficientemente
discriminativa para diferenciar las especies y subespecies de los
diversos complejos micobacterianos, e incluso dentro de las especies
consideradas clásicamente homogéneas y en las que
recientemente se ha descrito su heterogeneidad, como en M.
kansasii.
- -Secuenciación (ADN) de la subunidad ribosomal 16S.
La secuenciación automática con iniciadores
marcados con fluoresceína representa un avance sustancial y
soluciona la identificación de muchas bacterias que por métodos
convencionales es imposible. Esta técnica, patrón de
referencia de la identificación genotípica, tiene
diversas base de datos disponibles: GenBank/Entrez
(http:/www3.ncbi.nlm.nih.gov/entrez/) y Ridom 16S rDNA
(http://www.ridom.de/rdna/). Aunque existen diversos trabajos que
propugnan su aplicación en rutina, sigue siendo un método
caro y laborioso, que queda limitado a laboratorios de referencia.
No obstante, los avances tecnológicos son constantes y la
mayor automatización con los nuevos secuenciadores capilares
o la aparición de microchips de secuenciación del ADN
podrían suponer una alternativa potencial en el futuro.
- -Hibridación en fase sólida. Utiliza una
tecnología prometedora en pleno desarrollo basada en sondas
cortas de ADN específicas de especie y presentadas en
formatos más o menos convencionales (placas con
micropocillos, tiras de nitrocelulosa, etc) y otros de futura
aplicación como son los microchips (APEX, Nanogen,
Inc./Becton Dickinson Mycrobiology Systems). En una sola prueba, se
aplicaría el producto de amplificación sobre diversas
sondas de los microorganismos más frecuentemente aislados y
con importancia clínica. En la actualidad se dispone de dos
productos comerciales: INNO-LiPA MYCOBACTERIA y GenoType
Mykobacterien. Ambos métodos identifican M. tuberculosis
complex, M. avium, M. intracellulare, M.
kansasii, M. fortuitum, M. chelonae, M.
xenopi, M. gordonae, M. scrofulaceum, M.
celatum y M. malmoense. A ellos se añade el nuevo
INNO-LiPA que incluye M. simiae, M. marinun/ulcerans,
M. haemophilum y M. smegmatis. Mientras que el
GenoType incluye M. peregrinum y M. phlei. Ambos
sistemas se basan en la amplificación de una zona genética
concreta (espacio intergenético 16S-23S para el INNO-LiPA y
el 23S rADN para el GenoType). Posteriormente se realiza la
hibridación del producto de amplificación sobre las
diferentes sondas dispuestas en una tira de nitrocelulosa, que son
de fácil lectura e interpretación. En los pocos
estudios realizados se ha observado que ambos sistemas son muy
similares, con una buena sensibilidad y especificidad a partir de
cultivos líquidos y sólidos, obteniéndose los
resultados en 5-6 h. Además de la variedad de especies que
pueden identificarse en una sola prueba, otra ventaja de estos métodos
es la detección de posibles coinfecciones por diversas
especies en una misma muestra. Los principales inconvenientes son la
laboriosidad y coste de ambos, aunque inicialmente el GenoType es
algo más económico.
- -Amplificación y detección a tiempo real. Más
recientemente se ha comenzado a utilizar, con fines diagnósticos,
la tecnología de amplificación y detección a
tiempo real. Estos métodos se basan en la realización
simultánea de una amplificación de una zona diana
concreta y reconocimiento de la misma mediante hibridación.
Esta última se detecta y se mide (cuantifica), mediante el
uso de diversos marcadores fluorogénicos. Las mayores
ventajas residen en su rapidez (3 h) y las posibilidades futuras de
aplicación para un amplio abanico de especies, así
como la detección directa de muestra. En la actualidad
existen diversos sistemas de amplificación y marcaje, aunque
tan sólo uno está comercializado: BDProbeTec ET. Este
se basa en la amplificación por desplazamiento de cadenas de
ADN (SDA: Strand Displacement Amplification) y detección
mediante transferencia de energía fluorescente (ET). A partir
de cultivo, incluye la identificación de M. tuberculosis
complex, M. kansasii y M. avium complex. Existe,
además, la posibilidad de identificar M. tuberculosis
complex directamente de muestras respiratorias. En general,
tanto el BDProbeTec ET, como los métodos no comercializados
que utilizan los sistemas LightCycler o ABI 7700 (TaqMan), se
encuentran en desarrollo y con los que existe una experiencia
escasa. No obstante, los primeros datos son prometedores y
constituyen una alternativa real de futuro en la identificación
micobacteriana de rutina.
9.
DETECCIÓN DIRECTA DE Mycobacterium tuberculosis en la
muestra clínica
Durante la última década se han
desarrollado diferentes métodos moleculares, especialmente de
amplificación genómica, para la detección e
identificación del complejo M. tuberculosis
directamente en muestras clínicas. A pesar de los buenos
resultados obtenidos en muestras respiratorias con baciloscopia
positiva y del consenso existente para su utilización en las
mismas, continúa la controversia acerca de cuál es la
utilidad real en muestras con baciloscopia negativa (aprobado por la
FDA) y en muestras no respiratorias. Por todo ello, el diagnóstico
directo con técnicas de amplificación de ácidos
nucleicos debe considerarse, en la actualidad, como un complemento de
la metodología diagnóstica convencional (baciloscopia y
cultivo) y los resultados obtenidos deben interpretarse en el contexto
clínico de los pacientes, además de valorar su
coste-eficacia debido al impacto económico que ello conlleva.
En virtud de las diferentes dianas, métodos
de amplificación y detección utilizados existen en la
actualidad múltiples sistemas comerciales y caseros. En
general, para el diagnóstico de la tuberculosis se recomienda
recurrir a los sistemas comerciales, algunos de los cuales cuentan con
la aprobación de diferentes organismos internacionales.
9.1. SISTEMAS DE AMPLIFICACIÓN
COMERCIALES.
Las principales características de los mismos se resumen
en la tabla 7.
9.1.1. AMTD2 (Amplified M.
tuberculosis Direct assay).
Consiste en una amplificación isotérmica (42ºC)
mediante una transcripción inversa (TMA). La secuencia diana es
el gen 16S rARN. Los amplicones de ARN se identifican por medio de una
reacción de hibridación con sondas de ADN marcadas con ésteres
de acridina específicas para el complejo M. tuberculosis.
La detección se realiza por quimioluminiscencia. El proceso
completo es autocatalítico, se lleva a cabo en un bloque térmico
y no está automatizado. No se incluye ningún control
interno que permita detectar inhibiciones y los resultados están
disponibles en 2 horas y media. Este sistema cuenta con la aprobación
de la FDA para su utilización en muestras respiratorias con
baciloscopia positiva y negativa.
Globalmente, los estudios realizados con este
sistema evidencian que la sensibilidad es buena en muestras
respiratorias con baciloscopia positiva (91,7-100%) y variable, según
las series, en muestras con baciloscopia negativa (65,5-92,9%). En
muestras extrapulmonares la sensibilidad es alta cuando la
baciloscopia es positiva (88-100%) y oscila entre el 63,6-100% cuando
la baciloscopia es negativa. En cuanto a la especificidad oscila entre
el 92,1-100%. La aparición de falsos positivos (1-7,1%) se
relaciona con el valor establecido como punto de corte (cut-off)
y el intervalo de la denominada zona gris. No se han descrito con este
sistema reacciones cruzadas con micobacterias no tuberculosas.
9.1.2. AMPLICOR M.
tuberculosis (AMPLICOR M. tuberculosis assay).
El ensayo consta de una amplificación mediante PCR
cualitativa de un fragmento de 584 pb del gen 16S rARN presente en
todos los miembros del género Mycobacterium, seguida de
la hibridación del producto amplificado con sondas oligonucleótidas
y posterior detección del híbrido mediante reacción
colorimétrica. El procesamiento está automatizado (COBAS
AMPLICOR). La fase de preparación de la muestra puede
realizarse tanto manualmente como de manera automática
(AMPLIPREP). Se incluye un control interno que se amplifica simultáneamente
con la muestra problema y sirve para detectar la presencia de
inhibidores. Los resultados están disponibles en 6-7 horas.
Este sistema cuenta con la aprobación de la FDA para su
utilización en muestras respiratorias con baciloscopia
positiva. Se han realizado numerosos estudios con este sistema tanto
en muestras respiratorias como no respiratorias. Los resultados son
difícilmente comparables debido a la heterogeneidad de los
trabajos. Globalmente, los estudios evidencian que la sensibilidad es
buena en muestras respiratorias con baciloscopia positiva (90-100%) y
muy variable, según la serie, en muestras respiratorias con
baciloscopia negativa (50-95,9%). La sensibilidad baja ostensiblemente
cuando se procesan muestras extrapulmonares (27,5-85%). En cuanto a la
especificidad es muy elevada (91,3-100%). Algunos falsos positivos se
han vinculado con reacciones cruzadas con micobacterias no
tuberculosas. El número de inhibiciones oscila entre el 1 y el
20%.
9.1.3. DTB BD ProbeTec ET
Direct TB system.
Consiste en la amplificación isotérmica (a 52,5 ºC)
mediante el denominado desplazamiento de hebra (SDA) con un sistema de
detección en tiempo real. Se co-amplifican dos secuencias diana
IS6110 (específica de M. tuberculosis complex)
y 16S rARN (común a la mayoría de micobacterias). El
proceso consta de un mellado del ADN bicatenario de la secuencia diana
por la acción de una endonucleasa de restricción,
seguido de una fase de elongación en la que se sintetiza una
nueva hebra que desplaza a la previamente existente. El ADN replicado
y las hebras desplazadas sirven de sustrato para nuevas fases
repetitivas. Tanto la amplificación como la detección
están automatizadas. Las sondas de detección están
marcadas con un colorante fluorescente y un "quencher" que
impide la emisión de cualquier señal fluorescente.
Al incrementarse la cantidad del producto
amplificado e hibridar las sondas con él pasan a ser moléculas
de doble cadena susceptibles a la acción de las endonucleasas,
lo que se traducirá en un incremento de la señal
fluorescente que se detectará mediante un sistema cinético
de lectura fluorométrica en tiempo real. La duración de
todo el proceso es de 3 a 4 horas. Se incluye un control interno para
detectar inhibiciones de la reacción de amplificación,
trabaja con pocillos sellados y los reactivos no precisan refrigeración.
Actualmente no cuenta con la aprobación de la FDA. El
fabricante recomienda su utilización en muestras respiratorias.
Los estudios realizados evidencian que la sensibilidad es buena en
muestras con baciloscopia positiva (98,5-100%) y muy variable, según
la serie, en muestras con baciloscopia negativa y de origen
extrapulmonar (33,3-85,7%). La especificidad como la mayoría de
estas técnicas es muy elevada (98,9-100%). No se han descrito
reacciones cruzadas con otras micobacterias y el número de
inhibiciones notificados es variable (0,3-14%).
9.1.4. INNO-LiPA RIF.TB line
probe assay.
Consiste en una amplificación mediante nested-PCR
(reamplificación) de una región de 70 pb del gen rpoB
que codifica la subunidad beta de la ARN polimerasa presente en todos
los miembros del complejo M. tuberculosis, seguida de una
hibridación reversa. La biotina que actúa de marcador se
incorpora durante la fase de amplificación, así el
producto amplificado biotinilado es posteriormente desnaturalizado e
hibridado con 10 sondas oligonucleótidas inmovilizadas en una
tira reactiva a modo de líneas paralelas. El híbrido se
detecta mediante una reacción colorimétrica que está
automatizada (AUTOLiPA). El ensayo se completa en aproximadamente 12
horas.
Tabla 7. Sistemas comerciales de amplificación
genética para la detección directa del complejo M.
tuberculosis en la muestra clínica.
 |
|
Nombre comercial |
Método de amplificación |
Diana |
Volumen de muestra (µl) |
Técnica de detección |
Automatización |
Control interno |
FDA |
 |
|
AMTD2 |
TMA |
16S rRNA |
450 |
Quimioluminiscencia |
NO |
NO |
SI |
|
AMPLICOR |
PCR |
16S rRNA |
100 |
Colorimétrica |
SI |
SI |
SI |
|
DTB |
SDA |
IS6110 / 16S rRNA |
500 |
Fluorométrica (ET) |
SI |
SI |
NO |
|
LiPA |
Nested PCR |
rpoB |
500 |
Colorimétrica |
SI |
NO |
NO |
|
RealArt MTB |
Real Time PCR |
16S rRNA |
10 |
Fluorométrica |
SI |
SI |
NO |
 |
FDA: Aprobada por la FDA.
El sistema LiPA sirve para detectar el complejo M.
tuberculosis y, a la vez, la resistencia a la rifampicina. No se
incluye ningún control interno que permita detectar
inhibiciones. Debido a que la mayoría de los trabajos
realizados hasta la fecha se centran principalmente en la detección
de resistencia a la rifampicina partiendo de cultivos y no
directamente de muestras clínicas, no se dispone de datos de
sensibilidad y especificidad sobre la misma ni cuenta con la aprobación
de la FDA.
9.1.5. RealArt M.
tuberculosis TM PCR kit.
Consiste en una amplificación mediante PCR cuantitativa en
tiempo real de una región de 163 pb del gen 16S ARN, específica
del complejo M. tuberculosis. El producto amplificado se
detecta con fluorocromos que van acoplados a sondas oligonucleótidas
que hibridan específicamente con la secuencia diana. La señal
fluorescente en el transcurso de la PCR a tiempo real hace posible la
detección y la cuantificación del producto, sin
necesidad de volver a abrir los tubos de reacción. El
procesamiento está automatizado (ABIPRISM). Se incluye un
control interno para detectar inhibiciones de la reacción de
amplificación y éste además puede emplearse para
monitorizar las pérdidas de ADN durante la fase de preparación
de la muestra.
La PCR cuantitativa permite determinar el número
de copias/ml presentes en la muestra inicial. El fabricante sitúa
el límite de detección entre 0,6-1 copia/µl. Dada
la reciente aparición no cuenta con la aprobación de la
FDA ni se dispone de datos sobre su rentabilidad.
9.2. SISTEMAS DE AMPLIFICACIÓN
CASEROS.
El método de amplificación elegido suele ser la PCR
(incluyendo los protocolos de reamplificación mediante nested-PCR,
y más recientemente PCR en tiempo real). La secuencia diana más
habitual es la IS6110, aunque también se han publicado
numerosos trabajos con otras (hsp65, MBP64, rpoB,
etc.).
Deben emplearse reactivos de referencia y extremarse
las medidas para mantener un adecuado control de calidad que permita
la monitorización completa del ensayo. Sin embargo, la falta de
estandarización de los diferentes protocolos hace
desaconsejable su uso fuera del campo de la investigación.
9.3. MICOBACTERIÓFAGOS.
En los últimos años, ha aparecido la aplicación
de bacteriófagos, con afinidad específica por las
micobacterias, para la identificación de M. tuberculosis.
Desde 1947 se han descrito más de 250 micobacteriófagos.
No obstante, tan sólo dos métodos, el LRP (Luciferase
Reporter Phage) y el FASTPlaqueTB o PhageTeK MB (según
el fabricante) han demostrado tener cierta utilidad clínica.
Estos métodos se diferencian básicamente en la detección
de las células micobacterianas infectadas por el fago. En el
LRP se utiliza la emisión de luz que está codificada por
el gen de la luciferasa, el cual se encuentra incorporado en el genoma
del fago. Este enzima es un indicador de la presencia de células
micobacterianas viables. En el FASTPlaqueTB o PhageTeK MB, la
detección se basa, tan sólo, en la presencia de múltiples
células micobacterianas infectadas viables tras una amplificación
fágica (micobacteriófago D29) en M. smegmatis.
El LRP ha demostrado ser útil en la diferenciación entre
M. tuberculosis y MNT a partir de cultivo, así como en
las pruebas de sensibilidad a la isoniacida y rifampicina. El FASTPlaqueTB
o PhageTeK MB son productos comerciales para el diagnóstico de
tuberculosis en muestras respiratorias, así como las pruebas de
sensibilidad a la rifampicina para este microorganismo. En general, se
trata de unas técnicas sencillas, rápidas (48 h) y
relativamente económicas que requieren poco entrenamiento. Sin
embargo, deben tenerse en cuenta los diversos problemas de
sensibilidad y especificidad observados en los escasos estudios
realizados, lo que limita su utilidad. Por ello, tal vez, una posible
aplicación de estos métodos en laboratorios con recursos
limitados, especialmente en países en vías de
desarrollo, debería reservarse a los pacientes con baciloscopia
negativa y una elevada sospecha clínica de padecer
tuberculosis.
10.
PRUEBAS DE DETERMINACIÓN DE LA SENSIBILIDAD
10.1. PRUEBAS DE SENSIBILIDAD EN Mycobacterium
tuberculosis
10.1.1. Concepto de resistencia a los fármacos.
Resistencia clínica y resistencia microbiológica.
En términos generales se habla de resistencia cuando el
tratamiento pierde parcial o totalmente su eficacia. Desde un punto de
vista clínico, no se produce la evolución del paciente
hacia la curación, como es de esperar, con persistencia o
reaparición de los síntomas. En la sospecha de
resistencia al tratamiento en un paciente, se utilizan los siguientes
criterios: 1) persistencia de los síntomas clínicos a
los dos meses de tratamiento seguido correctamente; 2) recaída
de la enfermedad poco después de finalizar el tratamiento; 3)
persistencia de cultivos positivos a los cuatro meses de tratamiento;
4) en países en vías de desarrollo, donde la
baciloscopia es prácticamente la única herramienta diagnóstica,
la positividad a los dos meses se considera indicación de
cambio en el tratamiento. Este último criterio pierde
consistencia en áreas donde es posible la realización de
cultivos y estudios de sensibilidad. Un factor adicional que puede
apoyar la sospecha de resistencia es el antecedente de tuberculosis.
La confirmación definitiva de la resistencia
debe realizarse con métodos microbiológicos que
comprueben la eficacia de cada fármaco. Se considera que una
cepa es resistente cuando el 1% del inóculo de la población
bacteriana en estudio es resistente a una concentración
prefijada de un determinado fármaco.
10.1.2. Clasificación
epidemiológica de las resistencias.
Desde el punto de vista del paciente, tener una cepa resistente
implica mayor gravedad de su enfermedad, con cambios en el
tratamiento, tanto en el número y tipo de fármacos como
en el período durante el que se deben administrar. Por otra
parte, la garantía de curación es menor y la posibilidad
de efectos adversos y de secuelas funcionales aumenta.
- Con un enfoque epidemiológico es importante cuantificar
las resistencias y, sobre todo, su origen. La clasificación
epidemiológica de las resistencias ha experimentado diversos
cambios en los últimos 40 años. La OMS, en el año
2000, definió las siguientes categorías:
- a. Resistencia en casos nuevos: cepas aisladas en
pacientes que nunca han recibido tratamiento antituberculoso durante
más de 1 mes. Corresponde a la antes conocida como resistencia
primaria.
- b. Resistencia en casos tratados: cepas aisladas en
pacientes que previamente han recibido tratamiento antituberculoso
durante más de 1 mes. Corresponde a la que se conocía
como resistencia adquirida.
- c. Multirresistencia: resistencia conjunta a isoniacida y
rifampicina.
- d. Polirresistencia: resistencia a más de un fármaco
sin que estén incluidos isoniacida y rifampicina simultáneamente.
- e. Resistencia combinada: suma de todas las resistencias
en un área determinada. Indica la carga de cepas resistentes
presentes en una comunidad.
La denominación actual de resistencia en
casos nuevos y previamente tratados es más adecuada que la
anterior, ya que se basa en un criterio objetivo y no en la génesis
última de la resistencia en cada caso, que muchas veces es
imposible demostrar. Posee implicaciones epidemiológicas
importantes debido a que se considera que la resistencia en casos
previamente tratados es debida a deficiencias corregibles en el
control de la enfermedad en un área determinada. La resistencia
en casos nuevos sería debida a mutaciones espontáneas en
el mismo paciente o al contagio a partir de cepas resistentes.
10.1.3. Base microbiológica
del tratamiento combinado.
La etapa antibiótica de la tuberculosis se inició
en 1944 con la estreptomicina. Poco después se introdujeron el ácido
para-amino-salicílico (PAS) y la isoniacida, todos en
monoterapia. Pronto se observó que después de unas
semanas de mejoría clínica, la enfermedad reemprendía
su curso. Se atribuyó a la selección de las bacterias
resistentes, después de la eliminación inicial de las
sensibles. La primera pauta combinada se utilizó en 1958. Pocos
años después, con la introducción de la
rifampicina, el etambutol y más tarde de la pirazinamida,
comenzaron los tratamientos eficaces. Las pautas actuales incluyen 3-4
fármacos en una primera fase de ataque en la que se eliminan la
mayoría de las bacterias de las lesiones y una segunda fase con
dos fármacos, eficaz frente a la población latente,
menos activa metabólicamente.
La resistencia de M. tuberculosis a los fármacos
es de origen cromosómico. Se acepta que pueden surgir
mutaciones espontáneas que causen resistencia sin exposición
previa al tratamiento. Por otra parte, las mutantes pueden aparecer
por la presión antibiótica en el curso de tratamientos
inadecuados. En estudios llevados a cabo durante los años 1960
por Canetti y Grosset, se estableció la frecuencia de
mutaciones espontáneas asociadas a cada fármaco. Así,
aparecía una mutante resistente cada 105-107
bacterias para la isoniacida, el etambutol y la estreptomicina; entre
107-109
para la rifampicina y cada 102-104
para la pirazinamida. La frecuencia teórica de mutantes
resistentes para más de un fármaco sería la suma
exponencial de las individuales de cada fármaco. Del mismo
modo, se establecieron las poblaciones bacterianas presentes en las
lesiones, desde 103-105
en infiltrados de poca extensión hasta 107-109
en cavidades. Como consecuencia de ello, es extremadamente improbable
generar una mutación simultánea a más de dos fármacos.
Por ello, en los tratamientos actuales se administran 3-4 fármacos
simultáneamente, hasta reducir drásticamente la población
bacteriana.
En 1979, Mitchison definió las poblaciones
bacterianas existentes en las lesiones tuberculosas. Una primera
población, extracelular, activa y creciendo a pH
neutro, que sería la mayoritaria y frente a la cual la
isoniacida sería el fármaco más activo. Una
segunda población formada por bacilos intracelulares,
menos activos y en ambiente ácido, donde la pirazinamida sería
el fármaco más útil. Una tercera población,
de bacilos latentes poco activos, en el interior de las lesiones
caseosas. Probablemente la rifampicina sería el fármaco
más efectivo a este nivel. Por último, quedaría
una población muy minoritaria, formada por bacilos
durmientes, inactivos durante períodos prolongados, en el
curso de los cuales no serían susceptibles a los fármacos.
Las dos últimas poblaciones estarían implicadas en las
recidivas y en las reactivaciones, y justificarían la larga
duración del tratamiento.
10.1.4. Situación
mundial de la resistencia a los fármacos.
El factor de mayor impacto para disminuir las resistencias es la
eficacia de las actividades de control. A pesar de la casi
universalización de los tratamientos supervisados propuestos
por la OMS, en muchos países en vías de desarrollo las
actividades de control son deficientes, reflejándose en una
mayor proporción de cepas resistentes. Un reciente proyecto de
la OMS y la UNION (Unión Internacional Contra la Tuberculosis y
Enfermedades del Pulmón, antiguamente denominada IUATLD)
llevado a cabo entre 1994 y 1999 ha demostrado que en amplias áreas
de Sudamérica, Asia y en gran parte de África, se
observan tasas de prevalencia de cepas resistentes superiores al 10%
de los pacientes, detectándose en 14 países tasas de
multirresistencia superiores al 3% de las cepas. En estas zonas, la
epidemia por el VIH contribuye a agravar el problema, como sucede en
muchos países africanos, donde la prevalencia del virus puede
alcanzar el 15-20% de la población.
En la Unión Europea y Norteamérica,
donde las actividades de control son más eficientes, durante
los últimos años se han observado tres fenómenos
distintos que inciden o han incidido en la prevalencia de las
resistencias. Primeramente, la aparición, sobre todo en la década
de 1990 en Estados Unidos, de brotes por cepas multirresistentes en
pacientes infectados por el VIH con inmunosupresión avanzada,
pertenecientes a colectivos marginales y que causaron una elevada
mortalidad. En el último decenio, también se ha asistido
a un fenómeno sin precedentes derivado de la disgregación
de la Unión Soviética. Ello comportó una pérdida
de control en zonas donde se administraban fármacos con
regularidad, ocasionando una administración anómala de
los tratamientos y tasas de resistencia muy elevadas, superiores al
30% en zonas como Lituania o áreas próximas a Moscú.
Por último, la inmigración de población
procedente de países en vías de desarrollo, que se
observa desde hace unos años, ha dado lugar a una estabilización
o disminución del descenso de casos de tuberculosis en muchos
países europeos, afectando también a la prevalencia de
cepas resistentes.
10.1.5. Indicaciones del
estudio de sensibilidad.
Existe un amplio consenso respecto a su indicación ante la
sospecha de fracaso clínico del tratamiento y ante la recidiva
de la enfermedad. En nuestro entorno, también se acepta su
realización en inmigrantes de países con una elevada
prevalencia de resistencia a los fármacos antituberculosos, y
en niños. Sin embargo, su utilización sistemática
es polémica, con abundantes ejemplos para ambas posturas en la
literatura nacional e internacional. Los argumentos en contra se han
basado en la escasa frecuencia de la resistencia sin indicación
clínica en países desarrollados y en la complejidad técnica
y logística en su realización. Los métodos
existentes actualmente invalidan el segundo argumento en los
laboratorios con capacidad para la realización de cultivos
micobacterianos. Por otra parte, los brotes producidos en los últimos
años y la creciente inmigración aconsejan el cribado de
todas las cepas circulantes, ya que las complicaciones derivadas de
una resistencia no sospechada pueden tener una grave repercusión
para el enfermo, considerando las limitaciones del arsenal terapéutico.
Otro de los argumentos utilizados en contra, el crematístico,
es difícilmente sostenible dada la amplia utilización de
las pruebas de sensibilidad para otros microorganismos y la
disponibilidad actual de diversas versiones metodológicas muy
ajustadas económicamente.
10.1.6. Métodos
fenotípicos convencionales para la detección de
resistencias
10.1.6.1. Métodos basados en
medios de cultivo sólidos. Los métodos fenotípicos
se basan en la realización del estudio de sensibilidad frente a
los fármacos utilizados en el tratamiento. En la década
de 1960, la OMS encargó a un grupo de expertos definir la
metodología para la realización de dichos estudios. Se
propuso la utilización de medios de cultivo sólidos, con
concentraciones fijas de antibióticos capaces de diferenciar
sensibilidad de resistencia y se aceptaron tres métodos
distintos de interpretación: a) la ratio de
resistencia, descrito por Mitchison, que compara la CIM
(concentración inhibitoria mínima) de una determinada
cepa con la de una cepa de referencia; b) las concentraciones
absolutas, descrito por Meisser, que compara el número de
colonias en presencia del fármaco, con el número de
colonias en medio de cultivo sin el fármaco; y c) las proporciones
críticas, descrito por Canetti y Grosset, en que se
comparan las colonias crecidas en diferentes diluciones con las
presentes en medio sin antibiótico, interpretando el resultado
a través de la proporción de colonias capaces de crecer
en presencia del fármaco. Éste último es el más
utilizado y la mayoría de métodos actuales se derivan de
él. Inicialmente la técnica se diseñó para
su utilización en medio de Löwenstein-Jensen y para los fármacos
de primera línea, exceptuando la pirazinamida. Poco después
se estandarizó para los medios 7H10 y 7H11 de Middlebrook. En
ambos casos se incluyen dos diluciones distintas del inóculo y
dos concentraciones de cada antibiótico. Las concentraciones de
antibióticos utilizadas varían en algunos casos
dependiendo del medio de cultivo. Los factores limitantes más
importantes son el período de incubación, de 3 a 4
semanas, y el cálculo del inóculo, debido a la tendencia
deM. tuberculosis a formar agregados no homogéneos. La
utilización del medio de Löwenstein-Jensen añade
complejidad al método debido a la laboriosidad de su preparación
y la necesidad de coagular el mismo a una temperatura elevada que
puede dañar al antimicrobiano. Estos factores y las condiciones
de bioseguridad han relegado durante mucho tiempo la realización
de estudios de sensibilidad a los centros de referencia. Estas mismas
razones y el coste, también han influido en su escasa aplicación
en los países en vías de desarrollo. Por todo ello,
desde los años 1970 se han realizado esfuerzos para conseguir métodos
más sencillos y más rápidos. Hasta los años
1980, la mayoría de alternativas fueron optimizaciones más
rápidas del método sólido, como el estudio
directo a partir de muestras con baciloscopia positiva o la observación
microscópica de microcolonias creciendo sobre finas capas de
agar, que consiguieron escasa repercusión, probablemente por
entrañar una mayor complejidad y requerir mayor experiencia. Más
reciente es el uso del método E-test, basado en la utilización
de tiras impregnadas de antibiótico, aplicadas directamente
sobre placas de medio de cultivo y que aporta la ventaja de determinar
la CIM del fármaco gracias al gradiente de concentraciones del
antibiótico a lo largo de la tira. Se trata de un método
sencillo, aunque requiere cierta experiencia en su lectura y tiene un
coste superior al resto de técnicas basadas en medio sólido.
10.1.6.2. Métodos
basados en medios de cultivo líquidos. Los métodos
basados en medios de cultivo líquido constituyen actualmente la
opción más utilizada en los países desarrollados.
Presentan, frente a los cultivos sólidos, ventajas en aspectos
clave como el tiempo de incubación, la estandarización
del inóculo y la lectura automatizada o semiautomatizada.
Durante los últimos 15-20 años, el método más
extendido ha sido el radiométrico (Bactec 460TB). Se basa en la
utilización de los mismos viales del cultivo, con medio 7H9
modificado, inoculados con la cepa a estudiar y conteniendo la
concentración adecuada de un antibiótico. El tiempo de
incubación se acorta, obteniendo resultados en 5-12 días.
La estandarización del inóculo se logra utilizando un
crecimiento con una determinada lectura radiométrica, a partir
de muestras o cepas. Los viales de la cepa a estudiar se leen
diariamente, interpretándose la sensibilidad y resistencia según
la progresión de las lecturas de crecimiento respecto al
control sin antibiótico. La casa fabricante indica con precisión
las condiciones de realización e interpretación del
resultado, asegurando su reproducibilidad. Actualmente se considera el
método de referencia más rápido. Sin embargo,
posee una serie de inconvenientes como son el manejo de sustancias
radiactivas y la escasa automatización.
En los últimos años han aparecido
diversos sistemas no radiométricos para las pruebas de
sensibilidad. Los más extendidos son el BACTEC MGIT 960, el
MB/BacT ALERT 3D y el ESP Culture System II. Utilizan un medio de
cultivo 7H9 modificado y el crecimiento se evidencia mediante la
detección del CO2
producido o del consumo de O2
(ver el apartado 7 de cultivos). Todos ellos han sido evaluados
previamente para el cultivo. El más utilizado es el sistema
MGIT 960, que ha demostrado un rendimiento parecido al radiométrico,
al igual que el ESP Culture System II. Las ventajas principales son la
incubación automatizada y la ausencia de radiactividad en el
proceso. Como inconvenientes cabe señalar una mayor manipulación
durante la realización de la técnica, con el
consiguiente riesgo de contaminación, y la escasa flexibilidad
en la valoración de las lecturas de crecimiento. Con el sistema
MB/BacT ALERT 3D la experiencia es limitada. Además algunos
problemas administrativos han impedido hasta ahora su expansión
como método para las pruebas de sensibilidad.
10.1.6.3. Determinación
de sensibilidad a la pirazinamida. La determinación de la
sensibilidad a este antibiótico requiere especial mención.
El metabolito eficaz, el ácido pirazinoico, actúa a pH ácido
(pH=5,5). Ello implica que el pH del medio de cultivo debe adecuarse a
estas condiciones. Sin embargo, hasta un 10% de los aislamientos de
M. tuberculosis son incapaces de crecer a este pH. Se ha
conseguido una adaptación estableciendo un pH de 6 y
compensando con una mayor concentración del antibiótico.
Basado en esta premisa, el método radiométrico logra un
crecimiento en la práctica totalidad de las cepas. Sin embrago,
los nuevos sistemas no radiométricos recientemente introducidos
en la detección de pirazinamida, aún no han conseguido
resultados óptimos similares al radiométrico.
Con los métodos sólidos también
se ha realizado una adaptación del pH para el estudio de la
pirazinamida. Sin embargo, las dificultades de crecimiento en algunas
cepas persisten. Por ello, el método considerado de referencia
continúa siendo el radiométrico.
10.1.6.4. Determinación
de sensibilidad frente a los fármacos de segunda línea.
Está indicada en cepas con resistencia frente a los fármacos
de primera línea. Debido a su utilización más
restringida, la estandarización de la técnica es menor.
Los fármacos que se estudian en la mayoría de los casos
son etionamida, kanamicina, cicloserina, capreomicina y en menor grado
el PAS. En general se acepta que puede realizarse en medio sólido
(7H10) y con el método radiométrico, con criterios
similares a los utilizados para los fármacos de primera línea.
Los resultados son reproducibles para los distintos fármacos,
con la excepción de la cicloserina, por lo que en la actualidad
no se recomienda su estudio.
Durante los últimos años se han
incluido en las opciones de tratamiento otros fármacos, como
son ofloxacino, amikacina y rifabutina. Asimismo, existen algunos de
utilidad potencial como moxifloxacino, levofloxacino, linezolid y
claritromicina, entre otros. Para todos ellos no se ha desarrollado aún
un protocolo claro de determinación de la sensibilidad.
10.1.7. Métodos
fenotípicos no convencionales.
En la literatura existen numerosos ejemplos de métodos más
o menos ingeniosos, diseñados para determinar la resistencia a
los fármacos de una forma más rápida que los métodos
convencionales. Uno de los más conocidos es la detección
de actividad ATP de la micobacteria en presencia de antibiótico
mediante bioluminiscencia. Otros son los basados en técnicas
colorimétricas o de citometría de flujo, con
la finalidad de detectar micobacterias capaces de hidrolizar diacetato
de fluoresceína.
Los métodos basados en la utilización
de fagos son los que han adquirido mayor relieve en los últimos
años (ver apartado 9). Existen dos variantes de utilización
de estos, aquellos en los que los fagos han sido manipulados y
contienen el gen de la luciferasa y los que utilizan fagos silvestres.
Cuando los fagos se añaden a un cultivo en presencia de antibiótico,
estos infectarán únicamente a las micobacterias viables,
que serán las resistentes a dicho antibiótico. Cuando
contengan el gen de la luciferasa podrán detectarse mediante un
luminómetro. Los fagos silvestres pueden detectarse
indirectamente infectando en una segunda fase cultivos de una
micobacteria de crecimiento rápido (M. smegmatis) de
forma que, si el fago está presente debido a la infección
de M. tuberculosis resistente, infectará el nuevo
cultivo, hecho que se evidencia con la formación de calvas en
el crecimiento de M. smegmatis.
No obstante, los métodos no convencionales no
se han evaluado con amplitud y su utilización aún está
restringida. En parte es debido a las dificultades de estandarización
y a cierta reticencia entre los profesionales a la utilización
de métodos en los que no se evalúa directamente la
dualidad antibiótico / crecimiento bacteriano.
- 10.1.8. Métodos genotípicos.
Los métodos genotípicos se basan en la detección
de las alteraciones genéticas que condicionan resistencia a los
diferentes fármacos. Potencialmente pueden detectarse estas
alteraciones con gran rapidez, incluso directamente en las muestras clínicas.
Sin embargo su principal inconveniente es que, con excepción de
la rifampicina, no se conocen las alteraciones genéticas que
causan entre el 20 y el 40% de las resistencias a la mayoría de
los fármacos de primera línea.
- 10.1.8.1. Mecanismos moleculares de la
resistencia a los fármacos de primera línea
- a) Resistencia a la isoniacida. Está
asociada fundamentalmente a dos genes: el gen katG y el gen
inhA. El primero codifica el enzima catalasa-peroxidasa,
implicada en la transformación de la isoniacida en su
compuesto activo. Determinadas alteraciones del gen provocan
resistencia al impedir la activación del fármaco. La
mutación más frecuente en este gen afecta al codon
315, provocando un cambio de aminoácido. Se han descrito
otras mutaciones en el gen, algunas de ellas silentes y otras de
significado desconocido. El gen inhA codifica la enzima
enoil ACP reductasa que participa en la síntesis de la pared
bacteriana. En la zona reguladora del gen (RBS) se han descrito
mutaciones que provocan un aumento de la enzima, compensando la acción
inhibidora del antibiótico. También se han descrito,
aunque menos frecuentes, mutaciones en la zona estructural del gen,
que modificarían el enzima impidiendo su reconocimiento por
parte del antibiótico. En cepas resistentes se han detectado
mutaciones en el gen ahpC aunque se cree que son para
compensar la acción del gen katG cuando éste
se encuentra mutado. Otros genes, como kasA, furA, y ndh,
también se han relacionado con la resistencia a la
isoniacida, pero su papel es incierto. Se ha descrito una relación
entre la CIM de isoniacida y las mutaciones halladas. Así,
las alteraciones en el codón 315 del gen katG suelen
asociarse a resistencia superior a 1 µg/ml, mientras que las
vinculadas al gen inhA suelen ser inferiores o iguales a
esta concentración. También se ha observado la
asociación de resistencia cruzada con etionamida y mutaciones
en el gen inhA.
- b) Resistencia a la rifampicina. Esta se
encuentra, prácticamente en todos los casos, relacionada con
alteraciones en el gen rpoB, que codifica la subunidad beta
de la ARN polimerasa, causando interferencias en la transcripción.
La mayoría de las cepas tienen alteraciones en una zona de 81
pb del gen que se conoce como región determinante de la
resistencia a la rifampicina (RDRR). Las mutaciones más
frecuentes son las que afectan a los codones 456 y 451. Al igual que
con la isoniacida, se ha observado relación entre las CIM y
las mutaciones. Así, las mutaciones de los codones 451 y 456
se asociarían a CIMs superiores a 32 µg/ml, mientras que
las de los codones 436, 441, 443 y 447 se vincularían a CIMs
más bajas. Las mutaciones del codón 441 a menudo no
suponen resistencia cruzada con la rifabutina.
- c) Resistencia al etambutol. Está causada
por alteraciones del enzima arabinosil transferasa, que interviene
en la síntesis de la pared celular. En la mayoría de
casos se debe a cambios en los tres genes del operón emb,
siendo los más frecuentes las mutaciones estructurales en los
codones 306, 328, 406 y 497 del gen embB. Las mutaciones
estructurales se correlacionan más con CIMs altas, mientras
que las CIMs inferiores se asocian a sobreexpresiones de las proteínas
emb.
- d) Resistencia a la estreptomicina. Las
alteraciones responsables se han localizado en los genes rrs
y rpsL, relacionados con la subunidad ribosómica 30S
y la síntesis proteica. La mutación más
frecuente ocurre en el codón 43 del gen rpsL, seguida
de mutaciones en los codones 530 y 915 del rrs. Las CIMs más
elevadas se observan en las cepas con mutaciones en el gen rpsL.
- e) Resistencia a la pirazinamida. Se asocia,
sobre todo, a mutaciones del gen pncA, que codifica la
pirazinamidasa que transforma el antibiótico en el principio
activo. Se correlaciona con CIMs elevadas.
- 10.1.8.2. Métodos de detección
de las alteraciones genéticas de resistencia. Las
principales características de estas técnicas son la
rapidez en la obtención de los resultados y su independencia
del crecimiento bacteriano. Desde el punto de vista técnico
pueden dividirse en tres grupos: las que se interpretan por
electroforesis, las basadas en hibridación y las que se
fundamentan en la secuenciación.
- -10.1.8.2.1. Métodos basados en
interpretación por electroforesis. Entre ellos está la
técnica de PCR-SSCP (single strand
conformation poymorphism), basada en el estudio de la movilidad
de una de las dos hebras de ADN en un gel de poliacrilamida de alta
resolución. Una mutación en la secuencia estudiada
provoca un cambio conformacional de la cadena alterando su movilidad
en el gel. Se trata de un método estandarizado, rápido
y sencillo.
- Una opción distinta es la técnica de heteroduplex,
en la que se realiza una amplificación de la zona a estudiar,
desnaturalizando posteriormente el producto y mezclándolo con
un producto equivalente de una cepa de referencia. Al restablecer
las condiciones para la formación de dobles cadenas, si las
cadenas de ambos productos son homólogas hibridarán
completamente, mientras que si está presente alguna mutación
en la cepa a estudiar se formarán heteroduplex, con movilidad
electroforética distinta al producto homólogo. También
se han diseñado técnicas que tras una amplificación
son útiles para la detección de mutaciones producidas
en dianas de enzimas de restricción, formando fragmentos de
amplificación de distinto tamaño a las secuencias
silvestres.
- -10.1.8.2.2. Métodos basados en
hibridación. LiPA (Line Probe Assay) es una técnica
comercial desarrollada para la detección de las principales
mutaciones de la rifampicina. Se basa en la hidridación del
ADN de la cepa problema sobre una membrana en la que están
fijadas sondas capaces de detectar individualmente cada una de las
mutaciones más conocidas de la RDRR del gen rpoB. Se
justifica como marcador rápido y sencillo de
multirresistencia. Por otra parte, se han desarrollado técnicas
no comerciales entre las que destacan las basadas en PCR e hidridación
revelada por ELISA y las basadas en equipos de PCR a tiempo real.
Estas últimas permiten la amplificación y detección
del producto de forma simultánea utilizando sondas marcadas
con moléculas fluorescentes, de las que existen diversos
tipos como son las sondas Taqman, las sondas FRET y las sondas MGB.
Las técnicas de PCR a tiempo real se han aplicado en la
detección de las mutaciones implicadas en la resistencia a la
rifampicina y a la isoniacida, tanto en aislamientos de cultivo como
directamente en las muestras clínicas. Esta última
posibilidad ofrece expectativas para detectar la resistencia con
gran rapidez. No obstante, existen limitaciones que exigen su
perfeccionamiento, como la baja sensibilidad en las muestras con
baciloscopia negativa y la necesidad de dirigirse tan sólo a
las mutaciones concretas conocidas.
- -10.1.8.2.3. Técnicas basadas en la
secuenciación. En la actualidad se considerada el método
de referencia, debido a que permite conocer la secuencia concreta de
un fragmento, constatando todas las mutaciones presentes.
Actualmente únicamente es aplicable a partir de aislamientos
de cultivo. Técnicamente es algo más compleja que el
resto de los métodos. Sin embargo, existen equipos de
secuenciación con un alto grado de automatización que,
aunque son costosos, al tener múltiples y variadas
aplicaciones permiten que estas técnicas puedan plantearse
como una alternativa real.
10.2. PRUEBAS DE SENSIBILIDAD EN
MICOBACTERIAS NO TUBERCULOSAS DE CRECIMIENTO LENTO.
En general, las pruebas de sensibilidad para las MNT de
crecimiento lento no están bien estandarizadas, y no se ha
observado una clara correlación entre los estudios in vitro
y la eficacia clínica de los tratamientos. No obstante, la
correlación de estos estudios son difíciles de valorar,
y más cuando la experiencia con estas infecciones es limitada
debido a su menor frecuencia y patogenicidad. Para valorar la
significación clínica de este grupo de micobacterias y
para seleccionar el régimen terapéutico más
adecuado se suelen seguir las recomendaciones de la ATS. Sin embargo,
una gran parte de estas infecciones no tienen pautas de tratamiento
claramente establecidas. Por otro lado, estas especies micobacterianas
son más resistentes a los tuberculostáticos que M.
tuberculosis, lo que dificulta el tratamiento. Por todo ello y, a
pesar de las múltiples limitaciones, un resultado de
sensibilidad in vitro en estos microorganismos puede aportar
una base orientativa y racional a una pauta de tratamiento clínicamente
no bien definida.
En la actualidad, del conjunto de MNT de crecimiento
lento, se dispone de cierta información útil en
determinadas especies (ej., M. avium-intracellulare y M.
kansasii), que puede servir para proponer algunas recomendaciones
generales.
10.2.1 Complejo M.
avium.
La mayoría de los aislamientos de este complejo presentan
una resistencia intrínseca a la isoniacida y la pirazinamida, y
grados variables de resistencia a los aminoglucósidos y las
rifamicinas. Los dos últimos grupos podrían tener
utilidad en el tratamiento como fármacos de segunda línea
en combinación con otros agentes antimicrobianos.
Aunque, en la actualidad, no existe un acuerdo unánime
en las indicaciones para la realización de los estudios de
sensibilidad en estos microorganismos, existen algunas situaciones
recomendables: a) aislamientos clínicamente significativos en
pacientes tratados previamente con macrólidos; b) bacteriemia
en pacientes que se encuentran en profilaxis con macrólidos; c)
aislamientos en pacientes que recaen durante el tratamiento con macrólidos;
y d) aislamientos iniciales en pacientes con enfermedad diseminada o
respiratoria firmemente diagnosticada. Además, los estudios de
sensibilidad deberían repetirse a los 3 o 6 meses, en pacientes
con enfermedad diseminada o pulmonar crónica, respectivamente,
y que no muestren una mejoría o incluso un deterioro clínico
y los cultivos permanezcan positivos.
Los macrólidos (claritromicina y
azitromicina) son el único grupo de fármacos con
correlación demostrada entre los resultados de las pruebas de
sensibilidad in vitro y la respuesta clínica de los
pacientes. El NCCLS (National Committee for Clinical Laboratory
Standards) recomienda únicamente analizar la sensibilidad
del complejo M. avium a los macrólidos, y propone a la
claritromicina como patrón para el resto de fármacos de
esa familia. El método aconsejado es la dilución
(indistintamente macro o microdilución) en caldo con 7H9 de
Middlebrook o Mueller-Hinton suplementado con OADC (ácido
oleico-albúmina-dextrosa-catalasa) u OAD (ácido
oleio-albúmina-dextrosa). La lectura de la CIM se deberá
realizar a los 7 días. Existe controversia con respecto al pH
del medio ya que puede afectar a los macrólidos, siendo
recomendable un pH de 7,4. Un aspecto importante son las
concentraciones de fármaco a estudiar. En el caso de la
claritromicina, el intervalo que se debería analizar es de 0,25
a 256 µg/ml para la microdilución y de 2 a 64 µg/ml
para la macrolidución mediante el sistema radiométrico
BACTEC 460. La interpretación de las CIM se basan en los puntos
de corte propuestos: sensible (d 16 µg/ml), intermedio (32 µg/ml)
y resistente (e 64 µg/ml). Estos criterios son para un pH de 6,8
que es el disponible comercialmente en los viales 12B del sistema
BACTEC 460.
10.2.2. M. kansasii.
En los tratamientos habituales de las infecciones por esta
especie se incluye la isoniacida, la rifampicina y el etambutol.
Aunque estos fármacos son, por lo general, clínicamente
activos frente a las cepas no tratadas previamente, el desarrollo de
resistencias es un hecho conocido. El fracaso del tratamiento se suele
asociar fundamentalmente con la resistencia a la rifampicina, aunque
también se ha documentado con la isoniacida y el etambutol. En
la actualidad, la rifampicina es el fármaco que se recomienda
analizar en todos los aislamientos iniciales.
A diferencia de otras MNT de crecimiento lento
existe una buena estandarización y correlación entre el
método de las proporciones en agar (7H10), microdilución
en caldo (7H9 o Mueller-Hinton) y el sistema BACTEC radiométrico.
La concentración crítica para rifampicina es de 1 µg/ml
y cuando se demuestre resistencia a la misma se deberían
estudiar otros fármacos: rifabutina (0,5 µg/ml),
isoniacida (1 µg/ml), etambutol (5 µg/ml), estreptomicina
(10 µg/ml), claritromicina (32 µg/ml), amikacina (10 µg/ml),
ciprofloxacino (2 µg/ml) y cotrimoxazol (2/38 µg/ml). La
elevada concentración crítica que se utiliza en el caso
de la isoniacida se debe a que M. kansasii presenta de forma
natural una sensibilidad disminuida a este fármaco en comparación
con M. tuberculosis.
10.2.3. M. marinum.
No se recomienda la realización de forma rutinaria de
estudios de sensibilidad. Si la infección resulta intratable o
recidivante, se recomienda analizar la rifampicina y el etambutol por
el método de las proporciones o por microdilución;
mientras, se aconseja estudiar la actividad de la doxiciclina,
claritromicina, cotrimoxazol y amicacina sólo por microdilución.
10.2.4. Otras MNT.
En el caso de otras especies como M. xenopi, M.
malmoense o M. simiae, se recomienda analizar los mismos fármacos
y a las mismas concentraciones que en M. kansasii, aunque no
existe una recomendación precisa sobre el método a
utilizar. En aquellas especies cuya relevancia clínica es anecdótica
(ej., M. gordonae), se desaconseja realizar pruebas de
sensibilidad.
10.3. PRUEBAS DE SENSIBILIDAD EN
MICOBACTERIAS NO TUBERCULOSAS DE CRECIMIENTO RÁPIDO.
El tratamiento de las infecciones causadas por micobacterias de
crecimiento rápido es distinto que el del resto de
micobacterias. En particular, es muy diferente del tratamiento de la
tuberculosis. Esto se debe a la diferente sensibilidad in vitro
de estos organismos, que resultan ser resistentes a los
tuberculostáticos convencionales, mientras que pueden ser
sensibles a otros antibióticos de uso más amplio. Sin
embargo, como la sensibilidad de estos microorganismos no es uniforme,
se recomienda el estudio individualizado de cada aislamiento, puesto
que los resultados pueden tener considerable trascendencia. No
obstante, los estudios más amplios tienen la utilidad de
permitir orientar el tratamiento empírico de estas infecciones
mediante el conocimiento global de estas MNT en áreas geográficas
específicas.
En la actualidad la microdilución en caldo es
la técnica estándar para determinar la sensibilidad de
estas bacterias. Sin embargo, esta técnica no es fácilmente
realizable en la mayoría de laboratorios asistenciales, y la
relativa lentitud de los laboratorios de referencia puede ser un
inconveniente a la hora de tratar pacientes con enfermedades graves.
Por ello, es necesario un método más accesible para un
primer estudio. En los últimos años se ha introducido la
técnica del E-test, que ha resultado ser útil para este
propósito, aunque los resultados deberían confirmarse
por la técnica de referencia. El empleo de otras técnicas
como la de difusión con discos no es recomendable, ya que no
están bien estandarizadas y los resultados obtenidos no se
correlacionan adecuadamente con los de la técnica de
referencia. Por ello, para el estudio de la sensibilidad individual en
los laboratorios clínicos la técnica a emplear debería
ser el E-test, quedando la microdilución reservada a los
laboratorios de referencia y/o a grandes estudios de sensibilidad con
un elevado número de cepas.
11.
EPIDEMIOLOGÍA MOLECULAR
Entendemos como tal la tipificación o caracterización
molecular de cepas de una misma especie que permite conocer los
aislamientos procedentes de individuos y relacionarlos con otros para
determinar las cadenas de transmisión de la enfermedad.
11.1. EPIDEMIOLOGÍA
MOLECULAR DE M. tuberculosis
En los últimos años, la tipificación
molecular de aislamientos de M. tuberculosis ha demostrado ser
la herramienta no diagnóstica más importante en el
manejo de la tuberculosis. Se ha aplicado al estudio de casos
concretos en la investigación de brotes, así como a una
población general y a grupos específicos, permitiendo
obtener una amplia información sobre la transmisión de
la enfermedad y sus factores de riesgo, así como de la
capacidad de contagio de las cepas resistentes. También se ha
utilizado para confirmar o descartar sospechas de contaminación
cruzada en los laboratorios.
11.1.1. Métodos de
tipificación de M. tuberculosis.
Hasta hace una década los únicos marcadores
disponibles para estudiar la epidemiología de la tuberculosis
eran el patrón de sensibilidad (antibiotipo) y los fagotipos.
El primero tiene un poder discriminatorio casi nulo, y la fagotipia es
bastante limitada, ya que el espectro de posibles fagos detectables en
los aislamientos clínicos es escaso.
Posteriormente se desarrollaron métodos
basados en restricción con endonucleasas y la consiguiente
separación por electroforesis (REA). La gran cantidad de
fragmentos generados por las endonucleasas hace muy difícil la
comparación entre diferentes aislamientos, por lo que su
repercusión en la práctica ha sido muy escasa.
Los requisitos ideales que debería reunir un
método de tipificación serían: elevado grado de
discriminación, metodología sencilla y rápida,
coste económico mínimo, resultados reproducibles,
aplicabilidad directa sobre muestras clínicas, y utilidad para
discriminar los restantes componentes del complejo M. tuberculosis.
Ningún método de los conocidos actualmente reúne
todas las condiciones.
11.1.1.1. Restriction
Fragment Length Polymorphism (RFLP) de la IS6110. Es
la técnica de tipificación más conocida y
utilizada. El método se basa en el variable número de
copias de la secuencia de inserción IS6110 que
presentan las diferentes cepas (de 0 a 25) y en su posición en
el genoma. La técnica se inicia con la extracción de ADN
de la bacteria y su digestión con la enzima PvuII, que
posee una única diana en los 1355 pb de la IS6110. Los
fragmentos se separan por electroforesis y se transfieren a una
membrana de ADN. Posteriormente se efectúa una hibridación
con una sonda marcada con peroxidasa y que es complementaria al
fragmento derecho de la digestión. El patrón de
hibridación puede revelarse mediante una autorradiografía.
Para facilitar la comparación entre los laboratorios el
protocolo de la técnica está totalmente estandarizado.
La utilización de marcadores internos permite
comparar los resultados de cepas incluidas en diferentes membranas,
neutralizando la variabilidad debida a las condiciones intrínsecas
de cada carrera electroforética. Las cepas que poseen el mismo
número y posición de bandas, se consideran iguales y
pertenecientes al mismo clon. Las cepas que difieren en 1-2 bandas,
probablemente hayan estado emparentadas en el pasado. La existencia de
un programa informático hábil en el análisis de
los patrones de las cepas permitiría, teóricamente,
comparar cepas estudiadas separadas geográfica o temporalmente.
Un aspecto importante en los estudios poblacionales
es la estabilidad del patrón de las cepas. Es necesario que
cambie lo suficientemente rápido como para que cepas sin ningún
vínculo no tengan el mismo patrón, y lo suficientemente
lento como para que cepas que pertenecen a pacientes relacionados se
mantengan iguales. Gracias a estudios poblacionales realizados en
Holanda, donde se tipifican todas las cepas desde 1993, se conoce que
la estabilidad media del patrón de bandas de las cepas es de
3-4 años.
Actualmente se considera a la RFLP de la IS6110
como la técnica de referencia. Se han establecido bases de
datos nacionales e internacionales basadas en sus resultados. Ello
permite el seguimiento de brotes, de determinados genotipos, como el
Beijing y la realización de estudios de transmisión que
requieren el seguimiento de grandes poblaciones de pacientes durante
períodos prolongados de tiempo.
Sin embargo, la RFLP de la IS6110 presenta
algunas limitaciones que impulsan la búsqueda de nuevos métodos.
Así, precisa de una elevada cantidad de bacterias para obtener
el ADN necesario, la técnica es excesivamente larga y compleja,
permite el análisis simultáneo de pocas cepas, existen
puntos sensibles en el protocolo que pueden afectar la calidad del
resultado y el coste económico del programa de apoyo informático
es elevado. Por otra parte, existe un porcentaje de cepas con menos de
5 copias de la IS6110 que no pueden clasificarse con este método
sin riesgo de atribuir falsas relaciones. También se han
descrito cepas que no poseen ninguna copia de la IS6110. Estas
cepas se han observado con más frecuencia en la India y otros
países orientales. En estos casos debe recurrirse a técnicas
alternativas.
11.1.1.2. Spoligotyping.
Entre las técnicas alternativas a la RFLP, el spoligotyping
es la más extendida, de forma que se utiliza habitualmente
cuando se observan menos de 5 copias con la RFLP. Se basa en la
existencia en el genoma de una zona (región DR), que contiene
unas secuencias repetitivas de 36 pb, las DR. Entre éstas hay
secuencias espaciadoras que son de composición y longitud
variable en diferentes cepas. Tomando como referencia las secuencias
espaciadoras de la cepa M. tuberculosis H37Rv y de la cepa P3
de M. Bovis BCG, se diseñaron 43 sondas. Estas sondas
se alinean y fijan en una membrana. De las cepas a estudiar se
amplifica la región DR, utilizando dos iniciadores orientados
opuestamente entre ellos y complementarios de la secuencia DR. Durante
la amplificación, los iniciadores promoverán productos
de múltiples tamaños. Estos productos de PCR se aplican
posteriormente sobre la membrana en la que están fijadas las
sondas. La hibridación se evidencia por que uno de los
iniciadores está marcado con biotina. Es una técnica fácil,
basada en la PCR y no requiere grandes cantidades del microorganismo.
La lectura se realiza como un código digital y puede usarse
como método de cribado, ya que cuando el patrón es
distinto, la RFLP también lo es y permite hacer múltiples
tipificaciones en poco tiempo.
El principal inconveniente de esta técnica
es el menor poder de discriminación respecto a la RFLP, lo cual
impide su utilización como técnica de elección
definitiva. Sin embargo, posee una ventaja apreciable sobre la RFLP ya
que permite visualizar con mayor claridad las cepas no idénticas
que forman parte de una familia o de un clon grande. Así, las
cepas del genotipo Beijing son fácilmente identificables con
esta técnica, al igual que las cepas de M. bovis.
11.1.1.3. Otros métodos.
En los últimos años se han desarrollado numerosas técnicas,
algunas basadas en RFLP, como las de las secuencias IS1081,
PGRS, DR o GTG. Otras basadas en PCR como Mixed-Linker PCR,
Mycobacterial interspersed repetitive units (MIRU), Fast
Ligation mediated PCR (FliP), Fluorescent amplified fragment
length plymorphism FAFLP, Variable numbers of tandem repeats
(VNTR), Enterobacterial repetitive intergenic consensus sequences
(ERIC-PCR) o Ligation mediated PCR (LMPCR) También se
han descrito otras técnicas basadas en PCR que se han
considerado de escaso poder de reproducción, como DRE-PCR, PCR
inversa, ampliprinting y PCR con iniciadores arbitrarios.
De todas ellas, las que se están utilizando más
son las técnicas MIRU, VNTR y FAFLP.
La técnica VNTR analiza el
polimorfismo de repeticiones en tandem situadas en 7 lugares distintos
del genoma. Se basa en la PCR y dependiendo de los tamaños de
los productos de PCR puede saberse el número de repeticiones en
tandem. Se puede acoplar a un secuenciador. Tiene mayor poder
discriminatorio que la de spoligotyping, aunque menor que la
RFLP.
La técnica MIRU se parece mucho a la
VNTR. Se basa en la variabilidad en el número de copias de
secuencias repetitivas de 40 a 1.000 pb en 12 zonas intergénicas
diferentes del genoma de M. tuberculosis. La técnica es
ligeramente más discriminatoria que la de spoligotyping.
La técnica MIRU puede utilizarse como método de cribado,
ya que permite una discriminación adecuada en la mayoría
de los casos, y completarse con la RFLP de la IS6110 cuando se
requiera una discriminación adicional.
En el método FAFLP el ADN se digiere
con dos enzimas, EcoRI y MseI. Con la ayuda de una
ligasa, se unen unas secuencias adaptadoras a los fragmentos de
restricción. Para visualizar determinados fragmentos después
de la amplificación, el iniciador para el adaptador que se une
a la zona que ha cortado EcoRI, contiene nucleótidos
marcados con diferentes fluoróforos. Los productos de
amplificación se visualizan en un gel de poliacrilamida y también
pueden leerse en un secuenciador. En algunas cepas ha demostrado mayor
poder discriminatorio que RFLP, lo que podría significar que su
estabilidad en el tiempo es menor.
La técnica Mixed-linker PCR
puede ser una técnica con futuro debido a su fiabilidad y poder
de discriminación, aunque se ha difundido escasamente.
Otra técnica ocasionalmente utilizada es la
electroforesis en campo pulsante (PFGE), considerada de
referencia en la tipificación de otros microorganismos. No se
conoce bien su utilidad, aunque posee los mismos inconvenientes de
complejidad que la RFLP de la IS6110. Por último, la
utilización de microarrays permitiría,
en teoría, observar las variaciones de varias localizaciones
genéticas de forma simultánea, ya que permiten analizar
la hibridación con cientos de sondas. Tiene una potencialidad aún
poco explorada.
Las posibilidades reales de sustituir la técnica
RFLP de la IS6110 pasarían por encontrar una técnica
alternativa con el mismo poder de discriminación y una gran
simplicidad en su realización, ya que debería compensar
la información acumulada durante los últimos años
en numerosas bases de datos utilizando la técnica RFLP.
11.1.2. Utilidad de la
tipificación en la transmisión de la tuberculosis.
La realización de la tipificación de las cepas con
la técnica RFLP ha permitido reestructurar y actualizar
conceptos sobre la transmisión de la tuberculosis. La utilidad
de la técnica se basa en la asunción de que las cepas
con igual número y disposición de copias de la IS6110
pertenecen a una misma agrupación o cluster y
forman parte de un grupo de transmisión reciente. Desde este
punto de vista, se considera que el primer paciente con tuberculosis
dentro del cluster es el caso índice y los demás
son secundarios.
Hasta hace unos años se consideraba que en
los países con baja incidencia de tuberculosis, la mayoría
de enfermos correspondían a reactivación endógena
de infecciones del pasado. La tipificación sistemática
de amplias poblaciones ha evidenciado que las infecciones recientes
son causa de un número considerable de casos en estos países,
oscilando de una sexta parte hasta casi la mitad. Asimismo, en países
de elevada incidencia se observa, además de una proporción
importante de infecciones recientes, un número limitado de
cepas circulantes responsables de gran parte de los casos, que indicaría
una tasa elevada de infección reciente y/o el predominio de
determinadas cepas, basado en una mejor capacidad de adaptación
o una mayor virulencia. Un ejemplo notable de este hecho es el claro
predominio de las cepas del genotipo Beijing en China y otros países
orientales. Este hallazgo respecto a la proporción de infección
reciente en países de baja incidencia, indicaría la
necesidad de adecuar mejor las estrategias de los programas de control
a la búsqueda de casos nuevos.
Por otra parte, la tipificación también
ha aclarado dudas respecto al papel que pudiera jugar la infección
exógena en pacientes que sufren un segundo episodio de
tuberculosis. Así, diversos estudios han demostrado que entre
el 12 y el 60% de recidivas de la enfermedad se deben realmente a
nuevas reinfecciones.
La tipificación también ha aportado
información muy valiosa en la transmisión de cepas
resistentes. Durante años se pensó que las cepas
resistentes no se transmitían, o muy poco, basándose en
la escasa proporción de casos secundarios en el entorno de
pacientes con tuberculosis resistente y en la descripción de la
asociación de resistencia a la isoniacida con mutaciones en el
gen katG, junto con la pérdida de la actividad
catalasa. Actualmente, conocemos que éste es un fenómeno
complejo con multitud de matices. La información disponible
indica que probablemente tengan disminuida la capacidad de transmisión
las cepas resistentes a isoniacida con CIMs elevadas (>1 µg/ml),
con alteraciones múltiples en el gen katG o en genes no
conocidos, mientras que las cepas con CIMs bajas y mutaciones
puntuales, sobre todo en el gen inhA, mantendrían gran
parte o la totalidad de la capacidad de transmisión. Por otro
lado, la resistencia relacionada con los demás antituberculosos
no generaría pérdida de la facultad de transmisión,
a no ser que estuvieran causadas por delecciones importantes que
comprometiesen funciones metabólicas de la bacteria. No
obstante, pueden hallarse casos que no obedecen a esta orientación.
Un claro ejemplo es el genotipo Beijing y su variante "W",
que a pesar de ser multirresistente en muchos casos, se transmite de
forma similar a las cepas sensibles. Todo ello indica que la transmisión
es un fenómeno multifactorial, en el que, aparte de la cepa,
deben considerarse también factores como la exposición y
las condiciones inmunitarias del paciente.
11.1.3. Utilidad de la
tipificación en el estudio de contactos.
Sin duda es una herramienta complementaria muy útil para
el estudio convencional de contactos. Sin embargo no son mutuamente
substituibles debido a que analizan eventos distintos. El estudio
convencional de contactos investiga la infección de personas
del entorno de un caso y la búsqueda de casos secundarios que
se producen simultáneamente en el tiempo, mientras que la
tipificación abarca períodos más amplios y únicamente
puede considerar los casos que han evolucionado a enfermedad. Por
ello, la tipificación tiende a relacionar casos que no ha
evidenciado el estudio convencional de contactos y para los que no
siempre se encuentra una explicación congruente. Estos casos
pueden ser debidos a contactos no conocidos y a la reactivación
en el mismo período de casos infectados en épocas
diferentes y que no expresan transmisión reciente. No obstante,
ha aportado información de gran interés a este respecto.
Así, se ha visto que la transmisión tras contactos esporádicos
es más frecuente de lo que se pensaba y que en algunos
pacientes, dependiendo de sus hábitos sociales, la transmisión
en el ámbito familiar no es la más importante.
11.1.4. Uso de la
tipificación en la caracterización de contaminaciones
cruzadas en el laboratorio.
En este concepto deben incluirse las contaminaciones producidas
en el laboratorio en el curso del procesamiento de las muestras y las
relacionadas con tomas de muestra, como son las broncoscópicas.
Algunos autores sugieren que hasta un 3% de los
aislamientos corresponden a contaminaciones cruzadas. La importancia
de este hecho es elevada por cuanto puede suponer la instauración
de un tratamiento innecesario y el cese de exploraciones diagnósticas
de procesos alternativos.
La posibilidad de contaminación debe
sospecharse cuando el cuadro clínico no encaja adecuadamente,
cuando se aísla M. tuberculosis únicamente en
una de varias muestras y con crecimiento escaso, y cuando se observen
varias muestras positivas en un corto período de tiempo o
relacionado con una determinada exploración diagnóstica.
La tipificación confirma o descarta las sospechas. Algunos
autores recomiendan sospechar contaminación cuando se aíslan
cepas con el mismo patrón y que fueron procesadas para el
cultivo durante la misma semana.
11.2. EPIDEMIOLOGÍA
MOLECULAR DE MICOBACTERIAS DISTINTAS A M. tuberculosis
Las técnicas de tipificación aplicadas a otras
especies, incluyendo las restantes componentes del complejo M.
tuberculosis, se utilizan con mucha menor frecuencia,
fundamentalmente por obvias razones de incidencia.
11.2.1. Especies del complejo
M. tuberculosis distintas a M. tuberculosis. En el
complejo M. tuberculosis la diferenciación tiene un
doble interés. Por una parte, para detectar los casos
atribuibles a M. bovis y más raramente M. africanum,
M. bovis BCG, M. microti y M. canettii. Por
otra parte, para tipificar posibles casos relacionados. Este último
aspecto cobra cierto interés casi exclusivamente para M.
bovis. La RFLP de la IS6110 permite detectar las cepas de
M. bovis y también las de M. microti. Asimismo,
la técnica de spoligotyping, con un patrón
característico con ausencia de hibridación en una
determinada zona, también es útil para la detección
de M. bovis. Las escasas cepas aisladas de M. canettii
se han diferenciado del complejo con RFLP de la IS6110 y también
de la IS1081. Estas dos secuencias de inserción también
son útiles en la detección de M. bovis BCG.
Para la diferenciación de M. bovis,
en el contexto del estudio de posibles casos relacionados, las técnicas
PGRS y VNTR han resultado ser más resolutivas.
11.2.2. Micobacterias distintas
al complejo M. tuberculosis. Entre ellas, se han aplicado
sobre todo al complejo M. avium, especialmente a la especie
M. avium, que es la que se aísla con mayor frecuencia.
Se han utilizado diversas técnicas basadas en amplificación
y restricción, usando la electroforesis de campo pulsante
(PFGE) o RFLP basada en diferentes secuencias de inserción,
como son la IS1245, IS1311, IS901, IS902
o IS1110. La técnica más utilizada es la RFLP de
la IS1245. Su principal aplicación ha sido el análisis
de diferentes aislamientos en el tiempo de un mismo paciente. En este
aspecto la conclusión más evidente ha sido la
persistencia de los mismos genotipos en un mismo paciente. También
ha aportado cierta información en estudios dirigidos a detectar
la fuente de contagio. Aunque este punto no está aclarado, se
ha observado que los aislamientos de humanos son más parecidos
a los hallados en cerdos que a los hallados en pájaros,
posiblemente debido a que es más fácil compartir la
fuente de contagio con aquellos.
Para la tipificación de M. kansasii
se han utilizado diversas técnicas como la RFLP de la IS1652,
PGRS, PFGE, así como diversos métodos basados en PCR,
como la PCR-RFLP del gen hsp65.
También se han aplicado técnicas de
tipificación a otras micobacterias como M. xenopi, con
RFLP de las secuencias IS1081 e IS1395, o M.
gordonae con IS1511 e IS1512.
12.
ESTRUCTURA, DOTACIÓN Y SEGURIDAD DEL LABORATORIO DE
MICOBACTERIAS
12.1. NIVELES DE LOS LABORATORIOS DE
MICOBACTERIOLOGÍALas distintas técnicas que pueden
emplearse para el diagnóstico de las infecciones por
micobacterias pueden considerarse de forma muy variable en cuanto a su
complejidad, la necesidad de equipos especializados, el riesgo que
supone la realización de dichas técnicas y la
experiencia necesaria para la evaluación de las mismas. En
función de todas estas variables, se han establecido diversos
criterios para la clasificación de los laboratorios de
micobacterias, de forma que las necesidades de equipamiento y la
capacidad de los mismos pudiesen estar de acuerdo con las
posibilidades diagnósticas que éstos pudiesen ofrecer.
Así, en general pueden considerarse tres niveles de
laboratorios:
Nivel 1. Serían los laboratorios capacitados
para realizar tinciones de ácido-alcohol resistencia,
así como la recogida, almacenamiento y envío
de muestras para su cultivo a los laboratorios de nivel superior. El
equipamiento en estos casos es sencillo, siendo imprescindible un
microscopio y un banco de trabajo. La manipulación de las
muestras para la realización de las tinciones se considera una
actividad que no requiere estrictamente las normas de seguridad de
nivel 3, como se describen posteriormente, si bien el carácter
de transmisibilidad aérea de los microorganismos y la
posibilidad de generar aerosoles durante el proceso, hace deseable que
las extensiones se preparen dentro de una cabina de bioseguridad con
capacidad para proteger al trabajador.
Nivel 2. Incluye los laboratorios que, además
de realizar tinciones, tengan la capacidad de cultivar las muestras,
llevar a cabo las identificaciones mediante sondas comerciales, además
de realizar subcultivos, almacenarlos, y enviar los aislamientos a los
laboratorios de nivel superior para ulteriores determinaciones. La
realización de los procedimientos implicados exige un nivel 3
de seguridad biológica.
Nivel 3: En este nivel se encuentran un amplio grupo
de laboratorios (que precisarían un nivel 3 de bioseguridad) en
función de la capacidad de los mismos para identificar los
aislamientos a nivel de especie mediante sistemas comerciales o "caseros",
realizar estudios de sensibilidad frente a los fármacos de
primera y/o segunda línea, detectar e identificar micobacterias
directamente en las muestras clínicas mediante técnicas
moleculares e incluso realizar estudios de epidemiología
molecular, tanto de M. tuberculosis como del resto de
especies. Dentro de esta amplia variedad de capacidades, podrían
pertenecer al nivel 3 (en su estrato más básico)
aquellos laboratorios capaces de realizar tinciones, cultivos,
identificación de la mayoría de los aislamientos
mediante técnicas comerciales (sondas fundamentalmente) y
realización de estudios de sensibilidad de M. tuberculosis
a los fármacos de primera línea mediante técnicas
comerciales. En el otro extremo del nivel 3 (el estrato más
alto) se encontrarían los laboratorios de referencia con
capacidad de realizar todas las técnicas anteriormente
descritas, poder disponer de un cepario en condiciones de seguridad y
desarrollar y aplicar otras posibles técnicas que pudiesen
aparecer. La posibilidad para un laboratorio de realizar unas técnicas
u otras va a depender de las disponibilidades logísticas
(necesidad de instalaciones adecuadas, personal suficiente, etc.), de
la experiencia en la realización de las mismas y del
coste-eficacia de los diferentes métodos, que vendría
dado por el número de aislamientos, tasas de resistencia,
importancia numérica de los aislamientos de micobacterias no
tuberculosas, etc. Es importante, en ese sentido, utilizar el sentido
común a la hora de decidir el implantar una nueva técnica
o derivarla a un laboratorio de referencia. Al final, la prioridad
absoluta debería ser la capacidad de obtener resultados
correctos y fiables que permitan el manejo más adecuado de los
pacientes.
12.2. BIOSEGURIDAD EN EL
LABORATORIO DE MICOBACTERIAS
12.2.1. Niveles de bioseguridad.
Dentro de las distintas clasificaciones de los microorganismos en
función del riesgo biológico que representan, el
complejo M. tuberculosis, M. leprae y M. ulcerans figuran
como organismos del nivel III, incluida la clasificación
existente en la legislación española (R.D. 664/97) y
europea (Directiva 2000/54/CE). Los microorganismos de nivel III se
definen como aquellos que pueden causar una enfermedad grave en el
hombre y presentan un serio peligro para los trabajadores, con riesgo
de que se propaguen a la colectividad y existiendo generalmente una
profilaxis o tratamiento eficaz. Sin embargo, a pesar de esta
clasificación, no es imprescindible que todas las
manipulaciones necesarias para el diagnóstico de tuberculosis
se realicen bajo las condiciones exigidas para el nivel III de
bioseguridad. Más específicamente, la realización
de las extensiones para tinciones de ácido-alcohol resistencia
pueden llevarse a cabo en condiciones de nivel II de seguridad, si
bien es prudente que se realicen dentro de una cabina de seguridad
biológica.
Dentro de las medidas a aplicar en caso de manejar
microorganismos de nivel III, se encuentra una amplia variedad de
ellas que se pueden agrupar en dos grandes apartados: infraestructuras
y prácticas de laboratorio a tomar por parte del personal. La
obligatoriedad o no de llevarlas a cabo dependerá en buena
medida del manual o la legislación que se siga, aunque en la
inmensa mayoría de los casos todas las recomendaciones
coinciden en los aspectos fundamentales.
12.2.2. Infraestructuras.
Dentro de las infraestructuras, el diseño del
laboratorio juega un papel fundamental, dado que tiene que cumplir
con determinados requerimientos específicos. Se recomienda que
el laboratorio esté separado del resto mediante un sistema de
doble puerta. La ventilación del laboratorio es un tema
particularmente importante, teniendo en cuenta la transmisibilidad aérea
de las micobacterias de nivel III que habitualmente se manejan en los
laboratorios asistenciales. En ese sentido, debe existir un sistema de
regulación del flujo de aire que evite la salida de corrientes
desde el laboratorio de seguridad hacia el resto de las instalaciones,
mediante el mantenimiento de una presión atmosférica
inferior a la existente en el exterior del mismo (presión
negativa). Este sistema se considera de crucial importancia, si
bien la legislación vigente en nuestro país sólo
lo considera aconsejable (aunque el desarrollo de la ley en la Guía
técnica para la evaluación y prevención de los
riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos
del INSHT sí lo considera necesario). Dado el consenso casi
generalizado sobre el tema, todo aquel laboratorio que trabaje con
cultivos del complejo M. tuberculosis deberá tener
dicha presión negativa, y más cuando existe el riesgo de
trabajar con cepas resistentes. Por otra parte, la legislación
sí que obliga a que todo el aire que salga de las instalaciones
de seguridad biológica debe pasar a través de filtros
HEPA, medida indudablemente complementaria a la anterior.
Otro aspecto es la necesidad de cabinas de
seguridad biológica, en el interior de las cuales se
realizará toda la manipulación de muestras y cultivos.
Existen distintos modelos, si bien en el caso del laboratorio de nivel
III es necesario disponer de cabinas de clase II o incluso III. Estas
cabinas están diseñadas para proteger tanto los cultivos
como a los trabajadores. Otro material necesario son las centrífugas
con sistemas de protección frente a accidentes o roturas,
así como un autoclave para esterilizar material
independientemente del resto.
12.2.3. Prácticas de
laboratorio.
Dentro de las prácticas de laboratorio, además de
las recomendadas en todos los niveles de bioseguridad, en el
laboratorio de micobacterias serán necesarias medidas específicas.
El empleo de diversas ropas protectoras es una de las medidas
de seguridad fundamentales, recomendándose el empleo de batas
impermeables de cierre trasero y guantes (no necesariamente estériles).
Todo este equipo debe permanecer en el interior del laboratorio de
nivel III y no debe usarse en el exterior del mismo. Aquellas prendas
que sean reutilizables deberán ser desinfectadas antes de ser
enviadas a la lavandería. Además del empleo de estas
prendas, se recomienda el lavado de manos frecuente en lavabos
accionados con pedal o con el codo.
Otro de los elementos fundamentales es el empleo de
protección respiratoria siempre que se realice alguna
actividad con muestras o cultivos. Aunque alguna guía considera
dicha protección necesaria sólo cuando se trabaje fuera
de la cabina de seguridad biológica, el riesgo de accidentes
que comprometan la capacidad protectora de las mismas hacen
recomendable el empleo de dicha protección incluso cuando se
trabaje dentro de la cabina. Esta protección deberá ser
llevada a cabo mediante el empleo de respiradores de seguridad N95, no
siendo deseable el empleo de mascarillas quirúrgicas, salvo en
caso de extrema necesidad.
12.2.4. Controles del
personal.
Junto con las medidas anteriormente referidas correspondientes a
los niveles II y III, se recomienda la realización periódica
de pruebas tuberculínicas (PPD) en el personal del laboratorio
en general, y en el del laboratorio de micobacterias en particular.
Este procedimiento deberá repetirse anualmente en todos
aquellos profesionales mientras el resultado de la misma sea negativo.
Debería además llevarse a cabo una prueba Booster al
inicio de los controles en el personal de nueva incorporación
que resultase negativo. Si ocurriese un accidente con exposición
del trabajador a inóculos elevados, todos aquellos trabajadores
expuestos y que sean tuberculina (PPD) negativos deberán
estudiarse en el momento del accidente y, si continuasen siendo
negativos, a los 2-3 meses del mismo, para evaluar la posible
existencia de conversiones. En aquellos trabajadores infectados se
recomendará el tratamiento de la infección tuberculosa
latente de acuerdo con las pautas existentes para el resto de la
población. No se recomienda en el momento actual la vacunación
sistemática con BCG.
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